Un México sin gatopardismo

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Un México sin gatopardismo

Javier Hernández Alpízar

La consigna “un México sin PRI”·es correcta. Es todo un programa que puede orientar estrategias y tácticas. Pero no debemos olvidar jamás el inmenso daño que le hizo a México el PAN llevando al poder a Fox y Calderón, dos de los peores presidentes que ha sufrido el país; especialmente Calderón, el peor de todos, no superado en daño al país por ningún otro presidente, al menos desde el siglo XX.

Al revés de los gobiernos de los Estados Unidos, capaces de realizar una masacre por la muerte de uno de los suyos, Calderón emprendió una masacre de más de 83 mil mexicanos (los homicidios violentos en su sexenio fueron más de cien mil, y recientemente se filtró a la prensa en USA que la PGR tiene registro de 25 mil desaparecidos), y todo para servir fielmente a Washington. Por ello ahora tendrá refugio en ese país, al igual que Zedillo, cuyas matanzas (como Acteal) siguen impunes, cobijadas bajo la sombra de la más sangrienta etapa de la vida contemporánea del país: 2006- 2012.

Lo peor es que el actual gobierno piista, por sus antecedentes, por la manera de tomar posesión e iniciar su régimen y por todo lo que políticamente representa, parece que seguirá el camino de muerte y destrucción del país que dejaron andado los dos gobiernos panistas. Así que ninguna masacre en los Estados Unidos, por dolorosa que sea toda tragedia, se compara con lo que su negocio de la muerte, las armas, la violencia, la guerra y el crimen le ha hecho y sigue haciendo todos los días a nuestro país.

Sería de sentido común que si se desea salvar a una especie, a una raza, a un pueblo o comunidad, se pensaría en salvar a sus mujeres, sus jóvenes, sus niñas y niños, en cambio el sexenio pasado fuimos gobernados como si el propósito fuera el contrario: acabarnos. No solamente por las más de 100 mil muertes violentas y más de 25 mil desapariciones, sino por la destrucción de todo lo que puede hacer posible el futuro de México: El agua, los recursos naturales, el territorio, el campo, el maíz, la fuerza de la gente, sus instituciones más duraderas, su sistema legal, sus derechos, todo. Fuimos gobernados como por un poder imperial extraño, y de manera de quedarnos casi sin posibilidades de reconstruir la vida del país, y por quienes decían querer la democracia para el país.

Después de los fraudes de 1988, 2006 y 2012 (solamente como las referencias más gráficas, porque lo fraudulento de las elecciones en México abarca cada elección interna importante en el PRD, cada elección interna sindical y hasta las jefaturas vecinales), insistir en arar el porvenir con viejos bueyes, y sobre todo que la democracia se haga en los bueyes del compadre, seguirá siendo una política bovina cada vez más parecida al camino de las reses al matadero.   Algo que para mí ha sido un misterio es cómo la oposición que se reclama de izquierda puede aborrecer al PRI pero aceptar a cuanto líder o candidato ex priista le dicen que es ahora progresista, de izquierda y democrático.

Si bien en positivo hay pocas cosas claras para una oposición nacional fuerte, masiva, es muy claro lo que los mexicanos ya no queremos ni necesitamos. Hay un creciente consenso en: “Un México sin PRI” que debe abarcar también toda la red de corrupción y la subcultura del fraude que hacen posible la inducción e imposición de la hegemonía del PRI y de los poderes fácticos que lo arropan, pero también de los vasos comunicantes que a derecha e izquierda tiene el PRI con los demás partidos: palpable en el intercambio “genético”, las vueltas de los mismos comensales en la mesa, como en un té de Alicia en Wonderland. Seguir aceptando a los “ex” conservadores presuntamente recién conversos a la democracia en las nuevas o pretendidamente nuevas fuerzas políticas será una manera de seguir desperdiciando energía social, por muy sacrificada y generosa que sea. La participación del GDF en la represión contra los jóvenes no es algo nuevo, antes ha reprimido a toda disidencia, de la Otra Campaña a la APPO, y desde luego, siempre a los anarquistas y a toda movilización que no controlen sus líderes ex priistas. De los demás gobiernos perredistas, impulsados por los mismos votantes que hoy capitaliza Morena, ya mejor ni hablar.

Hay que comenzar por dejar atrás a quienes son parte de ese lodazal priista y sus retoños que se pretenden nuevos cambiando de colores para permanecer igual. El gatopardismo es una manera de llegar siempre al mismo lugar. Si no se quieren cambiar las cosas, seguir fingiendo es suficiente. Si se quieren cambios, el gatopardismo es el primer enemigo a combatir.

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