¿Por qué el #EZLN pateó el tablero?

Babel

¿Por qué el EZLN pateó el tablero?

Javier Hernández Alpízar

Entre López Obrador, Morena, sus aliados y votantes hay una narrativa tendenciosa, taimada: ellos son el cambio, ellos son los únicos que han luchado todos estos años contra la tiranía, ellos no agreden a nadie, son incluyentes, ahora tienen la legitimidad de su popularidad y representan a todo lo bueno, incluso a los indígenas, los buenos indígenas, los que le dieron el bastón de mando a Obrador, los suyos. Esa narrativa incluye una suerte de pensamiento mágico por el cual todo lo que en el pasado, bajo los regímenes del PAN, el PRI y con la complicidad del PRD (partido por el que sistemáticamente votaban los hoy morenistas) era malo, pésimo y debía combatirse, ahora es bueno, sano, representa el desarrollo, es legítimo y criticarlo es hacerle el juego a la derecha.

En esa tersa narrativa, la realidad histórica, la documentación periodística, la memoria de la lucha son cuidadosamente editadas (falseadas) en favor de AMLO, Morena y sus aliados: todo lo que se les opone viene del PRI, de Salinas, del mal y del malo.

Esa perspectiva maniquea de las cosas lo permite todo: el lenguaje soez de Taibo II lo confirma: tienen el poder y se consideran los machos alfa de la manada que se imponen a quienes se les oponen. Si alguien usara ese lenguaje (la roqueseñal, por ejemplo) sería sumamente criticable, pero ahora ellos son los vencedores y tienen derecho a hacer lo que les venga en gana, el ganador se lo lleva todo.

Respecto al EZLN, creen haber “recuperado” (haberles arrebatado) sus banderas: impulsarán, eso dicen, los acuerdos de San Andrés, los mismos que aliados y ex aliados suyos, como Bartlett y Ortega, traicionaron; además: tienen sus indígenas, los suyos (como el PRI tenía su Fidel Velázquez y su CTM), al EZLN lo invitaron a tomarse a foto y se negó, ahora hay que aplastarlo, eso no lo dicen con palabras, AMLO usa un lenguaje amigable, pero algunos de los talibanes del morenismo bots, trolls y tontos útiles masifican las calumnias que los moneros mercenarios de La Jornada, como El Fisgón, popularizaron desde hace 12 años o más. Y dan un paso contrainsurgente adelante: piden hacer la guerra al EZLN, como lo hizo Salinas de Gortari en respuesta al alzamiento de 1994.

El EZLN, sus comunidades, su autogobierno, sus territorios y proyectos autónomos quedaron en medio de los megaproyectos que ayer eran llamados parte del Plan Puebla-Panamá y ahora se denominan con otros nombres como tren “Maya” (nombre que usurpa a los indígenas mayas, pero si AMLO es ahora dueño del país, todo es suyo, esa es la lógica chauvinista de trolls y Taibos).

Hasta hace poco a algunas personas críticas les era claro que los megaproyectos, como el del Istmo de Tehuantepec o la explotación forestal privada de la Lacandona, eran parte de los planes geoestratégicos del capital mundial y especialmente de Washington. Autores como Armando Bartra y Andrés Barreda hicieron fama y currículum denunciando esa perversa colonización en artículos, conferencias, libros. Hoy son pocas voces honestas, como la de Carlos Fazio, las que denuncian que hay una continuidad de los megaproyectos y de la militarización, y que, en conjunto, obedecen más a los intereses de los Estados Unidos que a la “creatividad” de los operadores de AMLO, autores de geniales atisbos teóricos como “es un honor, estar con Obrador” (nótese la lucidez, i. e. la rima).

Si de parte de los vencedores y nuevos dueños de todo (que se vayan del país quienes no lo acepten: ¿se van hoy o parten mañana?) hay además de un sano chauvinismo y una deportiva horda de camisas guindas que lincha a quienes opinan distinto en las redes digitales: ¿Cómo se atreve alguien a usar un lenguaje que no sea la neolengua?; de parte del poder, hay un doble discurso,, palabras de diálogo y tolerancia: hechos de contrainsurgencia, megaproyectos de despojo y aumento de la militarización.

Los zapatistas deben tener muchos defectos, pero uno que no tienen es hacerse cómplices de la hipocresía, la mentira y el doble lenguaje: prefieren ser groseros que decir las cosas de modo taimado.

Bajo la superficie tersa de un lenguaje “positivo e incluyente” se esconden maniobras siniestras: transición pactada con la derecha y la oligarquía a cambio de continuidad neoliberal e impunidad de los delincuentes (sintomática, la liberación de Elba Esther y los funcionarios de Javier Duarte), y también a cambio de imponer los megaproyectos colonizadores, extractivistas, depredadores de la biodiversidad y alimentadores del cambio climático:

Explotación forestal comercial de la Selva Lacandona, muy probablemente con transgénicos y con una empresa del vicepresidente Alfonso Romo. En neolengua: “reforestación”

Tren desde Cancún a Palenque, curiosamente al lugar donde AMLO tiene su famoso rancho. En neolengua: “Tren Maya”

Tren de Coatzacoalcos a Salina Cruz, como los Tratados de McLane- Ocampo soñaron. En neolengua: “Tren Transístmico”

Continuidad del extractivismo minero, mineras criminales canadienses. En neolengua: “empleos para combatir la migración”

Proyecto de contener la migración centroamericana a Estados Unidos (hacerle el trabajo sucio a Trump) explotándola como mano de obra barata en los megaproyectos y mediante la policía o el ejército en “patrulla fronteriza”.

Continuidad de otros proyectos de despojo territorial a comunidades indígenas, campesinas, rurales y urbanas, como los parques eólicos en el Istmo. ¿Cómo se dice en neolengua “Zonas Económicas Especiales”?

Todos esos megaproyectos son de factura capitalista, principalmente del interés de los Estados Unidos. Acaso la única aportación de AMLO es llevar el tren hasta su querido Palenque, donde tiene su rancho y recuerdos de familia con familias amigas como la de Manuel Velasco, socio y amigo, operador de la contrainsurgencia paramilitar del Partido Verde desde la gubernatura de Chiapas, recuperada irregularmente con el voto de legisladores de Morena.

El Plan Puebla-Panamá, despojo, acumulación originaria o acumulación por desposesión, colonialismo interno, no había podido avanzar más debido a la impopularidad de Fox, Caderón y Peña, pero también debido a la resistencia en la región, en especial la resistencia territorial de las comunidades y pueblos indígenas que construyen autonomía. Hoy que arriba tienen un gobierno popular se disponen a aplastar las resistencias indígenas e imponer lo que PAN y PRI fueron incapaces de hacer. Morena retoma esa estafeta de colonización y la impone con otros nombres.

Además, la militarización no solamente sigue intacta, excepto por el desayuno muy temprano de los altos mandos castrenses con AMLO, sino que aumenta en 50 mil efectivos con el falso nombre de “Guardia Nacional”, el brazo armado de la IV Transformación y sus megaproyectos de acumulación capitalista por despojo.

Por si fuera poco, la creación de una oficina colonial de asuntos indígenas y de un sector indígena charro leal a AMLO para negar la existencia de los indígenas que defienden sus tierras y territorio, son todos ellos sumados elementos que no anuncian sino una avanzada contra los territorios rurales, campesinos, indígenas, selvas y bosques, montes, recursos bióticos, y una cuota mayor de deforestación y contaminación mayor para abonar al cambio climático.

Ante la ofensiva neocolonial, el lenguaje doble, la neolengua, los eufemismos para rebautizar todo lo que antes los pueblos han combatido con nombres como Plan Puebla-Panamá, militarización, contrainsurgencia, extractivismo, paramilitarismo (hoy llamados por el mercenario Mireles, “autodefensas”), era intolerable continuar con el lenguaje gazmoño de “fifís” o el triunfalismo guarro de Taibo II.

Esconder el conflicto tras palabras salameras es peor: los zapatistas dijeron las cosas por su nombre y desenmascararon a un sector racista, clasista, contrainsurgente y chauvinista del voto de Morena. Antes este sector retrógrado se había mostrado en el racismo y misoginia contra Marichuy. Ya estaba presente en caricaturas mercenarias como las de El Fisgón y compañía, quienes hoy hacen viñetas religiosas sobre San Andrés Manuel, y en plumas calumniadoras profesionales como las de Jaime Avilés, John Ackerman, Rodríguez Araujo y adláteres (Nexos, Letras Libres). Hoy algunos de ellos siguen siendo incapaces de reconocer que se están posicionando contra los zapatistas abiertamente, así que su contrainsurgencia la disfrazan de críticas a “Marcos”.

Los zapatistas hicieron política a lo Slavoj Zizek, contra la tolerancia, contra el multiculturalismo hipócrita que quiere ocultar la lucha de clases bajo un manto de “pluralidad incluyente” mientras por debajo de la mesa impone la dictadura del capital neoliberal depredador del planeta.

Probablemente un día los zapatistas darán su explicación de cómo decidieron celebrar, con semejante discurso, el 25 aniversario del alzamiento armado contra Salinas de Gortari y los malos gobiernos que hasta hoy continúan su obra. Por lo pronto mi hipótesis es que patearon el tablero para que aflorara el conflicto.

Hace no mucho, escuché a una activista italiana decir que necesitamos una pedagogía y una educación para el conflicto, no meramente la “resolución de conflictos”, sino que primero afloren y se manifiesten los conflictos ocultos, casi reprimidos.

Los zapatistas dieron voz al conflicto; las masas de repetidores de mentiras (como guajolotes) en las redes digitales expresaron la contrainsurgencia (de raíz salinista: Salinas mandó el ejército a combatir a los zapatistas y su argumento es que estaban “manipulados por una cúpula no indígena”, hoy miles de trolls repiten su voz), una veta de voto conservador por Morena. Tal vez la vergüenza haga a algunos deslindarse de esa obscena exhibición masiva de ignorancia y protofascismo, pero pocos son los que tienen el valor de decirle no a las bajas pasiones de las masas.

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