Red de apoyo al #CIG y su vocera #Marichuy en la delegación Benito Juárez de la #CDMX condena los actos de hostigamiento al #CIG

Red de apoyo al #CIG y su vocera #Marichuy en la delegación Benito Juárez de la #CDMX condena los actos de hostigamiento al #CIG
Ciudad de México, 8 de noviembre de 2017
Al Concejo Indígena de Gobierno
Al Congreso Nacional Indígena
Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional
A los medios de comunicación
A la opinión pública nacional e internacional
A las organizaciones de derechos humanos
A la Sexta Nacional e Internacional
La voz de los pueblos indígenas anticapitalistas de México ha comenzado a recorrer el territorio de nuestro violentado país para llevar un solo mensaje: tenemos que organizarnos y luchar juntos contra la fuerza y el poder del dinero y las mercancías que nos oprimen. Esta voz, delegada en nuestra vocera María de Jesús Patricio Martínez, indígena nahua, y en las concejalas y concejales del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), ha sido obstaculizada por la manera discriminatoria y engañosa que las instituciones electorales de México han dispuesto para recabar el apoyo ciudadano para que el nombre de nuestra vocera aparezca en la boleta electoral de las elecciones presidenciales de 2018.
Ahora el obstáculo al recorrido de la vocera de nuestros pueblos, Marichuy, ha escalado en nivel de agresión con el espionaje político, el acoso, la intimidación e incluso con la amenaza de agresión de un sujeto con machete, durante el recorrido de la caravana del CIG y el Congreso Nacional Indígena (CNI) por Tonalá y San Cristóbal de las Casas, Chiapas.
Como mexicanas y mexicanos que apoyamos la digna lucha por lograr un México más justo donde quien mande lo haga obedeciendo al pueblo, integrantes de una de las redes de apoyo a CIG y su vocera, condenamos las agresiones perpetradas contra la caravana del CIG y el CNI, pues constituyen una flagrante violación a nuestros derechos políticos consagrados en las leyes mexicanas e internacionales y ratifican lo que la voz del CIG y de Marichuy han venido denunciando, que vivimos bajo la violencia sistémica del capitalismo y por ello necesitamos organizarnos y liberarnos todos y todas de ese poder represor.
Exigimos garantías y pleno respeto a nuestros derechos de reunión, al libre tránsito, libre manifestación, organización y participación política.
Pedimos a la comunidad nacional e internacional que estén atentos del desarrollo de este recorrido de Marichuy y el CIG por las comunidades, pueblos, barrios y ciudades de México, así como de su seguridad e integridad.
Hacemos un llamado para que los colectivos, las organizaciones, las coordinaciones en apoyo al Concejo Indígena de Gobierno y su vocera Marichuy se pronuncien.
Responsabilizamos al gobierno federal y a los gobiernos estatales y municipales de México de la seguridad e integridad personal de todas y todos los integrantes de la caravana del CIG y el CNI que viajan por nuestro país, con toda la legitimidad que les da ser una organización pública de accionar pacífico y dentro del marco legal mexicano e internacional.
Responsabilizamos al gobierno mexicano en todos sus niveles de la seguridad e integridad física de todas nuestras compañeras y compañeros que se están organizando en torno a la propuesta del CIG y el CNI, a iniciativa del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Por un gobierno que mande obedeciendo al pueblo mexicano
Viva el #CIG, Viva el #CNI, Viva el #EZLN
Red de apoyo al Concejo Indígena de Gobierno y su vocera Marichuy en la delegación Benito Juárez de la Ciudad de México.
Fuente: S/A. “Hostigamiento, vigilancia y provocaciones al Concejo Indígena de Gobierno y Marichuy en Chiapas”. En Radio Zapatista, (08 de noviembre, 2017). http://radiozapatista.org/?p=23643
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México: derechos políticos negados en los hechos #CIG #CNI #EZLN

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México: derechos políticos negados en los hechos #CIG #CNI #EZLN

Javier Hernández Alpízar

Las denuncias sobre las “fallas” de la App del INE para recabar apoyo ciudadano por parte de los gestores auxiliares de aspirantes a candidatos independientes, como María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, no son un asunto menor: son la punta del hilo que nos puede conducir por el laberinto de la dominación, la opresión y la discriminación en México.

Vivimos en un país regido por una dominación: no una democracia, no una república, sino un despotismo de clase: la burguesía (mexicana y extranjera), y sus representantes, es la única clase políticamente elegible y electora. Por la vía de los hechos, los demás mexicanos tenemos negados sistemática y estructuralmente nuestros derechos políticos.

Me refiero no solamente a los fraudes electorales sistemáticos y programados, me refiero no solamente a la “partidocracia”, sino al hecho de que nos imponen un apartheid de facto: tal como en las televisoras “mexicanas” solamente aparece una elite criolla y los fenotipos mexicanos no criollos, los que recuerden de algún modo a lo indígena, solamente sirven para la comedia, la bufonería y los albures, así mismo en la política hay una clase político- empresarial que se multiplica en dos alas: la derecha representada por el PAN, el PVEM (somos quizá el único país del mundo donde un partido verde es antiecologista y de derechas) y la derecha del PRI y, por el otro lado, una “ala izquierda” representada por un priismo metapartidario: el nacionalismo del PRI, cada vez más vacío por su salida a los partidos surgidos de su seno: PRD, Morena, PT y Movimiento Ciudadano. Es un síntoma muy significativo que la política de oposición tenga como máxima sacar al PRI de los Pinos y como recurso sistemático poner a un priista como candidato (Cárdenas, López Obrador, Dante Delgado, Bartlett y un larguísimo etcétera).

Las demás formas de participación política son inexistentes o nulas en los hechos: no hay eficacia en mecanismos de consulta, plebiscito, referéndum, iniciativa ciudadana. Está cerrada de hecho la vía electoral y los mecanismos de participación son simulados y no vinculantes.

Los mecanismos de diálogo con el gobierno son también una simulación, un hacer tiempo para desgastar a los movimientos y preparar la represión: caso paradigmático la traición de febrero de Ernesto Zedillo, Esteban Moctezuma y otros priistas contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN.

Ante la asfixia por la endogamia (y casi hemofilia) política de una clase política sin renovación, se abrió la opción de candidaturas independientes, pero inmediatamente las coparon candidatos salidos de la misma clase política empresarial como Ferriz de Con (conductor de noticieros de derecha recalcitrante en Grupo Imagen) o la Calderona (el derecho de la derecha panista a tener más de un candidato, apoyado por sectores de Morena que juegan a ser los genios de la “estrategia”).

La primera vez que una iniciativa de organizaciones y, de hecho, un movimiento social de abajo y a la izquierda usan este recurso como herramienta para visibilizar e impulsar  un proceso de autoorganización desde abajo y con un programa de lucha anticapitalista, en defensa del territorio contra megaproyectos (extractivistas y otros), en defensa de la vida, las mujeres, los pueblos originarios, campesinos, rurales, barrios, todo el México trabajador, esta primera vez, sirve para evidenciar el apartheid político: negación de banco HSBC a abrir una cuenta para Marichuy, mecanismos tecnológicos excluyentes, clasistas y racistas que dejan fuera a las comunidades indígenas, rurales y campesinas y a todo el México pobre que no puede dedicar varias quincenas de su salario a comprar un Smartphone o una Tablet al gusto del INE, respuesta racista de algunos sectores de la población en las redes digitales (incluidos los sectores más fanatizados de Morena).

La cereza del pastel es la negación de los derechos políticos de los mexicanos, que se van muriendo en el camino entre no poder ser candidatos independientes, no poder participar en la elección de los candidatos de los partidos, no tener más opción que votar por uno de los partidos financiados por el gobierno, tener por expectativa un fraude electoral que defina desde arriba el poder: Elba Esther Gordillo y sus operadores en 2006, Slim y su grupo apoyando a derechas e “izquierdas”, Televisa y los competidores de Slim en 2012, etcétera.

Sin embargo ésa es sólo la cereza: el pastel completo es un país de violencia sistémica del Estado y las megaempresas contra toda su población y de impunidad asegurada para los asesinos y feminicidas: ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas de líderes, activistas, luchadores sociales, defensores y defensoras de derechos humanos, comunicadoras, migrantes, mujeres, jóvenes, defensores del territorio, o anónimos pobladores que caen como “daños colaterales” en la lucha contra toda disidencia y organización. Además, la tortura, la prisión política, como herramientas de contención de toda defensa de derechos (incluidos los políticos) y la cooptación como herramienta complementaria: a la llegada de EPN a los Pinos, una de las armas que más temían algunas organizaciones sociales del sur del país era su secretaria de desarrollo social: Rosario Robles, porque conocía a los líderes desde sus tiempos de perredista y ahora tenía la cartera de la cooptación como arsenal.

Las denuncias ante autoridades de todo nivel, desde el Jurídico de la UNAM hasta la PGR o el tribunal electoral, son inútiles: meros ejercicios burocráticos de simulación que aseguran la impunidad y la continuidad del status quo, y normalmente las comisiones de derechos humanos, federal y estatales, sirven de comparsas de esa impunidad.

Desde el alzamiento zapatista en 1994, los zapatistas actuales han declarado su escepticismo respecto a todos los niveles de gobierno y su voluntad de dialogar con la sociedad civil. Del gobierno han recibido sólo traiciones: la de febrero, de Zedillo y Moctezuma Barragán; la de los Acuerdos de San Andrés de Bartlett, Ortega y Cevallos; la de las negociaciones de la calle Barcelona, en las que PRI, PAN y PRD (Muñoz Ledo y Obrador) se repartieron el pastel como premio por excluir a los zapatistas, consagrando la vía electoral como contrainsurgencia y la partidocracia como apartheid político.

La mesa de negociación que jamás se realizó (la segunda de varias previstas) tras la traición de los acuerdos de San Andrés incluía la discusión de formas de participación diferentes (y no excluyentes) a los partidos políticos: ésa es una de las razones por las que los políticos de siempre traicionaron a los zapatistas, porque, además de defender el territorio desde los derechos de los pueblos originarios, cuestionaban el monopolio de lo político por los partidos, exigían que hubiera el mayor número posible de formas de participación ciudadana, individual y colectiva.

Al EZLN y al Congreso Nacional Indígena (CNI) les debemos los mexicanos el no haber echado en saco roto ese impulso: construyeron sus autonomías de facto, han elaborado una política- ética y una ética política con el mandar obedeciendo y sus siete principios, generaron el documento que dio carta de naturalización popular a las policías comunitarias y están construyendo una alternativa política que abre el asfixiante mundo de la endogámica y hemofílica clase política y permite que participemos, organizándonos, todos los que no creemos en la clase político.-empresarial que sale a la palestra sexenio a sexenio, previo intercambio de camisetas.

Si bien no tienen eco en quienes ya están fanatizados y quieren seguir luchando “desde dentro” del frasco cerrado capitalista, las denuncias de Marichuy y su equipo de apoyo sí son atendidas en México y en el mundo por quienes están constatando que se trata de otra política, otros y otras actores y agentes, otra manera de producir el poder, una producción social del poder, democrática y crítica.

Aunque no fuera más que por eso (pero el anticapitalismo es mucho más que eso), la bandera que el CNI y el EZLN han puesto en manos de Marichy y el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) es una insignia sumamente importante.

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No somos “indigenistas”

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No somos “indigenistas”

Javier Hernández Alpízar

Quienes simpatizamos con y apoyamos al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y al Congreso Nacional Indígena (CNI), así como a su propuesta de un Concejo Indígena de Gobierno (CIG), cuya vocera es la compañera nahua María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, no somos “indigenistas”.

El indigenismo es una ideología condescendiente (racismo “benigno”) que pretende que hay que ayudar a los “pobres indígenas”, porque los ve solamente como víctimas vulnerables.

Para nosotros, los indígenas del CNI no son meras víctimas vulnerables, son mexicanas y mexicanos que están organizados, resisten y luchan.

No consideramos a los indígenas inferiores (no somos racistas), sabemos que son humanos iguales que los no indígenas y más aún: somos parte de un nosotr@s colectivo que nos incluye a tod@s en un movimiento anticapitalista.

No esencializamos a las y los compas indígenas, no pensamos que sean el “buen salvaje” de Rousseau. Sabemos que así como hay indígenas organizados, en resistencia y en lucha como los zapatistas, las policías comunitarias en Guerrero, las autonomías en Ostula y Cherán, los cucapás en Baja California Norte o los yaquis en resistencia en su región norteña (incluso indígenas organizados bajo banderas socialistas como en las Huastecas), pero también hay indígenas que se suman al PRI y a la contrainsurgencia, que han llegado a ser paramilitares asesinos como en Acteal, sabemos que los indígenas, como todos los seres humanos pueden lo mejor y lo peor.

A nuestros compañeros no los apoyamos solamente por ser indígenas, sino porque en el caso del EZLN y el CNI están organizados en una propuesta anticapitalista. Precisamente porque no somos asistencialistas (indigenistas) no nos da lo mismo “ayudar” a cualquier grupo indígena, sin importar si es compa de izquierda o es paramilitar priista.

En ese sentido, elegimos con cuáles indígenas estar, de la misma manera y con los mismos criterios que elegimos con cuáles mexicanos no indígenas estar: estamos con los que (indígenas o no) luchan contra el sistema de dominación capitalista y no podemos estar con quienes (sean o no indígenas) abierta o embozadamente defienden esa dominación.

No somos sectarios, porque sabemos que nuestro “nosotros” puede y debe incluir a muchas y muchos no sólo mexicanos sino personas, colectivos y pueblos del planeta Tierra, porque una lucha anticapitalista no puede ser meramente local, ni regional, ni estatal, ni nacional sino que es mundial por naturaleza.

Ser sectarios no significa ser muchos o ser pocos; ser sectarios significa ser fanáticos y seguir irracionalmente a un líder o “ser supremo” sin aceptar cuestionamientos racionales de esa creencia.

No somos sectarios porque las tesis anticapitalistas que asumimos son resultado de una análisis racional de la realidad: un análisis de lo real, lo posible y de la necesidad de superar el posibilismo que posterga para siempre la lucha anticapitalista en un nihilismo de futuro, porque ese posibilismo “para avanzar” hoy hace alianza con burgueses oportunistas (Romo o Korrodi, como botón de muestra) y políticos que vienen de la contrainsurgencia (Dante Delgado, Manuel Bartlett o Moctezuma Barragán, por ejemplo).

No creemos que los indígenas sean buenos o malos por naturaleza, son potencialmente buenos y malos como todos nosotros: los seres humanos. Luchamos juntos porque venza nuestra raza, la única que existe: la raza humana, cuya existencia futura se ve gravemente amenazada por el capitalismo.

No creemos que el mestizaje nos haga mejores, porque no creemos que ser blancos o blanquearnos nos haga mejores (ni peores). No aceptaríamos un paradigma que enarbole el mestizaje, como “Morena”, porque la ideología del mestizaje oculta un racismo contra los indígenas (y la necesidad de mestizarlos o sea blanquearlos.) Tampoco somos “multiculturalistas” porque no solamente luchamos por la “diversidad” dentro del mismo sistema opresor, sino que luchamos por construir un sujeto político e histórico anticapitalista: queremos recuperar y defender los territorios (no creemos que puedan ser “desarrollo” extractivismos como las mineras canadienses) en México y en el planeta entero.

Quienes nos consideran “indigenistas” proyectan en nosotros sus propias fantasías racistas (aunque sean de racismos benignos y “filantrópicos”); en realidad, aceptamos una propuesta indígena porque, para escándalo de los supremacistas de “Occidente”, la bandera del anticapitalismo en México la han empuñado, al menos desde 2005 sino es que antes, los zapatistas y grupos indígenas organizados en defensa de sus territorios, como los  y las compas que participan en el CNI, por eso los compas de la Sexta, de la Escuelita Zapatista y otr@s nos sentimos convocados y, en ese movimiento, no pertenecemos sino que participamos.

No idealizamos a la compañera Marichuy ni a ningún concejal o concejala del CIG o a las y los compas zapatistas: no somos idólatras, ni creemos en “seres supremos”. Incluso uno de los principios que las y los compas tienen respecto a todo cargo como concejal, delegado, representante, vocero, etc., es su revocabilidad en caso de fallarnos. No fetichizaremos a la compañera Marichuy para hacerla candidata cada seis años.

Por todo eso tampoco aceptamos migajas como “un puesto en el gabinete de AMLO para Marichuy”, porque no limosneamos el poder, ni siquiera creemos que irse a vivir a los Pinos sea “tomar el poder”: sabemos que el poder popular democrático lo están construyendo indígenas anticapitalistas organizados y queremos ampliar y construir un poder o poderes así (poder no como “poder sobre”, sino como lo que podemos hacer entre todos juntos y organizados) por todo México y el mundo.

Si tuviera que resumirlo en pocas palabras: no apoyamos a los compas indígenas meramente por ser indígenas, sino por ser compas organizados, en lucha y resistencia anticapitalista.

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La naturalización del capitalismo y la producción del anticapitalismo como imposibilidad

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La naturalización del capitalismo y la producción del anticapitalismo como imposibilidad

Javier Hernández Alpízar

La vida en el mundo de las mercancías es para casi todo ser humano en el planeta lo dado, lo cotidiano, lo común y corriente, lo de todos los días, lo “normal”, lo “natural”. Es la regularidad de su presencia en nuestro mundo de la vida diaria la que nos hace aparecer que las mercancías están ahí por siempre, sin necesidad de explicación. Se forma una especie de “sentido común” (una construcción social de la realidad alienada) que resulta para nosotros evidente, incontrovertible, irrebatible un “principio de realidad” o como diría Marcuse un “principio de actuación”. Las mercancías como real objeto de nuestros deseos, como ´única satisfacción a nuestras necesidades, como meta de nuestras vidas y afanes, como verdadero santo grial de toda nuestra “cura”, preocupación o intencionalidad vital, se convierten en el límite de lo real y por ende de lo posible.

No concebimos poder vivir sin mercancías: son mercancías para nosotros casa, vestido y sustento, mercancías o servicios obtenibles por dinero (mercancías también) los servicios de salud, seguridad y educación. El neoliberalismo lo que hace es arrebatar al Estado y a lo público el derecho a vender como mercancías los que pervertidos keynesianos habían hecho servicios públicos o peor aún “derechos sociales”. Mercancías son la fuerza de trabajo, el agua, los medicamentos y servicios médicos, y ahora también genes y ADN, especies vivas, “biomasa”. Mercancías, la tierra y el territorio, el subsuelo y sus tesoros, petróleo, agua, uranio, oro, cobre. Mercancías, los bosques y selvas; mercancías, los seres humanos vulnerables (trata) o los no tanto (las lujosas mercancías cuyos cuerpos sirven para exhibir las más lujosas mercancías, las y los modelos).

La mercancía, en su caja de mica, en su celofán, bajo la brillante luz spot, en los colores de su novedad, es como una epifanía: es nuestro modelo de ser, siempre nueva, prestigiosa, deseable. Si un genio de la lámpara o la botella se nos apareciera ahora, tendría que ser un alcahuete de nuestra avidez de mercancías. Nuestra subjetividad se ha formado a partir del modelo ontológico de la mercancía: juventud, belleza, estatura, esbeltez, figura atlética, elegancia, salud, incluso cultura, todo ello como atributos d una mercancía o de un ente que aspira a serlo: si no sabes ganar dinero, es porque no “sabes venderte”. En las redes sociales, todos estos atributos son para convertirnos en una “marca”, cuyo valor de cambio se mide en contactos, seguidores, “amigos”, en el círculo para el cual eres un “influencer”. Porque son mercancías también las ideas, las palabras, los conocimientos, los gustos. Hay equipos estudiando “antropológicamente” o desde la psicología social y el marketing tus opiniones, gustos, tus “likes”, comentarios y comparticiones. Y para ellos son fuente de ganancias, las ganancias son como el orgasmo en la orgía de las mercancías y su prestigio fetichista. Si Walter Benjamin había estudiado el capitalismo en los pasajes y en su manera de producir a los paseantes, ahora quizá estudiaría las redes digitales y sus usuarios: templo de la “personalidad” como mercancía y del ego como una mercancía en salvaje competencia con los demás egos.

Pero la evidencia, la patencia, la entidad reveladora y epifánica de la mercancía no es el fondo de la olla: es el fenómeno pero no su esencia. Cuando decimos que el capitalismo es el límite de nuestro mundo, de lo real y de lo posible, cuando a un mundo que no sea gobernado, controlado, dominado por la mercancía es imposible (el postcapitalismo como imposibilidad) solamente estamos sirviendo como oficiantes del fetiche: la mercancía, el dinero y el capital, la santísima trinidad contra la que no se puede blasfemar. Además hay el castigo para el hereje: será declarado iluso utopista, loco, romántico, chairo-jipi, o simplemente será castigado, si su herejía cunde y se vuelve fuerza política, con un golpe de estado, una invasión militar, un bombardeo punitivo, una operación encubierta de la CIA y sus cómplices.

Ahí debería haber una grieta: si el imperio (y el emporio) de la mercancía es tan natural, tan lógico, tan legítimo, tan hegemónico, tan una derivación “necesaria” de la naturaleza humana, ¿por qué necesita de la fuerza para imponerse, para evitar que los seres humanos se sustraigan de su imperio?: en el Cono Sur, el neoliberalismo no se impuso mediante elecciones “libres” sino mediante golpes de estado y dictaduras militares. En el mundo, el imperio de la mercancía necesita del armamentismo nuclear que nos mantenga “disuadidos” y construye socialmente (y estúpidamente) el riesgo de un invierno nuclear.

Para salir del laberinto de la mercancía, el dinero y el capital, Karl Marx descubrió o inventó, bueno, produjo, el hilo de Ariadna de la teoría del valor. El capitalismo fue desnudado y aun diseccionado, su misterio expuesto: el valor de uso, socialmente producido, es subsumido por el valor de cambio y su constitución en proceso casi autónomo de valorización del valor, incremento constante, la ganancia, con su lógica de Rey Midas y en ella el cáncer que la carcome: la crisis. La fuente necesaria, el ingrediente secreto de la receta alquímica es el trabajo vivo, el trabajo asalariado (o esclavo sin más) para ser explotado, superexplotado, reprimido, colonizado, criminalizado.

Sin embargo, la ciencia que explica el talón de Aquiles de la mercancía es una ciencia prohibida, negada, demonizada, permanentemente atacada. En México, generaciones enteras educadas bajo el positivismo aprendieron que solamente las ciencias duras, las ciencias naturales, son verdaderamente científicas, e incluso las ciencias sociales, en la medida que pretendan serlo, deben parecerse lo más posible a las naturales: las ciencias sociales son las cenicientas del mundo académico. A menos que se conviertan en ideología o “filosofía” “postmarxista”. El marxismo es el secreto enemigo de muchos discursos que no lo nombran, desde el positivismo hasta las doctrinas religiosas politizadas en el anticomunismo, o “despolitizadas” en el puro espiritualismo. Sin embargo, en la dinámica cotidiana del capitalismo está el permanente aguijón de la muerte (ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, trata de personas, guerras imperialistas o coloniales, despojos territoriales, doctrina del antiterrorismo global) y la mortificación: el trabajo explotado de todos los días, el capitalismo realmente existente, que no es el cuento de hadas de las mercancías y su ciudad utópica (hay rebajas en todas las tiendas y todos los días) sino la lenta muerte de vivir 8, 9, 10, 11 o más horas diarias para el trabajo asalariado y tener el resto como “tiempo libre”, tiempo para “vivir”, es decir, para consumir mercancías.

Vivir todos los días produciendo mercancías, consumiendo mercancías, oficiando en el consumo de la publicidad (cine, televisión, internet, carteles gigantes, las marcas mismas en cada uno de los logos nuestros de cada día) nos hace creer que las mercancías son más naturales que los seres humanos o los seres vivos: si necesitamos contacto con otros seres vivos podemos comprar una mascota en la Pet Shop.

¿Se entiende ahora por qué el anticapitalismo suena como a saltar al abismo, el negro infierno de lo ignoto, como a los marineros medievales les daba temor llegar al final del océano y caer en el oscuro pozo de la nada?

Solamente en breves momentos de interrupción de nuestra esclavitud cotidiana (como los brigadistas y rescatistas durante las primeras horas y días después del sismo) o en casi ensoñaciones (lapsus de lucidez al leer o conversar, o al pensar-por supuesto acto clandestino del consumidor que sigue siendo un encubierto insurgente) llegamos a pensar que una vida no capitalista es posible. Pero la “sensatez” la extracción de la piedra de la locura, llega pronto: nuestros propios congéneres nos despiertan: no seas soñador, este mundo, la inmanencia del poder del dinero, es lo único real y lo único posible. Incluso nuestro superyó capitalista lo dice: soñar no cuesta nada, pero al despertar, la mercancía todavía estará ahí. Acaso puedes jugar a guerrillero de la Mátrix y soltar pensamientos radicales en las redes digitales. Inútil, todo.

En ese contexto, nada extraño es que los movimientos antisistémicos no sean entendidos. El EZLN no ha dejado de luchar desde que fue fundado, primero en la clandestinidad, luego en la vida pública y en la construcción de sus Caracoles: pero su presencia en el mundo de las noticias-mercancía de los medios comerciales no es diaria, por ende, “aparecen sólo cada que hay elecciones”. En el mundo de las noticias mercancía las mentiras a veces dan más ganancias que la verdad, y cuestan mucho menos: inventar, escribir, publicar, cobrar y recoger prestigio y seguidores.

Sin embargo, son justo esas mujeres y hombres que están reconstruyendo una producción social que desafía al capitalismo, con propiedad colectiva de los medios de producción, con organización de autogobierno democrático, con principios de ética política radicalmente democráticos como el mandar obedeciendo, son ellas el sujeto, pequeño como el niño del cuento de Hans Christian Andersen, que se atreve a decir que el rey va desnudo: el capital no es para siempre; hoy que en su lenta, prolongada, decadencia tiene el aspecto de una Hidra, con cabezas feroces que por todas partes muerden, dentellean, expelen su hálito mefítico, de todas maneras el capital no es invencible: se trata de liberar la energía social que tiene esclavizada, hacer que ya no sea refuncionalizada en favor de la mercancía y el dinero, hacer que la producción social recupere su vocación por el valor de uso, de ser para la cultura, ser para la vida.

El capitalismo y sus ideologías (neoliberal, liberalismo social, keynesianismo, filantropismo de las ONG, doctrinas resignadas a que la justicia es para los ricos y los derechos humanos, casi no justiciables, para los pobres, como dice Arundhati Roy) pesan sobre nosotros como la presión atmosférica, son el “sentido del ridículo” de lo políticamente posible, son la fuerza del fetichismo de la mercancía convertida en la teología secreta del conservatismo en sus versiones duras y blandas, vulgares y eruditas, de derechas e “izquierdas”.

Cuando movimientos antisistémicos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Congreso Nacional Indígena (CNI) hacen propuestas como el autogobierno mediante un Concejo Indígena de Gobierno (CIG) pueden sonar a esos profetas excéntricos en las novelas de Ernesto Sabato. Pero no es que estén locos, sean tontos o sean meras marionetas de una conspiración (bastaría esa proclividad para explicarlo todo así para diagnosticar la bancarrota moral e intelectual de la izquierda oficial): lo que pasa es que nuestros oídos filtran todo mediante la sutil y omnipresente pseudoconcreción de la mercancía y su prestigio fetichista.

No es el caso solamente de quien es un pasivo consumidor de directrices a la opinión pública de los sinsajos e “influencers” más conocidos, también hay sofisticados consumidores de discursos densos e incluso “radicales” cuyo avasallamiento por la mercancía los hace devotos del más clásico parlamentarismo burgués: El fetichismo de la mercancía se extiende del erotismo domesticado en las redes sociales a la religiosidad apócrifa con que veneran a líderes políticos intocables. (“Dios ha muerto” es ya un departamento del supermercado.)

Tomarse unas vacaciones mentales normalmente, cotidianamente, no es posible: pero es posible buscar las grietas, las arrugas, ahí donde la mercancía enseña su decrepitud sistemáticamente maquillada. Sin movimientos antisistémicos como el EZLN y el CNI los discursos radicales serían mera literatura romántica, cursi y edificante, pero inútil. En sus cuerpos y sus voces encarna esa subjetividad que Marx hallaba en los proletarios de su tiempo. Por cierto, todos los proletarios podemos y debemos sentirnos convocados hoy por sus voces. Hacer posible lo imposible no necesariamente pasa por la ortodoxia de los sacerdotes del pensamiento radical del momento: pero sí pasa necesariamente por las “condiciones subjetivas”, la fuerza social, tan objetiva (Simone Weil, dixit) como la condición necesaria más materialista que quieran: construir ese sujeto es hoy la tarea.

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Nuevas respuestas a viejas calumnias contra los zapatistas actuales #CIG #CNI #EZLN

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Nuevas respuestas a viejas calumnias contra los zapatistas actuales #CIG #CNI #EZLN

Javier Hernández Alpízar

¿Han entrado al “circo electoral”? No.

La ilegitimidad del régimen político mexicano no proviene de que ganen una elección fraudulentamente y no se corregiría si ganaran la elección sin fraude (dicen que ganaron sin fraude Zedillo y Fox ¿son por ello legítimos?).

Su ilegitimidad proviene de que son un régimen de dominación: el mandato que obedecen no es el de sus gobernados sino el de los grandes capitales (no importa si mexicanos o no, no sería legítimo el régimen si lo mandara sólo Slim).

El capitalismo engendra, como sus operadores políticos, regímenes de dominación. Y más en los países “dependientes”, manera suave de decir colonizados.

Por eso la propuesta del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y su vocera Marichuy no se opone meramente a un partido o a un sistema de partidos o al régimen: se opone al capitalismo, a la explotación, la represión, el despojo y el desprecio del sistema de dominación capitalista.

Por eso es que no “compite” con uno u otro partido o candidato ni promete que “de llegar a Los Pinos, todo cambiará”. Porque es apenas el primer paso de una lucha por destruir un sistema de dominación y no meramente por poner en él al “menos malo”.

Si alguien está tan resignado como para no creer que se puede terminar con  la dominación, puede votar por quien quiera: todos los partidos políticos son funcionales a la dominación, solamente proponen modelos “alternativos” para hacer a la dominación funcionar mejor..

¿Son culpables de que el PRI-Verde gobierne Chiapas? No.

Algunos malquerientes del EZLN lo acusan de que a Chiapas lo gobierne el PRI- Verde (incluso AMLO ha hecho su parte en esas calumnias), pero al hacerlo escupen para arriba:

Los responsables de que ganara el PRI- Verde son el PRD y AMLO. Ganaron las elecciones primero con Mendiguchía, alianza PAN y PRD, luego con el asesino y contrainsurgente Juan Sabines (alianza PRD- PT- Convergencia, apoyado por AMLO en 2006) y ambos gobiernos hicieron labor contrainsurgente antizapatista y en lugar de al pueblo chiapaneco apoyaron a caciquismos priistas. Dieron oxígeno al PRI y con ello prepararon su regreso con el actual maniquí de la contrainsurgencia, Velasco.

Los zapatistas y demás pueblos indígenas chiapanecos no solamente han resistido al cerco militar federal sino al paramilitar del PRI, el Verde, el PRD y bases lópezobradoristas actualmente de Morena en Chiapas; en el caso del EZLN, le han minado bases a la contrainsurgencia dando servicios de sus gobiernos autónomos a indígenas “partidistas”, que ahora apoyan al CNI.

¿Los pueblos zapatistas siguen “en el atraso”? No.

También insinúan que los zapatistas siguen en el “atraso” cuando la verdad es que han subido su nivel de desarrollo humano: incluso los niveles de participación de las mujeres en sus espacios políticos son envidiables para cualquier organización política en México y en el mundo. Por ello ahora pasan a la ofensiva, a una lucha por liberar, junto con la gente de abajo, al país entero.

En cambio, la ciudad de México, gobernada por cinco gobiernos seguidos de la “esperanza” (del PRD y al menos dos claramente lópezobradoristas: AMLO y Ebrard) está como si la hubieran gobernado los derechistas: su segundo piso es obra pública para beneficio privado; está colonizada por cuanta empresa capitalista, incluido el grupo de empresarios salinistas encabezado por Slim; es pasto para el cártel inmobiliario y la delincuencia organizada actúa “discreta” pero con pingües ganancias; de la inseguridad y los feminicidios a la alza, ya para qué hablar.

Y de los gobiernos tanto lópezobradoristas como del PRD en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Baja California Sur, etc., solamente podemos decir que han sido parte del mismo sistema opresor, represor y de despojo territorial, como el PAN y el PRI.

Una comparación informada y serena da un: 1 para el EZLN y un 0 para la izquierda sistémica.

La insistencia de cierto voto duro lópezobradorista en calumniar a los zapatistas funciona en la consigna de repetir una mentira mil veces hasta “hacerla verdad”.

¿La autonomía zapatista derivó en “violaciones a derechos humanos” y en desventajas para las mujeres? No.

Repetimos: El nivel protagonismo y de autoridad de las mujeres indígenas en el zapatismo actual y ahora también en el Concejo Indígena de Gobierno, donde la mitad son concejalas, es un nivel tan alto que ya lo quisiera cualquier organización política, y sobre todo en la izquierda, donde tienen un candidato patriarcal vitalicio y líderes de opinión masculinos y patriarcales.

 

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