70 sillas vacias

70 sillas vacías por 70 feminicidios en Veracruz. Foto: Miguel Ángel Hidalgo

 

Estela casados González.-

70 sillas vacías. Fue lo que vi al llegar. Era inevitable que se revolvieran las tripas, que hicieran un nudo que desbordó hasta mi garganta.

Dos chicos depositaban ramitos de florecitas blancas en cada una de las sillas, seguidos por varias chicas que colocaban hojas de papel tamaño carta.


Una a una nos fuimos sentando en esas 70 sillas vacías. Entre nuestras manos sosteníamos un hoja de papel. En ella estaba escrito el nombre, la edad y la manera en que a 70 mujeres y niñas les fue arrebatada la vida. Eran textos fuertes, que no abundaban en detalles morbosos. Era inevitable la crudeza de esos micro relatos. Los feminicidios comparten la característica de denigrar y ultrajar a las mujeres.


La lluvia arreciaba en compañía de viento helado. La veladora que sostenía entre mis manos aguantó heroicamente una hora encendida. Se apagó.


Ninguna decía nada. De pronto, intentábamos reír. Eso sí, con éxito.

“Las aferradas y unas cuatas”. Reímos ante la escena que representábamos: 40 mujeres sentadas bajo la lluvia y el viento, tratando de dar vida y memoria a 70 veracruzanas, quienes, como nosotras, se aferraban a sus vidas, tenían sueños, broncas inmensas, que se levantaban cada mañana a hacer su vida… hasta que alguien más decidió, un día, que ahí moría todo.

Si no hubiera sido por Mario y su paraguas, la llovizna con viento helado hubiera hecho retoñar mi tos de dos meses que hace tres días desapareció.

Y comenzamos a gritar. Del 1 al 70.

“Justicia para Analí, para Yolanda, para Rosa, para aquellas que no tiene rostro, que no sabemos su nombre”.

Entre nosotras estaban las familiares de una mujer a quien su esposo le quitó la vida. Nos conmovimos al conocer la historia. Nos encabronamos ante la impotencia.

Después tocó recoger las 70 sillas.

“Ahí es cuando te das cuenta, realmente, de que 70 es un número enorme. Son demasiadas sillas. 70 mujeres asesinadas”, dijo una amiga. Ahí es cuando te das cuenta de la dimensión del problema. De que se mata a las mujeres porque se puede, porque es la violencia más cotidiana, más normalizada. Con la que es fácil acostumbrarse a vivir.

Ni la llovizna ni el viento nos enfriaron tanto el alma.

No hay que dejarlo pasar. La indiferencia es la madrina política del olvido y de la impunidad.

Gracias a las chicas que tuvieron la iniciativa de poner esas 70 sillas en Plaza Lerdo este 25 de noviembre.

Dicen que quien no se mueve no escucha el ruido de sus grilletes.

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