Walter Benjamin y Bolívar Echeverría deberían estar viendo esto #SamirSomosTodasYTodos #EZLN

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Walter Benjamin y Bolívar Echeverría deberían estar viendo esto

Arte y también defensa de la vida y la Madre Tierra

Javier Hernández Alpízar

Walter Benjamin estaba consciente de que la tecnología no se podía entender sin comprenderla en la totalidad social de la modernidad capitalista. Como parte de un sistema social alienante, la tecnología tiene una función opresora, pero, al igual que los socialistas utópicos, Benjamin pensaba que la tecnología moderna (en las artes, especialmente la reproducción masiva, como en el cine y la fotografía) podía tener una función lúdica que desbordara la tradicional función de la tecnología como opresora de los trabajadores y de la naturaleza explotada como insumo.

A decir de Bolívar Echeverría, Benjamin pensaba que ese potencial lúdico y emancipador de las tecnologías modernas se podría actualizar, si operaba en el contexto de una emancipación de la sociedad, lo que en la tradición socialista y marxista sería la revolución comunista, la superación del capitalismo.

Como sabemos, a estas alturas de la historia, algo que ni Karl Marx ni Walter Benjamin pudieron vivir y, por tanto, no pudieron tomar en cuenta en sus análisis: en el siglo XX, el socialismo fue derrotado, primero por la conversión del socialismo revolucionario en la opresión del socialismo realmente existente, luego su colapso y, posteriormente, por el regreso del capitalismo depredador de la “acumulación originaria” o “acumulación por desposesión”, superficialmente llamado “neoliberalismo” o “globalización”.

Las tecnologías no actualizaron su potencial lúdico, sino que siguieron atadas al mecanismo de valoración del capital, de la ganancia y el lucro. El cine se vio colonizado por el imperio de Hollywood, cine casi exclusivamente como entretenimiento. El consumo de cine se dividió entre un circuito de élite de cine de arte, de autor o de director y un circuito masivo de cine digitalizado, que nos lleva a un consumo cada vez más individualizado. Cintas como Cinema Paradiso hicieron el homenaje nostálgico a las viejas salas donde el pueblo se reunía alrededor de la magia del cine y hacía ahí parte de su vida colectiva, comunitaria o social. Esto quedaba desplazado por el cine en televisión, en formatos digitales y en internet, que van individualizando el consumo.

En este sentido, los festivales de cine y de arte, los CompArte, como el reciente (diciembre de 1919) de cine en la Ballena de la Selva o el de danza Báilate otro mundo, en Tulan Kaw, uno de los nuevos caracoles zapatistas, son festivales a contrapelo del fenómeno arriba mencionado: Son funciones de cine colectivas, comunitarias, masivas, convivenciales y lo mismo las funciones de danza. No solamente las comunidades indígenas mayas zapatistas aprecian el cine profesional o la danza de colectivos, compañías, productores e intérpretes que llevan su trabajo a ellos, sino que presentan y comparten sus propias obras, sus cintas, danzas y coreografías comunitarias zapatistas.

La función lúdica de la técnica de cine recupera así algo del potencial emancipador y lúdico presentido por Walter Benjamin y subrayado en la lectura de Bolívar Echeverría, pero no en el corazón del mundo capitalista, donde la tecnología es subsumida por la lógica del lucro, sino ahí donde hay un proceso genuino de emancipación: en los caracoles zapatistas, centros de rebeldía, semillas de postcapitalismo.

La obra de Walter Benjamin no es ajena a los zapatistas, el autor de las Tesis sobre la historia ha sido citado textualmente (el Ángel de la Historia) en anteriores comunicados zapatistas y en otras ocasiones está referido en la intertextualidad de las reflexiones de algunos comunicados zapatistas.

Además, entre las reflexiones anticapitalistas de los zapatistas contemporáneos, está la idea de que las propuestas de mundos posibles postcapitalistas tienen que tener una fuerte base en el arte, en las ciencias y en los saberes de los pueblos indígenas, y en esa interacción, el papel de la literatura es ser como un vaso comunicante entre arte, ciencia y saberes indígenas.

Es comprensible la alegría de artistas y cineastas al ir a compartir con las comunidades zapatistas su trabajo escénico y visual, audiovisual: se trata de tocar un poco de esa utopía que desde hace mucho los seres humanos han soñado. Un proceso emancipador donde también tiene lugar la sala masiva de cine, o de teatro, danza y artes escénicas, y una comunidad que va y goza, ríe, aplaude, comparte, da sus respetos y también participa.

Ojalá Walter Benjamin y Bolívar Echeverría pudieran ver y atestiguar todo esto.

Defender la cultura, y a los productores de la cultura, también sobreexplotados, mal pagados, reprimidos, es parte necesaria del proceso emancipador que hoy tiene sus ejes más importantes en la defensa de la vida, la defensa de la tierra y el territorio y la de las mujeres y niñas frente a fenómenos mundiales de devastación capitalista como el calentamiento global, la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales, los magaproyectos de muerte como el tren llamado “Maya”, el corredor en el Istmo y el Integral Morelos (nuevos nombres para el Plan Puebla-Panamá), los feminicidios y la guerra represiva contra trabajadores migrantes, defensores del territorio y de los derechos humanos, comunicadores y, especialmente, la violencia infanticida, juvenicida y feminicida.

Hoy pretenden criminalizar a las niñas y los niños y adolescentes, pese a que las estadísticas muestran que son víctimas de la violencia (casi ocho niños y niñas al día son víctimas de violencia grave en México) y no victimarios. Así lo han expresado organizaciones como la Red por los Derechos de la Infancia en México. Y las autoridades pretenden tratar a los menores infractores como adultos, violando sus derechos humanos y fomentando la permanencia de su contacto con el mundo del crimen,

Todo esto como parte de un intento regresivo, no solamente conservador, sino retrógrado, de populismo punitivo de la “Cuatro-te”.

Ante esta cuarta vuelta de tuerca de las ruedas del capitalismo: despojo, explotación, desprecio y represión, el EZLN y el CNI están convocando a las primeras Jornadas en Defensa de la Tierra y el Territorio Samir Somos Todas Y Todos, los días 20 (jornada global, nacional e internacional, cada quien en su espacio de lucha), 21 (marcha en la ciudad de México, de Reforma e Insurgentes a la FGR en la glorieta de Insurgentes y luego al Zócalo) y 22 de febrero de 2020 (Asamblea en Amiltzingo, Morelos).

PD: Con la reforma penal en marcha, la “Cuatro-te” sí hará realidad el “primero los pobres”, pero… a la cárcel.

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ALGUNAS CONSIGNAS POSIBLES PARA LAS PRÓXIMAS MOVILIZACIONES EN DEFENSA DE LA VIDA Y LA MADRE TIERRA Y CONTRA LOS MEGAPROYECTOS DE MUERTE #SAMIRSOMOSTODOSYTODAS

Algunas consignas posibles para las próximas movilizaciones en defensa de la vida y la Madre Tierra y contra los megaproyectos de muerte
#SamirSomosTodosYTodas

  1. ¡Decía Guerrero que la patria es primero, pero el traidor de AMLO la vende al extranjero!
  2. ¡El pueblo votó y Obrador lo traicionó!
  3. ¡Obrador decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería!
  4. ¡La Guardia Nacional defiende al capital!
  5. ¡No al Tren Maya, nos da en la Madre Tierra!
  6. ¡No al Tren Maya, sí a las guacamayas!
  7. ¡Samir no murió, se multiplicó!
  8. ¡Samir no murió, Samir somos todos!
  9. ¡Con Samir Flores, del territorio, defensores!
  10. ¡Ni un tren más, ni un árbol menos!
  11. ¡Ni un tren más, ni un jaguar menos!
  12. ¡No pasará, no pasará, el pejetren no pasará!
  13. ¡De norte a sur, de este a oeste, cambiaremos el sistema, cueste lo que cueste!
  14. ¡Cambiemos el sistema, no el clima del planeta!
  15. ¡Su desarrollismo es colonialismo!
  16. ¡Porque no queremos y no nos da la gana de ser un colonia norteamericana!
  17. ¡El Istmo es nuestro y lo seguirá siendo, no pasarán, los megaproyectos!
  18. ¡Con Zapata y con Samir, vamos a resistir!
  19. ¡Zapata y Samir viven, la lucha sigue y sigue!
  20. ¡Sinhué vive, la lucha sigue!
  21. ¡Con Sinhué y con Samir, vamos a resistir!
  22. ¡Más autonomías y menos policías!
  23. ¡Joven, cuidado, no te hagas soldado; joven, escucha, únete a la lucha!
  24. ¡Con capucha o sin capucha, súmate a la lucha!
  25. ¡Nos faltan 43, y miles más también!
  26. ¡Encinas, Encinas, no digas mentiras; resuélvele a los padres, si es que tienes madre!
  27. ¡El capital está en guerra contra la Madre Tierra!
  28. ¡Alto a la guerra, contra la Madre Tierra!
  29. ¡Nuestra lucha es mundial, contra el capital!
  30. ¡Ecuador, aguanta, Nuestra América se levanta! ¡Chile, aguanta… ¡Bolivia, aguanta… ¡Haití, aguanta… ¡Colombia, aguanta… Etc.
  31. ¡Bartlett es un dinosaurio que medra en el gabinete, cuando te reprime es realmente un ojete!
  32. ¡A Obrador, Trump lo quiere gobernar, y él le sigue, le sigue la corriente, porque no quiere que diga la gente, que Donald Trump lo quiere gobernar!
  33. ¡Alerta! ¡Alerta!; ¡Alerta, alerta, alerta que caminan, las autonomías por América Latina!… La vida, la vida, la vida vencerá, y América Latina, libre será!
  34. ¡Yo soy… la Madre Tierra… que sí, que no, la Madre Tierra!

Yo soy… la Selva Lacandona… Yo soy… Calakmul… Yo soy… la Ceiba… El cenote sagrado… Las autonomías… Los pueblos mayas… Los mapuches… La resistencia… Los Caracoles… El jaguar… El venado… El faisán… La guacamaya… El quetzal… El tapir… El ocelote… El tucán…El tlacuache… El coyote… El mono… La iguana… La serpiente… La hormiga… La tortuga… El conejo… El colibrí… El puma… El mono araña… La nauyaca… El coralillo… El caimito… La garza… La chachalaca… El águila arpía… El mono aullador… El pecarí… El escarabajo… La mariposa… La madreselva… El palo mulato…

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¿POR QUÉ NOS OPONEMOS A LOS MEGAPROYECTOS CAPITALISTAS EN EL SURESTE MEXICANO?

Babel

Javier Hernández Alpízar

 

Hoy el capital no solamente hace la guerra a los pueblos, sino a la Madre Tierra: no podemos ser neutrales y nos ponemos del lado de la lucha por la vida y contra el capital que impone proyectos de muerte.

 

Los megaproyectos de desarrollo capitalista en el sureste de nuestro país han sido anunciados como una inversión en infraestructuras y proyectos económicos para “sacar del atraso y la pobreza” a la parte mesoamericana de México. Se ha dicho que son en “beneficio de los más pobres”, que ayudarán a campesinos e indígenas y que no afectarán al medio ambiente.

Sin embargo, este discurso no corresponde a los hechos. Se trata de proyectos que están al servicio de los intereses geoestratégicos, económicos, políticos e incluso militares de los Estados Unidos y de los grandes capitales mundiales y “nacionales”.

¿Cuáles son estos grandes megaproyectos y cuáles los intereses a los que responden. ¿Cuáles son los efectos sobre los pueblos y comunidades mexicanos y sobre el medio ambiente de nuestro país y del planeta?

Los megaproyectos que pretenden construir infraestructuras, vías de comunicación, corredores multimodales, centros de población, polos de atracción turísticos y proyectos productivos agrícolas, ganaderos, explotaciones extractivistas de minerales y petróleo, así como instalaciones policiacas y militares, entre otras, son planes que no tienen un origen en el gobierno de México, ni en el actual ni en los anteriores: tienen su origen en los Estados Unidos. Todos ellos son hijos del Tratado de Libre Comercio que firmó el gobierno de Salinas de Gortari con Estados Unidos y Canadá, así como de los 43 tratados de libre comercio que los gobierno mexicanos han firmado con diferentes países.

Además, hay otros pactos y protocolos que han comprometido al Estado mexicano, sea cual sea su gobierno, del partido que sea, a obedecer las directrices del gobierno de Washington y de los organismos financieros multinacionales que sirven a los intereses de Estados Unidos, la Unión Europea, el G7 y las grandes corporaciones capitalistas transnacionales. Algunos proyectos, como el corredor interoceánico de Coatzacoalcos a Salina Cruz, han sido buscados desde el siglo XIX por el imperialismo estadunidense, con los fallidos Tratados McLane-Ocampo. Y han sido presentados como si fueran iniciativas de gobiernos mexicanos como los de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto bajo nombres como Plan Puebla-Panamá (al que luego se añadió Colombia), Proyecto Mesoamérica, Zonas Económicas Especiales, Proyecto de las 100 Ciudades Sustentables, así como los planes de militarización como el Plan Mérida y su operación con militares rebautizados con nombres de “policías” como la Policía Federal Preventiva.

Esos mismos planes de colonización capitalista del sureste mexicano (y de Centroamérica y Colombia) se presentan ahora como desarrollo en favor del pueblo y amigable con la naturaleza simplemente cambiando sus nombres a una nueva narrativa “nacionalista” como “Tren Maya” “Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec”, “Proyecto Integral Morelos”, “Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Santa Lucía” (negocio dejado, caso único en el mundo, a la administración y usufructo económico del ejército, con la total opacidad que hay en el manejo de los dineros de esa institución, que nadie puede conocer) y “Sembrando Vida” (nombre que esconde la privatización silenciosa de la Selva Lacandona en favor de Alfonso Romo y sus empresas de transgénicos).

Estos proyectos no solamente consisten en vías de comunicación y transporte de mercancías y personas, como trenes, carreteras y el aeropuerto, sino corredores industriales y maquiladores, centros poblacionales y turísticos, extracción minera, petrolera y de “energías limpias” como parques eólicos.

Se trata de la continuidad de los planes y programas del gran capital que ya los gobiernos del PRI y del PAN no podían seguir impulsando por su impopularidad (bien ganada y merecida), pero que un nuevo gobierno con un presidente popular y un discurso nacionalista, su eslogan mercantil es “cuarta transformación”, pretende imponer para servir a los mismos intereses que esos planes han servido siempre. Baste mencionar a los mismos empresarios beneficiarios del salinismo y los gobiernos del PRI y PAN, pues son también los beneficiados con estos proyectos: Carlos Slim, Salinas Pliego, Alfonso Romo, Azcárraga, Bailleres, Servitje, etcétera.

A ello se suman los planes militares del Plan Mérida, al que ya no se menciona por su nombre, pero que se opera con ejercicios militares en los que, por primera vez bajo este actual gobierno, el ejército mexicano opera subordinado al Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, como no lo habían hecho ni siquiera bajo el PRIAN, y la militarización rebautizada como “Guardia Nacional”, aunque sus efectivos son del ejército, la Marina y la PFP. Una Guardia Nacional que, en lugar de poner fin a la impunidad del crimen organizado, hace las veces de “migra” o patrulla fronteriza contra los migrantes centroamericanos, sirviendo, de hecho, como auxiliar del gobierno chauvinista y supremacista blanco de Donald Trump.

  1. Despojo

Los megaproyectos en el sureste de México implican un proceso de despojo contra pueblos y comunidades indígenas, campesinas, rurales y urbanas y en realidad a todo el pueblo de México. Forman parte de un proceso de recomposición de las fuerzas en el capitalismo mundial, con las pujas por la hegemonía entre diversas potencias como Estados Unidos y la Unión Europea.

De manera conjunta, el Proyecto Integral Morelos, el Tren Maya y el Corredor Interoceánico en el Istmo, entregan el territorio mexicano a los grandes capitales de los Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y China. Son de hecho un proceso de desnacionalización y de privatización. Dejan cada vez más reducida la soberanía nacional y con su sola construcción implican ya un despojo de recursos vitales y estratégicos como tierra y territorio, agua, energías fósiles y “alternativas”, incluso del espacio aéreo y del viento.

Desde luego, también son una apropiación capitalista de las plantas y animales, que pueden ser explotadas como fuentes de materias primas y hoy hasta en sus informaciones genéticas, que son ya patentables y modificables mediante ingeniería genética para empresas como las de Alfonso Romo o Monsanto, Bayer, Syngenta y otras.

  1. Explotación

Los grandes capitales se comportan de modo idéntico en cualquier país que colonizan, aún si en sus países de origen han adoptado políticas de “conservación del medio ambiente” como Canadá, Alemania o España, en países como México invierten buscando la mano de obra más barata y disciplinada por el miedo a la represión y el despido, así como por políticas que desprotegen al medio ambiente.

El futuro de los indígenas, campesinos y todos los mexicanos pobres con estos megaproyectos no es solamente ser despojados de su territorio y recursos naturales sino, cuando no tengan otro recurso que vender su fuerza de trabajo ni otra alternativa para alimentarse que comprar todo a precios de mercado, trabajar explotados en los corredores maquiladores, la agroindustria, los servicios turísticos y otros, o emigrar. Por eso los indígenas y campesinos que se empeñan en producir sus alimentos y defienden sus autonomías comunitarias son un obstáculo contra estos megaproyectos.

  1. Represión

Todos estos planes y proyectos de los grandes capitales, que implican graves procesos de despojo y de explotación, así como desplazamiento forzado de población, no se pueden realizar sino con el apoyo de la represión policiaca y militar. Por eso desde el gobierno de Zedillo se inició un proceso de militarización, con el nombre de “policía”, y de paramilitarización, fenómeno inducido que en los posteriores gobiernos ha crecido, bajo el pretexto de una “guerra contra el narco”. Los sicarios del crimen organizado han operado como brazo armado de mineras, el cártel inmobiliario y del capital depredador. Son la parte militar del “libre comercio”.

La violencia contra la población mexicana, contra indígenas, campesinos, mujeres, jóvenes, comunicadores, defensores del territorio y pueblo pobre, va en aumento, incluso durante el primer año de este gobierno que se dice de la “transformación”. La militarización se incrementa y se focaliza en territorios que serán ocupados, intervenidos y colonizados. Es un plan que cerca militarmente, mediante la Guardia Nacional y también mediante el crimen organizado, a las autonomías indígenas de todo el centro y sur del país, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz. El norte del país ya está de facto bajo un cogobierno con el crimen y, en el sur, ahora ese proceso se profundiza. El crimen no es una anomalía: es el desarrollo de un capitalismo violento y depredador. Lo llaman los académicos “acumulación por desposesión”.

  1. Desprecio

Para los países capitalistas centrales, como Estados Unidos y Europa occidental, es fácil distanciarse del hecho de que el comportamiento criminal y colonizador de sus empresas, corporaciones y proyectos viola derechos humanos y comete crímenes contra la humanidad: porque los afectados no son blancos ni rubios, sino gente de piel morena y oscura, de lenguas y culturas diferentes a las europeas.

El desprecio y el racismo se manifiestan en la idea de que son gente “atrasada” y, en su forma racista “benévola”, los ve sólo como “pobres” necesitados de ayuda. Por eso, a cambio de despojarlos de sus tierras, territorios y recursos, así como de destruir sus tejidos comunitarios y su cultura, les otorga “proyectos productivos” y dádivas en forma de becas y “programas de apoyo”. Con dineros que no se comparan en nada a la magnitud de los grandes negocios que harán las megaempresas maicean a los más pobres para que apoyen los proyectos de muerte y contengan a los opositores. El asistencialismo y el corporativismo del gobierno (que ya usaba en sus tiempos el PRI) opera como complemento del control militar y territorial.

Los opositores son tratados con desprecio como gente que “no quiere el progreso”. Hoy los llaman “conservadores” y con otros epítetos que descalifican su voz e invisibilizan sus argumentos.

Habemos mexicanos que nos hemos opuesto a estos proyectos de despojo, devastación ambiental y destrucción de nuestras culturas desde siempre, desde los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña: estuvimos contra el Plan Puebla-Panamá y las Zonas Económicas Especiales, contra la militarización y la falsa guerra contra el narco.

Igualmente nos oponemos hoy, aunque hayan cambiado los nombres y pretendan cubrir con una narrativa “nacionalista”, los mismos proyectos de despojo, militarización y muerte.

Defendemos el territorio nacional, la soberanía del pueblo mexicano, la autonomía de pueblos y comunidades indígenas, campesinas y urbanas. Defendemos también nuestros derechos humanos económicos, sociales y culturales. Y defendemos nuestra Madre Tierra: los megaproyectos de muerte acelerarán los procesos de “cambio climático” o, mejor dicho, devastación ambiental capitalista y de extinción de especies de animales y vegetales.

Hoy el capital no solamente hace la guerra a los pueblos, sino a la Madre Tierra: no podemos ser neutrales y nos ponemos del lado de la lucha por la vida y contra el capital que impone proyectos de muerte.

Con el EZLN, el CIG y el CNI, las mujeres, los jóvenes y quienes defienden a la Madre Tierra gritamos: ¡Zapata y Samir viven, la lucha sigue!

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EL CAPITALISMO COMO GUERRA CONTRA LA MADRE TIERRA

Babel

El capitalismo como guerra contra la Madre Tierra

Javier Hernández Alpízar

 

Hoy lo utópico no es la lucha anticapitalista: lo utópico es el negacionismo o la fantasía de que el capitalismo encontrará la forma de sobrevivir sin cambiar el sistema de acumulación y despojo que constituye su dinámica esencial.

 

 

Uno de los secretos criminales del funcionamiento del sistema capitalista es la violencia, la permanente guerra, la represión, el estado policiaco, el campo de concentración de facto para los trabajadores y para el “ejército industrial de reserva”, o incluso los que “sobran”, los que no pueden tener cabida en la cadena de producción-explotación.

Esta situación de ocupación territorial, colonización, separación entre los trabajadores-productores y sus condiciones de producción (tierra, materias primas, maquinarias, herramientas, tecnología, instalaciones industriales) no solamente es la base para la relación capitalista asalariada, donde el acicate para el trabajador explotado es el hambre, el miedo al desempleo y la inanición, sino que el fin del capitalismo (la ganancia) implica la reproducción e incluso ampliación de esa situación: propiedad privada del capital y masas sin propiedad, obligadas a vender su fuerza de trabajo.

La narrativa socialista de la lucha de clases, con todo el fondo y trasfondo de verdad que implica, dejó en la sombra, intocadas o apenas mencionadas, otras identidades de los expropiados, víctimas y explotados del sistema capitalista. El feminismo se encargó de cuestionar la ausencia del tema de la mujer y su trabajo impago en la reproducción de la vida, la reproducción del productor en el proceso de explotación capitalista, y también el papel de las mujeres en la lucha de clases.

Además de una guerra represiva, de conquista, de colonización, de represión o simplemente de contención y disciplinamiento contra los trabajadores y contra las mujeres, ni siquiera reconocidas como trabajadoras incluso en las narrativas clásicas, el capital tuvo siempre otra a la cual violentar, expropiar, dominar y oprimir: la naturaleza, entendida como insumo, como materia prima, como recursos naturales, como pasiva reserva de materia y energía.

La lucha de clases de las masas trabajadoras, de los pueblos colonizados y de las mujeres, como trabajadoras y como seres humanos que luchan por su reconocimiento, como sujetos en construcción de autonomía, no sería posible si no existiera también un conflicto entre el capital como proceso de producción y como “modo de destrucción” (Jean Robert dixit) y la naturaleza: la Madre Tierra.

Así como la dinámica social y el conflicto que la atraviesa como opresión de los más por una élite (burguesa, masculina, blanca, occidental, moderna, adulta) tiene sus reglas, las cuales el sistema ha aprendido a manipular para tener formas de contención que alternar con la nuda violencia represiva, así también el conflicto socioambiental con la naturaleza tiene sus reglas, y también ´éstas las ha intentado manipular el capitalismo.

Sin embargo, las leyes de la naturaleza son incorruptibles: no se puede dominar a la naturaleza sin respetar sus leyes, y una de ellas es que existe siempre un límite, la naturaleza no es inagotable, y mucho menos, si se la maneja solamente como insumo de material y energía.

Cuando los capitalistas parecían haber llegado a un triunfo no reversible (su ideología del fin de la historia, por haber derrotado a su enemigo de clase) se encuentran con una naturaleza que muriendo, extinguiéndose, agotándose como reserva, modificándose radicalmente en cuanto a clima, temperatura, distribución de masas de tierra y agua, corresponde al saqueo, a la violencia con que ha sido tratada.

El negacionismo de los grandes poderes y voceros visibles de ese poder capitalista, así como el negacionismo de sectores sociales más o menos amplios, son casi una confesión de impotencia.

La naturaleza y sus leyes físicas no son corruptibles, sobornables. Probablemente el límite que su lucha con los trabajadores y pueblos explotados parecía haber sorteado exitosamente el capital sea, en el caso del límite físico, planetario, un límite infranqueable.

Como dijeron los zapatistas actuales en un comunicado de 2019: hay una guerra entre el capital y la Madre Tierra y, en ese conflicto, no se puede permanecer neutral.

El negacionismo es sólo un deseo de cerrar los ojos y desear que al abrirlos todo haya sido una pesadilla apocalíptica, como cuando veíamos el Armaguedón en el cine y al salir comprobábamos que seguía existiendo el mundo, la ciudad, el caos urbano, la muchedumbre.

Ser anticapitalista tiene ahora un motivo más urgente, perentorio, no solamente liberar al ser humano de la esclavitud hacia su propia obra, el producto de su trabajo y producción social, sino, sin metáfora ni romanticismo: defender la vida, la de la especie humana y la del entramado de especies vivas de las que depende.

Hoy lo utópico no es la lucha anticapitalista: lo utópico es el negacionismo o la fantasía de que el capitalismo encontrará la forma de sobrevivir sin cambiar el sistema de acumulación y despojo que constituye su dinámica esencial.

Una convocatoria para tomar partido por la Madre Tierra hoy mortalmente agredida por el capital es la del EZLN y el CNI. La indiferencia no es una alternativa seria.

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VERDAD, ACCIÓN, DEMOCRACIA REAL

Javier Hernández Alpízar

Los tres principios de la organización Extinction Rebellion son: verdad, acción y democracia real. Consideran que sin esos principios no se puede enfrentar el problema urgente y extremo que hoy enfrenta la especie humana: su supervivencia en el planeta, amenazada por el desastre ambiental originado por el capitalismo y eufemísticamente llamado “cambio climático” y la sexta extinción masiva de especies: un millón de especies animales y vegetales se extinguirán en los próximos 30 años, según estimaciones de la ONU.

Son tres principios diametralmente opuestos a los de la situación política actual en México, con un gobierno neoliberal y neopopulista que impulsa el desarrollismo capitalista-extractivista, petrolero y minero, así como los proyectos de inversión capitalista en el sureste mexicano, originados por el capital estadunidense, porque convienen a sus intereses geoestratégicos (los de Washington) y presentados ya con diferentes nombres como plan Puebla-Panamá, Proyecto Mesoamericano, Zonas Económicas Especiales, pero rebautizados con nombres “nacionalistas” como “Tren Maya” o proyecto “Sembrando Vida”.

El régimen obradorista no puede respetar el principio de permanecer fiel a la verdad (principio gandhiano, antes de ser el primero de los de Extinction Rebellion). El de AMLO es un gobierno que usa su popularidad para promover los intereses oligárquicos de empresarios como Alfonso Romo (principal beneficiario de la privatización en marcha, de facto, de la Selva Lacandona), Carlos Slim (uno de los que serán privilegiados en los negocios vinculados al “Tren Maya”, Emilio Azcárraga y Salinas Pliego (ya beneficiado con tarjetas de apoyo económico popular que se canjean en Banco Azteca o con compras en Elektra). Sin embargo, ese gobierno no se presenta como lo que es: un operador de los proyectos que el PRIAN no pudo ya empujar por su impopularidad: se presenta como un gobierno que privilegia “a los pobres”. Aunque para los pobres tiene apenas migajas mientras que para los capitales trasnacionales y “nacionales” tiene las más jugosas tajadas: el sureste en canal, sin ir más lejos.

Contrariamente a su lema moral y moralista de “no mentir, no robar, no traicionar”, el régimen obradorista miente al presentarse como lo que no es, impulsa un proyecto de despojo, de “acumulación por desposesión”, que en una sola palabra puede llamarse “robo” y traiciona a cada paso su palabra al militarizar el país, contrariamente a lo prometido en su campaña electoral y al continuar con proyectos que dijo que cancelaría, como el Proyecto Integral Morelos. La verdad no es un principio obradorista: su principio operativo es repetir una mentira mil veces para hacerla pasar como verdad.

El principio de acción, en el sentido de movilización de la sociedad, del pueblo, es también el opuesto a lo que representa el proyecto obradorista de desmovilización popular. Así como el gobierno de SHAMEbaum dice a los solicitantes de vivienda y a los militantes del Movimiento Urbano Popular que ya no necesitan organizaciones, porque ya no gobiernan los malos y que, hoy que gobiernan los buenos, serán atendidos de manera individual, así el proyecto de gobierno obradorista se propone desmantelar, desarticular y destruir toda organización independiente, autónoma, libre y no subordinada al nuevo partido de Estado, Morena, y a su líder. Además, utiliza los recursos del Estado, repartidos en efectivo como becas y apoyos a ancianos, jóvenes, campesinos, con programas como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo Futuro, para desmovilizar a los mexicanos y ponerlos en una actitud pasiva de esperar que las cosas las haga el gobierno o, en el peor de los casos, si se mueven, que lo hagan en contra de toda oposición o resistencia a los planes y proyectos obradoristas de neocapitalismo extractivista. Un gobierno desmovilizador: el sueño de todo capitalismo, cumplido a cambio no de un estado benefactor sino de un gobierno asistencialista y corporativo.

El tercer principio de Extincition Rebellion, el de democracia participativa y asamblearia, es el más visiblemente lastimado en el actual periodo neopopulista mexicano. La manipulación y falsificación de la participación, la fabricación del consenso en el sentido chomskiano, la usurpación de la voz de las comunidades la burla de sus principios culturales con puestas en escena fársicas como la “entrega del bastón de mando” (ante organizaciones indígenas charras, al estilo priista) y el “pedir permiso” a la madre Tierra para iniciar los proyectos de despojo, pero sobre todo las consultas manipuladas y hechas al vapor para legitimar decisiones ya anunciadas (“les guste o no les guste”) e incluso echadas a andar, son todos ellos procesos de desnaturalización de la democracia, su conversión en lo opuesto: un cesarismo plebiscitario que usa la popularidad del líder carismático para disfrazar de democracia su autocracia (y detrás de ella: la dictadura del capital).

Principios de ética política elementales, como los tres mencionados de Extinction Rebellion: verdad, acción y democracia de verdad, son completamente subversivos y rebeldes frente a un gobierno conservador (del status quo capitalista) y gatopardista que no cambia las políticas de fondo sino la narrativa y los nombres de las cosas (“militarización “ renombrada como “Juntos por la Paz”). Un gobierno paternalista y patriarcal que además promueve discursos de odio y linchamiento mediático a toda voz crítica, por lo que sus seguidores en redes digitales llaman “chayotero”, “prianista”, “fifí”, “bot” y conservador” a todo aquel que disienta o se atreva a dudar o a criticar las políticas del gobierno en turno.

Irónicamente, mientras Obrador acusa de conservadores a sus críticos, está rodeado de derechistas como Alfonso Romo, simpatizante y activo defensor de Marcial Maciel, el opus Dei, los Legionarios de Cristo, Pinochet y Álvaro Uribe; Carlos Slim, quien también ha sido defensor de Maciel, ha sido beneficiario de Salinas de Gortari (un periódico “Regeneración” de Morena, por allá de 2006, decía que probablemente Slim era un prestanombres de Salinas de Gortari) y de otros beneficiarios del salinismo y eternos beneficiarios del capitalismo mexicano como Salinas Pliego y Emilio Azcárraga o los Chedraui.

Un análisis detenido de información, hechos verificables, hace inverosímil la narrativa que pretende hacer pasar por “izquierda” y progresismo al gobierno procapitalista y desmovilizador de Obrador. Pero la hegemonía de la ideología capitalista, el desarrollismo depredador del ambiente y el neopopulismo en voga prefieren acusar con ridículas y falsas teorías de la conspiración a todos los críticos del obradorismo. Tras la trivialidad de Obrador al decir “Si no soy Salinas”, se esconde que es continuador de los proyectos salinistas y prianistas.

En medio de esta verbena de desinformados e ignorantes, voces pequeñas y decididas como las de los actuales zapatistas del EZLN suenan como una voz sobria en medio de un voncinglerío de ebrios (y ebrias).

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