Capitalismo y coronavirus, combinación letal

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Capitalismo y coronavirus, combinación letal

El coronavirus no es una conspiración capitalista, pero sí es muy peligroso porque el capitalismo ha empobrecido y desprotegido a miles de personas en el mundo

Javier Hernández Alpízar

 

En la Facultad de Derecho, Ciudad Universitaria casi vacía, un diálogo entre el cliente y quien le bolea los zapatos: – Aquí en derecho es donde más boleros debe haber. – De hecho, es el único lugar en donde hay. – ¿En serio?, ¿será por qué somos abogados?

Lo que se sabe de los virus es que son información: información genética capaz de engañar a la información genética de las células de seres vivos para hacerlas reproducir el virus en lugar de reproducir su propia vida, lo cual harían las células vivas sanas.

Comenzamos deliberadamente usando términos científicos como “virus”, “información genética” y “células” no porque seamos científicos, somos activistas que defienden la vida y aspiran a lograr para los seres humanos libertad, democracia y justicia, pero sin información y conocimientos científicos no podríamos entender ni comunicar nada claro y veraz sobre lo que está pasando con la pandemia del coronavirus o Covid 19 en el mundo y en México.

Un divulgador científico latinoamericano, Marcelino Cereijido, ha escrito el libro La ciencia como calamidad. Citando a Jean Piaget, un biólogo y estudioso del modo como aprendemos los seres humanos, dice que: “Las personas no entienden lo que ven, ven lo que entienden”. Esto quiere decir que cuando no entendemos algo simplemente no podemos verlo, nos pasa desapercibido. El lenguaje de la ciencia actual es ajeno a la mayoría de los seres humanos en el planeta, incluso en el llamado “primer mundo”. Por eso tenemos incluso presidentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro que niegan fenómenos patentes ante la vista de cualquier persona medianamente informada como el llamado “cambio climático” o la crisis climática: calentamiento del planeta, derretimiento de los hielos polares, de los glaciares, elevación del nivel del mar, así como la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales: de acuerdo con la ONU, en los próximos 30 años se extinguirán un millón de especies, poniendo en riesgo de extinción a la especie humana misma. Incluso la ONU ha estimado que el cambio climático será muchísimo más mortífero que el coronavirus. Y ya está generando miseria, hambre, desplazamientos forzados de población y muertes.

El analfabetismo científico masivo hace que la mayoría de los seres humanos en el planeta sean, respecto a las ciencias, no ciudadanos sino súbditos, no pueden participar en las decisiones no solamente por la falta de democracia, sino porque no pueden entender y así tampoco ver los problemas más graves: cambio climático, extinción masiva de especies, crisis energética. Es decir, vemos las consecuencias, y eso a medias, como pasa con las migraciones masivas de africanos a Europa o de latinoamericanos a Estados Unidos, pero no entendemos lo que está detrás: el agotamiento de recursos para la vida, la miseria, el hambre, el desempleo y la violencia que dejaron siglos de colonialismo capitalista en nuestros países, etcétera. Gobiernos de derecha aprovechan esa ignorancia, así como los miedos y fobias asociados a ellos, para azuzar la fobia a los extranjeros, el racismo y la xenofobia, incluso el fascismo.

Los contactos humanos siempre han promovido la expansión de epidemias. La llegada a América de los conquistadores y colonizadores europeos casi logró extinguir (en algunos lugares, sin el “casi”, como en el Caribe) a las poblaciones indígenas, al menos las redujo dramática y brutalmente. El uso de armas bacteriológicas del siglo XX tiene su antecedente en esa “espontánea” expansión de epidemias como la viruela y el sarampión (que hoy regresa después de creer que lo habíamos erradicado).

La introducción de especies domésticas y otras especies aparejadas a la presencia humana (ratas, moscas, cucarachas y chinches, por ejemplo) en hábitats ajenos, pero sobre todo la explotación de territorios y recursos materiales y energéticos ha ocasionado una pérdida de diversidad en todo el planeta, sacrificada en aras de la ganancia capitalista.

La convivencia de seres humanos en todo el mundo, los viajes y el hacinamiento en grandes ciudades, han propiciado que muchos gérmenes, entre ellos los virus, salgan de los seres vivos que antes parasitaban y lleguen a otros, muchas veces, enfermándolos. El coronavirus es un caso, el más reciente, pero no el único. La humanidad comienza a enfrentar las consecuencias de la globalización, de la presencia planetaria de seres humanos sujetos a un sistema capitalista depredador del medio ambiente y explotador de los seres humanos.

El despojo de sus territorios y recursos de los pueblos indígenas (en México, despojo en marcha con el tren maya, el corredor interoceánico transístmico en Tehuantepec, el Proyecto Integral Morelos, el aeropuerto de Santa Lucía, la nueva refinería en Dos Bocas, el proyecto de las empresas de Alfonso Romo “Sembrando Vida”, los parques eólicos, la megaminería, la entrega del agua a empresas privadas como Constellation Brands en Mexicali, etcétera) no solamente los pagan los pueblos y comunidades con miseria y muerte: el planeta nos pasa la factura con la crisis climática, la crisis energética, la extinción de especies, las grandes migraciones humanas y animales.

Ciencia, detente. Este presidente es inmune al conocimiento.

Para masas enteras despojadas, pauperizadas, militarizadas, arrinconadas detrás de muros físicos y militares (como la Guardia Nacional, patrulla fronteriza extraterritorial de Donald Trump en la frontera sur de México), despojadas de sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, entre ellos el derecho a una educación científica y laica, para estas grandes masas, científicamente analfabetas, no es extraño que estas grandes desgracias aparezcan como signos apocalípticos debidos a fantasmales o demoniacas fuerzas desconocidas. En lugar de identificar al capitalismo como causante de sus dolores y desgracias, identifican al capitalismo como Rey Midas que da riqueza y consumo. En cambio, los males los hacen pensar en falsas causas como el pecado, los extranjeros, las conspiraciones de otros, ajenos y extraños. Incluso en cierta “izquierda” que asume una ideología anticapitalista, pero no un análisis científico de los fenómenos, todo es un complot: si se movilizan los jóvenes contra el cambio climático y la indolencia de los gobiernos, es un “complot del capitalismo verde”; si se movilizan las mujeres contra la violencia patriarcal feminicida, es un “complot para desestabilizar al gobierno”; si hay una pandemia de coronavirus, es un “complot del capitalismo” para ¿subir sus ventas de papel higiénico?

Esta carencia de pensamiento científico, crítico y reflexivo promueve el negacionismo: las amenazas no son reales. El cambio climático es una mentira inventada para detener el avance del desarrollo capitalista; las noticias críticas de AMLO son un “complot de la CIA”; la teoría de la evolución de Darwin es un complot para volver ateos a los jóvenes y así: hay incluso fanáticos que promueven la idea de que la tierra es plana.

A esta era de confusión, mentiras, promoción de la ignorancia y el oscurantismo, de la cual se hacen cómplices, sea por su propia ignorancia o por manipular creencias religiosas de la gente, gobernantes como Bolsonaro, Obrador y Trump, algunos la han llamado la “posverdad”. Pero no es que la verdad haya dejado de existir, lo que pasa es que la ignorancia masiva sobre ciencia actual no deja ver a las personas lo que no entienden.

En el caso de Obrador, su muy estudiado gesto de mostrar amuletos mágicos y religiosos es (como ha señalado A Libre Murrieta en Facebook) un deliberado show mediático para engañar a quienes de por sí van a quedar expuestos al contagio porque no podrán quedarse en casa, ya que viven al día. Es un gesto maquiavélico y criminal de manipulación psicológica de masas.

El anticapitalismo es un claro ejemplo: no cualquier persona entiende el análisis marxista del capital, la mercancía, el dinero, el mercado y la empresa capitalista. El anticapitalismo se antoja imposible, porque vivimos inmersos en un mundo ideologizado en donde el sentido común es que el dinero y las mercancías valen y, por el contrario, los seres humanos y los seres vivos somos desechables.

Sin embargo, el coronavirus es una pandemia real, de verdad ha asolado con enfermedad y muerte en China, en Italia, en España, en Estados Unidos y hoy amenaza a México y a toda América Latina. La principal arma contra el coronavirus o Covid 19 (información genética que se expande perniciosamente) es la información científica, verdadera, no para generar alarmismo sino prevención, cuidado.

Científicos de la UNAM han estado diciendo, a quien quiera escuchar, que el coronavirus es una pandemia porque se contagia ampliamente, aunque solamente un 5% de los contagiados mueren, aproximadamente, pero si por descuido, irresponsabilidad, como ocurrió en China, Italia y Estados Unidos, se contagian más personas, el número de muertes aumenta. Italia ya ha tenido más muertos que China. Corea tomó medidas pronto y ha tenido menos daños que Europa.

Han fallado esos gobiernos por no informar con oportunidad sobre el virus y no tomar medidas sanitarias eficaces. Al final han impuesto medidas extremas, como la militarización en Italia para hacer frente a la pandemia cuando ya estaba muy avanzada. Además han ocultado información: China inició con casos el 1 de diciembre de 2019 y no lo informó a la OMS hasta fines de ese mes y año. Italia pidió ayuda a otros países europeos, y estos países, negando sus pactos como Unión Europea, no la ayudaron. Hoy Trump quiere aprovechar la pandemia y la psicosis social para impulsar su agenda racista y xenófoba contra los migrantes.

Sin embargo, los zapatistas de Chiapas (quienes han tenido desde hace años un acercamiento al pensamiento científico actual, promoviendo que los científicos se acerquen a las comunidades a explicar cómo es y qué es la ciencia y cómo explica los fenómenos naturales y sociales) están aplicando el principio precautorio: si el riesgo puede ser grave, se toman medidas. Han criticado la falta de información veraz, honesta y cabal de parte de los malos gobiernos (y tienen razón, ya vimos cómo esa actitud irresponsable causó tantas desgracias en China, Italia, España y Estados Unidos), pero no asumen una actitud negacionista, sino que  cierran sus caracoles y adoptan medidas de higiene como prevención para proteger la salud y la vida de las mujeres, hombres, ancianos, ancianas, niñas y niños de sus comunidades indígenas zapatistas. Además exhortan a los demás a hacer lo propio. Queremos cambiar el mundo, pero para ello lo primero es seguir vivos. Como el lema de las mujeres en lucha: “Vivas nos queremos”.

La cuarentena, a la cual el gobierno de México no se ha atrevido ni siquiera a llamar por su nombre, implica muchos retos. Quedan más desprotegidos los más pobres, los más desnutridos, los que ya tienen padecimientos previos (crónicos, respiratorios, cardiacos, diabetes, VIH, etc.). Se arriesgan más los trabajadores que ganan cada día para comer: los trabajadores precarizados, mal llamados “informales”, muchos de ellos menores de edad y mujeres o ancianos y ancianas.

El coronavirus se ceba sobre las víctimas del sistema capitalista explotador y depredador, quizá por eso les parece a algunos una medida de limpieza social fascista. Parece un macabro darwinismo social. Quedan expuestos los niños más pobres, para quienes el desayuno escolar es parte de su diaria nutrición y ahora se quedan sin él. O las mujeres, niñas y niños víctimas de violencia en el hogar y ahora encerrados con su agresor. O las niñas y niños que ante el cierre de las escuelas acompañarán a la calles a sus padres y madres al autoempleo precario de sobrevivencia.

El capitalismo se verá afectado por la ausencia laboral de miles de trabajadores, pues jamás ha logrado, ni con toda su tecnología, dejar de depender del trabajo humano. Sin embargo, el capitalismo siempre externaliza costos: recibirá exenciones de impuestos, despedirá a miles de trabajadores, pedirá apoyos y rescates a los gobiernos, meterá de nuevo las manos en el dinero de todos para privatizar las ganancias y socializar las pérdidas y las desgracias.

Una pandemia como la que está en curso hace evidente que la salud no puede ser una mercancía, sino que debe ser un derecho humano universal, garantizado por el Estado. En países europeos se están viendo forzados a estatizar o nacionalizar temporalmente los hospitales privados para poder atender la emergencia. En México, los hospitales privados han llegado a cobrar hasta miles de pesos por una prueba de laboratorio para el Covid 19. Incluso 3500 o 5000 pesos es demasiado.

¿Quién hará frente a la pandemia: el doctor Simi, que cotidianamente atiende a mucha de la gente más pobre y sin seguro? ¿Un sistema de salud rebasado, desabastecido de medicamentos y hasta de jabón, gasas o papel para hacer carnets? El sistema de salud en México es víctima de más de treinta años de neoliberalismo (que sigue vigente, pese a la demagogia presidencial) y de la ineptitud del actual gobierno, que ha sido incapaz de sanearlo sin dejar desprotegidos a los mexicanos.

Como ante las desgracias ha ocurrido siempre, como en los sismos por ejemplo, la respuesta está en manos de la sociedad. El egoísmo neoliberal, individualista y burgués, nos aísla y nos vuelve vulnerables a todos, pero la solidaridad, la crítica y la lucha organizada nos fortalecen.

El mal gobierno está aprovechando la coyuntura para imponer medidas en favor de las empresas, por ejemplo: otra consulta amañada, esta vez en Mexicali, para imponer la privatización del agua y el despojo en favor de Constellation Brands, así como la cesión a los militares ya no solo del nuevo aeropuerto en Santa Lucía sino incluso el llamado tren “maya”.

Les importan menos las vidas humanas que los negocios de Alfonso Romo, cacique del agua en la zona maya, de Carlos Slim, de Salinas Pliego y de los capitales internacionales.

Por eso concordamos con los zapatistas en que debemos seguir comunicados y en lucha, de nuevos modos o de viejos modos, como podamos: no todos tiene red en casa, trata de marcar el teléfono, de platicar de ventana a ventana y de edificio a edificio. Si tienes internet, mantén enterada a tu red más cercana con información veraz y crítica.

Como los zapatistas, tenemos que tratar de aprender ciencia, de comprender nuestro mundo críticamente, porque como dice Jean Piaget; las personas no entienden lo que ven, ven lo que entienden.

Que los grandes males son resultado del capitalismo lo verán más personas cuando puedan entenderlo. No necesitamos menos sino más y mejor ciencia. Y también conciencia y organización, lucha y alegre rebeldía.

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Defender la vida es antisistémico

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Javier Hernández Alpízar

¿Ya vieron que cuando Marichuy decía que “Nuestra lucha por la vida” no estaba haciendo poesía?

Algunos tacharon de “catastrofista” la postura de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno- Congreso Nacional Indígena (CIG-CNI), parte del cual es el Ejército Zapatista de liberación Nacional (EZLN). Se decía que “querían meter miedo” o que eran una izquierda con una palabra “muy dura”, porque no prometían “si votan por nosotros todo será mejor”.

Tanto las mujeres zapatistas como las mujeres del CNI-CIG dijeron que, ganara quien ganara las elecciones, lo que vendría después sería una profundización del despojo de la tierra y el agua, la continuidad de la guerra contra todos los Méxicos de abajo, especialmente los indígenas. Por dondequiera que algún oído quiso escuchar, nuestras compañeras indígenas dijeron: “tenemos que organizarnos”.

El tiempo les ha dado la razón: el capitalismo sigue pretendiendo despojar, como ha venido haciendo hace décadas, a todas las comunidades y pueblos de su territorio y recursos: los megaproyectos del tren llamado “maya”, el corredor transístimico y el Integral Morelos actualizan el despojo que siempre ha procurado hacer el capital en el sureste mexicano, son el Plan Puebla Panamá de López Obrador, el Proyecto Mesoamericano de Carlos Slim, la gran Zona Económica Especial de Alfonso Romo. Además, el militarismo calderonista continúa con el nombre de “Guardia Nacional”, un cuerpo militar formado por miembros del ejército y la Marina y cuya principal labor hasta hoy es hacer de patrulla fronteriza extraterritorial de Donald Trump.

La pandemia de Covid 19 o Coronavirus no es resultado de una “conspiración”. Desde la llegada de los europeos para conquistar y colonizar América, llegaron con ellos la viruela, el sarampión y otras pestes que casi extinguen la población indígena. Al menos, la redujeron brutalmente. La llamada “globalización” comenzó (Elsa Malvido dixit) como globalización de la enfermedad y la muerte.

La devastación ambiental que el capitalismo desató en todo el planeta, logrando el “récord” de extinguir sólo en el último siglo el número de especies que, sin el factor antropogénico, se habrían extinguido en 10 mil años, ha puesto en contacto, de manera perniciosa, especies animales y vegetales que antes no habían tenido contacto entre sí, ha destruido el hábitat de muchas especies y ha permitido a los virus y otros microbios (si los virus son seres vivos o no, está a discusión aún) parasitar a otras especies animales y algunas veces a los humanos. La propagación de enfermedades nuevas es en parte consecuencia de estos procesos.

El capitalismo está acostumbrado a sacar ganancias de manera oportunista de cualquier crisis, desastre o caos (Naomi Klein lo ha explicado). El capital, como los gatos, parece caer siempre de pie. Quizá por esa razón muchas personas piensan que controla todo, incluso el clima, el medio ambiente y los fenómenos naturales, para seguir ganando.

Lo cierto es que al capital la vida, incluida la vida humana, no le importa más que como insumo, como medio para obtener ganancias. De manera que hoy defender a las guacamayas, a las mariposas monarca, o alguna otra especie viva amenazada, es estar en la primera línea de fuego de la guerra capitalista contra la Madre Tierra y contra los pueblos.

Las defensoras y los defensores del territorio, del agua, del medio ambiente, de los seres vivos, de los seres humanos, derechos humanos, derechos de las mujeres, derecho a la ciudad, son hoy objeto de ataque de los poderes legales y fácticos en complicidad. 2019 fue el año más violento para los mexicanos en general y para las mujeres en particular en nuestro país.

Hoy el derecho a la salud en México está expuesto de facto no solamente a los daños al sistema de salud (en avanzado estado de privatización) tras más de 30 años de neoliberalismo (que siguen en curso), sino por los recortes de presupuesto y la ineficiencia del actual gobierno, que dejó a centros de salud y hospitales sin medicamentos, incluso algunos de vida o muerte como los tratamientos contra el cáncer, e incluso sin jabón, gasas o papel para hacer nuevos carnets.

La palabras de las mujeres indígenas del EZLN y el CIG-CNI son más oportunas que nunca: nuestra lucha es por la vida y lo más importante es organizarnos para resistir, rebelarnos y luchar.

El capital quiere administrar el mundo como máximo señor de la vida y la muerte, pero los seres humanos podemos defender la vida, no solo la de la especie humana, sino la vida en nuestro planeta. Hoy defender la vida es antisistémico.

PD: Más grave que tener a gobernantes autoritarios e ignorantes como Trump o Bolsonaro, es que haya quienes votaron por ellos y quienes los siguen apoyando.

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El regreso del patriarca otoñal #ElConservadorEsAMLO

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El regreso del patriarca otoñal #ElConservadorEsAMLO

Javier Hernández Alpízar

“Obtuve información de que Ricardo Peralta, subsecretario de gobierno, entre otros funcionarios de primer nivel, ha tenido encuentros con directivos de empresas periodísticas  para pedirles que disminuyan el número de notas sobre violencia hacia las mujeres, así como las críticas a la rifa del avión presidencial y a la construcción del Tren Maya en el sureste mexicano, bajo la promesa de que recibirán los contratos de publicidad oficial que fueron recortados en este gobierno por razones de austeridad.” Laura Castellanos en “La rabia de las jóvenes feministas cimbra al gobierno de AMLO”, The Washington Post, 6 de marzo de 2020.

 

Las mujeres no son una clase social, no son un sector, una etnia, una minoría o un grupo de presión. En el caso de México son poco más del 52% de la población. Y si bien la guerra de exterminio y neocolonización contra el pueblo mexicano ha tenido miles de muertos y desaparecidos hombres y mujeres, adultas y niñas, sí existe una específica violencia contra las mujeres, crímenes de odio, feminicidios. Sin embargo para Obrador parece ser que son una molestia.

La agenda nacionalista-populista y neoliberal de Obrador no ha incluido jamás una perspectiva de género: en sus discursos de campaña (bastante explícitos para decir que no importa la explotación, el problema único a atacar es la corrupción) jamás usó la palabra “feminicidio”. En su programa de gobierno, la palabra “feminicidio” no aparece. Y cuando las mujeres, con paros, movilizaciones, pintas, cristales rotos y una fuerte voz y presencia en las calles, las escuelas y los medios hicieron visible el fenómeno, Obrador reaccionó con paranoia, como si todo fuera un complot para opacar la rifa del avión en donde el ganador no se lleva un avión.

Incluso algunos de los más acérrimos críticos de AMLO esperaban que por lo menos la violencia, la represión, las desapariciones, los asesinatos y los feminicidios, disminuyeran con su llegada al poder. Entre las defensoras del territorio, sabían que no se detendría la guerra por el territorio, pero, al menos, eso creían, ya no asesinarían a los defensores. Incluso esas expectativas mínimas se han revelado ilusorias: 2019, el primer año de gobierno de Obrador, es el más violento en la historia reciente, superando los violentos records de Calderón y Peña. 2019 ha sido especialmente un año nafasto en la violencia contra las mujeres, feminicidios, desapariciones, asesinatos, ataques a defensores del territorio y comunicadores o periodistas: los casos de Samir Flores, de la familia Le Barón, de las mujeres víctimas como Ingrid y Fátima mostraron que en ese aspecto, central en la vida pública mexicana, no hay cambio, ni voluntad de cambio.

Obrador se ha negado a atraer el caso de Samir Flores a nivel federal y ha dejado todo en manos de su operador en Morelos, el ultraderechista Hugo Eric Flores, del Partido Encuentro Social, líder evangélico, defensor de los paramilitares que perpetraron la masacre de Acteal y uno de los que deberían ser investigados por el crimen contra Samir. Obrador se negó a recibir a las víctimas de la Caravana por la Paz, llamando al posible encuentro un “show”. Ahora ha contestado, tras la manifestación de cientos de miles de mujeres en la ciudad de México y otras ciudades del país, que no cambiará su estrategia: ¿acaso tiene una? Por lo que describe, con lo que él llama “las causas” de la violencia, se refiere a la pobreza. Y por “atender las causas” se refiere a los programas de dádivas corporativistas como becas y repartos de dineros a ancianos, jóvenes y otros sectores, utilizados para falsificar la participación en donde está a punto de imponer megaproyectos como el Tren Maya. Sembrando Vida repartió dinero para comprar conciencias; Conacyt ocultó información científica sobre posibles daños para “no influir” en la consulta; jóvenes “construyendo futuro” han operado en diversas regiones para estos procesos de imposición, por ejemplo en el Istmo y en la zona maya.

Obrador se enorgullece de su pureza moral. Siempre contesta “no somos iguales”, “no soy Salinas” y popularizó el lema “no mentir, no robar, no traicionar”. Sin embargo, hechos centrales de su gobierno han resultado abiertas traiciones a sus promesas de campaña: impulsar la militarización, cuando generó la expectativa de que acabaría con ella: complementada con el regalo del aeropuerto de Santa Lucía a las fuerzas armadas, por cierto no el único; la continuación del Proyecto Integral Morelos, que prometió cancelar. Mientras desdice su palabra en temas centrales como “primero los pobres” favoreciendo a los más ricos como Alfonso Romo (ecocida y cacique del agua e introductor de transgénicos en la región maya), Carlos Slim y Salinas Pliego (uno de los más beneficiados por operar el sistema de reparto corporativo de dineros para pobres), se niega a usar un avión costosísimo porque “prometió venderlo” y, ante la imposibilidad de venderlo, sigue pagando no solo el avión, sino su resguardo en Estados Unidos:; lo hizo objeto de una bizarra rifa en la que se sortea un avión pero nadie gana un avión y, al final, lo regalará, adivinen… a las fuerzas armadas,

Ante toda crítica, Obrador denuncia complots, golpismos fantasmas (cuando el ejército está recibiendo aún más apoyo que en el pasado y la militarización que impulsa supera records históricos) y acusa a sus críticos de “conservadores”. Precisamente Obrador, evangélico, moralista, aliado de personas y grupos de ultraderecha como Hugo Eric Flores y el Partido Encuentro Social, el yunquista Manuel Espino y el simpatizante de Pinochet, Álvaro Uribe, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, Alfonso Romo.

Los seguidores de Obrador han creado una imagen de que todo aquel que lo critica es “chayotero” o sirve a los intereses del PRIAN, pero ahora que los medios críticos han develado el ecocidio cometido por Alfonso Romo en territorio maya, que la torpeza de Obrador ante los reclamos masivos de las mujeres han afectado su popularidad en las encuestas (una de las obsesiones personales de Obrador), la respuesta del régimen es la misma que operó Peña Nieto: control de daños repartiendo dinero a la prensa para ocultar temas sensibles.

Dado que no tiene ninguna estrategia para disminuir la violencia contra las mujeres ni para disminuir la violencia a secas, dado que no quiere críticas a sus caprichos personales, como la rifa del avión en la que nadie ganara un avión, o el tren maya que no es maya pero beneficia a Romo, Slim y demás multimillonarios cercanos a Obrador, ahora opera al más puro estilo priista para que los medios escondan esas noticias a cambio de la publicidad oficial. Cuando Obrador se reunió con la vieja y desgastada CTM era realmente un símbolo: el regreso de lo peor del presidencialismo priista. La presencia de Romo, Gordillo y Bartlett entre los defendidos por Obrador solamente confirma los hechos. #ElConservadorEsAMLO

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La autonomía, el mundo otro y los conservadores #EZLN #ElConservadorEsAMLO

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La autonomía, el mundo otro y los conservadores #EZLN #ElConservadorEsAMLO

Javier Hernández Alpízar

“Lo que me preocupa es que esa casa, que es un mundo, no vaya a ser igual que éste. Que la casa sea mejor, más grande todavía. Que sea tan grande que en ella quepan no uno, sino muchos mundos, todos los que ya hay, los que todavía van a nacer.” Subcomandante Insurgente Moisés. Subcomandante Insurgente Galeano. Citados por Raúl Zibechi en Movimientos Sociales en América Latina, El “mundo otro” en movimiento, Ediciones Desde Abajo, colección Primeros Pasos, Bogotá, Colombia, 2017, pág. 7.

En su libro Movimientos Sociales en América Latina, Raúl Zibechi hace una autocrítica, en el mejor sentido de la palabra: no un estalinista mea culpa que reniegue de su pasado, sino un regreso a un tema que había analizado años antes en un texto breve, el cual ofrece como apéndice en el libro, y que revisita y actualiza no solamente porque el autor ha aprendido nuevas cosas o ha mejorado su conocimiento, sino porque el objeto de su reflexión, los “movimientos sociales” en nuestra América, en el curso de varios años, han cambiado, y esos cambios han permitido ver tendencias que antes el autor no sopesó con mayor detenimiento, de manera que los movimientos tienen que repensarse a la luz de lo que han ganado y perdido, lo que han crecido y lo que les impide crecer en la construcción de esa “nueva casa” que mencionan los subcomandantes del EZLN citados en el epígrafe.

Como lector y militante, encontrar hoy este libro y comenzar a leerlo significó asomarme a un nuevo balance frente a lo más cercano en la construcción de este nuevo mundo, en este caso, en México, en lo que ya casi como cliché llamamos “abajo y a la izquierda”. Hay muchos temas que podemos ver, debemos ver, con nuevos ojos, autocríticamente y a la luz de la experiencia de nuestra lucha en México, por ejemplo, al igual que en todo nuestro continente, la lucha de las mujeres.

Sin embargo, me centraré en el tema de la autonomía, uno de los varios que Zibechi aborda. Los zapatistas han ampliado sus caracoles  y centros de resistencia. Se trata de un crecimiento exponencial, aunque se hace a contracorriente de la izquierda masiva que apostó a la vía electoral y logró llevar a AMLO a la presidencia para encontrarse que el poder político no construye una nueva casa, solamente pone orden en una casa capitalista con los mismos dueños y administradores, aunque con nuevo amo de llaves.

Frente a ello, los zapatistas construyen autonomía, expropiando tierra y territorio, defendiendo tierra y territorio, pero no solamente la tierra como “medio de producción”, sino como la Madre Tierra que se ama y se defiende frente a la guerra de exterminio del capital contra los pueblos para seguir el proceso de acumulación por desposesión (megaproyectos, extractivismo, militarización, patriarcado feminicida, cooptación de organizaciones para imponer esos planes del capital yanqui e internacional, incluido el capital mexicano representado por Slim, Romo, Salinas Pliego, Azcárraga, etc.)

Por el ejemplo zapatista mexicano, uno de los más importantes en el planeta de construcción de alternativas al capitalismo, en México los anticapitalistas (una minoría en este momento en que predomina el “pueblo bueno” cliente del paternalismo y populismo de raíz centenaria en el país, el cual se dejó gobernar tantos años por el PRI que hoy no tiene más clase política que la que el PRI le heredó) tenemos como uno de nuestros conceptos centrales y banderas de lucha la autonomía.

Zibechi había mostrado ya hace años que las recuperaciones de tierras por indígenas y campesinos y las de fábricas abandonadas por obreros en las ciudades eran fenómenos ampliamente extendidos en América Latina, pero no todas las prácticas de los ocupantes son anticapitalistas: las hay autogestivas, asamblearias y con tendencia a defender su autonomía, pero hay otras que retoman las jerarquías y el esquema del asalariamiento, el producir para el mercado, que las insertan funcionalmente en el capitalismo.

En México, los zapatistas no solamente se reapropiaron de la tierra, también están construyendo autonomía en todos los órdenes: económico, político (autogobierno), social (reproduciendo su vida y su subjetivación política: la mayoría de las y los zapatistas son jóvenes), cultural, militar y ecológico. Sin embargo, para otros movimientos que revindican la autonomía puede repetirse la merma que ocurrió en América del Sur con los gobiernos progresistas: la cooptación, la pérdida de autonomía, la institucionalización, la refuncionalización y sustitución de sus antiguas formas de organización por nuevas, estatales o paraestatales y capitalistas.

La autonomía que no se entiende y ejerce en forma integral (como la hay ya, en otros casos además del zapatismo actual), la autonomía que solamente es antipartidos, pero que sigue mirando hacia el estado, corre el riesgo de ser capturada por el gobierno que cobija bajo su ala al “pueblo bueno” para corporativizarlo, como en tiempos de la hegemonía priista.

Otros proyectos que no solamente son antipartido e incluso anti estado, y que se reclaman nominalmente anticapitalistas, no dejan de responder al mercado capitalista: producen para el mercado, reproducen relaciones asalariadas y de patrones y empleados (con el peligro de deformar las relaciones horizontales en lo político y volverlas clientelares, en un país donde el clientelismo es pan de cada día, desde el PRI hasta Morena).

La autonomía integral (económica, social, territorial, política, cultural, etc.) puede llamarse anticapitalista solamente si no se convierte en una nueva relación salarial y obrero patronal o clientelar político-salarial. A veces puede cobijarse bajo la aspiración de ser cooperativa, colectiva, pero sigue inmersa en el capitalismo y el mercado la puede refuncionalizar.

Esto no significa que el anticapitalismo no sea posible (ejemplos, principalmente indígenas pero no solamente, también campesinos, afromestizos, de mujeres, trabajadores, etc., los hay en América Latina), significa que no basta con ponerse el rótulo: autónomo, independiente, anticapitalista, antipatriarcal, antisistémico, cooperativo, libertario, etc.: de la declaración verbal y nominal a la construcción de otra casa-mundo falta todavía mucho esfuerzo y dolor de parto.

En México, el capitalismo afianzó su hegemonía durante el neoliberalismo. Nombre desorientador con el que llamamos a la acumulación por desposesión extractivista, militarista y feminicida, porque parece que fuera una decisión de políticos malos que puede ser derogada por el decreto de políticos buenos. La hegemonía capitalista es tal que hoy sus dos principales instrumentos: los megaproyectos rebautizados con nombres “nacionalistas” y la militarización rebautizada como “Guardia Nacional”, son defendidos por quienes apenas hace poco más de un año los criticaban porque eran las políticas de los “malos”.

La desorientación es tal que un gobierno iliberal, confesional, procapitalista, extractivista, militarista, patriarcal, es adorado como becerro de oro tropical y al mismo tiempo a las víctimas las calumnian (les gritan “traidores” y “asesinos”). Obrador, una suerte de Garrido Canabal reeditado con humor negro, convirtiéndolo del antiteísmo militante al evangelismo, llama a sus críticos y a los opositores “conservadores”.

Ricardo Flores Magón ya había criticado a esos líderes con lenguaje patriótico y populista que encantan masas como flautista de Hamelin para venderles el progreso capitalista. En un artículo escrito para Regeneración (la de verdad, no las falsas imitaciones que hoy pululan), escribió lapidariamente: “El líder no es un avanzado: tiene que ser un conservador para que la masa pueda entenderlo y pueda aceptarlo como jefe, pues es bien conocido, por todos los que han estudiado a las masas, que éstas son conservadoras, que no aceptan las ideas innovadoras sino hasta que se han hecho viejas las ideas, esto es, cuando hay otras nuevas, y así sucesivamente.” (Ricardo Flores Magón, “El espíritu de las masas”, Regeneración (1910), Vol. VII, Dirección General de Publicaciones, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2011, pág. 102)

Si bien es posible que no todas las masas sean conservadoras (podemos imaginar masas que se autoeduquen en el anticapitalismo, masas antisistémicas, al menos no es un concepto contradictorio), lo cierto es que ese capitalismo que puede hacer de empresas que quieren ser autónomas, empresas capitalistas con relaciones obrero patronales y clientelares, ese mismo capitalismo produce masas que quieren alcanzar mejores dádivas y tener capataces y, si se pudiera, amos benevolentes, pero que con ello afirman el capitalismo, salarial, becario, corporativo, neopopulista, pero capitalismo al fin.

Por lo pronto, tenemos este sexenio el romance de un “pueblo bueno” (que no es tan bueno, como bien dijo Roberto Blancarte, porque es un pueblo que puede linchar a las víctimas como “traidoras”) y, como diría Alejandro Solalinde, su pastor; o Víctor Toledo, su luz.

No es conservador quien critica a un sistema capitalista que tiene a más de un millón de especies animales y vegetales en riesgo de extinción para las próximas dos o tres décadas, lo cual pone en riesgo incluso a la especie humana. Es conservador cerrar los ojos a ese capitalismo en el nombre del mito de un amo bueno y de un pueblo bueno que, por pura benevolencia, hacen el capitalismo un poco menos malo.

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MIGRANTES Y DEFENSORES DEL TERRITORIO REPRIMIDOS #AMLOrepresor #ElConservadorEsAMLO

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Migrantes y defensores del territorio reprimidos

Javier Hernández Alpízar

La Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió un oficio que prohíbe a personas y organizaciones que brindan asesoría legal y psicológica a los migrantes entrar en contacto con los centroamericanos que han sido reprimidos, detenidos y están siendo deportados en masa. Cualquier gobierno y Estado del mundo que realice una acción como esa: aislar a los migrantes detenidos y en proceso de deportación, impedir que los atiendan y asesores las personas y organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes, impedir que alguien sea testigo de lo que hacen con los detenidos, perpetra violaciones graves a los derechos humanos de las personas migrantes. Son hechos violatorios de las normatividades internacionales, convenios y protocolos firmados por el Estado mexicano.

Por otra parte, la Suprema Corte de Justicia de la Nación modificó las condiciones para ser funcionario público, es decir funcionario del gobierno mexicano, para permitir que personas no nacidas en México puedan ejercer dichos cargos burocráticos. Hay un doble rasero: para extranjeros privilegiados y cercanos al gobernante en turno hay puestos de gobierno, que incluyen seguridad económica y estancia cómoda en el país, pero para los extranjeros pobres, como los centroamericanos, que vienen huyendo de la violencia, que son refugiados de desastres naturales y del desastre social que genera el capitalismo depredador en sus países: para ellos, la Guardia Nacional, gases lacrimógenos, represión, persecución en la selva y en caminos y carreteras, redadas en hoteles de Tuxtla Gutiérrez, detención, deportación masiva, asilamiento e impedimento de recibir asesoría legal o psicológica, es decir, trato de delincuentes, violatorio de sus derechos humanos.

Muchos de esos migrantes son refugiados y deberían ser protegidos así. El gobierno que se ufanó por dar exilio a Evo Morales, en tránsito para ir a un país más seguro como es Argentina, es el gobierno que, en los hechos, construye el muro humano militarizado en la frontera sur. La Guardia Nacional opera como Border Patrol y los megaproyectos de muerte pretenden balcanizar al país y dejar el Istmo y la zona maya como nueva frontera entre dos Méxicos.

Aunque retóricamente se presentan como nacionalistas, los gobernantes de Morena se están convirtiendo de hecho en los operadores de la política xenófoba, represiva y racista de Donald Trump. Parece que en efecto, primero los pobres, pero para reprimirlos y deportarlos.

La otra aparición de la Guardia Nacional fue en Puebla, gaseando y reprimiendo a los defensores del territorio del Frente en Defensa de la Tierra y el Agua. Ahí Morena y Obrador ya tienen su primer preso de conciencia, Miguel López Vega, comunicador, defensor del territorio, concejal del Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena. Injustamente preso por oponerse a los megaproyectos de AMLO.

La promesa de Obrador de no reprimir ha sido traicionada, como antes traicionó su promesa de acabar con la militarización, su promesa de cancelar el Proyecto Integral Morelos y de hecho está traicionando su promesa de resolver el caso de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Ya cuentan en el haber de la Guardia Nacional al menos dos represiones: a los migrantes y al FPDTA de Puebla.

Y los funcionarios o personeros del gobierno que se supone que deberían defender los derechos humanos, como la titular de la CNDH, Rosario Piedra, y el vocero de AMLO, Alejandro Solalinde, se dedican a defender la imagen del presidente y hacer apología de la Guardia Nacional.

Al estilo echeverrista, el gobierno de Obrador ha cooptado a intelectuales, a activistas y ex militantes de la izquierda que hoy son neocapitalistas, defensores del gobierno de Morena y callan convenientemente ante la militarización, la represión, el despojo y la explotación. Fueron cooptados por el hueso, el ingreso o incluso la promesa e ilusión de ellos.

El gobierno de Obrador ya tiene sus víctimas: enfermos de cáncer sin medicamentos, migrantes y defensores del territorio reprimidos, en un país que está en estancamiento económico, con una austeridad que sólo afecta a los más pobres (no a Slim, Salinas Pliego o Alfonso Romo) y donde 2019 fue el año más violento en la historia reciente del país, el año más violento contra las mujeres y en el cual México siguió siendo uno de los países más peligrosos del mundo para comunicadores y periodistas.

Además, ahora las víctimas de la violencia enfrentan no sólo la indiferencia, el desprecio, el ninguneo y el desdén de Obrador, sino el fanatismo de sus seguidores que fueron como grupo de choque a insultarlas y calumniarlas a gritos en el Zócalo. ¿Podíamos imaginar un escenario peor?

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