Toma los medios y hazlos mejores

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Toma los medios y hazlos mejores

Javier Hernández Alpízar

Toma una canción triste y hazla mejor (Lennon y McCartney)

Marco Lara Klahr fue director de La Voladora Radio[1], en Amecameca, Estado de México, radio libre, comunitaria. Es autor, entre otros libros de Nota(n) roja, en coautoría con Francesco Barata.[2] Es un defensor de los derechos de quienes son víctimas del amarillismo, el sensacionalismo, las calumnias de la nota roja y la violación a los derechos humanos y procesales, comenzando por el de presunción de inocencia: todos somos inocentes hasta que se pruebe lo contrario. Ha escrito en muchos medios impresos y lo mismo puede hacer un excelente artículo como “Garantía de periodismo: ¡Si muere trágicamente, l@ exhibimos!”[3], publicado en su página “Edad medi@tica”, que una reseña de un concierto de Shakira.

Comienzo presentando brevemente a Marco Lara Klahr porque quiero partir de su idea de que ante los medios de comunicación, puesto que vivimos en una edad medi@tica, no podemos ser meramente mediófobos. Por supuesto tampoco se trata de ser mediófilos. No es un asunto tan tonto o banal como el de Ernesto Zedillo al llamar a los inconformes “globalifóbicos”.

Los medios comerciales, los medios “de paga” como los han llamado los recientes comunicados zapatistas, los medios convencionales como los llama el Centro Prodh, son conceptuados por Lara Klahr como medios industriales. La categorización ayuda a entender el fenómeno, antes que a manifestar ante él filias o fobias. Como medios industriales producen en serie, en cadena, masivamente, como una maquila, y lo que producen, empaquetan y venden es información, noticias, notas, fotos, artículos, entrevistas, crónicas, opinión, editoriales, escándalos, entretenimiento, frivolidad, tratamiento morboso de los demás como la nota roja, violatoria de los derechos humanos, sí, pero podrían y deberían responder, aun siendo empresas comerciales, a una ética periodística y sobre todo a las leyes.

Marco Lara Klahr piensa que saber usar la ley y tratar de meter en cintura a los medios, comenzando por sus direcciones y redacciones, para hacerlos respetar los derechos humanos, entre ellos el derecho a la verdad y el derecho a saber, es una ruta más eficaz que el lamento: presionemos a los medios exhibiéndolos, mostrando que fallan, que lucran con el dolor, la vergüenza, la humillación ajena. Formemos públicos exigentes, críticos, conocedores, no meramente pasivos y acríticos.

Los medios libres, alternativos, comunitarios, etcétera, han tomado otra actitud: en vez de padecer los medios, decidieron tomar los medios, hacer los medios. Ese paso es importante: medios ciudadanos, medios de las organizaciones, medios militantes y comprometidos con los movimientos sociales, son medios otros.

Sin embargo, no de todo nos podemos enterar por los medios libres. No podemos caer en el dogma de “yo sólo veo medios libres”, como aquel militante comunista que cuando su compañero le preguntó si había leído una información en Proceso, le contestó: “yo sólo leo literatura marxista”.

En cambio sí, hay que trabajar en el perfil de los medios libres y su especificidad frente a los medios industriales, comerciales, convencionales o de paga, pero también tener una actitud no de mediofobia, sino de exigencia. Pongamos una comparación: dice Freire que, además de apoyar una educación popular liberadora, autónoma, emancipadora, tenemos que exigir que el Estado, mientras siga existiendo un Estado, cumpla con su obligación de garantizar el derecho a una educación gratuita y universal, una educación de calidad y no meramente el rótulo. El hecho de que hagamos escuelas alternativas no exime al Estado de cumplir con su deber. Y agregaríamos: si el estado no cumple con esos mínimos como derecho a la educación, la salud, etc. ¿para qué queremos un Estado?

Exactamente eso mismo debemos hacer ante los medios industriales: Hay que exigirles que respeten los derechos humanos, que no denigren a las víctimas, publiquen falsedades ni lucren con el dolor ajeno. Y hacerles ver qué leyes transgreden cuando no lo hacen. Mejor que ser mediófobos es ser críticos y exhibirlos constantemente, así como también reconocer cuando algunas reporteras y reporteros o medios hacen una cobertura decente, apegada a la verdad y al respeto al derecho de las personas involucradas en un hecho conflictivo.

Eso mismo, esa ética, tendría que ser la usual en un medio libre, y quizá dar así una cachetada con guante blanco a los medios industriales, dando ese tratamiento apegado a la verdad, citando sus fuentes (sean directas o indirectas), respetando la inteligencia del lector.

Hay algunas ideas que me parecen esclarecedoras sobre los medios libres. Una es de Ignacio del Valle, expresada en una reunión de medios libres en Atenco: los medios libres le enseñan claramente al pueblo quién es el enemigo. Aclaran confusiones, generan politización, no generan confusión acerca de quién es el enemigo a enfrentar (esa tarea suelen realizarla los medios industriales).

Otra, de una investigadora sobre medios, quien dice que viendo medios alternativos se da cuenta de que no es un exotismo, que el mundo no es esa gente blanca, adinerada o clasemediera, el estereotipo difundido por los medios masivos, sino que el mundo está lleno de gente de todos los colores, estilos, modos de ser, culturas, maneras. Contra la normalización pasteurizadora, racista y eurocéntrica, el mundo donde quepan muchos mundos.

Y ya que estamos pensando en voz alta sobre los medios, traigo a colación una idea de la feminista Sara Lovera: importan, porque forman percepción y opinión públicas, los medios reales, los de verdad, los que la gente ve, escucha, lee cotidianamente. Llegar a ser medios reales, en el sentido no de realeza sino de realidad (no estamos jugando con las palabras: los medios libres fueron hasta La Realidad, hicieron su trabajo) es la meta. Pero también ser los medios que acompañen cotidianamente a la gente, no medios de autoconsumo.

Juntando un poco de esas premisas, los medios libres tienen que tener una posición política e ideológica clara y explícita. Algunos medios industriales la tienen (sobre todo los de derechas), pero otros o se escudan en una falsa objetividad y neutralidad que mal oculta su posición pro status quo o se pretenden de izquierdas mientras que su carácter de empresas comerciales en un mercado capitalista los vuelve más y más conservadores (neoliberales) conforme pasa el tiempo. La ideología liberal (“progre”) de una directiva es algo endeble, cambiante según la buena o mala relación que establezcan con gobernantes, empresas y poderes formales y fácticos.

Pero sobre todo, los medios libres deben defender su independencia, su autonomía, su diversidad, su derecho a la diferencia. Su lenguaje, su estilo, su modo. Si logran pintar y compartir, buen encuadrada, enfocada y contextualizada, una parte de la realidad, la que construyen los pueblos desde abajo, y mostrarla a sus lectores, escuchas, videntes (ya hay TV alternativa) de una manera que las politice, que les dé elementos para una participación política informada e inteligente, estarán contrarrestando el pesado influjo de unos medios industriales que han sobreadaptado a los mexicanos a la violencia.

Si pueden cumplir más tareas, eso lo irán avanzando con su creatividad los medios libres, con compromiso político explícito, no encadenados al falso ritual pluralista de los medios industriales.

Y finalmente, por el momento, porque la reflexión sobre los medios industriales y los alternativos no se puede acabar, recién comienza, no olvidemos que en los medios libres también hay un arriba y un abajo: abajo están los trabajadores y trabajadoras, algunos de los cuales llevan su compromiso con la verdad y la crítica tan lejos que viven bajo constantes censuras, amenazas, cortapisas, acosos, agresiones y a veces pagan con su vida, con su muerte. Por algo reclamamos, por ejemplo, justicia para Regina Martínez. No son homogéneos esos medios industriales, tienen fisuras, fugas, leaks y wikileaks.

Normalmente los medios industriales niegan, minimizan, invisibilizan a los medios libres, por ejemplo usan sus materiales e información sin citarlos ni darles crédito, pero los medios libres no pueden hacer lo mismo, no solamente porque no pueden cerrar los ojos a la realidad por filias y fobias, sino porque se deben al respeto por sus lectores, seguidores, escuchas, por ello, en el mundo de los medios libres sí aparecen los medios industriales, cuando amerita el caso, y aunque no sea más que para criticarlos: por nombre y apellido, y no como “el changarro de enfrente”.

Y si el modelo de esos medios es industrial, ¿qué modelo siguen los medios libres, o qué modelos? Tal vez ya hay varios y quizás falten otros por probar, por inventar. Faltan, urgen, caricaturistas, hacedores de cómics, de abajo y a la izquierda. Por lo pronto los zapatistas han reconocido, ya hace rato, a los medios libres, y otras organizaciones han venido aprendiendo a hacerlo, hagámoslo todos: en lugar de sufrir o denostar los medios, tomar los medios… y hacerlos mejores.

[1] http://lavoladora.net/

[2] http://zapateando2.wordpress.com/2011/07/05/industria-de-fabricar-culpables/

[3] http://www.marcolaraklahr.mx/garantia-de-periodismo-si-muere-tragicamente-l-exhibimos/

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