¿Cuáles son las verdaderas intenciones del EZLN y el CNI?… y otros textos #Comparte

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“LLEGÓ LA HORA DEL FLORECIMIENTO DE LOS PUEBLOS”: UN PASO MÁS. CNI – EZLN

“LLEGÓ LA HORA DEL FLORECIMIENTO DE LOS PUEBLOS”:
UN PASO MÁS.

COMUNICADO CONJUNTO DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA Y LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN, EN SALUDO A L@S PRIMER@S INTEGRANTES DE LA ASOCIACIÓN CIVIL “LLEGÓ LA HORA DEL FLORECIMIENTO DE LOS PUEBLOS”, UN PASO, LEGAL Y NECESARIO, PARA LOGRAR EL REGISTRO DE LA CANDIDATURA DE LA VOCERA DEL CIG, LA INDÍGENA MARÍA DE JESÚS PATRICIO MARTÍNEZ, A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA MEXICANA 2018-2024.

 

Agosto del 2017.

Al Pueblo de México:
A los Pueblos del Mundo:
A la Sexta Nacional e Internacional:

Hermanas, hermanos, hermanoas:
Compañeras, compañeros y compañeroas:

Los barrios, tribus, naciones y pueblos originarios agrupados en el Congreso Nacional Indígena, y las comunidades indígenas zapatistas, saludan el logro de un paso más en el largo camino para conseguir que el nombre de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, la compañera indígena nahua María de Jesús Patricio Martínez, aparezca en las boletas electorales del 2018 como candidata a la presidencia de México.

Este paso legal ha sido posible gracias al generoso oído, la respetuosa mirada y la palabra amiga de mujeres y hombres que se han ganado, con su historia y esfuerzos propios, un lugar especial no sólo en México y en el mundo, también y, sobre todo, en el corazón del color que somos de la tierra que somos.

Tanto el Congreso Nacional Indígena como los indígenas zapatistas manifiestan aquí su beneplácito y agradecimiento sincero a:

María de Jesús de la Fuente de O’Higgins (artista plástica y presidenta de la Fundación Cultural María y Pablo O’Higgins)

Graciela Iturbide (fotógrafa)

María Baranda (poeta)

Paulina Fernández Christlieb (doctora en Ciencia Política)

Fernanda Navarro (doctora en Filosofía)

Alicia Castellanos (doctora en Antropología)

Sylvia Marcos (doctora en Sociología)

María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera (doctora en Sociología)

Ana Lidya Flores (maestra en Letras Iberoamericanas)

Paulette Dieterlen Struck (doctora en Filosofía)

Márgara Millán (doctora en Estudios Latinoamericanos)

Domitila Domingo Manuel “Domi” (artista gráfica)

Mercedes Olivera Bustamante (doctora en Antropología)

Bárbara Zamora (licenciada en Derecho)

Magdalena Gómez (licenciada en Derecho)

Rosa Albina Garavito (maestra en Sociología)

Elia Stavenhagen (doctora)

Lidia Tamayo Flores (arpista)

Carolina Coppel (productora cultural)

 

Pablo González Casanova (doctor en Sociología)

Antonio Ramírez (artista gráfico y literario)

Eduardo Matos Moctezuma (maestro en Ciencias Antropológicas)

Javier Garciadiego (doctor en historia de México)

Juan Carlos Rulfo (cineasta)

Juan Pablo Rulfo (diseñador, artista gráfico)

Francisco Toledo (artista gráfico)

Paul Leduc (cineasta)

Mardonio Carballo (escritor, periodista)

Luis de Tavira (director de teatro)

Juan Villoro (escritor)

Óscar Chávez (cantautor)

Gilberto López y Rivas (doctor en Antropología)

Carlos López Beltrán (doctor en Filosofía)

Néstor Quiñones (artista gráfico)

Jorge Alonso (doctor en Antropología)

Raúl Delgado Wise (doctor en Ciencias Sociales)

Francisco Morfín Otero (doctor en Filosofía)

Arturo Anguiano Orozco (doctor en Sociología)

Carlos Aguirre Rojas (doctor en Economía)

Pablo Fernández Christlieb (doctor en Psicología)

Rodolfo Suárez Molinar (doctor en Filosofía).

Leonel Rosales García, Monel (musiquero de Panteón Rococó)

Rodrigo Joel Bonilla Pineda, Gorri (musiquero de Panteón Rococó)

Marco Antonio Huerta Heredia, Tanis (musiquero de Panteón Rococó)

Rolando Ortega, Roco Pachukote, (musiquero)

Francisco Arturo Barrios Martínez, el Mastuerzo (musiquero)

Panteón Rococó (musiqueros)

Carlos González García (licenciado en derecho).

 

Estas personas, junto a otras que están siendo contactadas, forman parte de la Asociación Civil llamada “LLEGÓ LA HORA DEL FLORECIMIENTO DE LOS PUEBLOS”, instancia necesaria para iniciar el camino del registro de la candidatura de quien, con cariño y respeto, llamamos “Marichuy”, para que, por primera vez en la historia de este país, una mujer de pueblo originario, indígena, contienda por la presidencia de la República Mexicana.

Todas y todos ell@s, por su honestidad y compromiso, son de nuestra absoluta confianza y admiración, por lo que presentamos sus nombres a la primera Asamblea General del Concejo Indígena de Gobierno, celebrada estos días 5 y 6 de agosto del 2017.  El Concejo Indígena de Gobierno recibió con alegría el apoyo de est@s herman@s que, por su trabajo en las ciencias, las artes y la lucha social, tienen el reconocimiento de amplios sectores en México y el mundo.

Frente a la guerra en curso, nuestra apuesta es por la paz real, es decir, con democracia, libertad y justicia.

Éste es un paso más en nuestro camino para encontrarnos con quienes queremos escuchar y llamarles a organizarse.

Desde los rincones más olvidados del México originario, y por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos: ¡Nunca Más Un México Sin Nosotros!

Congreso Nacional Indígena.

Comisión Sexta del EZLN.

A 6 de agosto de 2017.

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“Dicen que”… El pensamiento haragán, la irracionalidad y los eternos complots

Babel

“Dicen que”… El pensamiento haragán, la irracionalidad y los eternos complots

Javier Hernández Alpízar

“Cuando tratamos de comprender hechos del pasado, comprobamos de forma implícita las hipótesis o reglas que empleamos para interpretar y prever el mundo que nos rodea. Si al mirar hacia atrás, infravaloramos de forma sistemática las sorpresas que contuvo y que contiene el pasado, sometemos dichas hipótesis a pruebas desmesuradamente débiles y es de suponer que no hallemos muchas razones para modificarlas. De este modo, el conocimiento de los resultados que nos hace sentir que comprendemos el pasado puede impedirnos aprender de él.” Fischhoff, citado por Stuart Sutherland, (2015), Irracionalidad, El enemigo interior.

 

Repetir por doquier falsedades, mentiras, especialmente calumniosas y difamatorias, es un hábito de muchos usuarios de las redes digitales, así como es común esparcir rumores en el anonimato de la oralidad masiva, amparados en el irresponsable “dicen que”… En los periódicos se usan los “trascendidos”, chismes filtrados, usualmente, de manera mercenaria.

Aparentemente los seres humanos (presuntos homo sapiens sapiens) deberíamos ser racionales y eso implicaría exigir y brindar pruebas o al menos argumentos en pro de la veracidad de lo que creemos y de lo que pretendemos hacer creer a los demás. Sin embargo, en la práctica, una práctica social normalmente alienada, solemos aceptar creencias y luego aferrarnos a ellas por muchos motivos y, muchas veces, pocas y poco convincentes razones: ocurre que en lugar de revisar nuestras creencias, cada vez que nos enfrentamos a información que podría ponerlas en tela de juicio, usualmente las manipulamos y acomodamos para mantener en pie la creencia, aunque la veracidad de las cosas palidezca para quien las examine más detenidamente. Tal vez porque solemos identificarnos con lo que creemos y opinamos o porque nos gusta creer en nuestra infalibilidad, pero es muy poco común la actitud racional de poner en duda lo que pensamos cuando hay evidencias que deberían hacernos cuestionar. René Descartes se equivocó al pensar que el buen juicio está universalmente repartido, porque dudar nos cuesta demasiado y por el contrario, retorcer toda información para mantener a salvo nuestras creencias es lo más común.

Según Stuart Sutherland (Irracionalidad, El enemigo interior), esta actitud autocomplaciente no es privativa de personas sin estudios, se observa en profesionales de la psicología, la medicina, la ingeniería y diversas ciencias, ya no digamos en medios no científicos como las finanzas o el marketing; de la política, ya para qué hablar… Estudios empíricos han mostrado que hacemos juegos de prestidigitación mentales para salvar nuestras creencias (prestigio y prestidigitación están emparentados), cuando lo aconsejable sería poner atención especialmente a la información que podría probar la falsedad de nuestras creencias.

En un contexto así, basta que un rumor se masifique para que un sector amplio de la población haga pasar por verdad mentiras, falsedades, calumnias, difamaciones, errores e insensateces. Esto lo saben los testaferros del poder, por eso les gusta tener medios mercenarios que publiquen falsedades, porque saben que, de todas ellas, algunas arraigarán en amplios sectores de la población y luego la inercia de seguir creyendo y opinando lo mismo hará el resto.

Contra esa tendencia, esa ley del menor esfuerzo del pensamiento que los zapatistas han llamado “el pensamiento haragán”, se necesita lo contrario: esfuerzo, lecturas, estudio, escucha atenta, diálogo, reflexión, estarse informando de primera mano, cuestionarse, pensar, razonar, revisar hechos, argumentos, ideas, creencias, opiniones… pero la inercia del pensamiento único propone, en cambio, opiniones a la medida para todos los gustos, gurús masivos que piensan por ti y te ayudan a mantenerte en forma sin hacer ejercicio mental.

De ese modo, los guiones de teorías de la conspiración que la derecha y la ultraderecha generaron, como el ¿Por qué Chiapas? de Luis Pazos y obras a sueldo del gobierno mexicano como las de Rico y Lagrange, la de Carlos Tello, las de plumas de Nexos y Letras libres, a veces reproducidas en medios “críticos” como Proceso, se fueron filtrando las calumnias en libros y revistas, libelos, primero entre la derecha y, tras las críticas del EZLN a López Obrador desde 2005, entre muchos de los militantes del PRD y hoy de Morena: al no poder, ni querer, entender por qué los zapatistas habían roto con la izquierda electoral, en lugar de leer y pensar en el cúmulo de informaciones, datos, argumentos, razones y motivos que expusieron los zapatistas y sus aliados, los despechados ex simpatizantes del zapatismo se han inventado sus propias “teorías”: desde los más burdos, quienes suponen un complot de Salinas (¿despechado por ver su programa político y a sus más cercanos colaboradores, los sobrevivientes, ahora en el séquito de Obrador) hasta los más sofisticados, quienes reducen a las comunidades indígenas a un montón de ignorantes y pasivos seguidores de un líder mestizo que los ha desencaminado.

La ruptura política del EZLN con la izquierda electoral y con toda la clase política y toda la clase en el poder es una decisión razonada y razonable: el hecho de que los pueblos y comunidades indígenas del CNI y los adherentes a la Sexta la respalden tiene explicaciones históricas perfectamente racionales, razonables, legítimas y muy respetables: quien quiere entenderlos tiene a la mano en la web muchos documentos que, en su conjunto, pueden ayudar a entender que este sector del país no se siente ni se reconoce representado ni en el PRD ni en su disidencia ahora llamada Morena. Eso no tiene nada de oscuro ni necesita de explicaciones conspiratorias o racistas, como las de quienes pretenden apoyar a las bases zapatistas, pero no a sus comandantes, prejuicio que nació desde el primer editorial de La Jornada tras el alzamiento de 1994: la supuesta diferencia entre indígenas y “profesionales de la violencia”.

En favor de esas teorías de la conspiración jamás han podido argüir ni un solo elemento probatorio: siempre presentan opiniones, prejuicios, como si fueran hechos: en ´última instancia, a quien se niega a creer en sus afirmaciones sin elementos probatorios, terminan acusándolo de ingenuo, pendejo, crédulo o manipulado, aunque normalmente para ejercer el escepticismo contra esas teorías de la conspiración se necesita estar informado e ir a contracorriente de la guerra psicológica y la propaganda contrainsurgente que se propala en todo el espectro de los medios: desde los artículos de Aguilar Camín hasta los moneros de La Jornada. Resistir a la presión de la masa y los linchamientos mediáticos requiere de un ejercicio de autonomía que no se logra por mero voluntarismo sin informarse y pensar.

Mientras ese sector de la opinión “pública” repite sus calumnias cada vez que aparecen noticias del EZLN, los zapatistas y sus aliados y simpatizantes han participado en un debate interno y público: la celebración de sendos seminarios en el Cideci-Unitierra de San Cristóbal es el lugar más destacado de esta reflexión. No puede ser más abismal el contraste entre el nivel de propuesta del EZLN, y ahora del CNI en proceso de movilización y organización, y la letanía de calumnias repetidas por quienes no se han tomado la molestia de leerlos, escucharlos y tratar de comprender su posición.

A pesar de que pudiéramos mostrarnos pesimistas respecto a la capacidad de algunos sectores de la población para cuestionar sus prejuicios y comenzar a informarse y reflexionar sobre el verdadero perfil y modo de actuar del EZLN, el CNI y aliados, la única manera de romper ese muro de la inercia y el pensamiento haragán es el trabajo de autoorganización desde abajo, porque uno de los motivos más fuertes para el pensamiento prejuicioso y alienado es precisamente una praxis social unilateral y fetichizada: quienes han construido algo autónomamente pueden comenzar a darse el lujo de producir un análisis político propio, no limitarse a consumir el que ya elaboraron los “líderes de opinión”, y desde ahí, desde la autonomía en la praxis, la palabra y las acciones de los zapatistas, como los de otros actores de la izquierda de abajo, no aparecen como irracionales o “manipulados”, sino como un trabajo lúcido y una praxis congruente de hace ya muchos años. Que una política sea exitosa no es fácil cuando va a contracorriente, pero el hecho de tener una postura propia y sólidamente argumentada es señal de no poder ser explicado mediante las simplezas que usualmente se intenta hacerlo.

Desafortunadamente la irracionalidad de creerse libelos y calumnias contra el EZLN hace que muchos mexicanos se pierdan de conocer y de participar con uno de los movimientos antisistémicos más importantes en el mundo, pero no podrá ser de otro modo mientras el pensamiento haragán y pasivo sea dominante frente a un pensamiento que exige hechos y argumentos verificables para aceptar algo. Por otra parte, es más cómodo apoyar a movimientos que tienen presencia masiva, aunque para seguir apoyándolos haya que llenar el clóset de hechos incómodos que tienen que ser deliberadamente desdeñados para poder seguir creyendo en la pureza del líder carismático y su séquito. A final de cuentas, la falta de radicalidad de una opción en México puede compensarse simpatizando con opciones más radicales en el Cono Sur. Allá, radicales; aquí, eternamente moderados.

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¿Si Marx viviera?…

Babel

¿Si Marx viviera?…

Javier Hernández Alpízar

Max Horkheimer y Theodor Adorno, en su Dialéctica del Iluminismo, hacen una curiosa afirmación al criticar la autodenominada filosofía perenne: si Tomás de Aquino viviera, estaría leyendo críticamente a los filósofos modernos y contemporáneos. Análogamente, podríamos decir, en ese mismo tono especulativo: si Karl Marx viviera estaría leyendo críticamente a los filósofos y científicos, pensadores y literatos importantes posteriores a su obra. Y no lo haría por un afán académico de “actualización, sino por discutir con el pensamiento crítico los problemas contemporáneos del capitalismo y la modernidad.

Incluso nos atreveríamos a decir más, si Marx viviera leería con más atención a sus críticos y a los pensadores más relevantes de la derecha, porque tendría que polemizar con ellos, lo mismo que con los pensadores reformistas. Con pocas excepciones, en sus seguidores encontraría sucursales más que pensamientos vivos.

Pero esta imaginaria puesta al día de un Karl Marx que discutirá el mundo de hoy no nace meramente de un imaginario o ficción: surge de la manera como, en nombre del marxismo y sus variantes, se hace hoy apología de las alianzas con sectores de la burguesía supuestamente recién conversos a la democracia, al reformismo y al anhelo de un cambio verdadero en México. Así como los gobiernos progres de América del Sur han intentado justificar el extractivismo, con su cauda de despojo y destrucción de comunidades y naturaleza, usando a Marx como referencia, olvidando que el capitalismo, ya en este siglo XXI, tiene al planeta al borde del cambio climático más desastroso, de la misma manera en México, la izquierda electoral repite el argumento de que un fino y sofisticado análisis intelectual puede llevar a concluir que hacer pactos con burgueses de la derecha más reaccionaria (salinistas, zedillistas, foxistas, calderonistas) es necesario y se justifica “dialécticamente”…

En México (y seguramente no sólo aquí) es ya una tara congénita de las izquierdas de masas no poder dar un paso (y normalmente sus pasos son electorales y solamente electorales) sin hacer alianzas con sectores de la burguesía mexicana supuestamente nacionalista, honesta y progre. Esto ha sido llevado cada vez más al extremo porque, al no encontrar burgueses demócratas ni reformistas, solamente pueden hacer alianzas con burgueses con una clara conciencia de clase burguesa, quienes usan sus alianzas con la izquierda, anteriormente la perredista y ahora con Morena, para sacar raja del carisma electoral de su líder vitalicio.

Karl Marx, en el contexto de una Europa que tenía países ya plenamente burgueses y capitalistas modernos como Inglaterra y Francia, al lado de países que no salían aún de las manos de los poderes feudales, apoyó una política internacional estratégica que llevaba a los obreros a luchar de manera anticapitalista en los países industrializados y por la democracia burguesa ahí donde la burguesía, la alemana por ejemplo, no había derrotado a los señores feudales.

Este ejemplo les sirve de pretexto a los apologetas de las alianzas con la burguesía para decir que su política es “estratégica” y se justifica por una sofisticada dialéctica. Entre otras cosas hacen caso omiso del hecho de que esas luchas obreras aliadas a la burguesía fueron derrotadas, entre otros factores por la traición de las burguesías supuestamente democráticas, quienes preferían sumarse a la reacción en los momentos decisivos, y no ver empoderarse a los obreros, a quienes, por lo demás, ellos explotarían en el campo y la ciudad.

Olvidan además, estos sedicentes marxistas, que en México ya tuvimos una revolución democrático burguesa, la de 1910, y que el pacto que dio origen al Estado mexicano contemporáneo fue una solución de compromiso entre la revolución liberal del siglo XIX (progresista entonces, pero no sólo conservadora sino reaccionaria en su actual forma neoliberal) y la revolución social (mayoritariamente rural y campesina, pero no solamente: los magonistas, zapatistas y villistas).

La descomposición del Estado mexicano por el neoliberalismo representa, desde el gobierno de Miguel de la Madrid hasta la actualidad, una reactivación de las fuerzas liberales del siglo XIX y el desmantelamiento de la parte social que se habían visto obligados, por la fuerza (de las armas), a respetar.

La defensa, hoy, de tratados de libre comercio, de invitar a las mineras canadienses a seguir practicando su extractivismo (criminal) en nuestro país y la alianza con algunos de los burgueses que ha apoyado a los gobiernos neoliberales y contrarrevolucionarios, no son resultado de una inteligencia dialéctica sofisticada y superior; son residuo del vacío de una praxis política democrática, pues no la hay donde las bases no tienen voz ni voto para determinar estrategias ni alianzas, sino que se enfrentan a hechos consumados, los cuales tienen que racionalizar y tratar de justificar posteriormente.

Como ha mostrado Paulina Fernández en su participación en un seminario zapatista, desde el Partido Mexicano Socialista que abandonó todas las banderas de la revolución social para abrazar solamente las políticas y electorales, pasando por un PRD que fue traicionando incluso esas banderas cada vez más pálidas, la izquierda ha dejado de lado las reivindicaciones de una revolución social y se ha ido acomodando al mundo unipolar donde no hay más ruta que el capitalismo. Actualmente Morena representa la reedición de esa claudicación: con el pretexto de ser “estratégicos” aceptan una política de alianzas con la burguesía que no es un mero medio para un fin posterior (una radicalización que no se proponen ni programática ni tácticamente) sino un fin en sí mismo: la continuidad, la restauración de una paz neoliberal, una administración eficiente del conflicto desactivando (al menos, pretendiendo desactivar) la lucha social y dando todas las garantías a la burguesía nacional y extranjera de que sus intereses son intocables.

Son de origen ideológico de derecha, las políticas que suponen que el mayor problema del país es la corrupción: se basan en la idea de que “un capitalismo sin corrupción” será más eficiente y mejorará la situación (especialmente de las capas medias, resentidas hoy, pero que si recuperan capacidades de consumo añoradas regresarán a la idea de orden y progreso positivista que en el fondo es su ideología más querida),

La derecha ha logrado hacer dominante la idea de que la corrupción es el único mal, además de que la corrupción es sólo de gobernantes y políticos: hay que remover al PRI, pero no a Slim ni a ningún otro burgués, y menos lo harán si ahora toman “el camino del bien” y apoyan al líder fetiche de Morena.

Esta política no es nueva, desde recién terminada (institucionalizada) la revolución mexicana, los líderes obreros como Lombardo Toledano han preferido uncir las organizaciones de la izquierda de masas a la burguesía “nacionalista” que construir un sujeto autónomo, para este tipo de izquierda jamás hay ni habrá condiciones para que los de abajo luchen con una política propia, siempre deben respetar (y subordinarse a) el marco burgués de lucha.

Para justificar eso no tienen, legítimamente el recurso a Karl Marx, pero sí a una tradición que va de Lombardo Toledano y Fidel Velázquez a Elba Esther Gordillo y Napoleón Gómez Urrutia: ese es el tipo de política subordinada y claudicante que busca sus líderes, ideólogos, candidatos y asesores en el PRI y en la burguesía que antes ha llevado al poder a Fox y Calderón. No es una sutileza ni el colmo de la dialéctica: es un cínico recurso al continuismo y la restauración, es el recurso de un programa neoliberal con un ligerísimo chapeado de keynesianismo (más retorico que real). No alcanza el apelativo de “reformismo”, porque las reformas, por moderadas que sean, son propuestas de cambio: por el contrario, es la continuidad del priismo neoliberal, hoy convertido en clase política metapartidaria.

Es cierto que hay un sector de la sociedad que no desea más cambio que regresar al estado de bienestar, sin importarles que sea a costa de la destrucción del México de abajo, y así como ese sector tiene derecho a luchar por su poder de consumo, de la misma manera los sujetos sociales en lucha por la defensa del territorio y aún de la supervivencia de sí mismos y del país, tienen derecho a  tener su propia forma de organización y de lucha: satanizarlos por no subordinarse a la política electoral de alianzas con la burguesía es solamente un recurso de propaganda negra: uno de los recursos de la derecha que, como muchas otras cosas, esta izquierda electoral claudicante ha ido copiando, aprendiendo y adoptando.

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El capitalismo como culto fanático al dios dinero

Babel

Javier Hernández Alpízar

El capitalismo como culto fanático al dios dinero

En Hacia una crítica de la razón mítica, Franz Hinkelammert muestra que hay en las racionalidades modernas más autoproclamadas ateas, laicas, secularizadas y aun desacralizantes, núcleos de mito. Como en un iceberg, emerge hielo frío de racionalidad despiadada, pero por debajo de la línea de flotación está un inmenso cuerpo de dogmas de fe, un núcleo duro incuestionado pero cuestionable, y muy cuestionable, de mito, de pensamiento mítico, tanto como el que más, el medieval o el antiguo o el más “primitivo”.

No por nada la imagen del iceberg nos recuerda el núcleo mítico del Titanic, un barco “inhundible”, obra de la titánica tecnología moderna, que al final se hunde ante la gélida presencia de hielo, como una Babel marinera ante los dioses que castigan la hybris. La permanente fascinación que ha generado como halo esta historia trágica es así en gran medida por la estructura mítica de la historia.

Pero regresemos al núcleo mítico de las racionalidades frías, modernas, despiadadas, “realistas”. Un moderno dios es sin duda el dinero, a él, como sabía Lutero, le atribuimos las certezas sobre el futuro, las seguridades que antes solíamos poner en entes numínicos, Por eso solía decir Enrique Dussel: cualquiera se hace ateo frente al Dios de la religión, pero “lo que quiero encontrarme es un ateo del dinero”. En buena medida, el lenguaje crítico de Karl Marx en su crítica del capital, por ejemplo: “fetichización de la mercancía”, viene de la Biblia y de la crítica a la idolatría como fetichización de las obras de las manos de los humanos, esto lo ha señalado el propio Enrique Dussel, así como José Porfirio Miranda.

La ideología del libre mercado, que Franz Hinkelammert critica sobre todo en contra de Friedrich Hayek, tiene un núcleo mítico que se desenvuelve alrededor de la idea de la “mano invisible” de Adam Smith, una suerte de “divina providencia” mal secularizada. Algo como la predestinación: San Agustín, y en la Reforma Lutero y Calvino, hablaron de una misteriosa predestinación, según la cual solamente salva la gracia (arbitrariedad divina) y quienes se salvarán ya fueron de antemano elegidos por Dios, poniendo además como señal mundana de esa elección y preferencia divina la riqueza material, un sesgo judaizante o de regreso al Antiguo Testamento (recuérdese a Job, la riqueza se le retira como prueba demoniaca, pero al final se le restituye multiplicada por su lealtad a Dios), señal ideológica que viene de perlas a la ideología capitalista liberal, individualista, materialista y metalizada.

A los hombres modernos, comenzando por los intrépidos conquistadores españoles y portugueses de América, los ha movido, inspirado y motivado el dios oro.

Pero la analogía que ofrece Franz Hinkelammert es con la teología de San Agustín, y la Ciudad de Dios, como justificación ideológica del Imperio Romano, según la cual la salvación no se alcanza por mérito propio (mucho menos por rebeldía) sino por obediencia y conformidad, por pertenencia y subordinación al “cuerpo místico” de Cristo, que es la iglesia y en el fondo la estructura imperial romana. De manera análoga, dice Hinkelammert, respecto a la estructura imperial del mercado, no se encuentra salvación desobedeciéndolo o rebelándose, pretende Friedrich Hayek, sino sometiéndose a sus reglas: las del libre mercado, las del libre comercio, las de la mítica “mano invisible”.

Por eso ese tufillo supersticioso de los agoreros del libre mercado que pontifican en los medios masivos y hablan de los mercados como caprichosos dioses que ora están nerviosos, ora aplauden las decisiones políticas más conservadoras (reformas estructurales neoliberales, por ejemplo, o de plano, ataques militares imperiales) con alzas en la bolsa de valores o, al menos, expectativas de mayores inversiones.

Como todo culto de secta, el capitalismo y el neoliberalismo tienen su dios, el dinero, su divina providencia, la mano invisible, sus iniciados, los economistas neoliberales, que hacen de “mediadores”, sacerdotes o pastores del culto al dios dinero y sus mercados, sus rituales y sacrificios: y les sacrifican vidas humanas. Muertes en la guerra de despojo y exterminio, las hambrunas, las enfermedades curables que no se curan porque hubo recortes en salud, el sufrimiento de generaciones sacrificadas al “desarrollo” que vendrá mañana (nihilismo de futuro, como lo llamó Karel Kosík).

Así como hay estudios eruditos de las mitologías, así como hay historia de las religiones comparadas, puede y debería haber un estudio crítico de los mitos incrustados en puntos neurálgicos de las ideologías “ateas” modernas. Franz Hinkelammert piensa que hay ateísmos incompletos, que no se han emancipado de falsos dioses, de ídolos. Solamente sustituyeron al Dios muerto o perdido por un nuevo ídolo, el dinero, el mercado, el capital, como lo llamaría Simone Weil: la gran Bestia: el orden social, la burocracia,. El Estado. Hobbes se refiere al Estado como un Leviatán, un monstruo mítico tomado del Antiguo Testamento, y su obra puede leerse como una teología secularizada que justifica al Estado como mal necesario ante nuestra naturaleza humana malvada, que nos impediría vivir en sociedad: dado que el hombre es un lobo para el hombre, solamente un monstruo mayor puede tener a raya la violencia y forzarnos a una convivencia pacífica entre ciudadanos.

Karl Marx hablaba de la acumulación originaria del capital como el “pecado original”, porque los teólogos del capitalismo nos cuentan un cuento (mito) para explicarnos que haya pobres y ricos, multimillonarios y parias, burgueses y proletarios, pero también puede leerse como pecado en sentido estricto; porque si algún significado puede tener hoy la palabra “pecado” es sobre todo el crimen social: la muerte y sacrificio de los muchos al dios dinero y a sus pocos elegidos, el menos del uno por ciento que se sienta al banquete, a comer la sangre y carne de su dios dinero, mientras abajo se sacrifican a Moloch o Mammón niños y niñas, jóvenes, mujeres, indígenas, luchadores sociales y defensores de derechos humanos, comunicadoras, críticos y disidentes que no se han querido arrodillar ante el dios dinero.

Nos burlamos de los antiguos y los medievales por sus supersticiones, pero así como los marineros medievales pensaban que si llegaban al fin del Océano, caerían en un abismo, los esclavos modernos creen que si se salen del capitalismo caerán en el abismo de la nada.

Y no hablemos de la versión vulgar del derecho divino de los reyes, mal secularizada en el imaginario social de una clase política profesional en mandar: no podemos tener un candidato que no provenga del partido oficial que queremos derrotar, como si su legitimidad derivara de la pertenencia a esa casta de mandones: políticos y empresarios.

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