El EZLN contra los nacionalismos y la contrainsurgencia desarrollista

Babel

El EZLN contra los nacionalismos y la contrainsurgencia desarrollista

Javier Hernández Alpízar

En un libro breve, Los conquistadores, Jaques Lafaye nos da algunas claves para entender la conquista, la Nueva España y aun parte de la historia posterior.

Hernán Cortés fue muy hábil para tejer alianzas entre todos los pueblos indígenas que padecían la opresión del dominio azteca o mexica, con ellos reclutó el ejército mayoritariamente indígena que conquistó Tenochtitlán. Eran unos pocos españoles y miles de indígenas quienes sitiaron y derrotaron a los aztecas. La habilidad de Cortes fue hacer las alianzas y construir la hegemonía española sobre la mayoría indígena. Fue un maquiavélico.

Luego, la relación entre los conquistadores en la Nueva España y la Corona española fue conflictiva. Los conquistadores deseaban dominar despóticamente, pero la metrópoli necesitaba administrar su colonia en función de sus propios intereses incluso poniendo límites a las ambiciones de los conquistadores. Eso fue generando una fisura entre “criollos” o “indianos”, descendientes de los conquistadores españoles que deseaban tener los privilegios que sus antecesores también ambicionaron, y “peninsulares”, gobernantes al servicio del rey de España, comenzando por los virreyes, quien tomaba para sí la parte del león, perdón: el quinto real, y generaba resentimiento entre los criollos.

Si bien la guerra de independencia fue protagonizada por mayorías indígenas, campesinas, mestizas y “castas”, al final los criollos, encabezados por Iturbide, prefirieron independizarse de España que aceptar una constitución española liberal. La independencia de México se logró bajo el liderazgo hegemónico criollo, al igual que la conquista bajo la hegemonía de Cortés, y el nacionalismo criollo retomó “sus raíces” aztecas prehispánicas para tomar distancia de la recién expulsada metrópoli, pero eso jamás les impidió que mientras idealizaban a los indígenas prehispánicos (los conquistados, porque de los indígenas conquistadores no se habló más) esclavizaban, explotaban y despojaban a los indígenas vivos.

Esta historia nacionalista terminó de acuñarse (falsificarse) con la consolidación del Estado mexicano, entre el juarismo y Lázaro Cárdenas, pero particularmente fue divulgada de manera hegemónica por los gobiernos “de la revolución mexicana”, es decir del PRI con sus diversas siglas.

Inexactitudes y anacronismos como identificar al México actual con los aztecas, haciendo aparecer a los indígenas que se aliaron a Cortés como “traidores” (“la traición de los tlaxcaltecas”), algo tan absurdo como pensar que si los ingleses se aliaron a Estados Unidos para combatir a Alemania, eran “traidores” a una entonces inexistente unidad europea.

Ese nacionalismo fue la ideología argamasa de un Estado capitalista burgués para mantener la unidad nacionalista, hegemonizante y discriminatoria de los indígenas realmente existentes. La ideología del mestizaje parece ser antirracista, pero oculta el racismo del indigenismo que buscó asimilar y desindigenizar a los indígenas.

Los mexicanos fuimos educados en la idealización de Moctezuma o Cuauhtémoc, al tiempo que los gobiernos de Juárez, Díaz o del PRI hicieron la guerra a zapotecas, mixtecas, mayas. yaquis, rarámuris, mayos, etcétera. Indígenas yaquis fueron deportados para trabajar como esclavos en Yucatán y en Cuba.

Defender esa historia inexacta, llena de anacronismos, verdades a medias, o a cuartas, y mentiras completas, sirvió para ocultar el entreguismo de gobiernos mexicanos a los intereses de Francia, Estados Unidos, y de capitales de diversos países, todos ellos con una sola patria: el dinero.

Pedirle una disculpa a la España contemporánea es anacrónico, pero genera fácil adhesión en un público ignorante de su verdadera historia y adoctrinado en una narración maniquea, simplificada, de oropeles nacionalistas con rancio olor a priismo.

Gabriel Zaid aclaró lúcidamente lo falso que es decir “España, la madre patria”. La España contemporánea no es la madre del México actual. España y México, y otras naciones de lengua castellana, somos hijos del Siglo de Oro español: Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Quevedo y Góngora, Fray Luis de León, Santa Teresa de Jesús, Juan Ruiz de Alarcón… lo mismo que debe ser un valor para todas esas naciones Sor Juana Inés de la Cruz. España no es nuestra madre patria, es una patria hermana. Podemos reconocernos mexicanos, sin rencores por la conquista, y estar contra el colonialismo capitalista contemporáneo que, por ejemplo, encabezan Donald Trump y capitales de Estados Unidos, China, o simplemente capitales sin patria que están avanzando en el Proyecto Integral Morelos, el tren maya, el corredor del Istmo, la refinería de Dos Bocas o el aeropuerto de Santa Lucía. Pero incluso si la explotación y la devastación ambiental las impulsan “mexicanos” como Alfonso Romo, Carlos Slim, Salinas Pliego o Emilio Azcárraga, ¿cuál es la ventaja de semejante “nacionalismo”?

Sin embargo, a un gobierno sumiso a Trump le es fácil salir con la bravuconería de pedir a Madrid que nos pida perdón mientras pone a la Guardia Nacional como Border Patrol al servicio de los intereses xenófobos y antiinmigrantes de Donald Trump. O pedir al Vaticano que nos pida perdón al tiempo que paga dinero del erario a pastores evangélicos que reparten la cartilla moral y usa una retórica religiosa manipuladora en sus conferencias diarias y hasta en el nombre de su partido.

Tal vez el predicador mañanero piense que España o el Vaticano pueden hacer el numerito de pedirle disculpas como él hizo el numerito de llamar amigo y quemarle incienso a Trump, para la campaña electoral allá. O el numerito de “pedir permiso” a la Madre Tierra para luego impulsar el genocidio y ecocidio desarrollista de su gobierno.

Lo dijo muy bien Pedro Faro, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, este gobierno se llama a sí mismo de la Cuarta Transformación, pero le hace el juego a la Cuarta Guerra Mundial contra los pueblos del mundo. Lo hace así con su contrainsurgencia desarrollista: militariza el país más que Calderón o cualquier gobernante reciente, reactivó el paramilitarismo en Chiapas y Guerrero, herencia del zedillismo.

Ha dicho que acabó con el neoliberalismo, pero está desmantelando las instituciones del Estado mejor que los más neoliberales, todo con la bandera de la austeridad y el “combate a la corrupción”.

Por el contrario, los zapatistas actuales han anunciado que viajarán por Europa y el mundo para hablar y escuchar a pueblos que resisten contra los males del capitalismo y el patriarcado hoy: los feminicidios, la devastación ambiental planetaria, la pandemia, la guerra del capital contra los pueblos. Todos ellos, temas que los gobernantes y políticos neoliberales y neoconservadores ni siquiera nombran, e incluso niegan o minimizan.

Ante los nacionalismos retrógrados, pueblos mayas mexicanos con arraigo y cultura propia nos invitan a globalizar la rebeldía y la resistencia ante el colapso económico, ecológico y civilizatorio que impulsa la contrainsurgencia desarrollista con piel de “la historia soy yo”.

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