MIGRANTES Y DEFENSORES DEL TERRITORIO REPRIMIDOS #AMLOrepresor #ElConservadorEsAMLO

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Migrantes y defensores del territorio reprimidos

Javier Hernández Alpízar

La Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió un oficio que prohíbe a personas y organizaciones que brindan asesoría legal y psicológica a los migrantes entrar en contacto con los centroamericanos que han sido reprimidos, detenidos y están siendo deportados en masa. Cualquier gobierno y Estado del mundo que realice una acción como esa: aislar a los migrantes detenidos y en proceso de deportación, impedir que los atiendan y asesores las personas y organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes, impedir que alguien sea testigo de lo que hacen con los detenidos, perpetra violaciones graves a los derechos humanos de las personas migrantes. Son hechos violatorios de las normatividades internacionales, convenios y protocolos firmados por el Estado mexicano.

Por otra parte, la Suprema Corte de Justicia de la Nación modificó las condiciones para ser funcionario público, es decir funcionario del gobierno mexicano, para permitir que personas no nacidas en México puedan ejercer dichos cargos burocráticos. Hay un doble rasero: para extranjeros privilegiados y cercanos al gobernante en turno hay puestos de gobierno, que incluyen seguridad económica y estancia cómoda en el país, pero para los extranjeros pobres, como los centroamericanos, que vienen huyendo de la violencia, que son refugiados de desastres naturales y del desastre social que genera el capitalismo depredador en sus países: para ellos, la Guardia Nacional, gases lacrimógenos, represión, persecución en la selva y en caminos y carreteras, redadas en hoteles de Tuxtla Gutiérrez, detención, deportación masiva, asilamiento e impedimento de recibir asesoría legal o psicológica, es decir, trato de delincuentes, violatorio de sus derechos humanos.

Muchos de esos migrantes son refugiados y deberían ser protegidos así. El gobierno que se ufanó por dar exilio a Evo Morales, en tránsito para ir a un país más seguro como es Argentina, es el gobierno que, en los hechos, construye el muro humano militarizado en la frontera sur. La Guardia Nacional opera como Border Patrol y los megaproyectos de muerte pretenden balcanizar al país y dejar el Istmo y la zona maya como nueva frontera entre dos Méxicos.

Aunque retóricamente se presentan como nacionalistas, los gobernantes de Morena se están convirtiendo de hecho en los operadores de la política xenófoba, represiva y racista de Donald Trump. Parece que en efecto, primero los pobres, pero para reprimirlos y deportarlos.

La otra aparición de la Guardia Nacional fue en Puebla, gaseando y reprimiendo a los defensores del territorio del Frente en Defensa de la Tierra y el Agua. Ahí Morena y Obrador ya tienen su primer preso de conciencia, Miguel López Vega, comunicador, defensor del territorio, concejal del Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena. Injustamente preso por oponerse a los megaproyectos de AMLO.

La promesa de Obrador de no reprimir ha sido traicionada, como antes traicionó su promesa de acabar con la militarización, su promesa de cancelar el Proyecto Integral Morelos y de hecho está traicionando su promesa de resolver el caso de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Ya cuentan en el haber de la Guardia Nacional al menos dos represiones: a los migrantes y al FPDTA de Puebla.

Y los funcionarios o personeros del gobierno que se supone que deberían defender los derechos humanos, como la titular de la CNDH, Rosario Piedra, y el vocero de AMLO, Alejandro Solalinde, se dedican a defender la imagen del presidente y hacer apología de la Guardia Nacional.

Al estilo echeverrista, el gobierno de Obrador ha cooptado a intelectuales, a activistas y ex militantes de la izquierda que hoy son neocapitalistas, defensores del gobierno de Morena y callan convenientemente ante la militarización, la represión, el despojo y la explotación. Fueron cooptados por el hueso, el ingreso o incluso la promesa e ilusión de ellos.

El gobierno de Obrador ya tiene sus víctimas: enfermos de cáncer sin medicamentos, migrantes y defensores del territorio reprimidos, en un país que está en estancamiento económico, con una austeridad que sólo afecta a los más pobres (no a Slim, Salinas Pliego o Alfonso Romo) y donde 2019 fue el año más violento en la historia reciente del país, el año más violento contra las mujeres y en el cual México siguió siendo uno de los países más peligrosos del mundo para comunicadores y periodistas.

Además, ahora las víctimas de la violencia enfrentan no sólo la indiferencia, el desprecio, el ninguneo y el desdén de Obrador, sino el fanatismo de sus seguidores que fueron como grupo de choque a insultarlas y calumniarlas a gritos en el Zócalo. ¿Podíamos imaginar un escenario peor?

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La represión y los eufemismos

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La represión y los eufemismos

Javier Hernández Alpízar

A más de un año de que Obrador asumiera la presidencia de México, podemos proponer este experimento mental. Pongamos entre paréntesis que el presidente es AMLO. Imaginemos que es presidente cualquier otra persona, cualquier otro político que no sea el tabasqueño.

Ocurre que a poco más de un año de que el presidente asumió el cargo el panorama es desolador: hay una crisis por la violación de derechos humanos, la violencia del crimen organizado e impune y la represión-

2019 ha sido el año más violento en la historia reciente del país: en un México cuyos dos sexenios anteriores han sido sumamente violentos y con una fallida estrategia de “seguridad”, la cual no es otra cosa que la militarización. Tras dos sexenios de terror, el primer sexenio del nuevo gobierno rompe récord: hay más víctimas de feminicidios, asesinatos de defensores del territorio, comunicadores indígenas, periodistas, y muchas víctimas civiles de asesinatos, desapariciones, secuestros, asaltos, violencia cotidiana, especialmente contra comunidades indígenas que defienden sus autonomías y sus territorios agredidos por megaproyectos capitalistas que destruyen el tejido comunitario y aumentan la de por sí grave devastación ambiental.

A los asesinatos, se suman las muertes silenciosas de personas afectadas por la toxicidad, la polución, la contaminación de empresas sin escrúpulos que aprovechan la impunidad en México para envenenar suelos, aire, aguas. Muertes por cáncer y enfermedades raras asociadas a la toxicidad son un verdadero genocidio cotidiano y anónimo. Errores y falta de capacidad en la gestión del sistema de salud condenan a muchas más personas a empeorar en sus padecimientos y aún a morir, en un país que ocupa el primer lugar en obesidad y en padecimientos asociados, de la diabetes y sus fatales secuelas al cáncer.

La estrategia fallida de la militarización, que probó por más de doce años su letalidad para la población civil y su nulo resultado en disminuir la violencia y el crimen (por el contrario, los aumenta y potencia), es continuada y blindada con reformas legales que dan “certeza jurídica” a la militarización como política de seguridad interior (la tradicional “seguridad nacional”) y solamente cambian de nombre a los cuerpos militares represivos que actúan como ejército de ocupación colonial y control territorial de población: la Guardia Nacional está formada por efectivos del Ejército, la Marina y la Policía Federal Preventiva. El cambio de nombres oculta la continuidad de más de doce años de militarización fallidos.

Al nuevo cuerpo represivo lo estrenaron reprimiendo migrantes, gaseando a hombres, mujeres y niños que de manera masiva piden refugio. La Guardia Nacional persigue a migrantes en la selva, como la Border Patrol persigue mexicanos migrantes en el desierto, y hace redadas en hoteles baratos de Tuxtla Gutiérrez.

Una caravana de víctimas marcha desde Morelos a la ciudad de México para pedir un diálogo con el presidente y pedirle que cambie la estrategia fallida y priorice la atención a las víctimas. Entre las muchas víctimas que vienen en la marcha, está una familia que fue objeto de un ataque armado del crimen organizado que asesinó, hirió y desapareció a hombres, mujeres y niños. El presidente se niega a recibirlos. Minimiza el posible encuentro y lo ridiculiza llamándolo “un show”. Trata de hecho a las víctimas con el mismo desprecio que a Samir Flores, comunicador indígena y defensor del territorio asesinado, cuyo caso ni siquiera ha sido atraído por la Fiscalía General de la República.

Los proyectos de infraestructura al servicio del capital transnacional que antes se llamaron “Plan Puebla-Panamá” o “Proyecto Mesoamérica” solamente cambian de rótulos: tienen ahora nombres individualizados que no conectan su interrelación sistémica y esconden su vocación depredadora del territorio, el ambiente y despojadora de los bienes comunes indígenas, campesinos y urbanos bajo falsos nombres “nacionalistas” como tren “maya” y “sembrando vida”. Hacen consultas manipuladas que falsifican la participación y fabrican el “consenso”.

Se impone desde el gobierno una neolengua que no llama a las cosas por su nombre, sino que cambia la nomenclatura para rebautizar los proyectos colonizadores del capitalismo y la militarización: por ejemplo, se dice “rescatar migrantes” cuando en realidad se les reprime, gasea, persigue y detiene para deportarlos.

Esta política es, en los hechos, una subordinación a la exigencia del gobierno de los Estados Unidos de contener a los migrantes, haciendo de la militarización un muro en la frontera sur mexicana, violando los derechos de los migrantes y convirtiendo a México en tercer país in-seguro.

Como hecho inédito, el Ejército Mexicano participa en ejercicios militares conjuntos subordinado al Comando Sur de los Estados Unidos. La policía de la ciudad de México, con cambios de nombres para simular que “despareció el cuerpo de granaderos”, es adiestrada por militares de Israel.

Cualquier voz crítica es regañada por el presidente con burlas, descalificaciones y epítetos que ridiculizan y exponen al linchamiento mediático y a discursos de odio a quienes se atreven a disentir, criticar o denunciar. Se trata de un presidencialismo autocrático e iliberal.

Nada de lo anteriormente dicho es ficción, cualquiera puede googlear o investigar tema por tema en periódicos y revistas para verificar cada hecho enlistado.

Cualquiera que fuese el político a la cabeza de ese gobierno represor, ineficiente, subordinado a Trump, entreguista del territorio y mentiroso estaría siendo duramente criticado por el sector informado de la sociedad: pero eso no ocurre porque el presidente se llama “Andrés Manuel López Obrador”.

El caso de Alejandro Solalinde, quien según el diario La Razón declaró que “mandan a mujeres y niños a enfrentar a la GN”, es sintomático. Un hombre cuya presunta vocación era defender a los migrantes y denunciar las violaciones a los derechos humanos, ahora se dedica a defender la imagen de los militares, la Guardia Nacional, y del presidente, de quien el propio Solalinde ha dicho que es un “pastor”.

Finalmente, Andrés Manuel López Obrador amenaza al Estado laico con una ostentación pública de su fe religiosa: da a las iglesias evangélicas concesiones de radio, en un país en el que durante el primer año de su gobierno murieron asesinados seis comunicadores indígenas y la lista es más amplia si incluimos a comunicadores y periodistas no indígenas.

Se trata de un gobierno que reprime, desde las admoniciones de las conferencias matutinas del presidente contra la prensa y la opinión pública crítica hasta la Guardia Nacional que violenta a los migrantes centroamericanos, al tiempo que el crimen organizado asesina, especialmente a indígenas, como los diez músicos masacrados en Guerrero. Las policías comunitarias arman a jóvenes menores de edad para defenderse de los sicarios, ante la omisión de la Guardia Nacional. Obrador criminaliza a los policías comunitarios llamando “sicarios” a sus integrantes.

Sería una situación muy grave si todo eso pasara con un presidente criticado duramente por amplios sectores de la sociedad, pero es más grave con una sociedad en la que amplios sectores se vuelven contra lo que antes criticaron y defienden la imagen presidencial frente a toda noticia que pueda enturbiar su imagen: como si de pronto fueran millones de clones de Alejandro Solalinde.

Dicen que combaten la corrupción, pero defienden a los corruptos de su gobierno como Manuel Bartlett y Manuel Velasco. Dicen que enfrentan a la oligarquía, pero benefician a los empresarios creados por el salinismo como Carlos Slim y Salinas Pliego.

Pobre de México, tan subordinado a los Estados Unidos, al capital transnacional y a la hipocresía de quienes han invertido fines y medios: sacrifican la exigencia de verdaderos cambios a la figura de quien prometió los cambios y no está haciendo sino más de lo mismo.

No son conservadores quienes critican a un gobierno que perpetúa a los gobiernos procapitalistas de derecha: son conservadores quienes dicen que es “de izquierda” hacer semejante fraude y simulación.

Libertad inmediata a Miguel López, concejal del CNI-CIG en Puebla.

¡Presos políticos, libertad!

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Walter Benjamin y Bolívar Echeverría deberían estar viendo esto #SamirSomosTodasYTodos #EZLN

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Walter Benjamin y Bolívar Echeverría deberían estar viendo esto

Arte y también defensa de la vida y la Madre Tierra

Javier Hernández Alpízar

Walter Benjamin estaba consciente de que la tecnología no se podía entender sin comprenderla en la totalidad social de la modernidad capitalista. Como parte de un sistema social alienante, la tecnología tiene una función opresora, pero, al igual que los socialistas utópicos, Benjamin pensaba que la tecnología moderna (en las artes, especialmente la reproducción masiva, como en el cine y la fotografía) podía tener una función lúdica que desbordara la tradicional función de la tecnología como opresora de los trabajadores y de la naturaleza explotada como insumo.

A decir de Bolívar Echeverría, Benjamin pensaba que ese potencial lúdico y emancipador de las tecnologías modernas se podría actualizar, si operaba en el contexto de una emancipación de la sociedad, lo que en la tradición socialista y marxista sería la revolución comunista, la superación del capitalismo.

Como sabemos, a estas alturas de la historia, algo que ni Karl Marx ni Walter Benjamin pudieron vivir y, por tanto, no pudieron tomar en cuenta en sus análisis: en el siglo XX, el socialismo fue derrotado, primero por la conversión del socialismo revolucionario en la opresión del socialismo realmente existente, luego su colapso y, posteriormente, por el regreso del capitalismo depredador de la “acumulación originaria” o “acumulación por desposesión”, superficialmente llamado “neoliberalismo” o “globalización”.

Las tecnologías no actualizaron su potencial lúdico, sino que siguieron atadas al mecanismo de valoración del capital, de la ganancia y el lucro. El cine se vio colonizado por el imperio de Hollywood, cine casi exclusivamente como entretenimiento. El consumo de cine se dividió entre un circuito de élite de cine de arte, de autor o de director y un circuito masivo de cine digitalizado, que nos lleva a un consumo cada vez más individualizado. Cintas como Cinema Paradiso hicieron el homenaje nostálgico a las viejas salas donde el pueblo se reunía alrededor de la magia del cine y hacía ahí parte de su vida colectiva, comunitaria o social. Esto quedaba desplazado por el cine en televisión, en formatos digitales y en internet, que van individualizando el consumo.

En este sentido, los festivales de cine y de arte, los CompArte, como el reciente (diciembre de 1919) de cine en la Ballena de la Selva o el de danza Báilate otro mundo, en Tulan Kaw, uno de los nuevos caracoles zapatistas, son festivales a contrapelo del fenómeno arriba mencionado: Son funciones de cine colectivas, comunitarias, masivas, convivenciales y lo mismo las funciones de danza. No solamente las comunidades indígenas mayas zapatistas aprecian el cine profesional o la danza de colectivos, compañías, productores e intérpretes que llevan su trabajo a ellos, sino que presentan y comparten sus propias obras, sus cintas, danzas y coreografías comunitarias zapatistas.

La función lúdica de la técnica de cine recupera así algo del potencial emancipador y lúdico presentido por Walter Benjamin y subrayado en la lectura de Bolívar Echeverría, pero no en el corazón del mundo capitalista, donde la tecnología es subsumida por la lógica del lucro, sino ahí donde hay un proceso genuino de emancipación: en los caracoles zapatistas, centros de rebeldía, semillas de postcapitalismo.

La obra de Walter Benjamin no es ajena a los zapatistas, el autor de las Tesis sobre la historia ha sido citado textualmente (el Ángel de la Historia) en anteriores comunicados zapatistas y en otras ocasiones está referido en la intertextualidad de las reflexiones de algunos comunicados zapatistas.

Además, entre las reflexiones anticapitalistas de los zapatistas contemporáneos, está la idea de que las propuestas de mundos posibles postcapitalistas tienen que tener una fuerte base en el arte, en las ciencias y en los saberes de los pueblos indígenas, y en esa interacción, el papel de la literatura es ser como un vaso comunicante entre arte, ciencia y saberes indígenas.

Es comprensible la alegría de artistas y cineastas al ir a compartir con las comunidades zapatistas su trabajo escénico y visual, audiovisual: se trata de tocar un poco de esa utopía que desde hace mucho los seres humanos han soñado. Un proceso emancipador donde también tiene lugar la sala masiva de cine, o de teatro, danza y artes escénicas, y una comunidad que va y goza, ríe, aplaude, comparte, da sus respetos y también participa.

Ojalá Walter Benjamin y Bolívar Echeverría pudieran ver y atestiguar todo esto.

Defender la cultura, y a los productores de la cultura, también sobreexplotados, mal pagados, reprimidos, es parte necesaria del proceso emancipador que hoy tiene sus ejes más importantes en la defensa de la vida, la defensa de la tierra y el territorio y la de las mujeres y niñas frente a fenómenos mundiales de devastación capitalista como el calentamiento global, la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales, los magaproyectos de muerte como el tren llamado “Maya”, el corredor en el Istmo y el Integral Morelos (nuevos nombres para el Plan Puebla-Panamá), los feminicidios y la guerra represiva contra trabajadores migrantes, defensores del territorio y de los derechos humanos, comunicadores y, especialmente, la violencia infanticida, juvenicida y feminicida.

Hoy pretenden criminalizar a las niñas y los niños y adolescentes, pese a que las estadísticas muestran que son víctimas de la violencia (casi ocho niños y niñas al día son víctimas de violencia grave en México) y no victimarios. Así lo han expresado organizaciones como la Red por los Derechos de la Infancia en México. Y las autoridades pretenden tratar a los menores infractores como adultos, violando sus derechos humanos y fomentando la permanencia de su contacto con el mundo del crimen,

Todo esto como parte de un intento regresivo, no solamente conservador, sino retrógrado, de populismo punitivo de la “Cuatro-te”.

Ante esta cuarta vuelta de tuerca de las ruedas del capitalismo: despojo, explotación, desprecio y represión, el EZLN y el CNI están convocando a las primeras Jornadas en Defensa de la Tierra y el Territorio Samir Somos Todas Y Todos, los días 20 (jornada global, nacional e internacional, cada quien en su espacio de lucha), 21 (marcha en la ciudad de México, de Reforma e Insurgentes a la FGR en la glorieta de Insurgentes y luego al Zócalo) y 22 de febrero de 2020 (Asamblea en Amiltzingo, Morelos).

PD: Con la reforma penal en marcha, la “Cuatro-te” sí hará realidad el “primero los pobres”, pero… a la cárcel.

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ALGUNAS CONSIGNAS POSIBLES PARA LAS PRÓXIMAS MOVILIZACIONES EN DEFENSA DE LA VIDA Y LA MADRE TIERRA Y CONTRA LOS MEGAPROYECTOS DE MUERTE #SAMIRSOMOSTODOSYTODAS

Algunas consignas posibles para las próximas movilizaciones en defensa de la vida y la Madre Tierra y contra los megaproyectos de muerte
#SamirSomosTodosYTodas

  1. ¡Decía Guerrero que la patria es primero, pero el traidor de AMLO la vende al extranjero!
  2. ¡El pueblo votó y Obrador lo traicionó!
  3. ¡Obrador decía que todo cambiaría, mentira, mentira, la misma porquería!
  4. ¡La Guardia Nacional defiende al capital!
  5. ¡No al Tren Maya, nos da en la Madre Tierra!
  6. ¡No al Tren Maya, sí a las guacamayas!
  7. ¡Samir no murió, se multiplicó!
  8. ¡Samir no murió, Samir somos todos!
  9. ¡Con Samir Flores, del territorio, defensores!
  10. ¡Ni un tren más, ni un árbol menos!
  11. ¡Ni un tren más, ni un jaguar menos!
  12. ¡No pasará, no pasará, el pejetren no pasará!
  13. ¡De norte a sur, de este a oeste, cambiaremos el sistema, cueste lo que cueste!
  14. ¡Cambiemos el sistema, no el clima del planeta!
  15. ¡Su desarrollismo es colonialismo!
  16. ¡Porque no queremos y no nos da la gana de ser un colonia norteamericana!
  17. ¡El Istmo es nuestro y lo seguirá siendo, no pasarán, los megaproyectos!
  18. ¡Con Zapata y con Samir, vamos a resistir!
  19. ¡Zapata y Samir viven, la lucha sigue y sigue!
  20. ¡Sinhué vive, la lucha sigue!
  21. ¡Con Sinhué y con Samir, vamos a resistir!
  22. ¡Más autonomías y menos policías!
  23. ¡Joven, cuidado, no te hagas soldado; joven, escucha, únete a la lucha!
  24. ¡Con capucha o sin capucha, súmate a la lucha!
  25. ¡Nos faltan 43, y miles más también!
  26. ¡Encinas, Encinas, no digas mentiras; resuélvele a los padres, si es que tienes madre!
  27. ¡El capital está en guerra contra la Madre Tierra!
  28. ¡Alto a la guerra, contra la Madre Tierra!
  29. ¡Nuestra lucha es mundial, contra el capital!
  30. ¡Ecuador, aguanta, Nuestra América se levanta! ¡Chile, aguanta… ¡Bolivia, aguanta… ¡Haití, aguanta… ¡Colombia, aguanta… Etc.
  31. ¡Bartlett es un dinosaurio que medra en el gabinete, cuando te reprime es realmente un ojete!
  32. ¡A Obrador, Trump lo quiere gobernar, y él le sigue, le sigue la corriente, porque no quiere que diga la gente, que Donald Trump lo quiere gobernar!
  33. ¡Alerta! ¡Alerta!; ¡Alerta, alerta, alerta que caminan, las autonomías por América Latina!… La vida, la vida, la vida vencerá, y América Latina, libre será!
  34. ¡Yo soy… la Madre Tierra… que sí, que no, la Madre Tierra!

Yo soy… la Selva Lacandona… Yo soy… Calakmul… Yo soy… la Ceiba… El cenote sagrado… Las autonomías… Los pueblos mayas… Los mapuches… La resistencia… Los Caracoles… El jaguar… El venado… El faisán… La guacamaya… El quetzal… El tapir… El ocelote… El tucán…El tlacuache… El coyote… El mono… La iguana… La serpiente… La hormiga… La tortuga… El conejo… El colibrí… El puma… El mono araña… La nauyaca… El coralillo… El caimito… La garza… La chachalaca… El águila arpía… El mono aullador… El pecarí… El escarabajo… La mariposa… La madreselva… El palo mulato…

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¿POR QUÉ NOS OPONEMOS A LOS MEGAPROYECTOS CAPITALISTAS EN EL SURESTE MEXICANO?

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Javier Hernández Alpízar

 

Hoy el capital no solamente hace la guerra a los pueblos, sino a la Madre Tierra: no podemos ser neutrales y nos ponemos del lado de la lucha por la vida y contra el capital que impone proyectos de muerte.

 

Los megaproyectos de desarrollo capitalista en el sureste de nuestro país han sido anunciados como una inversión en infraestructuras y proyectos económicos para “sacar del atraso y la pobreza” a la parte mesoamericana de México. Se ha dicho que son en “beneficio de los más pobres”, que ayudarán a campesinos e indígenas y que no afectarán al medio ambiente.

Sin embargo, este discurso no corresponde a los hechos. Se trata de proyectos que están al servicio de los intereses geoestratégicos, económicos, políticos e incluso militares de los Estados Unidos y de los grandes capitales mundiales y “nacionales”.

¿Cuáles son estos grandes megaproyectos y cuáles los intereses a los que responden. ¿Cuáles son los efectos sobre los pueblos y comunidades mexicanos y sobre el medio ambiente de nuestro país y del planeta?

Los megaproyectos que pretenden construir infraestructuras, vías de comunicación, corredores multimodales, centros de población, polos de atracción turísticos y proyectos productivos agrícolas, ganaderos, explotaciones extractivistas de minerales y petróleo, así como instalaciones policiacas y militares, entre otras, son planes que no tienen un origen en el gobierno de México, ni en el actual ni en los anteriores: tienen su origen en los Estados Unidos. Todos ellos son hijos del Tratado de Libre Comercio que firmó el gobierno de Salinas de Gortari con Estados Unidos y Canadá, así como de los 43 tratados de libre comercio que los gobierno mexicanos han firmado con diferentes países.

Además, hay otros pactos y protocolos que han comprometido al Estado mexicano, sea cual sea su gobierno, del partido que sea, a obedecer las directrices del gobierno de Washington y de los organismos financieros multinacionales que sirven a los intereses de Estados Unidos, la Unión Europea, el G7 y las grandes corporaciones capitalistas transnacionales. Algunos proyectos, como el corredor interoceánico de Coatzacoalcos a Salina Cruz, han sido buscados desde el siglo XIX por el imperialismo estadunidense, con los fallidos Tratados McLane-Ocampo. Y han sido presentados como si fueran iniciativas de gobiernos mexicanos como los de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto bajo nombres como Plan Puebla-Panamá (al que luego se añadió Colombia), Proyecto Mesoamérica, Zonas Económicas Especiales, Proyecto de las 100 Ciudades Sustentables, así como los planes de militarización como el Plan Mérida y su operación con militares rebautizados con nombres de “policías” como la Policía Federal Preventiva.

Esos mismos planes de colonización capitalista del sureste mexicano (y de Centroamérica y Colombia) se presentan ahora como desarrollo en favor del pueblo y amigable con la naturaleza simplemente cambiando sus nombres a una nueva narrativa “nacionalista” como “Tren Maya” “Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec”, “Proyecto Integral Morelos”, “Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Santa Lucía” (negocio dejado, caso único en el mundo, a la administración y usufructo económico del ejército, con la total opacidad que hay en el manejo de los dineros de esa institución, que nadie puede conocer) y “Sembrando Vida” (nombre que esconde la privatización silenciosa de la Selva Lacandona en favor de Alfonso Romo y sus empresas de transgénicos).

Estos proyectos no solamente consisten en vías de comunicación y transporte de mercancías y personas, como trenes, carreteras y el aeropuerto, sino corredores industriales y maquiladores, centros poblacionales y turísticos, extracción minera, petrolera y de “energías limpias” como parques eólicos.

Se trata de la continuidad de los planes y programas del gran capital que ya los gobiernos del PRI y del PAN no podían seguir impulsando por su impopularidad (bien ganada y merecida), pero que un nuevo gobierno con un presidente popular y un discurso nacionalista, su eslogan mercantil es “cuarta transformación”, pretende imponer para servir a los mismos intereses que esos planes han servido siempre. Baste mencionar a los mismos empresarios beneficiarios del salinismo y los gobiernos del PRI y PAN, pues son también los beneficiados con estos proyectos: Carlos Slim, Salinas Pliego, Alfonso Romo, Azcárraga, Bailleres, Servitje, etcétera.

A ello se suman los planes militares del Plan Mérida, al que ya no se menciona por su nombre, pero que se opera con ejercicios militares en los que, por primera vez bajo este actual gobierno, el ejército mexicano opera subordinado al Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, como no lo habían hecho ni siquiera bajo el PRIAN, y la militarización rebautizada como “Guardia Nacional”, aunque sus efectivos son del ejército, la Marina y la PFP. Una Guardia Nacional que, en lugar de poner fin a la impunidad del crimen organizado, hace las veces de “migra” o patrulla fronteriza contra los migrantes centroamericanos, sirviendo, de hecho, como auxiliar del gobierno chauvinista y supremacista blanco de Donald Trump.

  1. Despojo

Los megaproyectos en el sureste de México implican un proceso de despojo contra pueblos y comunidades indígenas, campesinas, rurales y urbanas y en realidad a todo el pueblo de México. Forman parte de un proceso de recomposición de las fuerzas en el capitalismo mundial, con las pujas por la hegemonía entre diversas potencias como Estados Unidos y la Unión Europea.

De manera conjunta, el Proyecto Integral Morelos, el Tren Maya y el Corredor Interoceánico en el Istmo, entregan el territorio mexicano a los grandes capitales de los Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y China. Son de hecho un proceso de desnacionalización y de privatización. Dejan cada vez más reducida la soberanía nacional y con su sola construcción implican ya un despojo de recursos vitales y estratégicos como tierra y territorio, agua, energías fósiles y “alternativas”, incluso del espacio aéreo y del viento.

Desde luego, también son una apropiación capitalista de las plantas y animales, que pueden ser explotadas como fuentes de materias primas y hoy hasta en sus informaciones genéticas, que son ya patentables y modificables mediante ingeniería genética para empresas como las de Alfonso Romo o Monsanto, Bayer, Syngenta y otras.

  1. Explotación

Los grandes capitales se comportan de modo idéntico en cualquier país que colonizan, aún si en sus países de origen han adoptado políticas de “conservación del medio ambiente” como Canadá, Alemania o España, en países como México invierten buscando la mano de obra más barata y disciplinada por el miedo a la represión y el despido, así como por políticas que desprotegen al medio ambiente.

El futuro de los indígenas, campesinos y todos los mexicanos pobres con estos megaproyectos no es solamente ser despojados de su territorio y recursos naturales sino, cuando no tengan otro recurso que vender su fuerza de trabajo ni otra alternativa para alimentarse que comprar todo a precios de mercado, trabajar explotados en los corredores maquiladores, la agroindustria, los servicios turísticos y otros, o emigrar. Por eso los indígenas y campesinos que se empeñan en producir sus alimentos y defienden sus autonomías comunitarias son un obstáculo contra estos megaproyectos.

  1. Represión

Todos estos planes y proyectos de los grandes capitales, que implican graves procesos de despojo y de explotación, así como desplazamiento forzado de población, no se pueden realizar sino con el apoyo de la represión policiaca y militar. Por eso desde el gobierno de Zedillo se inició un proceso de militarización, con el nombre de “policía”, y de paramilitarización, fenómeno inducido que en los posteriores gobiernos ha crecido, bajo el pretexto de una “guerra contra el narco”. Los sicarios del crimen organizado han operado como brazo armado de mineras, el cártel inmobiliario y del capital depredador. Son la parte militar del “libre comercio”.

La violencia contra la población mexicana, contra indígenas, campesinos, mujeres, jóvenes, comunicadores, defensores del territorio y pueblo pobre, va en aumento, incluso durante el primer año de este gobierno que se dice de la “transformación”. La militarización se incrementa y se focaliza en territorios que serán ocupados, intervenidos y colonizados. Es un plan que cerca militarmente, mediante la Guardia Nacional y también mediante el crimen organizado, a las autonomías indígenas de todo el centro y sur del país, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz. El norte del país ya está de facto bajo un cogobierno con el crimen y, en el sur, ahora ese proceso se profundiza. El crimen no es una anomalía: es el desarrollo de un capitalismo violento y depredador. Lo llaman los académicos “acumulación por desposesión”.

  1. Desprecio

Para los países capitalistas centrales, como Estados Unidos y Europa occidental, es fácil distanciarse del hecho de que el comportamiento criminal y colonizador de sus empresas, corporaciones y proyectos viola derechos humanos y comete crímenes contra la humanidad: porque los afectados no son blancos ni rubios, sino gente de piel morena y oscura, de lenguas y culturas diferentes a las europeas.

El desprecio y el racismo se manifiestan en la idea de que son gente “atrasada” y, en su forma racista “benévola”, los ve sólo como “pobres” necesitados de ayuda. Por eso, a cambio de despojarlos de sus tierras, territorios y recursos, así como de destruir sus tejidos comunitarios y su cultura, les otorga “proyectos productivos” y dádivas en forma de becas y “programas de apoyo”. Con dineros que no se comparan en nada a la magnitud de los grandes negocios que harán las megaempresas maicean a los más pobres para que apoyen los proyectos de muerte y contengan a los opositores. El asistencialismo y el corporativismo del gobierno (que ya usaba en sus tiempos el PRI) opera como complemento del control militar y territorial.

Los opositores son tratados con desprecio como gente que “no quiere el progreso”. Hoy los llaman “conservadores” y con otros epítetos que descalifican su voz e invisibilizan sus argumentos.

Habemos mexicanos que nos hemos opuesto a estos proyectos de despojo, devastación ambiental y destrucción de nuestras culturas desde siempre, desde los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña: estuvimos contra el Plan Puebla-Panamá y las Zonas Económicas Especiales, contra la militarización y la falsa guerra contra el narco.

Igualmente nos oponemos hoy, aunque hayan cambiado los nombres y pretendan cubrir con una narrativa “nacionalista”, los mismos proyectos de despojo, militarización y muerte.

Defendemos el territorio nacional, la soberanía del pueblo mexicano, la autonomía de pueblos y comunidades indígenas, campesinas y urbanas. Defendemos también nuestros derechos humanos económicos, sociales y culturales. Y defendemos nuestra Madre Tierra: los megaproyectos de muerte acelerarán los procesos de “cambio climático” o, mejor dicho, devastación ambiental capitalista y de extinción de especies de animales y vegetales.

Hoy el capital no solamente hace la guerra a los pueblos, sino a la Madre Tierra: no podemos ser neutrales y nos ponemos del lado de la lucha por la vida y contra el capital que impone proyectos de muerte.

Con el EZLN, el CIG y el CNI, las mujeres, los jóvenes y quienes defienden a la Madre Tierra gritamos: ¡Zapata y Samir viven, la lucha sigue!

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