Repensar la ciudad y buscar soluciones integrales a nivel metropolitano:

Repensar la ciudad y buscar soluciones integrales a nivel metropolitano:

Lo principal debería ser cambiar nuestra experiencia de la ciudad para hacer más concreto el derecho a la ciudad: Ángela Giglia Ciotta

Entrevista con la antropóloga y urbanista coautora de Las reglas del desorden

Javier Hernández Alpízar

Hoy la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa dio a conocer su pésame por el fallecimiento de la doctora Ángela Giglia Ciotta, profesora de antropología, especialista en estudios urbanos.

Ángela Giglia fue doctora en antropología social por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Desde el 2000 fue profesora e investigadora del Departamento de Antropología de la UAM Iztapalapa. Fue también coordinadora del Posgrado en Ciencias Antropológicas en ese departamento, entre 2014 y 2017.

Estudió la vivienda y el habitar, los lugares urbanos, las prácticas de consumo y la precariedad en contextos metropolitanos. Dos de sus libros son El habitar y la cultura. Perspectivas teóricas y de investigación, (Anthropos-UAM, 2012); y Las reglas del desorden. Habitar la metrópoli, (Siglo XXI-UAM-A, 2008, en coautoría con Emilio Duhau).

En la UNAM, la doctora Giglia Ciotta fue sinodal en exámenes de doctorado en arquitectura. Durante la pandemia, publicó un artículo sobre el habitar en las ciudades actuales en medio de la emergencia sanitaria.

Compartimos aquí un fragmento de una entrevista en la cual nos brindó sus reflexiones sobre el habitar en la Cuidad de México en tiempos de pandemia. A partir de aquí, excepto los subtítulos, son palabras de la antropóloga y urbanista Ángela Giglia.

El contexto latinoamericano de la ciudad de México: la desigualdad

Habría que partir tal vez de algunos datos de contexto muy básicos: Si pensamos en las grandes ciudades de América Latina, habría que decir que, como continente, América Latina es el más urbanizado. Y es también el continente más desigual, donde hay más desigualdad, económica, social, socioespacial, a todo nivel.

Y esta combinación de desigualdad y urbanización es crucial para pensar la forma de reaccionar ante una situación como la de pandemia que estamos teniendo. Porque estamos frente a ciudades que son una gran oportunidad para la mayoría de la población, es decir, son como imanes que atraen cada vez más población y al mismo tiempo están organizadas de una manera sumamente fragmentaria y sumamente desigual.

Esto lo vemos reflejado de manera muy clara en la ciudad de México, en donde por un lado tenemos una gran carencia de vivienda, no de vivienda como cantidad de vivienda, también, también tenemos una carencia de vivienda en cuanto a que hay muchas parejas o jóvenes que buscan una vivienda y no la encuentran, pero también tenemos una carencia de calidad de la vivienda, de condiciones mínimas de habitabilidad de la vivienda, que se deben a distintos factores.

Un factor es el de la desigualdad, el hecho de que la vivienda que se encuentra en la ciudad central, donde la vida es más llevadera, porque ahí están todos los servicios. Sin embargo, en esta parte de la ciudad la vivienda es muy cara, y es inaccesible para la mayoría de la población, y donde tenemos una vivienda más accesible es, en general, en las periferias, en los pueblos conurbados, en los grandes conjuntos de vivienda construida en los últimos dos, tres, sexenios. Esos conjuntos de pequeñas casas, que aparentemente son casas completas, terminadas, individuales, autónomas, que sin embargo son muy carentes, porque han sido construidas de manera demasiado apresurada y, sobre todo, están alejadas de todos los servicios, de todo lo que es la ciudad como un lugar de oportunidades, de oportunidades de trabajo, de oportunidades de esparcimiento, de conocer a otras personas, de tener acceso a servicios educativos, de salud, etcétera.

Entonces, yo veo en nuestra ciudad, digamos, en términos muy generales, como para trazar un cuadro tal vez un poco simple, pero a la vez me parece que es certero, esta gran división entre una ciudad central y las periferias, con una gran fractura en términos de desigualdad en las condiciones de la vivienda y sobre todo en cuanto a las condiciones de acceso al resto de la ciudad.

Esta dicotomía, habría que repensarla, y cómo la podemos repensar, pues habría que pensar una redistribución de los servicios básicos, que pudieran cubrir todo el territorio de la ciudad y metropolitano, para que ya no tuviéramos estos barrios de vivienda para personas de escasos recursos, donde únicamente hay vivienda y no hay otros servicios, no hay otras infraestructuras.

Esto significa condenar a esas personas al contagio, en el caso de la pandemia que estamos viviendo, porque para esas personas la vivienda y el barrio donde están no es suficiente para sobrevivir. La conexión  a internet es carente, entonces el trabajo desde la casa es problemático, y entonces, estas condiciones de insuficiencia tanto de la vivienda como del barrio hacen que esta población, de hecho, por más que quiera, no puede quedarse en el encierro doméstico.

Es decir, hay que considerar que para millones de personas en nuestra ciudad y en nuestra área metropolitana el encierro no es una solución. Es decir, más que ser una solución, empeora las cosas.

El otro tema sería repensar esta desigualdad en la organización del espacio en términos de favorecer la relación ente la vivienda y su entorno inmediato. Y ahí sería cuestión de repensar la función del vecindario como un espacio indispensable para la experiencia urbana. Si la mayoría de las funciones urbanas estuvieran resueltas para la mayoría de la población en el ámbito del vecindario, otra ciudad tendríamos, completamente.

Mucha gente se ahorraría el uso del transporte público en condiciones de hacinamiento, con riesgo de contagio para ir simplemente a una cita médica o para ir a comprar un bien que necesita. Y podría tener la solución de estas necesidades en el entorno inmediato del vecindario o de lo que se llama más en general el espacio de proximidad.

La tarea es inmensa y no es fácil encontrar soluciones que realmente nos saquen de esta situación en la que es cada vez más clara la diferencia: la fractura entre quienes sí tienen las condiciones para quedarse en casa y quienes simplemente no pueden quedarse en casa por estas razones que he tratado de exponer.

Puntos clave para repensar la ciudad

Entonces, este tema de repensar la ciudad debería ser a la vez buscar soluciones integrales a nivel metropolitano, en términos de los sistemas de transporte, en términos de los sistemas de los servicios de salud, de las distintas infraestructuras básicas, las redes de internet que habría que potencializar al máximo.

Pero también es un asunto de soluciones mínimas. Soluciones que tienen que ver con la habitabilidad y el mantenimiento del espacio vecinal, del espacio del vecindario, a un nivel muy básico.

Cómo hacer que el espacio público al salir de la casa, la simple calle, la simple banqueta, el cruce del semáforo, en donde voy a tomar el pesero o el metro, etcétera, que están en condiciones de mucha más habitabilidad, accesibilidad, limpieza, mantenimiento. Es decir, que tuviéramos unos espacios públicos, por decirlo con una sola palabra, más dignos. Empezando con el espacio simple de la banqueta y de la calle fuera de nuestra casa.

Y esto se hace con operaciones de mantenimiento, alumbrado, limpieza de la calle, que son operaciones del presupuesto ordinario, digamos, es decir, no hay que pensar en ningún gasto extra para que nuestros espacios públicos banales, cotidianos, sean un poco más dignos, más decorosos, más decentes para el uso de todos.

Con que haya, por ejemplo, algunas bancas más en una acera que por el espacio lo permite, tendríamos la posibilidad por ejemplo para personas ancianas de salir de su casa y sentarse en una banca, quitarse entonces de una vivienda que puede ser en condiciones de hacinamiento, que puede ser en condiciones de que la convivencia con los parientes y cohabitantes se vuelve sofocante, abrumadora, y tener un pequeño desfogue, cerca de la casa, donde salir y habitar el espacio público, que a final de cuentas es lo esencial de la ciudad.

La posibilidad de estar en el espacio público simplemente siendo parte de, viendo quién pasa, quién más está… por supuesto que en condiciones de distancia, en condiciones de precauciones con respecto a la pandemia, pero lo que quiero decir es que para mucha gente sería mucho más adecuado tener ese desfogue de un espacio público cercano, de poder estar en un espacio público cercano, en lugar de quedarse en la casa.

Y sin embargo, lo que vimos es que se han cerrado los parques públicos, se han cerrado todas las infraestructuras de uso público, como si el espacio público, de un día para otro, se hubiera convertido en la fuente máxima de contagio. Mientras que a veces una vivienda en condiciones de hacinamiento es un espacio de mucho más contagio que un parquecito barrial.

Entonces habría que actuar a distintos niveles, a niveles de la mejora de las grandes infraestructuras, pero también a nivel de la mejora de nuestro espacio sencillo, de todos los días.

La necesidad de mejorar los espacios públicos

Habría que hacer una política de espacios públicos en los asentamientos de autoconstrucción, en las colonias populares, y en los conjuntos urbanos periféricos, para dotar a estos asentamientos de espacios públicos y de una infraestructura para el esparcimiento y para el deporte, que normalmente no tienen. Y es donde más haría falta, este tipo de estructuras, más todavía en los tiempos de pandemia que estamos viviendo y que nos e van a resolver de manera tan inmediata desafortunadamente.  

Es muy lamentable ver que en estos asentamientos en donde el espacio público a veces se reduce a la calle, hay quienes han tenido que fabricar su propia banqueta. Estamos frente a un espacio público muy carente, muy maltrecho. Sin embargo la gente lo utiliza de manera multifuncional, de una manera muy intensiva para todo tipo de actividades: recreativas, festivas, laborales, comerciales, porque no hay otro espacio. No caben todas las actividades dentro de la vivienda y entonces el espacio público es una suerte de extensión de la casa, del habitar doméstico y de ahí también los conflictos posibles con  los  vecinos. Sin embargo, no se puede prescindir de esta utilización intensiva del espacio público.

Y en cambio, donde vive gente de muchos mayores recursos, se tienen aceras liberadas, aceras amplias, camellones arbolados, etcétera, y no se utiliza porque a estas personas de mayores recursos esa dotación de espacios públicos es bonita para ver, es parte del estatus de la zona donde viven, pero no le hace falta realmente.

Aquí también observamos una permanente desigualdad en la dotación de espacio público que es un recurso para la experiencia urbana, entre los sectores de mayores y los sectores de muy escasos recursos, que son los que más necesitarían de un espacio público digno, amplio, para poder tener una mejor experiencia de la ciudad, del vecindario y también para ser más resilientes ante la pandemia,

Espacios seguros para ciclistas

Aquí por ejemplo hemos visto las ventajas de la bicicleta para todos aquellos que puedan arriesgarse a andar en bicicleta en una ciudad como la nuestra. Sin embargo, ha sido un hecho que la compra y venta de bicicletas ha tenido un aumento considerable en los últimos meses, para les personas que se atreven, digamos, a usar ese medio de transporte y han preferido, en lugar de meterse al transporte público donde las condiciones de contagio son extremas, por más que se tomen precauciones, es decir, mascarillas, etcétera, cuando hay hacinamiento es muy fácil contagiarse.

Por más que se hayan tomado medidas en el metro tratando de medir el aforo, evitar las aglomeraciones, sin duda no ha sido fácil, y eso complica la vida de muchas personas porque ralentiza la llegada a los lugares de trabajo, de ahí que muchas personas están optando por la bicicleta y ahí también se necesita proveer espacios seguros para los ciclistas, mejores de los que hemos tenido hasta ahora, por ejemplo, en Coyoacán, en todas las calles hay una señalización de un carril para las bicicletas. Que los automovilistas respetan muy poco. Entonces dónde está la precaución ante el ciclista, donde está el espacio público para el ciclista, prácticamente no lo hay.

Ahí también se tiene otro desafío muy importante porque no van a dejar de proliferar los ciclistas, seguramente. Es una manera de transportarse mucho más segura ante el riesgo del contagio. Menos segura ante el riesgo de ser atropellado porque ahí sí, es una forma de transportarse muy riesgosa. Pero mucha gente está optando por ella.

Y el caminar a pie, de ser posible caminar a pie hasta donde se pueda en el espacio de proximidad para llegar a todos los servicios que nos permiten la vida cotidiana, el mercado, la oficina, la delegación.

Toda esa movilidad se realiza de una manera cotidiana, donde se puede habría que tratar de llevarla a cabo prescindiendo del transporte público. Lo que conllevaría también un beneficio en salud. Habría que repensar la experiencia de nuestra ciudad y eliminar muchos prejuicios que nos han hecho vivir la ciudad de una manera a final de cuentas bastante disfuncional.

Lugares especiales como la Central de Abastos

La Central de Abastos es un buen ejemplo: hay infraestructuras que no pueden parar y que al mismo tiempo tienen que encontrar la forma de funcionar de manera distinta. Entonces, por ejemplo, al no permitir el aforo que se permitía antes, al permitir la entrada de menos personas, de menos clientes, esto evidentemente ralentiza las transacciones y me puse a pensar que deberíamos cambiar inclusive nuestra noción del tiempo. Darnos cuenta que la noción del tiempo también cambia en las condiciones de pandemia. Que una serie de operaciones se llevan mucho más tiempo del que estábamos acostumbrados.

Sin embargo no hay de otra, realmente es un repensar la ciudad un poco desde sus coordenadas más esenciales: la movilidad, la prisa, la accesibilidad de todo, el querer llegar en coche a cualquier lado, todo eso hay que empezar a repensarlo.

Los huertos urbanos

Aquí hay pequeñas señales de cambio que están también relacionadas con esto que decíamos: cuando no es posible abastecerse de un bien de primera necesidad. Porque el mercado, lo cerraron. Porque la central de abastos no permite la entrada que se permitía antes, es una razón más para buscar la autoproducción. Ahí está todo el tema de los huertos domésticos, no solamente de los huertos urbanos, que son muy importantes, como la acción de colectivos de vecinos que pueden utilizar espacios vecinales, espacios abandonados y transformarlos en huertos que den una suerte de abasto, una suerte de comida para la comunidad, sino el uso de las azoteas, de los balcones, de los espacios adentro de la vivienda, como pequeñas huertas.

Ahí también hay una veta de cambio muy importante, yo creo que sobre todo en los jóvenes que se están orientando para aprovechar cualquier espacio posible para llegar si no a una autosuficiencia alimentaria completa, que no es posible, pero ganar cierta dosis de autosuficiencia alimentaria a partir del autocultivo, porque bueno, la comida y el agua serán en el futuro los bienes más codiciados.

Con el gran aumento demográfico, entonces, yo creo que todas las personas que pueden hacerlo y que tienen el entendimiento de hacia dónde vamos como planeta sí se están orientando hacia una relación con la naturaleza diferente, que va desde regresar a la naturaleza, desde comprar un pedazo de tierra donde se pueda, por ejemplo en Europa hay un movimiento de jóvenes, licenciados en derecho o en filosofía, que de repente rescatan un pequeño terreno que tenía el abuelo y lo empiezan a cultivar. Y ya renuncian a la carrera que habían terminado, que habían emprendido, para convertirse en un nuevo tipo de campesinos.

Y aquí, en las ciudades, la oportunidad que tenemos es utilizar nuestras azoteas, nuestros patios, nuestros balcones, sobre todo pensando que la ciudad de México tiene un clima que lo permite.

A veces no nos damos cuenta de las ventajas de las que disponemos, sin haber hecho nada, como para el caso de la ciudad de México, un clima que es bastante agradable, que tiene sol casi todo el años, una temporada de lluvia que es cada vez menos predecible, pero eso también significa un acceso al agua, es decir, se tienen todas las condiciones para que el abasto de alimentos, de la agricultura, sea posible.

También se tienen las condiciones para estar en el espacio público. Porque el clima lo permite, hace un poco de frío, en invierno, en la mañana, en la noche, pero al final de cuentas, quiero decir, no estamos en Montreal, en donde cinco o seis meses al año se tiene que vivir entre la casa y unos espacios públicos que son túneles debajo de la ciudad, porque la temperatura externa es insoportable de tan fría.

Entonces tenemos una ciudad que, con todas sus problemáticas, con todas sus carencias, también nos ofrece oportunidades muy importantes para cambiar nuestro modo de vida.

Las iniciativas ciudadanas

Me parece que sí hay, sobre todo en algunas partes de la ciudad, hay iniciativas a nivel local, de los vecinos organizados acerca de ciertas actividades o de ciertos intereses. En muchos barrios hay conjuntos  vecinales que son muy activos.

Claro, para las personas cuyo principal problema es conseguir la comida del día, todo lo demás es secundario. Tienen que salir, buscar el sustento cotidiano, y todo viene después. Su posibilidad de participación en este tipo de organizaciones de la sociedad civil también hay que entender que no es fácil, es más fácil que se agreguen en organizaciones de tipo gremial, o de tipo barrial, pero para la solución de servicios básicos en las colonias, como se ha visto en las colonias de autoconstrucción. Pero un poco menos para otras cosas, aunque quien sabe si esta situación de la pandemia también despierte un interés renovado para hacer las cosas en común inclusive en los sectores de menores recursos donde sí hay una tradición de concebir las cosas en común.

Y no solamente ese tipo de asociacionismo muy propio de las clases medias, que es un poco más cosmopolita, un poco más declinado en los términos de los derechos ciudadanos.

Había que pensar que desde otro tipo de hábitat, desde todo tipo de formas mejores de habitar. Lo principal debería ser cambiar nuestra experiencia de la ciudad para hacer más concreto ese llamado del derecho a la ciudad que mucho hemos oído en los últimos años.

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