George Orwell en México sería un autor costumbrista.

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George Orwell en México sería un autor costumbrista.

Javier Hernández Alpízar

Al finalizar el siglo y el milenio pasados, siglo XX, milenio segundo, La Jornada Semanal publicó una serie de textos sobre objetos que fueron las grandes novedades del siglo XX. Objetos como la aspirina o la minifalda. Recuerdo que el análisis de la minifalda mostraba cómo, pese al aura de ser un elemento de liberación, en los hechos limitaba la acción y el movimiento de las mujeres porque las hacía objeto de las miradas masculinas.

Uno de los objetos novedosos era la credencial de identificación con fotografía. El artículo revelaba que la credencial no nació como medio de identificación ciudadana, nació como elemento de identificación-ficha en las cárceles, en los reclusorios. Eran solamente quienes habían delinquido, quienes habían transgredido la ley y eran reos del Estado quienes eran catalogados en tarjetas con foto, nombre completo, firma, huellas dactilares.

En ese tiempo, un ciudadano libre se habría sentido ofendido de que se le propusiera hacer un documento con sus datos generales, firma, foto y huella digital. Lo haría equiparable a un prisionero, lo trataría como delincuente.

Luego, las credenciales con foto de tipo laboral, escolar, académico, deportivo, de clubes, etcétera, nos familiarizó con la idea de poner nuestros datos en una tarjeta, con foto, con firma, acaso con huella digital, un primer dato biométrico para atribuir responsabilidad.

Según Federico Nietzsche, la idea de un yo individual identificable tiene que ver mucho con la atribución de culpa, deuda y responsabilidad penal.

En México, la credencial con fotografía para identificar al ciudadano-elector fue resultado de la histórica desconfianza en los fraudes electorales. Partidos domo el PAN exigieron a un sistema electoral dominado por el PRI, donde el poder organizaba las elecciones y las ganaba “normalmente”, que hubiera esa identificación como forma de evitar que alguien votara más de una vez o votara suplantando a otro elector.

Nuestros datos personales, incluso los más generales eran propios, privados, confidenciales. Los dábamos solamente para trámites en instituciones en las cuales confiáramos.

El poder siempre usó el espionaje. Los opositores políticos eran espiados por agentes de una policía política más o menos encubiertos y la información sobre estos ciudadanos y ciudadanas disidentes, opositores o rebeldes era conocida y guardada en secreto por el aparato represivo del Estado.

Las cosas comenzaron a cambiar con la internet, especialmente con las llamadas redes sociales, mejor sería llamarlas redes digitales. Nos fuimos habituando a tener publicados y disponibles en línea datos que antes solamente hubieran conocido los más cercanos a nosotros. Y fotografías, detalles de vida cotidiana, gustos, ideas, opiniones, lecturas, parentescos, emociones, viajes.

Las redes digítales se volvieron el paraíso de los espías. Y las nuevas generaciones aprendieron una idea muy nueva y muy poco usual de intimidad: algunas personas se acostumbraron a postear en sus redes, por ejemplo, fotos en traje de baño, en la playa, en contextos que antes no serían expuestas en espacios públicos. Es engañosa la idea de que tener solamente unos contactos seleccionados hace privada la información en línea.

En el sexenio de Felipe Calderón, en el contexto de un país militarizado y sumamente violento, el presidente panista propuso hacer un registro de todos los teléfonos móviles, que en México llamamos celulares, con datos generales como el nombre y datos privados como el domicilio, la clave ´única de registro de población (CURP), e incluso datos biométricos. Las siglas de ese registro eran “RENAUT” y no se realizó por violatoria de los derechos humanos.

En esta nueva administración, el senado acaba de aprobar esa misma iniciativa con otro nombre, es el mismo “RENAUT” solamente que presentado por un poder que dice “no somos iguales” y “no haremos mal uso de esa información”. Ya solo falta que el titular del poder ejecutivo la publiqué para que ente en vigor. Y lo hará, porque ya la ha defendido y asumido como algo suyo.

Para poder tener un teléfono o dispositivo móvil cada usuario que será obligado a entregar información personal delicada, nombre, dirección, CURP, datos biométricos, como huellas dactilares, fondo del ojo, registro de voz.

Y cualquier mal uso que alguien pudiera hacer de su dispositivo como extorsiones u otros delitos, será responsabilidad de quien haya registrado ese teléfono móvil.

Es el paraíso de los delincuentes, quienes jamás registrarán un móvil con sus datos para delinquir, pero pueden robar, clonar, usurpar el número y los datos de otro ciudadano para delinquir.

Y el resultado será asimétrico e injusto: impunidad para un delincuente anónimo y castigo para un ciudadano inocente, pero cautivo de un padrón de corte totalitario, porque dictatorial y autoritario se quedan cortos: totalitario.

Esas fichas con fotos, nombres, huellas digitales y datos personales harán inexistente la privacidad: Serán el fichero policiaco de una sociedad cautiva y de un poder policiaco.

Apenas hace días, alguien filtró a redes sociales y a medios nada éticos “fichas” con fotos, nombres, cuentas de redes y datos de mujeres xalapeñas a quienes acusaba de los “horribles delitos” de ser feministas, de salir a las calles a marchar, de organizarse, de hacer grupos de Whatsapp para comunicarse, organizarse y convocarse. Todavía quien lo hizo tuvo que recopilarlas en redes, en poco tiempo, estarán todas en ese registro que van a aprobar.

Toda la información de los ciudadanos mexicanos en un solo lugar, a disposición del Estado, de las fuerzas armadas, de la policía y de quien pueda robar, hackear, vender o comprar esa información. El poder anónimo, cada vez más opaco y sin rendición de cuentas, pero la ciudadanía presa, con su nombre en un catálogo donde aparece su información más privada e íntima, sus datos biométricos.

Decían que habían desaparecido la policía política y el espionaje del antes “CISEN”. Algo indica que, en lugar de desaparecer, se volvió el centro del Estado, y su voz nos dice: “no teman, no haremos mal uso de toda la información personal que les obligaremos a darnos”.

George Orwell en México sería un autor costumbrista.

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El México realmente existente

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El México realmente existente

Javier Hernández Alpízar

En este momento hay dos defensores de derechos humanos desaparecidos en Chiapas, integrantes del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

En Xalapa, Ver., con el logo de la Segob estatal, filtran “fichas” de mujeres con fotos tomadas de sus redes digitales, acusándolas de los “graves delitos” de ser feministas y convocar a marchas.

En el Salto, Jalisco, una organización defensora del medio ambiente, Salto de Vida, fue agredida: quemaron un vehículo que usa para trabajar y ahora temen por su seguridad.

Hay paramilitares atacando a comunidades autónomas en Chiapas, sicarios del narco agrediendo al CIPOG EZ y ahí, en Guerrero, niños de entre 6 y 11 años tienen que tomar las armas para defenderse del crimen organizado.

Apenas acabamos de ver cómo la policía de la CD MX encapsuló a un mercadita feminista en Bellas Artes y luego un grupo de choque armado con palos las atacó y lesionó, ante la pasividad cómplice de la policía.

En Tulum, no hace mucho que una mujer policía asesinó a una migrante hondureña durante un operativo policiaco,

Todas las mañanas nos mienten diciendo que en México no hay represión, y que el Estado ya no viola derechos humanos.

El gobierno federal acusa a las organizaciones de derechos humanos como Artículo 19, Cemda, Indignación, de “recibir dinero del extranjero para atacarlo”. Asimismo criminaliza y difama a medios de comunicación como Animal Político. A las feministas, las acusa de importar conceptos, como Díaz Ordaz acusaba a los estudiantes de traer ideologías “exóticas”,

Esto, bajo un régimen que criminaliza y persigue a las mujeres, especialmente si son feministas y peor si son autogestivas. Laura Castellanos ha analizado en el Washington Post que el Estado mexicano usa tácticas contrainsurgentes contra las feministas.

A las niñas, niños y adolescentes, el Estado los ha vuelto invisibles y los ha abandonado, recortando todos los presupuestos de programas destinados a ellos y no incluyéndolos como sujetos en ninguno de sus planes y proyectos de gobierno. Lo ha señalado en sus informes la Red por los Derechos de la Infancia en México.

A los migrantes, los reciben con las fuerzas armadas: Guardia Nacional y Ejército, haciendo el vergonzoso papel de muro militar de la política de Trump, aun después de que Trump ya se fue.

A los pobres, los usan de bandera, pero los depósitos de dádivas, que existen sexenio tras sexenio en México desde el salinismo (Solidaridad, Progresa, Oportunidades, Bienestar) nunca han sacado a nadie de pobre, pero sí han hecho muchas clientelas electorales para el PRI o para Morena o cualquier partido.

Del Covid, ya mejor ni hablamos, más de 200 mil muertos les parecen pocos y predican que todo va muy bien, en el mundo de ficción que nos quieren vender por “verdad” o pos… verdad.

Y de los militares, ya ni hablar: les escrituran los megaproyectos del sureste mexicano. Con todos los beneficios económicos sin pasar por Hacienda. Son la única autonomía permitida hoy.

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Focus, las mañaneras

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Focus, las mañaneras

Javier Hernández Alpízar

Andrés Manuel López Obrador es muy hábil en el arte de engañar.  Como el personaje que hace Brad Will en la película Focus, llama tu atención hacia un toque menor para distraerte de un atraco más gordo Es un profesional de la estafa.

Un ejemplo: el gobierno mexicano es cuestionado por violaciones a derechos humanos documentadas por diversas organizaciones no gubernamentales, todas ellas de gran prestigio nacional internacional.

Lo que hizo AMLO fue reducir el tema a la alusión a Sanjuana Martínez y el estudio que hizo artículo 19 de cómo usa bots para atacar a periodistas (violación a derechos humanos, porque Notimex es del Estado). Luego salió con un engaño: decir que Artículo 19 recibe dinero del gobierno de Estados Unidos y La Jornada cabeceó: “para dar el golpe a México”. (Ahora resulta que AMLO es México, como antes el PRI era México o Fidel Herrera era Veracruz y sus críticos, los “enemigos de Veracruz”).

Una fundación que da dinero a Artículo 19 es la USAID (entre muchas fundaciones europeas y estadunidenses, todo ello transparentado en la página de la organización. Ya quisiéramos una transparencia así, pública, del gobierno de la 4t o de las finanzas de Morena). Por cierto, la USAID también da dinero al gobierno de Obrador vía la Segob de Alejandro Encinas.

Pero la estafa se logró: nadie habla de las violaciones a derechos humanos en México, documentadas y, en algunos rubros, al menos cuantitativamente, peores que en sexenios anteriores. Todo se desvió a atacar o defender a Artículo 19.

Ahora sale el video de una voluntaria del gobierno de la 4t que “vacuna” a un viejito con una jeringa vacía.

Obrador dice que “puede ser un montaje” y dedica una mañanera a revivir un caso ya muy documentado del sexenio anterior. El montaje de Televisa contra Florence Cassez.

Ahora el tema no es si fue intencional o no que una voluntaria usara una jeringa vacía para no vacunar a un mexicano, el tema retro es el montaje del sexenio pasado.

Obrador calla que Televisa es el tercer medio que más dinero recibe de su gobierno, solo después de TV Azteca y La Jornada. Calla que entregó la educación pública al duopolio Televisa-TV Azteca.

Pero sobre todo, una vez más, desvía la atención del tema: las vacunas. Una vacunación exigua y lenta, pero muy publicitada como propaganda electoral. Y pone a todos sus fans y trolls a hablar del viejo caso de Florence Cassez.

El verdadero montaje son las mañaneras, donde cada día el presidente dice más de una mentira, una falsedad, información engañosa, fake news.

Algunas falsedades que ha dicho Obrador en las mañanera son (la lista no es exhaustiva): Que él no ha pedido préstamos ni ha endeudado a México; que la 4t fueron los primeros en hablar de “feminicidios”; que las feministas no se manifestaron en sexenios pasados; que el concepto de “pacto patriarcal” es importado del extranjero; que las protestas contra Salgado Macedonio son un complot de la derecha; que los zapatistas guardaron silencio y no se movilizaron durante los sexenios de Calderón y Peña; que los zapatistas llamaron a no votar por AMLO; que en Chiapas no hay paramilitares sino “conflictos intercomunitarios”; que Artículo 19 “ataca a México porque recibe financiamiento de Estados Unidos”; que Indignación, Cemda y Xpujil recibían financiamiento para oponerse al Tren Maya; que el INE no había suspendido candidaturas en sexenios anteriores. Ya del ambiguo mensaje de los escapularios contra el Covid 19 mejor ni hablar.

Además, en cada mañanera AMLO calumnia a defensores de los derechos humanos, a defensores del territorio, a feministas, a organizaciones, a periodistas, a los zapatistas, a quien quiera que se oponga a su discurso construido a espaldas de la realidad. AMLO engaña impunemente y tiene muchos medios como sus repetidoras, principalmente La Jornada, Notimex, Unomásuno, moneros, youtubers y columnistas, seguidores en redes y bots, afines a su régimen. E incluso sus críticos, o aparentemente críticos, como Aristegui Noticias, se quedan la mayor parte del tiempo en el seguimiento de la agenda que marca Obrador.

Si Obrador fuera un estudiante que da su examen una mañana, le preguntarían sobre los egipcios y el comenzaría a hablar de los fenicios. Y tal vez diría que los egipcios, los fenicios o algún otro pueblo, son un complot conservador.

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Utopías, ciudades y derecho a la ciudad

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Utopías, ciudades y derecho a la ciudad

Javier Hernández Alpízar

Al doctor Manuel Martínez Morales, in memoriam

En Historia de las utopías, una obra de juventud, Lewis Mumford pasó revista a las utopías desde los griegos clásicos hasta el inicio del siglo XX. Encontró dos grandes características que atraviesan a todas esas propuestas de reforma de la sociedad. Una de ellas es que las utopías reconocen la complejidad de la sociedad y el mundo humano. Reformar la sociedad implica hacerse cargo de muchas cosas: economía, relaciones sociales, política, moral, ideas e incluso formas de construir viviendas y poblados o ciudades. La otra gran característica es que las utopías tienden a la rigidez y lo disciplinario de los regímenes autoritarios.

Los utopistas modernos, a quienes Engels etiquetó como “socialistas utópicos”, influyeron en muchos reformadores sociales más o menos revolucionarios (incluidos Marx y Engels, en el núcleo utópico no explicitado de su ideal socialista) y en algunos arquitectos que tienen una apariencia exterior reformista, pero un contenido funcional al capitalismo.

Ebenezer Howard propuso la “Ciudad Jardín” y Le Corbusier no solo propuso una nueva París (“Ciudad Radiante”) que se quedó en mero proyecto, sino que proyectó la ciudad de Chandigarh.

Defendiendo las ciudades de los Estados Unidos (especialmente sus barrios populares, que los modernizadores pretendían demoler para construir en su lugar hábitats diseñados y proyectados por arquitectos y planificadores urbanos), Jane Jacobs criticó a estos diseñadores profesionales que heredaron las pretensiones de Howard y Le Corbusier.

Una cosa que tenían en común estos planificadores y proyectistas urbano-arquitectónicos era su odio por la ciudad. Aborrecían la ciudad realmente existente y la querían cambiar por una ordenada (por ellos, desde luego) con zonas monofuncionales. Y querían eso porque no comprendían la complejidad aparentemente caótica de las ciudades realmente existentes.

Jane Jacobs, en su clásico Vida y muerte de las grandes ciudades en los Estados Unidos, explicó que las ciudades son una complejidad organizada. En cambio los instrumentos cognitivos y metodológicos de los arquitectos y planificadores, influidos por el Movimiento Moderno, conciben y proyectan el hábitat desde una lógica simple o, a lo sumo, desde una complejidad estadística, basada en datos y promedios universales que hacen tabla rasa de la diversidad histórico-cultural y del habitar.

El resultado de esas formas de proyectar y producir ciudad son espacios limpios, amplios, higiénicos, lindos como una maqueta escala uno a uno, pero sin vida urbana, por ello Jacobs los llamó “taxidermia”, porque logran expresar la vida tanto como un taxidermista lo logra con el cadáver de un animal.

La arquitectura moderna, en sus diferentes variantes, se fue volviendo más esteticista conforme se fue especializando en expresar los ideales y utopías del poder económico y político. El fetichismo de la mercancía que Marx analizó se encuentra en el centro de la ideología arquitectónica como fetichismo de los objetos arquitectónicos e incluso, de un modo más amplio, en el fetichismo de los objetos diseñados en general.

Como acertó en diagnosticar Guy Debord, el fetichismo de la mercancía se ha desarrollado como sociedad del espectáculo, y, por esa vía, la arquitectura devino espectacular, ostentosa, derrochadora de recursos, en las sociedades que se lo pudieron permitir, para quemar incienso en los altares de los arquitectos del Starsystem.

Hasta que llegó la crisis de 2008 y con ella la austeridad forzada por los intereses del neoliberalismo: “haz más con menos”. Lema impuesto como moral austera que se tradujo en el revival de la arquitectura minimalista que preconizó: “menos es más”. Lo sospechoso, como observa Pier Vittorio Aureli, en su librito Menos es suficiente, es que los críticos de la arquitectura que en las grandes revistas aplaudieron la arquitectura espectacular y a sus creadores canónicos, de un día para otro se convirtieron a la “estética minimalista” falsamente austera.

La respuesta de la arquitectura a la crisis económica fue de imagen. El minimalismo como aliado de la imposición de austeridad desde el capitalismo. Contra ella, Pier Vittorio Aureli vindica una austeridad decidida de manera autónoma, por ello opone al lema minimalista: “menos es más” un lema autoasumido: “menos es suficiente”.

Desde luego, esa austeridad elegida no puede ser la impuesta austeridad de “hacer más con menos” ni la vivienda mínima propuesta por los arquitectos del sistema que retoman la pobreza de los claustros de los monjes del cristianismo primitivo. Además, agregamos, con un doble rasero: austeridad impuesta por la pobreza que el capitalismo produce para las mayorías y apariencia de austeridad en el minimalismo de lujo de un Steve Jobs.

La enajenación de la ciudad respecto a sus productores, los trabajadores, las trabajadoras, ocurre como privatización, la exclusión, el aburguesamiento y museificación de centros originarios, la financiarización de la vivienda, la especulación con el suelo urbano, el desplazamiento de los más pobres a lugares cada vez más precarios y periféricos, la producción de ciudades mercancía “de clase mundial” y sobre todo: taxidermia, del tamaño de ciudades enteras como Brasilia o al menos de colonias como Santa Fe en la Ciudad de México. Irónicamente, donde tuvo un proyecto utópico Vasco de Quiroga y donde hay actualmente un enclave de vivienda producida socialmente, Palo Alto, un poblamiento hecho por trabajadores en el terreno que dejó la extracción minera, poblamiento que subsiste resistiendo a la agresión y la pretensión gentrificadora de los grandes capitales.

Henry Lefebvre, en El derecho a la ciudad, publicado en el año emblemático de 1968 (un año después del libro de Guy Debord, La sociedad del espectáculo), escribió contra el hábitat excluyente y le opuso el habitar de la ciudad precapitalista (y posiblemente postcapitalista) que reconoce la ciudad como obra colectiva a la que todos tenemos derecho. El derecho a la ciudad no son meras reglas de urbanidad: es el derecho de todos y de todas a decidir el futuro de nuestra sociedad. Incluida la morfología, no monopolizada por la estética de vanguardia arquitectónica alguna.

La ciudad ya no sería la utopía de una elite de iluminados cuyos gustos y diseños coinciden casualmente con las necesidades y las ganancias de los grandes productores capitalistas, sino el derecho a la participación de todas y de todos para decidir cómo serán la vivienda, el barrio y la ciudad.

Probablemente este derecho a la ciudad, con su producción social de la vivienda, el hábitat y la urbe, con su diseño y arquitectura participativos, sería una utopía que como, observó Lewis Mumford, permanezca atenta a la complejidad del habitar humano, pero también democrática y participativa, opuesta a todo autoritarismo tecnocrático, neoliberal, capitalista, neopopulista o cualquier otro.

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Ciencia, conciencia, arte y vida. A la memoria de Manuel Martínez

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Ciencia, conciencia, arte y vida. A la memoria de Manuel Martínez

Javier Hernández Alpízar

Durante el paso de la Otra Campaña por la Ciudad de México, me parece recordar que por la delegación Magdalena Contreras, en una reunión con médicos, el subcomandante Marcos, delegado Zero, leyó fragmentos de una reflexión sobre la ciencia que le entregaron dos científicos adherentes a la Sexta en Xalapa, Ver., uno de los autores era el doctor Manuel Martínez Morales, físico matemático.

Hoy a las 6 de la mañana murió el científico y pensador crítico, formado no solamente en las llamadas ciencias duras, sino también estudioso del marxismo, las ciencias sociales, la literatura, la poesía, estudioso de la obra de José Revueltas y divulgador de la ciencia con textos amenos, breves y claros que publicó en diarios jalapeños, principalmente en el Diario de Xalapa, en su columna La ciencia desde el Macuiltépetl. Algunos de ellos los recopiló en el libro, publicado por la UV, Causas y azares, sí, retomando el título de una canción de Silvio Rodríguez. También hacía comentarios sobre ciencia y temas de actualidad en la Radio Universidad Veracruzana.

Tengo entendido que jamás visitó las tierras zapatistas, pero, desde Xalapa, leyó los textos del zapatismo y dialogó con ellos. No dudo que esa reflexión sobre el papel de la ciencia en la Sexta y en la Otra Campaña haya sido de los elementos que llevaron al EZLN y a las comunidades zapatistas a tomar en cuenta a la ciencia, tanto como al arte y a los saberes de los pueblos indígenas, y la literatura, como elemento indispensable para pensar en la posibilidad de un mundo futuro.

Junto con otros simpatizantes del zapatismo, participó en las iniciativas civiles del EZLN como la Marcha del Color de la Tierra. Con integrantes del Comité de la Sociedad Civil Xalapeña (Cosoci), no solamente promovió actos de expresión cultural, sino que animó círculos de estudio y reflexión de gran calidad y foros con títulos como “Violencia, Identidad y Globalización”, en los primeros años del siglo XXI.

Al lado del ya también finado doctor Feliciano García Aguirre, Manuel Martínez asistió a seminarios organizados por el doctor Pablo González Casanova, donde participaron intelectuales como el difunto Carlos Lenkersdorf.

Desde la ciencia, la docencia, la militancia y las actividades culturales y artísticas, como La ciencia en el bar, impulsada junto con su esposa, la artista plástica y maestra de artes, Mirna Valdés Viveros, Manuel Martínez animó a generaciones a estudiar la ciencia con conciencia. Pensaba que la conjunción de saberes como las matemáticas y la conciencia social crítica era muy poderosa.

Asimismo consideraba que eran muy importantes la literatura y el arte, y participaba en lecturas de poesía en el Café Tierra Luna. El club se llamaba “Adictos a la poesía”.

En sus textos periodísticos de divulgación de la ciencia y de reflexión crítica sobre el papel de la ciencia y el pensamiento en la liberación y el futuro de la humanidad, usaba una frase: “para comprender lo que vemos y lo que no vemos”.

Ahora ya no podremos ver al maestro Manuel Martínez, tratemos de comprender su pensamiento, su legado. En la memoria de la construcción de un pensamiento crítico para lo oscuros tiempos que vivimos estarán las reflexiones de este sabio que quiso acercar la ciencia y el arte a la vida.

Viva el pensador, el hombre honesto, el compañero y hermano mayor de una tradición de pensamiento riguroso y rebelde.

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