#Marichuy COMUNICADO CONJUNTO DEL #CNI, EL #CIG Y EL #EZLN EN RECHAZO AL MEGAPROYECTO DEL NAIM Y EN APOYO Y SOLIDARIDAD CON LAS POBLACIONES MIGRANTES.

COMUNICADO CONJUNTO DEL CNI, EL CIG Y EL EZLN EN RECHAZO AL MEGAPROYECTO DEL NAIM Y EN APOYO Y SOLIDARIDAD CON LAS POBLACIONES MIGRANTES.

26 octubre del 2018.

Al Pueblo de México

A los pueblos del Mundo

A la Sexta Nacional e Internacional

A las redes de apoyo al CIG

A los medios de comunicación

Los pueblos, naciones, tribus y barrios del Congreso Nacional Indígena y el EZLN, nos dirigimos con respeto al pueblo de México y a los pueblos originarios y campesinos que dignamente resisten en contra del megaproyecto de muerte que llaman Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), quienes sin rendirse, sin venderse, ni claudicar, no han dejado que caiga la esperanza; que es una luz para los que soñamos y construimos la justicia.

También va nuestra palabra respetuosa a quienes se ven obligados a buscar en otros suelos lo que les arrebataron en sus geografías; a quienes migran en busca de vida; y a quienes les apoyan desinteresadamente con sus medios, tiempos y modos.

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Hemos visto, seguido y vivido de cerca la lucha de los pueblos del lago de Texcoco y alrededores. Hemos visto su decisión, su dignidad y su dolor, que también han sido nuestras. No olvidamos la represión de mayo de 2006, la tortura sexual, el injusto encarcelamiento de los compañeros y compañeras del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y de la Sexta nacional e internacional; así como el asesinato de nuestro compañero Ollin Alexis Benhumea y el menor Francisco Javier Cortés Santiago; represión ordenada entonces por Vicente Fox y Enrique Peña Nieto, con el aval y el aplauso de todo el espectro político de arriba, incluidos quienes hoy se presentan como “el cambio”.

Hoy, sin ningún apego a los derechos que como pueblos originarios tenemos, los malos gobiernos dicen consultar a los mexicanos si prefieren el aeropuerto en el Lago de Texcoco o en Santa Lucía, pero nosotros pensamos que ambos llevan al despojo de los territorios circundantes, a la devastación ambiental, a la mercantilización de la vida comunitaria con su llamada aerotrópolis. Ambos llevan a hacer de nuestro país la pieza necesaria que le permita el libre flujo al capital trasnacional, que facilite la entrada y salida de mercancías, a la explotación de todo cuanto tenemos, para el beneficio de unos poquitos.  Cualquiera de las dos opciones, van dirigidas a afianzar como rectora a la muerte que amenaza a la humanidad.  Es decir, afianzar al capitalismo neoliberal como verdugo de nuestros pueblos.

Decidir donde pongan el nuevo aeropuerto no debería ser lo que nos pregunten los gobernantes, pues si tuvieran un poco de vergüenza frente a los millones que sufren el despojo, la pobreza, la represión, ante los que deben migrar por miles ante la destrucción dejada en todo el mundo, ante nuestra madre tierra que no soporta más la grave enfermedad que ha causado el capitalismo; la pregunta debería ser si estamos de acuerdo en que continúen o no por ese camino que nos está conduciendo, a todas y todos, a la muerte, a la guerra, al exterminio.

Sabemos que no lo harán porque su camino es el marcado por los poderosos que de veras mandan y no por ellos. El NAICM no es la única pieza que les hace falta para terminar de desfigurar esta nación y darle forma a la tragedia que apenas va empezando, por lo que nuestra palabra y nuestro llamado seguirán siendo organizarnos en la resistencia y la rebeldía, que son la lucha por la vida.

Los pueblos originarios no podemos decir que sí a nuestro exterminio, aunque el mal gobierno finja hacer una consulta, aunque falsifique votos, aunque los compre o los consiga con engaños al pueblo de México. El embate en contra de los territorios que sostienen la vida y en contra de la libertad, no será en nuestro nombre.

El CNI – CIG y el EZLN reiteramos nuestro tajante rechazo a la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en el lago de Texcoco o en cualquier lugar, pues apuesta a hacer más fuerte al gran capital, beneficiar a unos pocos magnates como Carlos Slim, Carlos Hank Rhon, Bernardo Quintana e Hipólito Gerard Rivero, cuñado de Carlos Salinas de Gortari, y cualquier nombre que tome la hidra capitalista; todos ellos basan su riqueza en la explotación y sufrimiento de los millones que somos abajo. Con esa obra, al igual que con los demás megaproyectos impuestos en nuestras geografías, están decididos a arrebatar lo que es nuestro, a costa de la vida de quien se oponga.

Reconocemos, respetamos y saludamos la lucha de quienes, caminando su autonomía, decidan participar o no en la supuesta consulta sobre el NAIM y llamamos a unificar esfuerzos, que crezcan y se fortalezcan, desde la diversidad que somos abajo, para detener la destrucción de los territorios originarios, campesinos y urbanos.

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Esas obras llamadas “megaproyectos”, que no son sino parte de la guerra del sistema contra todo, son las que siembran violencia, destrucción y muerte en todo el mundo; y las que obligan, a los pobladores afectados, a migrar en busca de la vida que le arrebataron a sus lugares de origen.

Tal es el caso de quienes hoy migran desde los territorios de Centroamérica, y que son atacados, hostigados y calumniados por órdenes del Mandón, quien así alimenta el odio hacia la diferencia, y saca todavía más ganancia de la tragedia que provocó.

El sistema persigue hoy, lo que provocó ayer.

En el dolor de esos pasos “migrantes” camina nuestro mañana si no nos organizamos ya en defensa de la vida.

El apoyo, respeto y solidaridad para estas hermanas y hermanos se mantiene desde hace tiempo, y así seguirá, aunque sea con nuestras limitadas posibilidades.

En nuestros pueblos, en nuestras casas, en nuestros caminos, en nuestros territorios, compartiremos, como ayer, hoy y mañana, lo poco que tenemos; y tendrán la palabra de aliento y digna rabia que alivie sus pasos y les ayude a continuar.

Porque el mundo no es propiedad de ninguna bandera.

Es de todas, todos, todoas, quienes lo hacemos andar con nuestro trabajo, quienes lo hacen florecer, quienes siembran vida donde el sistema cosecha muerte; quienes, como los familiares de los ausentes de Ayotzinapa, caminan el mundo en busca de la verdad y la justicia, es decir, la vida.

 

Atentamente

Octubre de 2018

Nunca Más Un México Sin Nosotros

Congreso Nacional Indígena

Concejo Indígena de Gobierno

Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

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#CaravanaMigrante L@s migrantes son nuestr@s herman@s, nuestro enemigo es el Capitalismo. Pronunciamiento de la CMAA-CIG

L@s migrantes son nuestr@s herman@s, nuestro enemigo es el Capitalismo

 

“Es una combinación de crisis:

Una es la crisis ambiental que está pegando en todas partes del mundo y que es producto también del desarrollo del capitalismo: la industrialización, el consumo y el saqueo de la naturaleza tienen un impacto ambiental que altera ya lo que se conoce como “planeta Tierra”.  El meteorito “capitalismo” ya cayó y ha modificado radicalmente la superficie y las entrañas del tercer planeta del sistema solar.

La otra es la migración.  Se están pauperizando y destruyendo territorios enteros y obligando a la gente a migrar buscando vida.  La guerra de conquista, que está en la esencia misma del sistema, ya no ocupa territorios y su población, sino que pone a esa población en el rubro de “sobras”, “ruinas”, “escombros”, por lo que esas poblaciones o perecen o emigran a la “civilización” que, no hay que olvidarlo, se sostiene sobre la destrucción de “otras” civilizaciones.  Si esas personas no producen ni consumen, sobran.  El llamado “fenómeno migratorio” es producido y alimentado por el sistema.

Y una más –en la que nosotros estamos encontrando coincidencias con varios analistas en todo el mundo- es el agotamiento de los recursos que hacen andar “la máquina”: los energéticos.  Los llamados “picos” finales en reservas de petróleo y carbón, por ejemplo, ya están muy cerca.  Esos energéticos se agotan y son muy limitados, su reposición duraría millones de años.  El previsible e inminente agotamiento hace que los territorios con reservas -aunque limitadas- de energéticos, sean estratégicos.  El desarrollo de fuentes de energía “alternas” va demasiado despacio por la sencilla razón de que no es rentable, es decir, no se repone rápido la inversión.”

  1. Primera parte:

UNA FINCA, UN MUNDO, UNA GUERRA, POCAS PROBABILIDADES.*

Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano

 

La caravana de miles de migrantes centroamericanos, principalmente hondureños, que atraviesan el territorio mexicano para intentar llegar a los Estados Unidos, donde esperan encontrar empleo y las oportunidades de vida que ya no hay en su país, es un síntoma contundente de las crisis del capitalismo.

Centroamérica, como México, ha sido tratada por los gobiernos estadunidenses, tanto republicanos como demócratas, como el patio trasero del Imperio de las barras y las estrellas. A Centroamérica se le ha negado la posibilidad de buscar un desarrollo nacional, independiente, y se le ha sacrificado al destino de repúblicas bananeras, neocolonias, neoprotectorados, teatro de operaciones de la contrainsurgencia, la guerra sucia, el terrorismo patrocinado por Washington, y los negocios de las transnacionales estadunidenses.

A Panamá, el Imperio la separó de Colombia para poder construir el Canal que le permitiera el paso interoceánico de mercancías, toda vez que en el siglo XIX ese paso no pudo ser por el Istmo de Tehuantepec, proyecto que ahora revive en México bajo un supuesto gobierno del “cambio”. A Costa Rica y Honduras, se les reservó el papel de aliados de la contrainsurgencia mediante la cual distintos gobiernos yanquis, emblemáticamente el de Ronald Reagan, intervinieron para derrocar a la revolución sandinista en Nicaragua, con una elección plebiscitaria que significaba: un gobierno de derecha o la continuidad de una guerra terrorista contra el pueblo nicaragüense. En el Salvador, el fin “negociado” del conflicto armado con los “buenos oficios” del gobierno de Salinas, lo mismo que en Guatemala, acabaron con la posibilidad de un cambio de proyecto histórico en América Central.

La contrainsurgencia total: guerra y diplomacia, terrorismo contra las poblaciones y propaganda anticomunista, diálogo y “normalidad electoral” como sumisión al destino manifiesto de Washington, derrotaron los proyectos de los pueblos centroamericanos y los regresaron a ser neocolonias, cuyos gobiernos son tutelados por grandes capitales estadunidenses. La pérdida de la brújula internacional de izquierda ha llevado a Ortega a ser represor de su propio pueblo en Nicaragua. Y ex guerrilleros, especialmente salvadoreños, además de amigos de los priistas, terminaron siendo asesores de la contrainsurgencia antizapatista en México.

En Honduras, así como antes habían sido derrocados otros gobiernos democráticos en América Latina: Guatemala, Chile, Haití, un golpe de estado negó el mínimo respiro al pueblo hondureño. A la despiadada combinación de despojo, explotación, represión y desprecio yanqui, se suman desastres de origen natural que vienen a golpear más a los más pobres: sismos y especialmente huracanes.

México jugó el papel de comparsa diplomática de la contrainsurgencia yanqui ofreciendo la salida honorable de entregar las armas antes de seguir desangrando a sus pueblos ante el terror de Washington: minas en los puertos de Nicaragua, financiamiento de escuadrones de la muerte y contrainsurgencia armada, bloqueos económicos y diplomáticos, propaganda negra contra sus gobiernos y sus movimientos de liberación nacional. De hecho, los proyectos de emancipación centroamericanos fueron parte de los movimientos populares derrotados en el contexto de una guerra “fría” donde los pueblos del sur pusieron los muertos.

Después de hundir en la miseria, el hambre, la violencia y la barbarie a esos pueblos, lo más lógico es que sea el gobierno de Washington quien reciba en su territorio a los refugiados de esta guerra total, sus víctimas directas; así como en Europa están los migrantes de las ex colonias africanas y asiáticas de los europeos o como a Inglaterra emigran refugiados de la Irlanda despojada por Londres.

En un mundo donde el Norte imperial nos trata a todos como palestinos, emigrar a la Metrópoli es lo lógico, pues allá están las riquezas que nos han arrebatado, su prosperidad fue lograda con la destrucción de nuestros países y la sangre de nuestras naciones y pueblos. Los países metropolitanos pretenden cerrar los ojos a las consecuencias de su colonialismo imperial, pero eso no es posible, son miles, millones de vidas humanas las que están en juego.

Los gobiernos de los Estados Unidos, de México y de Centroamérica son corresponsables de haber hundido a nuestros pueblos en la miseria y la desesperación: ahora tienen que asumir los costos porque ningún muro será suficiente para separarlos de sus víctimas.

El cambio climático, consecuencia de un capitalismo depredador del medio ambiente, aumentará las oleadas de migrantes en búsqueda de un lugar donde sobrevivir.

En contraste con los grandes capitales y sus Metrópolis, los pueblos debemos ser solidarios, las banderas y fronteras que nos separan defienden más los intereses del Capital que cualquier interés popular: los pueblos somos hermanos, ninguna frontera nos debería separar (hoy lo único que no tiene fronteras es el capital).

Por todo lo anterior, y respondiendo a la convocatoria del CIG-CNI,  hacemos eco del llamado, para convocar a la más amplia y fraterna solidaridad con nuestr@s herman@s migrantes, y para que en tanto caminen por territorio mexicano, acompañemos sus pasos dignos y rebeldes, para que los recibamos como lo que son, nuestros herman@s y sumemos nuestras rabias y rebeldías, a las acciones que tengan programas en esta Ciudad; así mismo, busquemos la unidad en la lucha por una Patria mundial para de tod@s l@s explotad@s, despojad@s, reprimid@s y despreciad@s, es decir los “desechables”, y sobre todo, un mundo donde quepan todos los mundos.

“Se están construyendo muros legales, muros culturales y muros materiales para tratar de defenderse de la migración que ellos mismos provocaron; y se está tratando de volver a mapear el mundo, sus recursos y sus catástrofes, para que los primeros se administren para que el capital mantenga su funcionamiento, y las segundas no afecten tanto a los centros donde se agrupa el Poder.”* Frente a ello, nosotr@s l@s de abajo y a la izquierda nos estamos organizando en la propuesta de Red de Resistencia y Rebeldía con el EZLN, el CNI y el Concejo Indígena de Gobierno. Llamamos a sumarnos, llamamos a construir la resistencia internacional en contra del capitalismo y el patriarcado.

 

Centro de acopio: Café “Zapata Vive”, Certificados 6, Col. Alamos, Delegación Benito Juárez. De lunes a sábado, de 11:00 a 21:00 hrs. Se recibe: productos no perecederos, agua embotellada, ropa y zapatos, sólo en buen estado y limpia, mochilas, linternas, artículos de aseo personal, papel higiénico, toallas sanitarias y pañales, material de primeros auxilios (vendas, gasas y analgésicos).

 

Nuestros enemigos no son los migrantes,

nuestro enemigo es el Sistema Capitalista y sus malos gobiernos.

 

Rechazamos toda manifestación de xenofobia, racismo y clasismo fascistas.

Solidaridad y fraternidad sin fronteras.

¡Zapata y Sandino Viven, la Lucha Sigue!

Coordinación Metropolitana Anticapitalista y Antipatriarcal con el CIG y su Vocera MariChuy

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TUMBEMOS EL MURO. PRONUNCIAMIENTO DEL CNI-CIG EN APOYO A LA CARAVANA DE MIGRANTES

El Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, abrimos nuestro corazón y nuestra rabia. Llamamos a la solidaridad urgente hacia nuestros hermanos y hermanas que sufren el desplazamiento forzoso por la destrucción que los grandes capitales siembran en cada rincón del mundo, destrucción que se convierte en violencia, despojo y pobreza.

 

Llamamos respetuosamente a las redes de apoyo al CIG, a la Sexta Nacional e Internacional y a las organizaciones de derechos humanos a manifestar, por todos los medios posibles, su apoyo a la caravana de nuestr@s herman@s migrantes, que acompañemos su andar, su resistencia y rebeldía, que rompamos con ellos los cercos y los muros del poder.

 

El camino de nuestras hermanas y hermanos trae consigo la tragedia sistémica de nuestro mundo, el profundo daño que el capitalismo ha causado a nuestra madre tierra y con ella a todos los pueblos. El desplazamiento, el éxodo de cientos, miles, millones comenzó hace años y hoy se acuerpa y surge en forma de caravana de migrantes. Pero esto es apenas uno de los síntomas del colapso que en cada una de las lenguas en las que hablamos el Congreso Nacional Indígena, hemos venido denunciando, el colapso desde el que estamos llamando a la organización para resistir y rebelarnos.

 

Lo que debe detenerse no es el andar de la humanidad, sino la invasión del gran capital, los caminos solo los podemos abrir con y entre todas y todos.

 

Atentamente

Octubre de 2018

Por la reconstitución integral de nuestros pueblos

Nunca más un México sin nosotros

Congreso Nacional Indígena

Concejo Indígena de Gobierno

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Capitalismo: enajenación y fetichismo de la mercancía

Babel

Capitalismo: enajenación y fetichismo de la mercancía

Javier Hernández Alpízar

Se supone que sabemos que las cosas no son lo que aparentan, que las apariencias engañan: especialmente las bellas apariencias han sido sospechosas para viejas sabidurías. Sin embargo, en la vida cotidiana, en la modernidad capitalista e industrial, en la modernidad consumista, pareciera que todo es transparente: que las cosas son lo que aparentan, que lo engañoso es lo que no es aparente, “evidente”  y, especialmente, que las bellas y seductoras apariencias lo son todo: “lo real”. Es la que Karl Marx llamó “religión de la vida cotidiana” y Karel Kosík “mundo de la pseudoconcreción”.[1]

En este mundo consumista, la belleza es “derivada”, por ello, como Saint-Exúpery ha expresado muy bien en su librito poético (“lo esencial es invisible a los ojos”): a nadie impresionas si describes una casa hermosa, pero si dices que ha costado una fortuna, muchos dólares, o euros, te responderán que “debe ser una casa bellísima”.[2] La mercancía es el modelo de lo bello, de lo bueno, de lo verdadero, porque es lo deseable. Y la mercancía quitaesenciada es lo más bello, bueno, verdadero y deseable de todo: el dinero. Aunque nadie sepa lo que es el dinero. El dinero como única motivación y el “libre mercado” y sus “leyes” que lo “autorregulan” son el mundo de la pseudoconcreción, para ver la totalidad, el entero proceso de producción (totalidad concreta), Karl Marx escribió su obra.

Una niña mira con los ojos maravillados a las mujeres jóvenes, todas son princesas, con una tarjeta mágica, compran todo lo que desean: ropas, calzado, bolsas.[3] Los aparadores la invitan a un mundo de ensueño: comprar es como ser la princesa de un cuento de hadas y la magia está en la tarjeta de crédito, el dinero es (parafraseando el título de la novela de Arundhati Roy) el “dios de las pequeñas cosas”[4], y también de las grandes, de las maravillosas, todo depende de cuánto dinero o crédito tengas.

La fetichización de las mercancías es el pensamiento mágico en el mundo capitalista. (Hay además detrás el mito del poder: “matar para salvar vidas”, por ejemplo, en la versión “guerra contra el terrorismo” de Bush Jr.[5])

El paraíso es una cadena de supertiendas con ofertas y rebajas permanentes, y tarjetas de crédito sin límites, el deseo jamás se sacia, por el contrario, mientras más compras más deseas: hasta el budismo o el yoga son mercancías en forma de revistas, videos, libros, conferencias, cursos terapias. Incluso las religiones y las ideologías son mercancías a la carta.

Otra niña, una “dagonmei” en un país asiático, trabaja poniendo detalles a muñecas, porque sus pequeños dedos son perfectos para poner ojitos o partes muy pequeñas. Cuando crece, ya no puede hacer movimientos tan finos. Entonces tiene que empacar muñecas completas. Princesas, guerreras, enfermeras, ejecutivas. Comienza a soñar con las muñecas que empaca, pero que con su salario de miseria no puede comprar. Ella es mano de obra esclava y lo que produce no le pertenece.[6]

Sin embargo, las imágenes no mienten: aparadores, luces, centros urbanos y malls, luces que desafían a la noche, ciudades mercancía que forman una mancha o enjambre de luces perceptible desde el espacio: somos el planeta mercancía. Insaciable consumidor de energía y de trabajo vivo.

La ideología del dinero, de la mercancía, es incuestionable o al menos lo parece: el anticapitalismo y toda idea antisistema tiene la desventaja de ser “utópica”, “imposible”. La verdad es el dinero, el dinero es la verdad, y las tautologías son irrefutables.

Para entender la esclavitud a la que se somete la mujer joven, aquella niña maravillada por los aparadores, cuando crece y se endeuda, cuando, tienda de raya, comprueba que las tarjetas de crédito no son mágicas ni ilimitadas, sino que te endeudan y tienes que pagar, ganar dinero, trabajar, y sobrevivir a la persecución de los cobradores, para entender esa enajenación ante el fetichismo de las mercancías (como sirenas, las mercancías, perfectas, deseables, la seducen desde sus movimientos de maniquí en el aparador) hay que enlazar cognitivamente la alienación consumista con la enajenación de la niña esclava asalariada, superexplotada, en un país asiático (o africano o latinoamericano).

Una de las aportaciones más importantes de Karl Marx es su concepto de fetichismo[7] de la mercancía, como los ídolos condenados y anatemizados por la religión mosaica: obra de las manos humanas a la que sus productores rinden supersticioso culto tal si fueran sus amos, así también las mercancías, productos con valor de uso y valor de cambio, se erigen en amos del productor cuando él se ve como necesitado, angustiado, ansioso consumidor: más deseables mientras más inalcanzables, las mercancías prometen la plenitud que el consumidor (insaciado e insaciable), no halla en sí mismo.

Las mercancías han llegado a ser el modelo de ser perfecto: los seres humanos desean ser como los humanos cosificados que modelan las mercancías, aunque lo ideal sería ser tan perfecto como las mercancías mismas. Günther Anders ha creído percibir una vergüenza en no ser productos perfectos: “vergüenza prometeica”.[8] ¿Cuántas veces una persona no ha salido más que con una pareja, con el auto lujoso o la tarjeta de crédito que la otra persona posee?

Pero ¿qué es la mercancía?: es un producto. ¿Y quién es su productor? El trabajador asalariado. ¿Por qué si la produce (como las niñas superexplotadas a las muñecas) no es suya? Porque no es dueño de los medios de producción. Recibe un salario, para sobrevivir, para reproducir su vida y fuerza de trabajo, pero el resto del valor producido, cristalizado en las mercancías, es propiedad del capitalista. La separación entre productores y medios de producción (privados, propiedad de los burgueses, hoy una verdadera plutocracia mundial).[9]

Hoy en unos pocos minutos, entre cinco y quince, un obrero produce lo que le pagan, casi la totalidad, al menos la inmensa mayor parte de su jornada es trabajo impago, plusproducto, luego plusvalor, luego ganancia realizada en dinero, riqueza del capital. La ley del valor descubierta y explicada por Marx es el núcleo de hierro de la dictadura del capital, despotismo planetario hoy.

El lado oculto de la mercancía es su proceso de producción, las relaciones sociales, la explotación del trabajo asalariado, aspectos que se esconden tras la seductora apariencia de unos jeans, un sombrero, una muñeca o un gadget electrónico. Detrás están los sufrimientos de las y los obreros de la maquila en China, en Tlaxcala, en Ciudad Juárez, en el Estado de México. Mucho de ese trabajo es femenino, infantil. Devaluados por salarios de miseria, esos operarios de la maquila son víctimas políticas si luchan por derechos laborales: represión, persecución, desaparición, muerte. [10] Y en el caso de mujeres y niñas y niños, explotación o abuso sexual, feminicidios, trata de personas. La muerte violenta es sólo la prolongación de la muerte lenta, de la mortificación, de la superexplotación.[11]

¿Cómo se originó el abismo de propiedad, riqueza, poder, fuerza represiva entre los propietarios de los medios de producción y quienes no tienen más que su fuerza de trabajo como precaria y siempre devaluable mercancía? Por la expropiación violenta, la acumulación primitiva u originaria en la Europa precapitalista y protocapitalista incluye los cercados de tierras, el despojo, la leva de mano de obra a las industrias y las ciudades industriales. Y el descubrimiento de América, invadida, conquistada militarmente, saqueada, esclavizada y luego proletarizada por el despojo colonial de tierras: despojo a pueblos, esclavitud, primero a secas y luego asalariada, de indígenas, mujeres (además del trabajo doméstico y la reproducción de la vida que lo es de la fuerza de trabajo), niñas y niños: y también África, Asia, Oceanía.[12]

Sin embargo, hoy que hay una gran diferencia entre el nivel de vida del norte y del sur, entre el capitalismo feliz del consumismo y el estado de bienestar de una mínima parte de la humanidad y, en contraste, la esclavitud y postración de la mayoría, aparece como verdad “evidente” que el capitalismo enriquece y la “falta de capitalismo” empobrece. Olvidan que el capitalismo no es un fenómeno nacional, que no son naciones que compiten en igualdad de puntos de partida y deportiva competencia: es un sistema mundo. Y el discurso de que las teorías críticas del capitalismo, como la “pasada de moda” teoría de la dependencia son autovictimizaciones y discursos de “buenos y malos” es meramente ignorancia u ocultación cínica de la historia, algunos productores de esas apologías del capitalismo son mercenarios del pensamiento colonizador y mistificador contemporáneo.

El fetichismo de la mercancía, originado en la mistificación, en el ocultamiento de las relaciones sociales de producción, de explotación, despojo, represión y desprecio, que sustentan la producción y venta de mercancías, hace aparecer a la mercancía bella, inocente y deseable. Y a la pobreza, fea, cara sucia, mala, perezosa, culpable.

Solamente quien desciende a los infiernos de la producción (ahí donde se esconde el secreto del trabajo como única fuente productora de valor) puede entender y saber lo que es el dinero (mercancía universal, simple medio de cambio que la enajenación del trabajador y la alienación del consumidor vuelven un fin en sí mismo). Puede entender que en capitalismo se invierten fines (valores de uso) y medios (valor de cambio) para subordinar el fin a los medios: subsumir la vida al capital.

Cuando se parte de la noción de dinero, de recursos, de tecnología, de “conocimientos, ciencia, saberes, técnicas” y mercado libre: el egoísmo racional y el dinero, el afán de ganancias como único atractor, entonces estamos instalados en la ideología: ignorancia más pensamiento mágico, mistificación de lo que son en verdad el capital, el dinero, la mercancía y fetichismo. Se atribuyen a los productos, las mercancías, las cosas, poderes creadores: dinero, recursos, y se hace de sus productores no sujetos sino meros necesitados (¿necesitamos un teletón mundial, un “USA for Africa” y para todas las “ex” colonias?)

La mistificación es la ocultación del trabajo vivo, de la vida de las y los trabajadores dejada en la producción de las mercancías. Es el ocultamiento de la explotación y de la enajenación del trabajo vivo bajo el discurso de la igualdad ante la ley, de la igualdad en el mercado, de que todos podemos ser “emprendedores”. Como dijera Anatole France: “en su magnanimidad, la ley prohíbe lo mismo al millonario que el mendigo, dormir debajo de los puentes”.

El rey Midas contemporáneo transustancia todo en mercancía y consumo mediante el poder de su firma, pero la gallina de los huevos de oro, la productora de todo valor (de uso y también de cambio) es aún el trabajo vivo, el trabajador, los trabajadores: vulnerables seres humanos.

Ahora también se fetichizan la tecnología, los robots y la inteligencia artificial, el “conocimiento” igualmente mistificado, separado de su productor, olvidando que el conocimiento, como cualquier producto, es obra de los trabajadores, los productores. Aunque el capitalismo se vista de “sociedad del conocimiento” sigue siendo trabajo enajenado.

El despotismo, la dictadura del capital (y por medio de la ideología, también sus esclavos, no solamente esclavos asalariados, sino reos de las ideas de la clase dominante, y del pensamiento mágico de sus fetichismos) sueña con un mundo de esclavos perfectos, que no se cansan, no protestan, no resisten, no se organizan, las máquinas inteligentes.

El sueño neomalthusiano es que los robots reduzcan al mínimo la necesidad de los esclavos humanos asalariados. ¿Tal vez un robot biológico genéticamente “editado”? El fin de la lucha de clases, el fin de las ideologías, el fin de la historia y la desiderata de un “mundo feliz”: el paraíso de las inversiones y el consumo.

No obstante, está ese incómodo y “extraño enemigo”: el trabajo vivo, el productor, el ser humano proletarizado, despojado, explotado, reprimido, contaminado por los tóxicos de una industria que sigue necesitando trabajo vivo, materias primas, territorios, mercados y consumidores.

Y si las y los trabajadores fueran derrotados, está la protesta de la naturaleza, del planeta saqueado, sobreexplotado y contaminado: las leyes humanas se compran y venden, pero las leyes naturales no. El límite del capital es el límite del planeta: el cambio climático como ultimátum,[13] aunque el sueño totalitario aún cree poder encontrar otros planetas colonizables y explotables, ¿la acumulación originaria llevada a colonias espaciales como en una obra de Bradbury[14]?

Detrás del fetiche del capital, de la tecnología, detrás del fetiche de la mercancía y el dinero se esconde el trabajo vivo, el tiempo de vida, la vida robada a las y los explotados. Pero eso lo ignora quien ve al dinero como un absoluto, como un despótico dios moderno. Solamente algunos autores de “novelas-cuentos de hadas” como Momo han podido hacer la metáfora de la teoría del valor de Marx: la “vida” del capital, el verdadero “muerto viviente” es el tiempo de vida despojado a los humanos, es la vida robada, expropiada a las y los trabajadores: seres humanos esclavos de su propia obra, de sus propios fetiches. En la novela de Ende, los “hombres de gris”.[15]

No es una cuestión de cuántos creen en una idea: aunque la mayoría de la humanidad crea supersticiosamente en las virtudes mágicas del dinero y de la mercancía y el capital, el imperio del capital se basa en el engaño. Para liberarse, la niña esclava del consumo y las tarjetas de crédito tiene que sumar fuerzas con la niña esclava de la maquila. Es muy incómodo para muchos, pero la contradicción entre capital y trabajo vivo sigue existiendo. La historia camina por eras de barbarie, pero no ha terminado.

[1] Karel Kosík, Dialéctica de lo concreto.

[2] Obviamente; Saint-Exúpery, el Principito.

[3] La película se llama “Loca por las compras”.

[4] La novela de Arundhati Roy, El dios de las pequeñas cosas.

[5] Franz Hinkelammert, Hacia una crítica de la razón mítica.

[6] Un maravilloso cuento para niños de Ricardo Gómez y Teresa González titulado El sueño de Lu Szhu

[7] Jean Robert, “El análisis del fetichismo de las mercancías, aportación primordial de Karl Marx”.

[8] Revista Conspiratio No. 13, “El anuncio de la catástrofe: reflexiones de Günther Anders”, septiembre-octubre de 2011.

[9] En el documental Réquiem por el Sueño Americano, basado en Noam Chomsky, la propia plutocracia llama a su régimen “plutonomía”. https://www.youtube.com/watch?v=qkbwWG07UYI

[10] Subcomandante Marcos, “De eso se trata en esta primera etapa: de decir nuestra historia”, en Escritos sobre la guerra y la economía política.

[11] En eso sigue muy vigente, desafortunadamente, el documental de Saúl Landau, “Maquila: a tale o two Mexicos”.

[12] Massimo de Angelis, “Marx y la acumulación primitiva. El carácter continuo de los “cercamientos” capitalistas”. Asimismo, la conferencia de Silvia Federici en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM en You Tube: https://www.youtube.com/watch?v=blaO79tIcyo&t=881s

[13] Los militantes de la IV Internacional han acuñado el término “ecosocialismo” para una renovada militancia no solamente socialista sino ecologista. Andrés Lund Medina, México en la discordancia de los tiempos. Y la urgente necesidad de otros tiempos y otra izquierda, anticapitalista y ecosocialista.

[14] Obviamente Ray Bradbury, Crónicas marcianas.

[15] Michael Ende, Momo.

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El derecho a la ciudad, 1968-2018: El Retroceso

Babel

El derecho a la ciudad, 1968-2018: El Retroceso

Javier Hernández Alpízar

Me parece que el estallido de rebeldía estudiantil y juvenil que se expresó en 1968 no solamente fue reprimido en ese año, con diversos grados de violencia, sino que pese a lograr un triunfo (contra)cultural en un plazo cercano, fue combatido por una contrarrevolución capitalista, patriarcal y neoliberal que aprovechó la crisis del capitalismo de los años 70, la caída del socialismo real en 1989 y logró el ascenso de un neoliberalismo económico, un neoconservadurismo político, un neomilitarismo ya unipolar y concertado desde Washington, y también una contrarrevolución cultural e ideológica que sepultó las tesis e ideas contestatarias que no pudo refuncionalizar y asimilar.

Así como Nancy Fraser habla de un cierto feminismo que se pasó al campo neoliberal, así ideologías políticas, artísticas, religiosas, contraculturales fueron comercializadas y banalizadas o simplemente marginalizadas y demonizadas. Como dice un amigo con filo en las palabras: en los mismos años que los marxistas tomaban las universidades, los neoliberales tomaban el Estado y el poder.

La contrainsurgencia militar en los países que lucharon por su liberación fue acompañada por una contrainsurgencia de las ideas que cavó el abismo de la marginalidad y el descrédito para las ideas antisistema y construyó pacientemente la hegemonía del neoliberalismo como ideología hegemónica y como pseudoconcreto “sentido común”. Hoy muchos imaginan al capitalismo como la gran ubre que nos alimenta y piensan el anticapitalismo como un suicidio: morder la teta que nos da de comer. El dinero es visto como sagrado, como fuerza vital y la carencia de él como amenaza de muerte o de algo peor: pobreza.

El capitalismo no solamente reconquistó y recolonizó el planeta, sino que profundizó su colonización a niveles antes insospechados: territorios, cuerpos, mentes, genes, Además construyó un nuevo tipo de humanidad individualista, narcisista, infantilizada, consumista, supersticiosa y fetichista cuya religión son las mercancías y el dinero.

Me quisiera centrar en un concepto hecho público precisamente en 1968 para mostrar un poco más de cerca este proceso de extirpar a la crítica su aguijón para incorporarla al mercado de las ideas funcionales.

En 1968 Henri Lefebvre publicó su libro El derecho a la ciudad. Si la ciudad es una obra de todos, socialmente producida, en ella todos deberíamos poder reconocernos, recrearnos y sentirnos como en nuestro hogar, Todos la producimos y seguimos produciéndola, por lo tanto tenemos derecho a ella, no es una cuestión de propiedad sino de derecho a decidir su futuro.

Como en las historias de espías de la guerra fría, el camarada Henri Lefebvre dejó un maletín con un peligroso contenido, dentro del maletín derecho a la ciudad hay la reivindicación de la propiedad social y la democracia, un socialismo dicho con otros nombres.

En los años recientes, las organizaciones, movimientos, algunos partidos incluso, que retomaron el concepto de “derecho a la ciudad” y lo llevaron a instancias como la ONU (tan apocalíptica es la crisis climática que ya hasta la ONU se preocupa por ella y la nombra) y a ser promulgado en cartas o declaraciones sobre el derecho a la ciudad de gobiernos como el brasileño o como el gobierno progre de Ebrard en el DF, hoy ciudad de México. Pareció un triunfo, pero al mismo tiempo el concepto se comenzó a fragmentar en una serie de políticas públicas aisladas que escamotean el contenido más subversivo: la democracia radical y participativa para decidir el futuro de la ciudad.

Gobiernos, Estados, partidos y movimientos ciudadanos progres, pero que no cuestionan ni el capitalismo ni el neoliberalismo, vaciaron el contenido del derecho a la ciudad y en lugar de un derecho democrático radical lo han convertido en concesión más o menos negociada por gobiernos que se muestran como mediadores entre los intereses del capital y una administración más o menos eficiente del conflicto social.

En el caso de la ciudad de México, la herencia de los gobiernos progres del PRD e incluso de AMLO fue la administración de dos sexenios por policías: Ebrard y Mancera. Además, Slim y AMLO contrataron los servicios del ultraderechista (hoy trumpista) Rudolph Giuliani para diseñarles una política de Cero Tolerancia, la consecuencia: La represión contra jóvenes, especialmente anarquistas; la gentrificación y el apoyo al cártel inmobiliario; la criminalización de los disidentes y los contraculturales; los desalojos violentos de inmuebles: en Tepito, bajo pretexto de “combate a la delincuencia”; contra la okupa Chanti Ollin y ahora, en uno de los casos más recientes: el desalojo violento por golpeadores y granaderos de la comunidad otomí en Roma 18, en un predio que fue embajada española de la resistencia antifranquista.

Después de más de 20 años de estar pacíficamente en posesión del predio, y de ser damnificados por el sismo del 19 de septiembre del 2017, los otomíes fueron desalojados ilegal y violentamente por un juicio promovido por la inmobiliaria Eduardo SA de CV contra un particular que no vive ahí, que no es ninguno de los otomíes, un particular que actualmente está en la cárcel.

El desalojo fue precedido de la criminalización de los otomíes por vecinos racistas, pero también por el ex delegado y actual senador morenista Ricardo Monreal. El político, vecinos racistas y medios amarillistas han acusado a los otomíes de delitos que no cometen (buen pretexto para despojarlos por “extinción de dominio”), los discriminan por ser indígenas, los acusan de “falsos” damnificados y hasta de “falsos” indígenas. Algún medio los acusó del “delito” de ser “Panchos Villas” (del Frente Popular Francisco Villa, que por cierto es una organización política no un grupo delictivo) aunque una manta en el campamento otomí dice claramente: “UPREZ- BJ” (Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata- Benito Juárez).

La vocera del Concejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio, Marichuy, los visitó hace unas semanas, porque son indígenas organizados en el Congreso Nacional Indígena y tienen sus concejales en el Concejo Indígena de Gobierno (incluso compas de redes de apoyo al CIG, que de buena fe los apoyaron con difusión, los consideraron “red de apoyo” porque ignoraban que son del CNI y del CIG).

El racismo, la violencia represiva, el despojo, la gentrificación, la exclusión, la segregación, la negación de derechos elementales como el derecho a la vivienda, a la educación, al empleo, a la certeza jurídica, al patrimonio, así como la criminalización, la calumnia y la difamación contra la comunidad son además de una suma de agravios, una negación y violación de diversos derechos, específicamente derechos de las comunidades indígenas consagrados en el Convenio 169 de la OIT. Y son una flagrante violación del derecho a la ciudad.

El racismo de gobernantes, empresarios, policías, grupos de choque, tuiteros, vecinos y medios comerciales es un ingrediente peligrosamente protofascista.  Algunos incluso se han metido a su campamento a tomar fotos y videos para subirlos a las redes con comentarios clasistas, racistas y fascistoides.

Los otomíes residentes en la ciudad de México, además de ser integrantes del CIG-CNI y de haber participado en el ejercicio de recoger firmas para Marichuy, han participado en las movilizaciones en solidaridad con los padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, en las marchas de los damnificados, en la marcha en CU de los estudiantes contra el porrismo. Participan también en la Coordinación Metropolitana Anticapitalista y Antipatriarcal con el CIG.

Dado que su presencia, trabajo y lucha, resistencia, solidaridad y rebeldía enriquecen nuestra ciudad, comenzando por la delegación Cuauhtémoc, donde residen desde hace décadas, la represión, el desprecio, el despojo contra los otomíes niega no solamente su derecho a la ciudad sino nuestro derecho a la ciudad.

Que “conmemoración” del movimiento estudiantil de 1968 más negativa puede haber que la “cooptación” del 68 por un gobierno progre y bonapartista arriba mientras abajo los porros vuelven a golpear, herir y amedrentar a los estudiantes que se organizan. Además, incluso entre los estudiantes (y algunos medios progres como Aristegui Noticias) ha avanzado un neomacartismo contra los anarquistas y contra los estudiantes que “pertenezcan a organizaciones” y un clasismo contra los integrantes del Okupa Che.

Décadas después de la publicación de El derecho a la ciudad, de Henri Lefebvre, es un concepto en disputa: arriba, en la ONU y los gobiernos progres es una lista de buenas intenciones firmada para ser letra muerta ante la (Mon)Real Politik neoliberal y gentrificadora de la ciudad mercancía; pero abajo, las resistencias luchan por hacerlo realidad, la defensa del territorio incluye la defensa de una ciudad plural, democrática, incluyente, diversa, no racista ni patriarcal, una ciudad donde quepamos todos, menos la intolerancia.

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