Decrecimiento o cómo seguir adelante en un planeta al cual parece que hemos llevado al límite

Babel

Decrecimiento o cómo seguir adelante en un planeta al cual parece que hemos llevado al límite

El cambio climático dejó de ser una mera especulación “prospectiva” de especialistas para ponerse frente a la mirada de todos como una grave amenaza al futuro de la especie. Algunas reflexiones de autores como Martin Heidegger, Simone Weil, Wendell Berry e Iván Illich nos pueden permitir pensar en caminos alternativos al dogma desarrollista del crecimiento. Sus aportaciones nos pueden inspirar praxis políticas, ecológicas y educativas que incidan en el debate y las acciones colectivas y sociales a niveles globales y locales.

Javier Hernández Alpízar

“La muerte del dragón”, cuento de Dino Buzzati, nos puede ayudar a la comprensión icónica del momento en que extinguimos lo sagrado o lo “arcaico”. Lo que en las sagas de cazadores de dragones había sido épico: el valiente caballero enfrentando a una bestia superior y fabulosa, capaz de arrojar fuego y de resistir al embate del héroe, en la fabulación de Dino Buzzati se convierte en una antiépica, aquí la historia de nuestra especie es una narración de antihéroes, torpes, ciegos, cegados por la autoconfianza moderna en nuestra superioridad, nuestra ciencia y técnica, nuestras armas de fuego, nuestro desprecio por lo antiguo y medieval. “Del cuerpo del dragón, carcasa apergaminada, se elevaban sin pausa los dos hilos de humo que se retorcían con lentitud en el aire estancado. Todo parecía haber acabado, un triste suceso digno de olvido, eso era todo.”[1]

Los personajes devienen casi trágicos. Asisten a la muerte del dragón y al cobarde asesinato de sus críos, o mejor dicho: participan como instrumentos de un destino torpe, despreciable y vergonzoso. No es un grito de libertad y superioridad, sino el bochorno de haber perpetrado un gran mal e incluso el aguijón de haber preparado nuestra propia muerte en lugar de nuestro triunfo.

La dialéctica del iluminismo es contada como un anticuento de hadas, pues así como Theodor W. Adorno y Max Horkheimer habían encontrado esa dinámica interna de la Ilustración como un sujeto bifronte, doctor Jekyll y Mr. Hyde, proceso que nos libera de miedos supersticiosos y nos deja en un mundo desencantado donde el conocimiento es dominio, poder y sometimiento de todo, así también la muerte del dragón (“El desencantamiento del mundo es la liquidación del animismo.”[2]) empobrece al mundo, lo mutila y vuelve unidimensional, prosaico, carente de verdadera humanidad.

Occidente mata al dragón porque ha codificado a la naturaleza como hostil. Oriente había tenido dragones sagrados, de buen augurio, asociados a la lluvia como en China, o a la tierra entera, la naturaleza toda, como el Quetzacóatl-Kukulkán mesoamericano. Carl Sagan especula que nuestra aversión a los reptiles quizá viene del hecho de que los dinosaurios fueron señores de un mundo donde los mamíferos eran los marginales, ya que sólo cuando ellos se extinguieron los mamíferos prosperaron. [3] Pero me parece mucho más asertivo que la serpiente, los reptiles y los dragones representan a la tierra, la naturaleza, que para Oriente es madre generosa y para Occidente enemiga a subyugar.

Sin embargo, no solamente desacralizamos a la naturaleza, matamos a los dioses y domesticamos a los seres feéricos para que fueran diversión de nuestras hijas e hijos en los cuentos, también envilecimos, volvimos mercancías a los cuatro elementos: la tierra (el territorio), el agua, el aire (el viento), y el fuego (la energía),[4] convertido en nuestro sirviente en la cocina y nuestro sicario y asesino en la guerra. La era atómica, para José Revueltas, una nueva etapa en la historia de la humanidad, es para Akira Kurosawa y Hayao Miyazaki el inicio de una nueva épica, sueño y pesadilla postapocalíptica; para nosotros es hoy, quizás, el desenlace de una profecía autocumplida: el dragón murió y, disecado, fue el inicio de la taxidermia interminable de nuestro mundo de la vida.[5] No pudiendo colonizar nada más allá, pues la tierra es una esfera finita, terminamos por colonizarnos a nosotros mismos, colonizamos nuestros deseos, los llenamos de tóxicos sueños de imperio y poder, y dejamos de ver que la Tierra padece por nuestra avidez de “recursos naturales” y energía “barata”.

Probablemente no murió lo sagrado sino nuestra conciencia de lo sagrado. La luz del día era limitada, y con las noches el mundo se cubría de sombras: ¿el reino de la nada, el reino de los muertos, de los animales, de los dioses? Sin embargo, a la angustia de esperar el nuevo amanecer fue desalojándola la confianza en que el ciclo se cumple, primero logramos domesticar el fuego y prolongar la compañía de la luz, caro recurso y, también, cara metáfora de lo que nos muestra el mundo y sana nuestros miedos. Probablemente el exceso fue la apropiación de la energía eléctrica, que perpetuó la jornada del día y por ende la del trabajo. Prolongamos artificialmente el día y creímos haber controlado el tiempo. La copia terrestre de nuestra vía láctea, las luces de las ciudades, hogueras de nuestra tribu en las noches del planeta, parecen anunciar, a menos que un poco probable “milagro” nos “salve”, la muerte de nuestro reinado.

Mas no solamente perdimos muchos de nuestros miedos –otros se agazaparon dentro de nosotros para roernos por dentro– sino que perdimos el respeto. Dueños del día y de la noche, pensamos que no quedaba nada sagrado. Lo hicimos hipócritamente, porque al mismo tiempo que desacralizábamos el mundo natural, comenzábamos a endiosar, sacralizar y fetichizar al dinero, el Becerro de Oro, el nuevo amo indiscutible.

A contramano del proceso histórico realmente existente, los modernos, es decir, los europeos y los colonizados por los europeos y, en mayor o menor grado, “europeizados”, nos inventamos una narrativa autocentrada: eurocéntrica, modernocéntrica, según la cual, la historia de nuestro planeta y nuestro mundo es la del progreso, el ascenso en el grado de conciencia, de raciocinio y libertad. ¡Oh, cuánto tuviste que engañarte, Hegel, para creerte y para vendernos el cuento del espíritu que va cobrando conciencia de sí mismo con el paso del tiempo histórico a nuevos y “superiores” estadíos! Ya los jóvenes Karl Marx y Friedrich Engels describían, en el mismo nacimiento y pujanza juvenil del capitalismo industrial en Inglaterra, la combinación deletérea entre la decadencia del mundo medieval y la barbarie del mundo capitalista: la riqueza monopólica y el poder, la prepotencia del capital, nacían chorreando sangre y lodo. Y desde el inicio, los ríos de Inglaterra contaminados por la industria textil denunciaban que la naturaleza, convertida en mercancía, sobreexplotada y prostituida, se convertía en miasmas inmundas, al tiempo que los trabajadores, explotados hasta la enfermedad y la muerte prematura, eran el testimonio de que el espíritu no se elevaba a mayores alturas como quería creer Hegel, sino que se sumía en un envilecimiento que en más de un aspecto hacía palidecer a los sufrimientos de esclavos y siervos de épocas pretéritas.[6]

A inicios del siglo XX, Walter Benjamin recuperaba el espíritu utópico: las técnicas modernas, como el cine y la fotografía, que hacían masivamente reproducible el arte, parecían prometer una veta liberadora, redentora. Probablemente un tiempo mesiánico o prometeico se anunciaba en la posible revolución social aliada a una técnica o tecnología lúdica que en lugar de alienar más a los seres humanos, de sí mismos y de la naturaleza, los reconciliara, los religara.[7]

Después vinieron dos guerras mundiales: los campos de concentración y de exterminio genocida y dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki echaron por tierra los sueños, dando sentido al visionario dilema planteado por Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie. Y en el silogismo disyuntivo, cancelada la vía socialista por el totalitarismo real, se adueñó del mundo la barbarie, temporalmente disimulada por el consumismo del fordismo y el keynesianismo (la “sociedad de consumo”), pero luego, arrancada la piel de oveja y desatada la bestia del capitalismo salvaje, el dios al que nuestra civilización (summa de decadencia y barbarie) sacrifica la naturaleza y los seres humanos, naturaleza humanizada, en el altar del dinero y la violencia. Al señalar al capitalismo, sigo mi conciencia ética, pero también hago eco de las palabras de don Pablo González Casanova, ex rector de la UNAM, quien escribió: “La verdad completa sólo se logra si al ‘colonialismo’ y a ‘la dependencia’, se añade ‘el capitalismo’ en su situación actual.” [8]

Con su mejor buena fe, los expertos en las ciencias naturales han pensado en un autocontrol de los seres humanos (en abstracto, sin atender a la división entre clases poderosas y clases desposeídas) como manera de dar un uso “racional” a “los materiales de la civilización”: “buscar las condiciones que permitan continuar con el desarrollo de nuestra civilización. Por supuesto que la esperanza es generar soluciones que no produzcan cambios bruscos ni radicales y que se propicien los suficientes adelantos para lograr un uso más racional de los materiales. Asimismo, este ideal también debe tomar en cuenta a las generaciones futuras para que no hereden un planeta estéril, inhóspito y falto de todos aquellos recursos no renovables y sus sustitutos.”[9] Suenan a involuntario sarcasmo las arengas, según las cuales, una humanidad sin jerarquías puede decidir lo mejor para todos, sin imposiciones de los poderosos y sus intereses: “Como ciudadano del mundo, a todos los hombres nos corresponde vigilar la utilización que se les dé a todos los materiales que han forjado nuestro medio ambiente con el fin de evitar su derroche irracional y su mal uso.”[10]

En el mundo están concentradas la riqueza y el poder en tan pocas manos que las decisiones sobre lo que puede afectar el futuro de toda la humanidad no pueden ser tomadas democráticamente. Era ya así desde el oligopolio de las armas nucleares y otras amenazas de destrucción masiva: en 1990, al final de la llamada guerra fría, Washington y Moscú concentraban el 97% de arsenal nuclear[11]. Sigue sucediendo hoy, con la concentración del poder del dinero en una elite o plutonomía mundial: “el 0.1 por ciento de los más ricos del planeta, 4.5 millones de adultos del total de 4 mil 500 millones de adultos del mundo, concentra riqueza neta de alrededor de 10 millones de euros, esto es, una participación en la riqueza total de casi 20 por ciento.”[12] Acumulación de riqueza que asegura a esa pequeña porción de la humanidad el monopolio del poder, especialmente en las decisiones económico-ecológicas. Además, esta elite es masculina y está afianzada en el patriarcado. El dominio del varón sobre la mujer es, al menos, homólogo del dominio sobre lo otro natural (Tierra, plantas, animales) y está fuertemente correlacionado con la imposibilidad de tomar decisiones democráticas en asuntos del cuidado de la naturaleza, por ejemplo, en la decisión de cuántos hijos tiene una pareja, sin ir más lejos. La argumentación de esta correlación entre el imperio masculino sobre las mujeres y la prepotencia de la especie humana, i. e. de una elite de los varones de ella, sobre el mundo natural puede leerse en el libro de Lizbeth Sagols, La ética ante la crisis ecológica.[13] Por ello, así como, a mi parecer, correctamente, las feministas insisten en que la emancipación femenina debe ser un tema transversal en las agendas políticas liberadoras, asimismo, el anticapitalismo y el ecologismo tienen que ser pensados juntos y llevados a praxis conjuntas deliberadas, como plantean los “ecosocialistas”.[14]

En este sentido, un esfuerzo por enfrentar realmente el problema de la crisis ambiental y el cambio climático pasa por entenderlo como injusticia climática y antidemocracia en la toma de decisiones que entorpecen de origen cualquier iniciativa: “La indolencia política de ese ‘nosotros’ abstracto ignora soberanamente las influencias del poder y sus efectos, por lo cual se transforma en ideología.”[15]

Pensar en soluciones de corto alcance, que “no produzcan cambios bruscos ni radicales”[16], es simplemente no entender la complejidad en la que se intersectan capitalismo y patriarcado con explotación, desigualdad, injusticia y devastación ambiental, incluido el cambio climático.

Es irónico que hayan sido los combustibles fósiles la fuente de energía que le dio vida e ilusión al periodo capitalista de derroche, sobreproducción, sobreconsumo, crisis de sobreacumulación y “desrealización”[17], crecimiento demográfico exponencial y una, hoy lo sabemos, efímera, “civilización del petróleo”, como la ha llamado el economista Andrés Barreda.[18]

Irónico, porque quienes han estudiado la genealogía de los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas, nos han explicado que fueron los extintos bosques y selvas, los cuerpos de los animales de eras geológicas anteriores, extintos masiva y repentinamente, los que dieron lugar a esa materia convertida en combustible. De ahí su apellido: “fósil”.

La naturaleza había asimilado la podredumbre de la destrucción masiva de especies, mundos de vida enteros, destruidos sorpresivamente como en los mitos universales y ubicuos del Diluvio. La fosilización de esa materia en carbón, petróleo y gas fue el resultado de esa asimilación, una digestión y control de daños que permitió sanear la tierra en la superficie y dejó prosperar a los mamíferos y otros animales y vegetales para nuevos tiempos. La naturaleza regenera al planeta de las catástrofes, tal como el “Mar de la Decadencia” va descontaminando la Tierra en la película de Hayao Miyazaki “Nausicaa, Guerreros del viento”. Parece claro que, como piensa Simone Weil, “nuestro pecado es no poder realizar la fotosíntesis”, y pues los vegetales son los únicos que pueden regenerar el mundo gravemente alterado por los humanos.

La saga de Jurasic Park y Jurasic World encierra una metáfora exacta que en la historia humana se realiza de manera menos romántica y, muy probablemente, sin final feliz: en las novelas y filmes de la saga mencionada, los humanos, biotecnología de por medio, resucitan a los dinosaurios creyendo que los pueden tener bajo control como bestias de feria, pero una y otra vez pierden el control y la vida, siguiendo su curso, libera a los dinosaurios y los vuelve de nuevo bestias magníficas y libres.

En la historia real no reprodujimos a los dinosaurios, pero con una tecnología mucho menos sofisticada, convertimos el combustible fósil que dejaron al ser destruidos en la materia de nuestro fantasmagórico mundo del fetichismo de la mercancía, el dinero, el progreso y la tecnología. Pero al volver a quemar las emisiones de dióxido de carbono que la naturaleza había recogido y encerrado bajo tierra, las liberamos como gases de efecto invernadero y estamos haciendo posible que no sea necesario un meteorito colosal para acabar con la era de nuestra especie y dar paso a una era geológica posthumana.

Casi se antoja pensar que los mitos del mundo antiguo son más exactos que la moderna narrativa del ascenso civilizatorio, en algunos aspectos la historia humana puede leerse, paradójica y provocativamente, como un descenso de humanidad: los viejos seres humanos, hace miles de años, como el hombre de Cro-Magnon, habrían tenido, como lee John Berger[19] en sus dibujos y pinturas rupestres de la cueva de Chauvet, un conocimiento más sabio de la naturaleza y de los animales, en medio de los cuales vivían como minoría, un mundo con misterios pero, por eso mismo, con límites que impedían la hipertrofia contraproductiva que el gigantismo moderno ha emprendido.

Probablemente esos viejos mitos, que enseñaban a casi todos, y probablemente a todos, los pueblos antiguos del mundo que la naturaleza era sagrada y nos alimentaba a condición de respetar su misterio y sus límites, estaban más cercanos a la verdad de una Madre Tierra, una Pachamama, una Gaia, una Diosa Madre viva a la cual nosotros explotamos y prostituimos sin piedad porque la industria capitalista y la técnica moderna la han desacralizado y convertido en nuestra esclava.

Quizás la enfermedad de la Tierra se está curando mediante el expediente de aniquilarnos a los causantes de su padecimiento para permitir el nuevo florecimiento de la vida en un planeta singular, único hasta donde sabemos, al cual no hemos aprendido a amar y del cual no hemos sabido ser habitantes sabios, como nuestro soberbio nombre presume. Algunos autores como Edgar Morin y Anne Brigitte Kern intentan generar una conciencia de especie, de ser ciudadanos del Planeta Tierra, pero estamos lejos de que esta idea sea horizonte cotidiano de nuestra praxis.[20] Y no es un asunto sólo de conciencia, por la antidemocrática concentración de las decisiones, como ya vimos, sino de organización social y de transformación sistémica.

De cuando en cuando aparecen en los medios noticias, perdidas entre los escándalos del momento, sobre los síntomas de la agonía de la Tierra: islas de plástico en los océanos, achicamiento del hielo en los polos, aumentos constantes en la extinción masiva de especies, en el avance del desierto sobre lo que fueron antes bosques y selvas, primeras migraciones humanas masivas del sur empobrecido, sobreexplotado y hambriento a un norte que quiere encerrarse como en un búnker.[21] Probablemente la Tierra se ha acabado, la noticia pasó desapercibida y no nos enteramos. Cuando nos demos cuenta, quizá ya no sea tiempo ni siquiera de repasar velozmente nuestros recuerdos. Así que ahora, en este momento oscuro, como en una novela de Ernesto Sabato, podemos ser los personajes incómodos que en medio de la fiesta y el triunfalismo del consumo alzan la voz para decir que estamos matando a la Tierra, que nuestro mundo de la vida sucumbe ante nuestra insaciable voracidad de colonizar, explotar y consumir. Un mundo donde el fetichismo del dinero nos ha vuelto ciegos a nuestra necesidad de la Tierra, como en el aforismo de la canción de Luis Eduardo Aute: “Hoy cualquier cerdo es capaz de quemar el Edén por cobrar un seguro”.

Queda tal vez apenas tiempo para tener conciencia de que la nuestra fue una historia única, que no se repetirá, como no se repetirán los ciclos de vida de las primeras bacterias, los anfibios, los dinosaurios o los grandes mamíferos que ayudamos a extinguir. Tal vez el tener una conciencia, in extremis, de nuestro destino sea nuestra aportación efímera en la vida, mucho más dilatada que la nuestra, de este planeta. Contémonos esas últimas historias sobre una especie que soñó ser la reina del mundo.

No se trata de ser “optimistas” que esperan nuestra salvación de fuerzas ajenas a nosotros. “El único entusiasmo justificable es el que acompaña la voluntad inteligente, la actividad inteligente, la creación rica en iniciativas concretas que modifican la realidad existente”.[22]

Lo primero es no negar la realidad. Incluso las estimaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) son altamente conservadoras para poder ser divulgadas después de un filtro de gobiernos y poderes de facto mundiales.[23] No obstante, lo claro es que estamos tocando fondo, que estamos llegando al límite de la capacidad del planeta para darnos sustento ante lo altamente demandantes de energía y “recursos” en que nos hemos convertido.

Como sintetizó en una entrevista para la Gaceta UNAM el doctor Luca Ferrari: Seguimos hablando de crecimiento económico como deseable y posible. Todo incremento del producto interno bruto, por pequeño que sea, es exponencial. Se da por hecho que el crecimiento exponencial infinito es posible, necesario y positivo: sin embargo, no puede continuar para siempre en un planeta finito, y a largo plazo se vuelve nocivo”.[24]

La autora de la nota y entrevistadora concluye así: (Luca Ferrari) “propone considerar el decrecimiento, que es una disminución regular y controlada de la producción económica, para establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los seres humanos.” [25]

¿Decrecer? ¿No solamente no crecer, o dejar de crecer, lo cual en el capitalismo ya es impensable, sino “decrecer”? Esta tremenda herejía contra el capitalismo, contra la sociedad industrial, contra la modernidad y contra el voluntarismo de Occidente (el mismo que acabó con dragones y dioses) necesita mucha reflexión para ser comprendida y mucha voluntad inteligente y comprensiva para ser abrazada. Por ello dedicaremos, en lo que sigue, algunas páginas para tratar de hacer comprensible el concepto desde algunos pensadores precursores en el campo de hacer una crítica de lo que hoy llamaríamos una dinámica y un proceso civilizatorio no sostenible ni sustentable.

Martin Heidegger era un pensador que no compartía el prejuicio moderno de que lo nuevo o lo actual son necesariamente mejores que lo antiguo o lo medieval. Ejercía casi el dogma opuesto: encontraba que la relación con conceptos fundamentales como el ser (el tema de toda su vida), la verdad (des-ocultamiento), la naturaleza (la “físis” griega), el habitar, el producir (la “poiesis”) había sido más profunda y rica en los atisbos “originarios” de los griegos. Ante esas intuiciones primeras de los presocráticos, el decurso posterior de la filosofía fue agregando una especie de palimsesto de traducciones, versiones e interpretaciones que fueron oscureciendo esa primigenia experiencia del ser y el pensar.

Una de las muchas experiencias, vivencias, y modos originarios de pensar que más se empobrecieron fue la experiencia del ser de los entes, es decir, nuestra idea de las cosas o de la esencia de ellas, sean las naturales o las producidas técnicamente por el ser humano. El desocultamiento de los entes, especialmente el de los naturales, para los griegos (y agregamos: otros pueblos antiguos), implicaba una cierta inconmesurabilidad, era un ocultarse al tiempo que se desocultaban, no mostrando nunca su entidad como mera presencia, mucho menos como un “recurso” para el ser humano productor, pero para los modernos esta relación se volvió un emplazamiento reduccionista: “El hacer salir de lo oculto que prevalece en la técnica moderna es una provocación que pone ante la Naturaleza la exigencia de suministrar energía que como tal pueda ser extraída y almacenada.”[26]

La naturaleza es una especie de esclava, condenada por nuestra metafísica, nuestra concepción de la realidad, a ser proveedora de energías y materias, “recursos naturales” de “nuestra” poderosa industria.

La comprensión de la estructura ontológica de esta relación entre seres humanos y “entes” nos revela el grave peligro en que estamos: hemos perdido el sentido ontológico de nuestra relación con el mundo y lo hemos reducido a un almacén de existencias a nuestra disposición. Sin embargo, en esa misma riesgosa estructura está implícita la posibilidad de modificar nuestra relación y recuperar el sentido del ser: una relación ontológica con el ser y con el ser del ente, y no una relación metafísica con entes que concebimos como meras presencias que se reducen a nuestra representación y luego a insumos para nuestro producir-consumir destructivo.

El diagnóstico de Martin Heidegger, si bien es profundo, nos reduce a una pasiva espera y escucha de un nuevo desocultarse del ente, del ser del ente. Hay probablemente en el filósofo de la Selva Negra una nostalgia de ese encantamiento del mundo, ese “animismo” que Max Horkheimer y Theodor Adorno ya nos mostraron derribado por la iconoclasta razón. La revuelta de Martin Heidegger contra el iluminismo es erudita y asombrosa, pero probablemente la urgencia del cambio climático nos exige mucho más que serenidad, meditación y una vuelta el origen griego del camino espiritual o intelectual de Occidente.

La lección es imperdible: nuestro ser mismo está involucrado en esta encrucijada civilizatoria crítica. No se trata solamente de ahorrar existencias para las generaciones productivistas-consumidoras futuras, como las mejor intencionadas definiciones de “sustentabilidad” suponen: se trata de corregir nuestra mirada sobre, y nuestra experiencia de, nuestro mundo. Antes lo empobrecimos, mediante una suerte de sobreexposición a la luz de la razón que en lugar de revelárnoslo ha terminado velándonos su verdad y reduciendo a la Naturaleza a “recurso” y al ser humano a “explotador de recursos”. Sin embargo somos naturaleza, por ello también hemos terminando siendo “recurso humano” para la gran maquinaria social capitalista que nos aliena y destruye nuestro planeta.

¿Cómo dejar de ver como nuda “materia prima” a una naturaleza viva y maravillosa si nuestro sistema económico-social-político capitalista nos simplifica como productores-consumidores apéndices del robot mundial capital? Tal vez a Martin Heidegger le hizo falta ser menos escéptico respecto al marxismo que hizo en el siglo XIX una crítica radical de esa modernidad que también Heidegger cuestionó. Quizás para nosotros no se trata de optar entre Karl Max y Martin Heidegger, sino de articular las mejores herramientas conceptuales de ambos para trabajar.[27]

Simone Weil es una pensadora radical cuya breve vida nos legó, casi toda ella publicada póstumamente, una obra luminosa: especie de suma de ingenuidad y perspicacia agudas. Ella también amaba a los griegos clásicos, como Martin Heidegger y en cierta medida Karl Marx. Pero no era antimoderna, se había formado estudiando a Rene Descartes y Emmanuel Kant, lo mismo que a pensadores heréticos del medievo y la antigüedad, e incluso si algunos no eran heréticos, ella los leía heréticamente. Simone Weil admiraba tanto el pensamiento racional filosófico que escribió en su tesis de estudios profesionales: “El mayor momento de la historia, así como hay un gran momento en cada vida, fue la aparición del geómetra Tales, que renace en cada generación de escolares.”[28] Sin embargo, sabía que todo pensamiento, incluso el más autorizado, tiene que leerse críticamente: “se trata nada menos que de saber si debo someter la conducción de mi vida a la autoridad de los sabios o sólo a las luces de mi propia razón”, como escribió en su tesis.[29]

Simone Weil identificó en los nazis a un viejo enemigo de la humanidad que existía desde el Imperio Romano, o aun antes quizá, y que volvería con los socialismos realmente existentes, que ella criticaba como la Gran Bestia.

A pesar de que sus ambiciones eran radicalmente espirituales, probablemente la herencia de una raíz judía (la cual ella no reivindicaba, pues era suma y acremente crítica del pueblo del Antiguo Testamento) le hizo comprender que salvar almas no es separable de salvar cuerpos, naturaleza. El ser humano, aun si como ella piensa tiene un destino trascendente más allá de nuestra vida terrestre y mortal, es un alma que necesita echar raíces, tener, como diría Martin Heidegger un mundo, y como expresó Edmund Husserl, un mundo de la vida. Ese echar raíces es vital, esencial, y nos determina y obliga: “Echar raíces quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana. Es una de las más difíciles de definir. Un ser humano tiene una raíz en virtud de una participación real, activa y natural en la existencia de una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro. Participación natural, esto es, inducida naturalmente por el lugar, el nacimiento, la profesión, el entorno. El ser humano tiene necesidad de echar múltiples raíces, de recibir la totalidad de su vida moral, intelectual y espiritual en los medios de los que forma parte naturalmente.”[30]

Esta defensa de la raíz comunitaria y cultural que debe alimentar a las almas humanas no tiene nada que ver con los nacionalismos, Simone Weil fue militante y luchó en territorio español contra el franquismo y, desde la trinchera intelectual de la resistencia antifascista en Londres, contra el nazismo. Incluso podría decirse que es precisamente el desarraigo, el frío que siente un alma sin un sustento cultural y comunitario sano, lo que arroja a masas de solitarios desarraigados en brazos de fascismos como los de Franco, Hitler o Mussolini.

No solamente los imperios políticos y sus destrucciones de las culturas vernáculas desarraigan, lo hace también el Becerro de Oro que ya había criticado Karl Marx (Simone Weil es crítica de Marx, pero en esto guarda con el autor de El Capital una profunda afinidad y coincidencia): “Aun sin conquista militar, el poder del dinero y la dominación económica pueden imponer una influencia extraña hasta el punto de llegar a provocar la enfermedad del desarraigo.”[31] Al análisis que nos legó Karl Marx sobre la enajenación humana por el capitalismo, Simone Weil lo enriquece con una nota psicológica esencial, el dinero, como cifra, atrae por simple: “El dinero destruye las raíces por doquier, remplazando los demás móviles por el deseo de ganancia. Vence sin dificultad cualquier otro móvil porque exige un esfuerzo de atención mucho menor. Nada tan claro y simple como una cifra.”[32]

Los análisis con muchas cifras parecen más inteligentes per se, sin embargo, una pensadora que no despreciaba las matemáticas encuentra que la rotundez de una cifra vence por simplicidad, buscar otros móviles es siempre más difícil, requiere más atención, más esfuerzo, más voluntad.

Si al análisis de Martin Heidegger sumamos esta observación de Simone Weil podemos entender por qué hay quienes no pueden comprender las devastaciones ambientales, ya que necesitarían evaluarlas y contabilizarlas en cifras de dólares o euros para apreciar las pérdidas. La inconmensurabilidad y la complejidad organizada y orgánica de la Tierra no pueden ser apreciados desde esa óptica “metafísica” y “técnica” como la llamaría Martin Heidegger, “desarraigada” como la llamaría Simone Weil, o alienada, como el lenguaje del marxismo y el existencialismo nos habían enseñado.

El tema del arraigo a una cultura vernácula nos lleva a otros dos pensadores que, sea por influencia directa de Simone Weil, por compartir una formación herética como la de ella o por enfrentar una problemática similar con una ética intelectual afín, también pensaron que la devastación de los lugares, el paisaje, la naturaleza, las comunidades, está relacionada con esa mirada desarraigada por la técnica, el dinero y la dominación: Wendell Berry e Iván Illich.

Comentando la lucha de una comunidad estadunidense, la de Marble Hill, en defensa de su localidad contra la imposición de un proyecto de producción de energía nuclear, Wendell Berry escribió que los enfrentan, desde el poder, funcionarios de la Comisión de Regulación Nuclear, con una mirada “fría”, “objetiva” (desarraigada) contra la apasionada defensa de quienes viven en el sitio que será destruido: “En todas partes, cada día, gentes poderosas que viven más allá de los efectos de su mal trabajo, o a quienes se otorga el privilegio de pensarlo así, perturban, desgarran, ponen en peligro y destruyen la vida local. Un poderosa clase de vándalos profesionales itinerantes está ahora saqueando el país y dejando basura.’ No se habla de su vandalismo por su nombre en virtud de su enorme redituabilidad (para algunos) y la gran magnitud de su escala. Si uno arruina un hogar, eso es vandalismo. Pero si, para construir una planta de energía nuclear, uno destruye buena tierra de labranza, desgarra la comunidad local y pone en peligro vidas, casas y propiedades dentro de un área de varios miles de kilómetros cuadrados, eso es progreso industrial.”[33]

La formación positivista y tecnocrática, a la vez, fría, objetiva, desarraigada, deslocalizada (como el capitalismo global) y mercenaria que reciben esos funcionarios vandálicos que miran nuestros hogares como maquetas y a los seres humanos como meras cifras de costo-beneficio es una educación esmerada, pero deshumanizante: metafísica como la llamaría Martin Heidegger, alienada como la llamaría el marxismo. “Para poder ser miembros de esta prestigiosa clase de profesionales desorbitados, hay que cumplir dos requerimientos. El primero es que deben ser hombres de carrera trashumante, por lo menos en espíritu. Esto es, no deben tener lealtades locales; no deben tener puntos de vista locales. Después de todo, para ser capaz de profanar, de poner en peligro un lugar, uno debe ser capaz de abandonarlo y olvidarlo. Nunca debe pensar en ningún lugar como el hogar de uno. Nunca debe pensar en ningún lugar como el hogar de alguien. Nunca debe pensar que ningún lugar es más valioso que aquello en lo que se puede convertir o que lo que puede obtenerse por él. A diferencia de 18 vidas en el hogar, la cual hace más particulares y preciosos que nunca los lugares y las criaturas de este mundo, la vida de los profesionales generaliza el mundo, reduciendo su diversidad abundante y generosa a “materia prima.”[34]

El despotismo sobre la naturaleza es también una imposición política sobre comunidades que no tienen el “peso” político y económico para defender “nuestros hogares y comunidades” frente a los proyectos “basados simplemente en hechos”, como suelen autodefinirse, argumentados con la simplicidad demoledora de las cifras, más simples y desarraigantes si son cifras de dinero, como nos enseñó Simone Weil.

La crítica de Wendell Berry desemboca en una propuesta de educación, coincidente con ideas de pensadoras como Simone Weil, de arraigar y contextualizar en una localidad y comunidad a los educandos: “la educación, en su verdadero sentido, consiste en habilitar para servir tanto a la comunidad humana que vive en sus hogares o vecindarios naturales y a las posesiones culturales preciosas que la comunidad viviente hereda o debe heredar. Educar es, literalmente, “criar”, llevar a los jóvenes a una madurez responsable, ayudarlos a cuidar bien lo que se les ha dado, ayudarlos a ser caritativos con sus semejantes. Tener tal educación es obviamente placentero y útil. Que una cantidad considerable de humanos deban tenerla es probablemente una de las necesidades de la vida humana en este mundo. Si esta educación se va a utilizar bien, es obvio que debe ser utilizada en alguna parte; debe ser utilizada donde uno vive, donde uno intenta continuar viviendo; debe ser traída a casa.”[35]

No solamente necesitamos una educación que generalice y universalice, porque no somos “ciudadanos del mundo” esa abstracción que nos equipara utópica e ilusoriamente al poder de los propietarios privados del capital globalizado, el de la plutonomía del 0.1 por ciento dueño de la quinta parte de la riqueza mundial y por ello mucho más influyente que cualquier otro “ciudadano” del planeta. Se ama al planeta, sí, pero se le ama arraigado en un sitio, en un paisaje geográfico-natural-histórico-cultural de él, y desde esa localización, comprendiendo que cada ser humano necesita defender el lugar-cultura donde hunde sus raíces. El desarraigo pasa no solamente por una educación positivista y tecnolátrica, sino por el culto fetichista del dinero y por la colonización de nuestros mundos de la vida infectados por las relaciones injustas y predadoras del capitalismo, es por ello cambiar solamente algunos efectos de ese complejo fenómeno nunca es suficiente, no pueden dejar de ir juntas, aliadas y reforzándose, una mayor comprensión de la complejidad del mundo natural y el humano, una democratización, en un preciso y radical sentido igualitario, de nuestra relaciones sociales y la conciencia de que nuestro planeta está en el límite, más que para él como planeta que alberga vida desde hace millones de años, para nuestra especie.

Iván Illich será el pensador con el que cerremos nuestro recorrido de lectura y reflexión para poder decir una palabra, esperamos que propositiva, que coseche algo de estos precursores. Al igual que Simone Weil y Martin Heidegger, Iván Illich es conocedor del pensamiento medieval y no lo vio jamás como un pasado oscuro que había superado ya la era moderna. Pero me parece que tampoco se apegó al dogma inverso de pensar todo como una mera decadencia respecto de un pasado que había que recuperar.

Iván Illich pensó radicalmente en las escalas, en las proporciones, en las medidas, en los límites, en la manera como son producentes o contraproducentes. Para él, nuestras herramientas, desde el utensilio hasta complejas instalaciones y sistemas (como las escuelas, los centros de salud o las carreteras) pueden ser de tal escala, limitada, proporcional, que permitan relaciones éticas, de amistad y de justicia entre los seres humanos, o bien estar hipertrofiadas, monstruosamente agigantadas de manera que escapan a nuestro control y dejan de propiciar esa relación humana ética para devenir contraproducentes.

Cuando la escala de nuestros mundos de la vida era tal que considerábamos al mundo más grande que nosotros, era así porque usábamos herramientas y máquinas que nos permitían una relación productiva, y relaciones sociales de producción, en las cuales todavía la herramienta servía a los seres humanos. Sin embargo, hoy nuestra propia identidad, nuestro ser social, nuestro carácter son troquelados por instituciones e instalaciones desproporcionadas que tienden al control totalitario de los seres humanos: las escuelas perpetúan y profundizan las desigualdades entre personas y dan un barniz de legitimidad a una injusticia social que se basa en otras razones y no en el saber. Las instituciones médicas nos han arrebatado la autonomía para decidir sobre nuestra vida y muerte, sobre nuestra salud, sobre el parir a nuestros hijos, incluso sobre el poder declararnos enfermos.

Es el sentido de la reflexión de Iván Illich sobre las herramientas: “La herramienta –escribió en La convivencialidad– es inherente a la relación social. En tanto actúo como hombre me sirvo de herramientas. Según la domine o ella me domine, la herramienta me liga o me desliga del cuerpo social. En tanto domine la herramienta, yo doy al mundo mi sentido; cuando la herramienta me domina, su estructura conforma e informa la representación que tengo de mí mismo. La herramienta convivencial es la que me deja la mayor latitud y el mayor poder para modificar el mundo en la medida de mi intención. La herramienta industrial me niega ese poder; más aún, por su medio es otro quien determina mi demanda, reduce mi margen de control y rige mi propio sentido. La mayoría de las herramientas que hoy me rodean no podrían utilizarse de manera convivencial.”[36]

Se trata de mucho más que de una mera tecnofobia, porque Iván Illich persigue una sociedad donde las herramientas sean convivenciales, es decir, estén subordinadas a las relaciones interpersonales éticas y de amistad y justicia (ideales que retoma de Aristóteles). En su momento, le parecía que el teléfono era una herramienta convivencial, porque podía ser usada para comunicarse a muy larga distancia, pero el control lo tenían las personas, ellas concertaban o aceptaban una conferencia telefónica y eso no las desarraigaba de las escalas de su mundo de la vida. ¿Quién sabe si Iván Illich pensaría lo mismo de los teléfonos celulares y smart phones? Ahora la máquina sintetiza tantas funciones que el teléfono es casi uno de sus usos marginales y es frecuente la queja de que esa comunicación “virtual”, más que a larga distancia (teléfono), suele obliterar o enajenar de la comunicación cara a cara con los próximos.

Así como Simone Weil, en sus cuadernos de notas, reflexionó sobre herramientas simples (palancas, ruedas, planos inclinados) que permitieran a los seres humanos trabajar, sin privarlos de sentir la resistencia de la materia, pero también sin esclavizarlos y mortificarlos, Iván Illich pensó que los seres humanos podemos desconectarnos de las grandes herramientas, mejor dicho instalaciones y sistemas, para usar otras cuya escala y proporción sean convivenciales.

Así como Karl Marx encontró que la explotación es odiosa no porque se gane un poco más o un mucho menos de salario, sino porque expropia el trabajo social, esencial para definirnos como seres humanos, así Iván Illich ha encontrado que el problema de las herramientas no convivenciales no es que puedan contaminar un mucho más o un poco menos, sino que generan monopolios que obligan a los seres humanos a someterse a ellas. El ejemplo que pone con el automóvil y la movilidad a motor es paradigmático: “Ciertamente los automóviles queman gasolina en holocausto. Ciertamente son costosos. Ciertamente los norteamericanos celebraron la cienmilésima víctima del automóvil desde 1908. Pero el monopolio radical establecido por el vehículo de motor tiene su propia forma de destruir. Los autos crean las distancias; y la velocidad, bajo todas sus formas, estrangula el espacio. Se abren autopistas a través de regiones superpobladas, luego se extorsiona a la gente un peaje para autorizarle a franquear las distancias que el sistema de transporte exige. Este monopolio de los transportes, como una bestia monstruosa, devora el espacio. Aunque los aviones y los autobuses funcionaran como espacio público, sin contaminar el aire y el silencio, y sin agotar los recursos de energía, su velocidad inhumana no degradaría menos la movilidad natural del hombre, obligándole siempre a dedicar más tiempo a la circulación mecánica.”[37]

Aun si no contaminaran y si no tuvieran a la humanidad al borde de despedirse de la vida de la especie en el planeta, las herramientas no convivenciales han alcanzado una dimensión, escala o magnitud inhumana, desproporcionada, aparentemente han permitido el dominio de la especie sobre la naturaleza, pero en realidad han desnaturalizado nuestra relación con nuestro mundo: al cosificar a lo otro no humano, cosificamos la relaciones sociales y alienamos nuestras relaciones incluso entre nosotros mismos, nuestras relaciones interpersonales también se ven deshumanizadas. Como resultado del despotismo de la especie sobre la naturaleza y el planeta, aparente resultado victorioso de las herramientas no convivenciales, se perpetúan también el imperio de los varones sobre mujeres y menores, la plutonomía del 0.1 por ciento de la humanidad sobre el resto de humanos y planeta sujetos a los ciegos intereses que dogmatizan y fetichizan el desarrollo, el crecimiento, la ganancia capitalista y el consumo de planeta como insumo y “recurso”.

Como los genios de los cuentos, el progreso o desarrollo, siempre entendido como crecimiento, promete cumplir nuestros deseos, pero en cada regalo nos trae nuevas esclavitudes y mundos que monopolizan nuestras posibilidades de ser, de vivir, de habitar, de convivir, o mejor dicho de cada vez vivir menos libremente y convivir menos.

Probablemente no podemos regresar, al menos no de manera directa y sencilla, a una relación con lo otro respetuosa de lo sagrado, aunque algo de ese respeto late en las ideas de límite, de proporción, de escala, de sentido, de obligación ética de los autores que estamos comentando (al menos de la mayoría), así como hay mucho de ellas en los ideales del bien vivir de muchos pueblos indígenas del mundo. Sin embargo, tal vez la experiencia de una praxis de vida o muerte, porque se trata de intentar evitar un fin cercano para nuestra especie, cambiando nuestra relación con la Tierra, la naturaleza, las plantas y los animales, nos permita reencontrar el sentido de la dignidad ontológica de los entes, del arraigo como suelo natural-cultural nutricio, de nuestros hogares y comunidades como mundos de la vida respetables y defendibles y de nuestras relaciones humanas cara a cara como algo mucho más valioso que la más hipertrofiada y fetichizada tecnología “total” y monopólica.

Quienes estamos interesados en impulsar un camino de la humanidad que enfrente al crecimiento con una alternativa civilizatoria en defensa de la vida humana y de la vida de todas especies del planeta necesitamos incidir en más de un proceso político y ecológico. Por ello, a manera de provisionales conclusiones, proponemos:

  1. Desde el punto de vista político, debemos lograr que la preocupación por el cambio climático y por frenar la devastación del planeta con todo tipo de extractivismos y uso de combustibles y energías que emiten gases de efecto invernadero sea central en todas las agendas políticas de cambio, lo mismo que los problemas de las mujeres o de una política contra el racismo y la xenofobia.
  2. Desde el punto de vista de la educación, tenemos que lograr que se abandonen el positivismo y la tecnolatría y que las ciencias y las humanidades, literatura y artes que eduquen a nuestras nuevas generaciones, y que reeduquen a las actuales, nos enseñen a amar nuestro mundo desde el Planeta entero hasta nuestro mundo más cercano: nuestra raíz natural- cultural vernácula. Esto no significa desterrar el conocimiento científico, sino incorporarlo como prueba de la complejidad de nuestro mundo natural-social: “cuando se entiende el funcionamiento de la naturaleza, el estrecho vínculo que guardan entre sí los seres vivos, el mundo inorgánico y nuestra propia existencia y posibilidades de sobrevivir, se comprende finalmente el valor intrínseco de todos los seres vivos y se aprende a respetarlos.”[38]
  3. En los medios de comunicación, de toda escala, desde los más globales hasta nuestras redes digitales personales, debemos iniciar y mantener un debate informado y formativo con datos verificables y argumentos sólidos acerca de la necesidad de modificar la inercia al gigantismo de nuestra civilización y promover un ideal humano más ecológico y en defensa de comunidades y localidades como mundos de la vida insustituibles.
  4. En el terreno de la teoría, debemos alentar que las investigaciones y reflexiones sean independientes de los intereses económicos de los grandes capitales monopólicos y promover el pensamiento crítico: a contracorriente de los dogmas desarraigantes que hacen del modelo de las cifras del dinero el único paradigma de saber, promover una reflexión científica y humanística que dialogue con los intereses de nuestras comunidades indígenas, campesinas, rurales, urbanas, de mujeres, de niñas y niños y no que se dirija solamente a los poderosos y sus intereses.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía y mesografía

 

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[1] Dino Buzzati, “La matanza del dragón” en Biblioteca Ignoria: https://bibliotecaignoria.blogspot.com/2013/08/dino-buzzati-la-matanza-del-dragon.html Consultado el 13 de diciembre de 2018.

[2] Horkheimer, Max, y Theodor Adorno, (2009), Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos, Madrid, España, Ed. Trotta, p. 61.

[3] Sagan, Carl. Los dragones del Edén. Especulaciones sobre la evolución de la inteligencia humana. Traducción: Rafael Andreu. Editorial Planeta, 2003.

[4] Gilly, Adolfo y Rhina Roux, “Capitales, tecnologías y mundos de la vida, El despojo de los cuatro elementos”, Revista Herramienta, No. 40, 2009. https://www.google.com/search?client=firefox-b-ab&ei=JwoAXMyRBYu0tQWFhZ7wBQ&q=Gilly%2C+Adolfo+y+Rhina+Roux%2C+%E2%80%9CCapitales%2C+tecnolog%C3%ADas+y+mundos+de+la+vida%2C+El+despojo+de+los+cuatro+elementos%E2%80%9D%2C+&oq=Gilly%2C+Adolfo+y+Rhina+Roux%2C+%E2%80%9CCapitales%2C+tecnolog%C3%ADas+y+mundos+de+la+vida%2C+El+despojo+de+los+cuatro+elementos%E2%80%9D%2C+&gs_l=psy-ab.3…39479.39479..41056…0.0..0.0.0…….1….1j2..gws-wiz.MFasFxmp_6M Consultado el 15 de noviembre de 2018.

[5] Olvidamos incluso cómo producir ciudades vivas y las ciudades diseñadas o fragmentos de ciudad diseñados son eso, taxidermia, según Jane Jacobs, Muerte y vida de las grandes ciudades, Madrid, España, Capitán Swing Libros, 2011.

[6] Jorge Fuentes Morua, Marx-Engels. Crítica al despotismo urbano: 1839-1846, Universidad Autónoma Metropolitana, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Unidad Iztapalapa, México, especialmente los primeros tres capítulos, pp. 29-126.

[7] Bolívar Echeverría, Aproximaciones a Walter Benjamin, Ediciones Desde Abajo, 2010.

[8] Pablo González Casanova, “Sobre el calentamiento global, la paz y la democracia. La verdad a medias”, Alainet, https://www.alainet.org/es/articulo/186892 Consultado el 15 de noviembre de 2018.

[9] Carlos E, Rangel Nafaile, Los materiales de la civilización, FCE, México, 1987, p. 115.

[10] Ibídem,

[11] Raúl Sohr, Para entender la guerra, Conaculta, México, 1990, p.24.

[12] Carlos Elizondo Mayer-Serra, Los de adelante corren mucho. Desigualdad, privilegios y democracia, Debate, México, 2017, p. 43.

[13] Lizbeth Sagols, La ética ante la crisis ecológica, UNAM, Fontamara, México, 2014.

[14] Lund Medina, Andrés, México en la discordancia de los tiempos y la urgente necesidad de otros tiempos y otra izquierda, anticapitalista y ecosocialista, UciRed y El Reboso Palapa Editorial, Oaxaca y Monterrey, México, 2012.

[15] Harald Walzer Guerras climáticas. Por qué mataremos y nos matarán) en el siglo XXI, Katz, Buenos Aires, Argentina, 2010, especialmente el capítulo “Calentamiento global y catástrofes sociales”, p. 56.

[16] Carlos E, Rangel Nafaile, Los materiales de la civilización, FCE, México, 1987, p. 115.

[17] Una mirada a las crisis del capitalismo y su manera de enfrentarlas puede encontrarse en Robinson, William J., “La globalización como cambio de época”, en América Latina y el capitalismo global, Una perspectiva crítica de la globalización, México, 2008, Siglo XXI.

[18] Escuchado en una conferencia en el curso impartido principalmente por Jorge Veraza, “Horizontes del marxismo crítico en el siglo XXI”, en el cual Andrés Barreda participó en octubre de 2013. Universidad Nacional Autónoma Metropolitana Xochimilco.

[19] John Berger “Le Pont d´Arc en Berger, John, Sobre el dibujo, Gustavo Gili, Barcelona 2011, pp. 69-82.

[20] Morin, Edgar, y Anne Brigitte Kern, Tierra Patria, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires Argentina, 2004.

[21] Una síntesis conservadora del cambio climático, basada en International Panel on Climate Change (IPCC) puede verse en Harald Walzer Guerras climáticas. Por qué mataremos y nos matarán) en el siglo XXI, Katz, Buenos Aires, Argentina, 2010, especialmente el capítulo “Calentamiento global y catástrofes sociales”, pp. 47-60.

[22] Antonio Gramsci, Pasado y presente, Obras Tomo V, Juan Pablos Editor, México, 1977, p. 17.

[23] Como explica Harald Walzer en Guerras climáticas. Por qué mataremos y nos matarán) en el siglo XXI, Katz, Buenos Aires, Argentina, 2010, especialmente el capítulo “Calentamiento global y catástrofes sociales”, pp. 47-60.

[24] Luca Ferrari, entrevistado en Patricia López, “El cambio climático, síntoma del crecimiento humano desmedido”, Gaceta UNAM, Número 5,013, 3 de diciembre de 2018, p. 6.

[25] Patricia López Ibídem.

[26] Martin Heidegger, La pregunta por la técnica, en Conferencias y artículos, Odós, Barcelona, España, 1994, pág. 17.

[27] Uno de los trabajos académicos que ha caminado en ese sentido es Santander, Jesús Rodolfo, Trabajo y praxis en El ser y el tempo de Martin Heidegger, Un ensayo de confrontación con el marxismo, Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, 1985.

[28] Simone Weil, “Ciencia y percepción en Descartes” (tesis profesional) en Simone Weil, Sobre la ciencia, El Cuenco de Plata, Buenos Aires, Argentina, 2006. P. 12.

[29] Simone Weil, Ibid, p. 13.

[30] Simone Weil, Echar raíces, Editorial Trotta, Madrid, España, 1996, pág. 51.

[31] Simone Weil, Ibid, p. 52.

[32] Simone Weil, Ibídem.

[33] Wendell Berry, “En defensa de nuestros hogares y comunidades”, suplemento “Opciones” No. 38 del diario El Nacional del 25 de junio de 1994. págs. 18-19.

[34] Ibídem.

[35] Wendell Barry, Ibídem.

[36] Illich, Óp. Cit., p. 396.

[37] Iván Illich, La convivencialidad, en Obras Reunidas, Vol. 1, FCE, México, 2006, pp. 423-424.

[38] Carlos Vázquez Yanes y Alma Orozco Segovia, La destrucción de la naturaleza, SEP, FCE, Conaculta, México, 1998, p. 95.

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#Marichuy COMUNICADO DEL #CNI- #CIG Y EL #EZLN ANTE EL COBARDE SECUESTRO Y ASESINATO DE LOS COMPAÑEROS DEL CONCEJO INDÍGENA Y POPULAR DE GUERRERO- EMILIANO ZAPATA.

COMUNICADO DEL CNI-CIG Y EL EZLN ANTE EL COBARDE SECUESTRO Y ASESINATO DE LOS COMPAÑEROS DEL CONCEJO INDÍGENA Y POPULAR DE GUERRERO- EMILIANO ZAPATA.

El Congreso Nacional Indígena, el Concejo Indígena de Gobierno y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con dolor e indignación, condenamos el secuestro y asesinato del compañero concejal nahua del Concejo Indígena de Gobierno, José Lucio Bartolo Faustino, y del delegado del Congreso Nacional Indígena, Modesto Verales Sebastián, de las comunidades indígenas nahuas de Xicotlán y Buenavista respectivamente, ambos promotores del Concejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata, organización miembro del CNI-CIG. Crimen cometido a manos de grupos narco paramilitares que operan en el municipio de Chilapa de Álvarez y que cuentan con la protección descarada del Ejército Federal Mexicano y las policías estatales y municipales.

El día de ayer 4 de mayo alrededor de las 15:00 horas, nuestros compañeros participaron en una reunión con otros miembros del CIPOG-EZ en la ciudad de Chilpancingo, Guerrero. En el camino de regreso a sus comunidades fueron secuestrados y asesinados por grupos narco paramilitares que operan en la región con la complicidad y protección de los tres niveles del mal gobierno, que con desprecio y mentiras simulan atender las demandas de seguridad y justicia de las comunidades indígenas, las cuales, resistiendo, denunciaron reiteradamente ante el gobierno federal la impunidad con la que el criminal Celso Ortega lleva la violencia a sus comunidades. Es importante señalar que nuestros compañeros asesinados y sus comunidades llevan años organizando su Policía Comunitaria para resistir la violencia, la extorsión y la imposición de la siembra de la amapola por parte de dos grupos criminales, Los Ardillos y Los Rojos, quienes controlan las presidencias municipales de la región, cuentan con la complicidad del Ejército Mexicano y de las Policías estatales y municipales e incluso lograron imponer, en algún momento, a uno de sus líderes como presidente del Congreso del estado de Guerrero.

Responsabilizamos de este cobarde crimen a los tres niveles del mal gobierno por ser cómplices de la represión hacia la organización de los pueblos en la defensa de sus territorios; también los responzabilizamos de la seguridad e integridad de nuestros hermanos del CIPOG-EZ.

A los familiares y compañeros de José Lucio Bartolo Faustino y Modesto Verales Sebastián enviamos el abrazo solidario del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, así como también nuestra convicción de seguir los caminos de autonomía y dignidad que ellos, nuestros compañeros que hoy nos faltan, nos señalan con su luz y su ejemplo.

Denunciamos la agudización de la represión neoliberal en contra de los pueblos, naciones y tribus originarias que no estamos de acuerdo con sus proyectos de muerte en Guerrero y en todo México, ni con la violencia de la que se sirven para imponerlos y reprimir, secuestrar, desaparecer y asesinar a los que decidimos sembrar un mundo nuevo desde las geografías indígenas que somos.

Exigimos verdad y justicia para nuestros compañeros.

Atentamente

Mayo de 2019

Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos

Nunca más un México sin Nosotros

Congreso Nacional Indígena

Concejo Indígena de Gobierno

Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

https://www.congresonacionalindigena.org/…/comunicado-del-…/

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¿Sembrando vida? Amenazas a la vida campesina de montaña

El sueño de la razón

Silvia Ribeiro

¿Sembrando vida? Amenazas a la vida campesina de montaña

Fuente: Desinformémonos

Al igual que en muchos otros gobiernos progresistas (así, sin comillas, porque justamente un problema central es su concepción industrial-capitalista del progreso) el gobierno de López Obrador en México se ha enfocado principalmente en favorecer el desarrollo industrial, incluida la agricultura industrial y los proyectos de infraestructura que favorezcan la exportación, como el Tren Maya y el Corredor Transítsmico del Istmo de Tehuantepec. El argumento oficial es que estos proyectos generarán empleo y crecimiento económico. Pero esto beneficia directa y principalmente a los intereses de las grandes empresas nacionales y trasnacionales, que verán aumentar sus lucros significativamente, en muchos casos, con trabajadores subvencionados por programas sociales del gobierno. Como si esto no estuviera claro, el anuncio de López Obrador de que Trump quiere invertir en el Tren Maya, debería dejar fuera cualquier duda.

La contrapartida de la inversión estatal en estos megaproyectos son los programas sociales, la mayoría asistenciales, pero también algunos llamados proyectos productivos, mucho menores en dinero que los megaproyectos, pero con gran capilaridad de alcance. Uno de ellos es el programa “Sembrando vida”, cuyo objetivo es reforestar un millón de hectáreas, sobre todo en ejidos y comunidades.

El programa parte de la base de que México es un país rico en biodiversidad, y que ésta se encuentra sobre todo en zonas rurales, con gran presencia de ejidos y comunidades indígenas, que son quienes “mediante sus conocimientos y prácticas tradicionales, han sabido preservar los recursos que posee su entorno y que son parte de su patrimonio natural”. No obstante, el programa señala que son también las zonas de mayor pobreza. Se dirige a quienes sean propietarios de 2.5 hectáreas que sea necesario reforestar, en las cuales se aplicarán sistemas agroforestales (árboles frutales con hortalizas, cacao, maíz), con asesoría técnica provista por el Programa. Los beneficiarios reciben 5,000 pesos mensuales, de los cuales 500 pesos se destinan a un fondo de ahorro.

El programa no suena mal en el papel, pero tiene aspectos negativos que no surgen en una primera mirada y que las comunidades recién comienzan a entender. Un primer factor es que el dinero en efectivo es el incentivo principal para algunos propietarios, que para poder hacerse acreedores del programa, recurren a la tala ilegal, incluso de especies nativas muy valiosas, para mostrar que tienen áreas donde se puede aplicar.

Al respecto, la organización Calixaxan de Veracruz, denunció que detectaron el “derribo total de un sistema agroforestal de café bajo sombra de cedro rojo y chalahuites y otro de cedros rojos jóvenes”, por parte de los dueños de los predios, para poder acceder a “Sembrando Vida”. La organización asegura que hay otros ejemplos parecidos en las zonas boscosas de Puebla y Veracruz.

Casos similares se nombraron también en otros estados, en ocasión de la asamblea de la Red en Defensa del Maíz, el 23 y 24 de marzo en la comunidad de San Juan Bautista Sahcabchén, en Hopelchén, Campeche. La red es un espacio de encuentro, reflexión y acción de comunidades indígenas y campesinas, organizaciones de la sociedad civil y académicas, que partió de la necesidad de actuar contra el maíz transgénico hace ya casi dos décadas. Como el cuidado del maíz no se puede separar de los pueblos que lo crearon, es también un espacio de defensa de la comunidad y la vida campesina, la tierra, el agua, los territorios. Verónica Villa y Ramón Vera Herrera dan cuenta en Ojarasca de varios de los temas que allí se trataron. Obviamente, al estar en la Península, el proyecto del Tren Maya y los riesgos que representa fue uno de los temas en discusión.

Quisiera completar el análisis de Sembrando Vida con las informaciones y discusión que tuvieron lugar en la asamblea de la Red en Defensa del Maíz. Representantes de varios estados dieron cuenta de casos de tala ilegal y deforestación para poder acceder al programa. Sin embargo, siendo grave, este es un aspecto perverso pero no intencional del programa.

Otros sí lo son. Por ejemplo, éste y otros nuevos programas han puesto un énfasis particular en la relación directa de cada individuo con el gobierno. Según las autoridades, esto es para evitar intermediarios que manipulen la entrega de programas. Pero al mismo tiempo, se establece una relación individual con los programas de gobierno que deja de lado su consideración por parte de las asambleas comunitarias y ejidales. Es por tanto una forma de socavar la discusión de los impactos de los programas por parte de la comunidad, que siempre va más allá de la individual, ya que toma en cuenta potenciales afectaciones a todo el territorio, los recursos de la comunidad o ejido y factores sociales y de futuro que no se pueden ver desde lo individual.

En el caso de Sembrado Vida, posiblemente el mayor impacto será el socavamiento de la agricultura campesina e indígena de montaña. Como explicó Álvaro Salgado de CENAMI, el millón de hectáreas que se quiere sembrar con este programa, está sobrepuesto a la región de agricultura indígena de montaña. Este tipo de agricultura, llamada también agricultura itinerante o de acahuales y que en muchos casos integra el método que se llama tumba-roza-quema, es un método tradicional milenario que se practica en zonas montañosas de México y del mundo. El método tradicional de roza-tumba-quema, es una forma de cultivar en los bosques, abriendo espacios de siembra en zonas a las que solamente se vuelve luego de períodos largos, que pueden ser de 10 a 25 años, pero incluso hasta 80 años de rotación. De esa forma, hay un convivencia armónica de los pueblos con los bosques y territorios, el bosque se regenera y los pueblos obtienen más alimentos. Las comunidades que utilizan este tipo de agricultura tienen un conocimiento y comprensión profunda y geográficamente muy amplia del territorio, además de una relación intensa con muchas otras comunidades, para poder trabajar en el conjunto, en zonas y ciclos que permiten la siembra de alimentos y la regeneración del bosque. Muchas de las comunidades que la practican han recibido reconocimientos al cuidado forestal.

No obstante, este tipo de agricultura ha sido de más en más criminalizado, acusado injustificadamente y en forma errónea por grandes organizaciones conservacionistas de que provocan degradación forestal, en la mayoría de los casos como una forma de apropiarse de los territorios de esas comunidades para su propios proyectos, sea de conservación, venta de servicios ambientales u otros.

Ahora, el programa Sembrando Vida es una nueva amenaza a esas formas de vida campesina, ya que significan la imposición (suave y financiada, pero imposición al fin) de una forma de producción fija, que impedirá la rotación de zonas de siembra que ha sido tradicional por siglos. Además, se indica qué tipo de cultivos y unas pocas variedades de árboles frutales se deben plantar, lo cual limita la diversidad y el uso de especies locales y nativas.

Por tanto, este programa, convergente con los demás proyectos y programas del gobierno, promueve la destrucción de la comunidad como forma fundamental de toma de decisiones sobre el territorio. También, por ser sustituida por funcionarios que gestionan los programas y técnicos que la comunidad no solicitó, que se presentan como “apoyo” al programa, lo cual aparece necesario porque las especies a plantar no son las que usan normalmente. Esto se agrega al impacto en esas áreas de normativas que gobiernos anteriores establecieron para intentar “ilegalizar” este tipo de agricultura itinerante, porque inhibe la privatización y el despojo territorial para otros proyectos. Es muy ilustrativo el caso de Santiago Lachiguiri, en Oaxaca.

La diferencia ahora es que el programa viene con un incentivo económico mucho mayor, una cifra difícil de rechazar, especialmente desde una mirada individual, desde la que se hace difícil ver las consecuencias colectivas de largo plazo, y con un mecanismo incorporado para ignorar y erosionar la autoridad de las asambleas comunitarias.

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El neocapitalismo de la IV T y la resistencia

Babel

El neocapitalismo de la IV T y la resistencia

Javier Hernández Alpízar

El proceso de despojo que el capitalismo está protagonizando a nivel planetario, en México implica, como recurso de control social, la continuidad y ampliación de la militarización, con más de 50 mil nuevos efectivos, con mayores poderes ahora recién legalizados que invaden funciones de los poderes ejecutivo y judicial, con privilegios como la administración del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Santa Lucía, bajo una total opacidad en el manejo del dinero.

Además, este proceso, que los académicos llaman eufemísticamente “acumulación por desposesión”, significa despojo territorial, desplazamiento, proletarización y pauperización de comunidades indígenas, campesinas, rurales y urbanas, destrucción de la naturaleza y entrega de todo lo despojado a los capitales transnacionales, principalmente a los Estados Unidos, como Donald Trump se apresura a anunciar con sus intenciones de inversión.

Los planes de militarización de la policía y del control social que iniciaron con Ernesto Zedillo, incluida la contrainsurgencia contra las comunidades autónomas zapatistas; los proyectos de colonización del territorio mesoamericano que impulsaron Vicente Fox y sus sucesores; así como las reformas estructurales neoliberales y los tratados de libre comercio iniciados con el salinismo y continuados por los gobiernos del PRI y el PAN, todos estos planes  no se interrumpen ni matizan en el gobierno de AMLO, sino que siguen su curso y se profundizan con la Guardia Nacional, totalmente militar y con poderes omnímodos recién legalizados por el voto legislativo de Morena, el PRI, el PAN y el PRD, y se impulsan a toda marcha con los proyectos de “desarrollo” que actualizan el Plan Puebla Panamá: explotación comercial de la Lacandona con el proyecto de siembra de árboles maderables y frutales; trenes de pasajeros y de carga como el llamado “maya” y el transístmico; continuidad del extractivismo minero, petrolero y las presas, represas y parques eólicos (especialmente en el Istmo de Tehuantepec); continuación de los proyectos neoliberales, como la imposición del Proyecto Integral Morelos, incluida la termoeléctrica en Huexca, imposición que ya generó un asesinato político, el del defensor del territorio y comunicador popular Samir Flores Soberanes. Además, esa Guardia Militar tendrá facultades de migra para complacer el empecinamiento antiinmigrante, racista y xenófobo de Trump.

El poder obtenido por los militares con la IV Transformación no tiene precedentes en el México civil posrevolucionario y, asimismo, la penetración de los proyectos de despojo supera a los avances logrados por los gobiernos del PRI y el PAN. Y todo ello, traicionando el sentido del voto masivo que pedía la desmilitarización, el fin del terror de Estado y un cambio en el modelo neoliberal.

Entre los pocos análisis que anticiparon este escenario desde hace más de doce años están los del pensamiento crítico que elaborado por los actuales zapatistas, las comunidades autónomas que forman las bases del EZLN. Son parte de los pueblos con arraigo territorial que defienden su autonomía y que impulsan una forma de autogobierno como alternativa al capitalismo depredador.

Los zapatistas han resistido a la contrainsurgencia militar, paramilitar, política y mediática e ideológica de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, y hoy enfrentan de nuevo la militarización y paramilitarización bajo el gobierno de AMLO y su socio y amigo Velasco Coello.

Desde el sureste, los actuales zapatistas y sus aliados lanzan el desafío de no rendirse ante los proyectos de muerte como la explotación de la Lacandona, el tren “maya” y el transístmico, ni ante la militarización de la Guardia Militar.

Además, junto con el Congreso Nacional Indígena y su Concejo Indígena de Gobierno forman la semilla de una posible fuerza de izquierda que defienda la vida, a la Madre Tierra, la soberanía nacional y el futuro de una patria que el actual régimen, bajo el hipócrita discurso “anticorrupción”, está convirtiendo en un enclave colonial militarizado al servicio de los capitales de los Estados Unidos y demás potencias capitalistas.

La unidad de los trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, de las mujeres y hombres del pueblo que resisten a este proyecto capitalista neodesarrollista, puede llenar ese vacío que ha dejado la claudicación de la izquierda de arriba para beneficio del capitalismo actual y su nueva elite autoritaria e intolerante. Tenemos que, estamos obligados a, construir una resistencia que frene el entreguismo del actual régimen y sea una alternativa de país, sin pasar por el regreso del PRIAN ni por la continuidad del actual régimen traidor a sus propios votantes.

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Mensaje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en los 100 años del asesinato del General Emiliano Zapata #Marichuy #CIG #CNI #EZLN

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.

MÉXICO.

Abril del 2019.

A los familiares y amistades de Samir Flores Soberanes:

A la Asamblea de la Resistencia de Amilcingo:

Al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Morelos-Puebla-Tlaxcala:

Al Congreso Nacional Indígena:

Al Concejo Indígena de Gobierno:

A la Sexta nacional e internacional:

A las Redes de Apoyo al CIG y Redes en Resistencia y Rebeldía:

A quienes luchan contra el sistema capitalista:

Hermanas y hermanos:

Compañeros y compañeras:

  Les escribe el Subcomandante Insurgente Moisés a nombre de las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas. La palabra que les mandamos es colectiva y me toca a mí, como vocero del EZLN, escribirla.

  Por lo mismo, desde las montañas del sureste mexicano llega hoy a las dignas tierras de Emiliano Zapata y sus sucesores -como lo fue y es Samir Flores Soberanes, nuestro hermano y compañero de lucha en defensa de la vida-, el abrazo que no es sólo mío sino de todos los pueblos zapatistas de tzotziles, choles, tojolabes, zoques, mames, mestizos y tzeltales.

  Recíbanlo, hermanas y hermanos, porque es un abrazo que les damos nosotras, nosotros, zapatistas del EZLN, porque les respetamos y admiramos.

  No hemos podido estar presentes junto a ustedes, que es lo que hubiéramos querido. La razón es muy sencilla y tiene la bandera del mal gobierno. Porque en nuestras montañas y valles ha aumentado la presencia militar, policíaca, paramilitar, y de espías, orejas e informantes. Han reaparecido los sobrevuelos de aviones y helicópteros militares, así como de vehículos artillados, como en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari; de Ernesto Zedillo Ponce de León, tutor político del actual titular del poder Ejecutivo; de Vicente Fox Quesada luego de la traición de los Acuerdos de San Andrés; del psicópata Felipe Calderón Hinojosa; y del ladrón de corbata y copete Enrique Peña Nieto. Lo mismo, pero ahora con más frecuencia y mayor agresividad.

  Y los patrullajes y sobrevuelos no siguen las rutas del narcotráfico, ni las de las agobiadas caravanas de las hermanas y hermanos migrantes que huyen de una guerra que se niega a decir su nombre… para entrar a otra que se esconde detrás de un ejecutivo federal parlanchín y pendenciero. No, esa amenaza de muerte recorre por aire y tierra las comunidades indígenas que han decidido mantenerse en resistencia y rebeldía para defender la tierra, porque en ella está la vida.

  Ahora, además, miembros del Ejército Federal y Fuerza Aérea se adentran en las montañas y aparecen en las comunidades diciendo que viene la guerra y que sólo están esperando órdenes de “mero arriba”. Y algunos se hacen pasar por lo que no son ni nunca serán, según esto para conocer los supuestos “planes militares” del EZLN. Tal vez ignorando que el EZLN dice lo que hace y hace lo que dice… o tal vez porque el plan es montar una provocación y luego culpar al EZLN. El mismo método de Ernesto Zedillo Ponce de León, y de su lacayo Esteban Moctezuma Barragán, hoy encargado de emboscar al magisterio democrático.

  En realidad, en todo eso, el mal gobierno actual es como sus antecesores. Pero cambia ahora la justificación: hoy la persecución, acoso y ataque a nuestras comunidades es “por el bien de todos” y se hace bajo la bandera de la supuesta “IV Transformación”.

  Pero no es de esto que les queríamos hablar. Después de todo cualquier denuncia es luego desacreditada porque, según el Poder Ejecutivo Federal, la realidad está en la categoría de “radical de izquierda conservadora”, que quiere decir que cualquiera que no tenga paga y critique al supremo gobierno, ni siquiera alcanza a ser “fifí”; será eso o la ocurrencia que se dé en las mañaneras y que luego sea festinada por sus huestes en las redes sociales que son “modernas” sólo porque su fanatismo es digital, pero tienen los mismos argumentos de quienes han aplaudido y aplauden los excesos de las tiranías que en el mundo han sido, y a quienes se podrían repetir las palabras de Emiliano Zapata Salazar: “La ignorancia y el oscurantismo en todos los tiempos no han producido más que rebaños de esclavos para la tiranía.

  De lo que en estas tierras chiapanecas pasa, pues es más de lo mismo que hemos padecido desde hace ya más de 25 años. Y repetimos lo que antes señalamos: allá arriba son lo mismo… y son los mismos. Y la realidad les quita el maquillaje con el que quieren simular un cambio.

Hermanas y hermanos:

Compañeros y compañeras:

  Lo que queremos decirles, señalarles, es lo grande de su resistencia.

  No sólo por el símbolo de levantarla cuando los de arriba celebran una traición: la que asesinó a un individuo de nombre Emiliano Zapata Salazar; y que fracasó en detener una causa, la que hoy pervive en muchas siglas en todo el territorio de esto que todavía llamamos México: el zapatismo.

  Su causa de ustedes es inspiradora para cualquier persona honesta en el mundo, porque su lucha es por la vida. No es una apuesta por dinero, puestos, regalos. Es para las generaciones que no vendrán si triunfa la soberbia del Mandón y son destruidas las comunidades.

  Por eso su lucha no sólo merece ser saludada y apoyada, también debiera ser replicada en todos los rincones del planeta donde, bajo la bandera de los supuestos “orden y progreso”, se destruye la naturaleza y a quienes la habitan.

  Hay veces que las causas se concretan en una persona, hombre, mujer u otroa. Y entonces esa causa tiene nombre, apellido, lugar de nacimiento, familia, comunidad, historia. Como en Emiliano Zapata Salazar, también es el caso del hermano y compañero Samir Flores Soberanes, a quien quisieron comprar, a quien quisieron rendir, a quien quisieron convencer de dejar sus ideales. Y él no se dejó, por eso lo asesinaron. Porque no se vendió, porque no se rindió y porque no claudicó.

  Quienes se sintieron aliviados por su asesinato y luego realizaron una supuesta “consulta” para burlarse así de la tragedia, pensaron que ahí terminaba todo; que la resistencia en contra de un megaproyecto, criminal como todos los megaproyectos, se apagaría junto con las lágrimas que arrancó la ausencia del hermano y compañero.

  Se equivocaron, como se equivocaron Carranza y Guajardo cuando creyeron que Zapata acababa en Chinameca.

  Como se equivoca el actual ejecutivo federal cuando, alardeando su ignorancia sobre la historia y cultura del país que dice “mandar” (su libro de cabecera no es “Quién gobierna”, sino “Quien manda”), pretende amistar a Francisco I. Madero con Emiliano Zapata Salazar. Porque, así como Madero quiso comprar a Zapata, el mal gobierno quiso comprar a Samir, y a los pueblos que resisten, con apoyos, proyectos y demás mentiras.

  Los pueblos y Samir respondieron con su empeño de resistencia, algo que enorgullecería al Emiliano Zapata que señalaba que no se le compraba con oro y que aquí (en las tierras de Morelos) todavía había y hay hombres -nosotros agregamos “y mujeres y otroas”- con vergüenza.

  La ignorancia y la soberbia que le dan identidad al actual jefe del mal gobierno, tampoco son nuevas. Como no es nuevo que tenga una corte de aduladores. Un grupo de sinvergüenzas que acomodan la historia al contentillo del tirano y lo presentan como la culminación de los tiempos. Y le aplauden y repiten, con una lambisconería sin recato, cuanta tontería sale de su cabeza. Él decreta que se acabó el neoliberalismo, y su corte acomoda cifras, hechos, proyectos para ocultarlos detrás del escenario de la autodenominada “Cuarta Transformación”, que no es sino la continuación y profundización de la etapa más brutal y sanguinaria del sistema capitalista.

  Pero, además, el grupo de aduladores que el tirano convoca, se completa con lacayos de todo tipo y condición, quienes se desviven, y matan, para cumplir los deseos manifiestos o supuestos del capataz en turno.

  Por eso el titular del ejecutivo no necesita ordenar que se asesine, desaparezca, denigre, calumnie, encarcele, despida, destierre a quien no le rinde adoración.

  Basta que en el templete o en los medios de comunicación o en las redes sociales, ejerza lo que él llama “derecho de réplica”, para que los lacayos vean la forma de cumplir los deseos de su amo y señor.

  Pero todos los tiranos temen cuando se levanta una causa que, como la de ustedes -que es la nuestra-, es justa y humana.

  Piensan que asesinando a líderes y a rostros visibles, las causas mueren junto con ellos.

  No sabemos quienes asesinaron al compañero Samir. Sabemos quien lo señaló. Quien, con voz chillona e histérica, lo marcó para que luego sicarios, ansiosos por agradar al jefe de las fuerzas armadas federales, cumplieran la sentencia dada en el templete convertido en tribunal.

  No hubo “derecho de réplica” para Samir Flores Soberanes, ni lo hay para los pueblos que resisten contra el proyecto de muerte llamado “Proyecto Integral Morelos”, megaproyecto que sólo significará ganancias para grandes capitalistas cuyas sedes están en Italia y en la España a la que se le demanda pedir perdón por la conquista que inició hace 500 años y que ahora el mal gobierno continúa.

  Todo esto ya lo saben ustedes, hermanas, hermanos, compañeros, compañeras. Pero lo repetimos por el coraje y la rabia que nos dan el asesinato de Samir y la soberbia de quien allá arriba cree que manda y ni siquiera gobierna.

  Nos da rabia y coraje que para los de abajo sólo se ofrezca el desprecio de las limosnas disfrazadas de programas asistenciales o las amenazas por no doblegarse; y que para los de arriba, que son quienes luego traicionarán a quien hoy acarician, haya sonrisas, brindis y declaraciones tranquilizadoras.

Compañeros y compañeras:

Hermanas y hermanos:

  Sabemos también que éste, como los anteriores malos gobiernos, quiere secuestrar la imagen de Emiliano Zapata Salazar para que, con su muerte, muera también la defensa de la tierra, que es como nosotros, los pueblos originarios, llamamos a la vida.

  Y sabemos lo más importante, lo que en verdad cuenta: los pueblos originarios seguiremos en la rebeldía y la resistencia.

  No importa que nos llamen “conservadores”, o, como hace 100 años a los zapatistas del Ejército Libertador del Sur, “bandidos”.

  Como sus anteriores, el mal gobierno actual y sus lacayos “modernos” pueden decirnos lo que les venga en gana.

  Nuestra palabra y silencio son más grandes que sus grititos histéricos.

  La lucha zapatista pervivirá, los pueblos originarios pervivirán.

  En las ciudades y los campos de todo el planeta se levanta también la lucha de grupos, colectivos y organizaciones de mujeres, colonos, artistas, jóvenes, científicos, trabajadores, empleados, maestros, estudiantes, otroas.

  No importa su tamaño, sino su decisión. Con todos ellos, ellas, elloas, con respeto y solidaridad, se habrá de levantar una red mundial de rebeldía y resistencia contra la guerra que, si el capitalismo triunfa, significará la destrucción del planeta.

  Vendrán y se irán malos gobiernos, pero el color de la tierra persistirá y con él todos los colores de quienes en el mundo se niegan a la resignación y el cinismo, quienes no olvidan y no perdonan, quienes llevan la cuenta de agravios, encierros, desapariciones, muertes, olvidos.

  En ese pensamiento y ese corazón colectivos, renacerá el mundo que hoy agoniza.

  Los tiranos de todos los colores se derrumbarán junto al sistema al que sirven.

  Y para el mundo habrá al fin vida, como debe ser la vida, es decir, libre.

  Mientras llega ese momento, no dejaremos de traer a cada uno de nuestros días, la vida de lucha de Emiliano Zapata Salazar y de Samir Flores Soberanes.

  Y en nuestra lucha cotidiana, se hará verdad el grito que hoy es nuestra bandera: Zapata y Samir viven, y la lucha sigue por…

¡TIERRA Y LIBERTAD!

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Moisés.

México, abril del 2019.

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