Nos queremos vivas, nos queremos vivos, todas y todos

Babel

Nos queremos vivas, nos queremos vivos, todas y todos.

Javier Hernández Alpízar

A quienes hemos participado en las iniciativas civiles del zapatismo actual nos son familiares estas premisas, ya que nuestra lucha ha sido siempre en defensa de la vida, como han expresado las organizaciones que nos convocan y hermanan:

“Nosotros defendemos proyectos de vida y ellos defienden proyectos de muerte”. “Nuestra lucha es por la vida”. “Nos queremos vivas”.

Con esas bases podemos y debemos hacer frente a los hechos recientes:

La pandemia del coronavirus SARSCOV2, causante de la enfermedad Covid-19, es altamente contagiosa y es mortal para un gran sector de la población, pues en México la tasa de letalidad es (según la Universidad Johns Hopkins) de 10.7% y entre comunidades indígenas sube a 19%.

Además el Covid19 afecta más a las personas vulnerabilizadas por el despojo, la explotación, la represión y el desprecio, como son las y los trabajadores, los obreros de las maquilas, el personal de salud, los trabajadores mineros, los habitantes de los barrios, colonias, poblados y aldeas populares, muchos de ellos carentes del servicio de agua corriente y lejanos a los hospitales, a las personas ancianas (nuestros abuelos y abuelas, tesoro de nuestra memoria de vida y de lucha).

Sus trabajos son esenciales, pero el sistema los trata y sacrifica como desechables.

Aún no hay una vacuna ni medicamento o terapia que cure el Covid-19.

El sistema de salud en México está precarizado, con un déficit enorme de instalaciones físicas, medicamentos, aparatos específicos para atender los casos y con un deficiente número de médicos y enfermeras y personal de salud. La secretaría de Salud reconoció hace semanas un déficit de 200 mil médicos y 300 mil enfermeras. Además gran parte del personal no está capacitado para este tipo de emergencias y para el uso de aparatos como los ventiladores.

Ese personal es explotado. Son violados sus derechos laborales, y los trabajadores, expuestos al contagio y la muerte por deficiencia y desabasto de insumos para su protección personal, como han mostrado sus manifestaciones legítimas en demanda de sus derechos.

El affaire de la venta a precios altísimos de ventiladores al IMSS, protagonizado por León Bartlett, se resolvió echando atrás la compraventa, castigando a funcionarios menores del IMSS, dejando impunes a los Bartlett y. al final, nos enteramos de que el equipo no servía. El equipo se necesitaba para salvar vidas. Esas vidas no se salvaron.

La desinformación y la manipulación han engendrado el vergonzoso fenómeno de discriminación, ataques, agresiones, lesiones, asaltos y hasta secuestros o robos a casas habitación de personal médico.

La incidencia de contagios en México es tan alta que hemos rebasado al país origen del virus, China y la tasa de letalidad del Covid 19 en México es la más alta de América Latina, superando la de casos trágicos como Brasil. México está entre los primeras dos decenas de países con más contagios acumulados y más muertes en el mundo.

En México ha habido una política de comunicación deficiente que no llevó información sobre la pandemia en sus propias lenguas a las comunidades indígenas, como ha dicho Artículo19.

El esquema de comunicación mediante ruedas de prensa de la secretaría de Salud es en un canal y mediante códigos lingüísticos que se dirigen solamente a clase media y alta urbana, de preferencia con estudios universitarios y acceso a internet, dejando sin información los canales, los códigos y patrones de información y comunicación de la inmensa mayoría de la población, las clases populares.

La población mexicana ha sido víctima de la destrucción de su sistema y sus formas de alimentación tradicionales por la inducción del consumo compulsivo de alimentos procesados con altos contenidos de azúcares, harinas, proteína animal, grasas, tóxicos y transgénicos, lo cual ha debilitado los sistemas inmunes y ha provocado desnutrición, bajas defensas, enfermedades crónico degenerativas en gran parte de la población.

La falta de claridad, la información parcial e incompleta, la confusión por las contradicciones entre los diferentes niveles de autoridad y la propagación de noticias falsas han vuelto más vulnerable a la población a los contagios, al miedo a ir a los hospitales, al miedo a reconocer que tiene Covid-19, por la estigmatización a las víctimas del virus.

Muchas personas no han podido guardarse en casa porque se han visto obligadas a salir debido a que en México los derechos laborales son en la práctica inexistentes, porque muchas personas viven al día y porque el Estado mexicano no tuvo políticas de apoyo a la vivienda, a la alimentación y a un salario mínimo vital, sino que todo quedó en manos del mercado y de patrones voraces como los de las maquilas, las mineras, el Grupo Salinas y empresas afines al poder y el capital.

No hubo ningún apoyo a la vivienda, especialmente no lo hubo a quienes rentan, ni para que se disminuyeran gastos como los de electricidad, telefonía e internet, controlados por privilegiados del gobierno como Bartlett, Slim, Salinas Pliego y Azcárraga.

El gobierno no apoyó los circuitos de economía local y de más arraigo popular como las tienditas y tianguis, en cambio, privilegió a sus tiendas afines como Elektra, Soriana, WalMart , Chedraui y Oxxo, etc.

Los apoyos de política social, de evidente intención electoral, como sembrando vida, jóvenes construyendo futuro, apoyo a adultos mayores, beca para empezar, son insuficientes para paliar la crisis por el desempleo, el subempleo, el alza de los precios, el desabasto de algunos medicamentos e incluso en alimentos, no sólo porque esos montos de dinero no alcanzan a paliar la pobreza, sino porque no llegan a toda la población, ni siquiera a toda la que dicen llegar.

No hay una política de Estado que promueva la salud, la educación, las ciencias y la cultura, sino que a estos rubros se les ha quitado dinero en presupuesto para privilegiar a los militares y a los proyectos de infraestructura capitalista y colonial al servicio de los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos y los capitales transnacionales como el tren maya, el corredor del Istmo, el Proyecto Integral Morelos, la refinería Dos Bocas, el nuevo aeropuerto en manos de los militares en Santa Lucía y el extractivismo minero y petrolero, los parques eólicos y otros proyectos de “desarrollo”.

Todas estas políticas son de despojo, colonización, desplazamiento de población, destrucción de hábitats naturales y aumento de las condiciones de la devastación ambiental que generarán más pandemias como la del Covid19, además de darle impulso al calentamiento global y a la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales.

Entre los mexicanos que están siendo más afectados por estas políticas están las comunidades y pueblos indígenas, víctimas de la militarización, tanto por el ejército como por la Guardia Nacional, la paramilitarización y el crimen organizado,

Esta situación ya produce hambruna en los desplazados tzotziles en Chiapas y en los indígenas de la montaña de Guerrero como han alertado los Centros de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas y Tlachinollan, respectivamente.

En la Ciudad de México tenemos casos como el de la comunidad otomí y sus campamentos en Roma 18, Guanajuato 200 y Zacatecas 74, que han visto denegados sus derechos a la vivienda y la ciudad, al empleo, a la educación, a la salud y a la alimentación y hoy enfrentan la emergencia en condiciones altamente precarias y vulnerables. Ellos tienen un centro de acopio solidario de víveres en Guanajuato 200, donde reciben insumos de limpieza y despensa de alimentos, así como pañales de todas las etapas y para adultos, ancianos.

Como estas comunidades hay en la Ciudad de México otras muchas comunidades indígenas precarizadas, entre ellas triquis, nahuas, mazahuas y otras.

De acuerdo a los propios datos del gobierno estamos en un momento de alto contagio, de Fase 3 y de semáforo rojo en prácticamente todo el territorio nacional. Cada día las cifras suben, y no tenemos certeza de que el conteo se aproxime a la realidad, porque México tiene una de las tasas de pruebas por Covid 19 más bajas del mundo (0.4 pruebas por cada mil habitantes).

Hasta el lunes 1 de junio hubo 10 mil 167 personas muertas por Covid19 y una acumulación de contagios reconocida de 93 mil 435. Multiplicando por 8, como hace semanas hizo el propio gobierno federal para hacer una estimación, serían 747 mil 480 contagios acumulados estimados.

Al 1 de junio, solo en la Ciudad de México había 2 mil 723 muertes, la entidad más golpeada del país en este sentido.

Contra todo sentido común y sentido de defensa de la vida y la salud, el gobierno federal decretó el inicio de un desconfinamiento llamado tramposamente “nueva normalidad” sin que haya, ni siquiera en sus propias cifras, descenso de contagios ni “aplanamiento de la curva”, sino un alza diaria en número de contagios y un incremento en el número de muertos.

Esta irresponsable y errónea política cuando no hay pruebas suficientes de Covid-19 (aumento de pruebas que ha recomendado la Organización Mundial de la Salud), ni medicamentos, ni vacuna ni terapia curativa probada, está comenzando a ocasionar la salida de muchos mexicanos a los espacios públicos, lo cual puede disparar la pandemia y ocasionas muchas más muertes.

Es nuestro deber denunciar todo esto y hacer responsables a los tres niveles de gobierno, federal, estatales y municipales, y a los tres poderes del gobierno, ejecutivo, legislativo y judicial, así como a la clase político empresarial que ha presionado por el fin del confinamiento, de los costos en vidas humanas que puede ocasionar la irresponsable medida de iniciar una presunta “nueva normalidad” en etapa de alto contagio y riesgo.

Tenemos que hacer uso de todos los foros a nuestro alcance para llamar a todas las personas a no salir de sus casas y a exigir que el confinamiento se prolongue hasta que haya por lo menos dos semanas con una clara baja de contagios.

Asimismo, tenemos que exhortarlas a mantenerse informadas, críticas, comunicadas y organizadas para reclamar que el regreso no sea a una nueva “normalidad”, porque la normalidad capitalista ha sido siempre de sacrificio de los más por los intereses de los menos.

Tenemos que lograr convocarlas a confrontar claramente a la clase político empresarial que está administrando ahora las muertes y pretende normar la vida de los mexicanos mediante la militarización y la disciplina por el hambre y la crisis. El biopoder capitalista en pleno.

Tenemos que solidarizamos con todos los trabajadores de la salud, con los médicos y personal de enfermería, paramédicos, camilleros, con todo el personal de limpieza, personal manual y administrativo, asimismo con los obreros y obreras de las maquilas, con los trabajadores de Pemex, CFE, los transportes públicos y privados, los comerciantes y trabajadores precarios, con todos los que se han visto obligados a trabajar arriesgando su salud y vida y la de los suyos. Ellos son esenciales, los patrones y gobernantes, no.

Tenemos que solidarizarnos con las mujeres que luchan y que han visto como la violencia contra las mujeres, que se ha agudizado en el encierro, es negada y minimizada desde el propio gobierno por el titular del poder Ejecutivo.

Debemos solidarizarnos con los docentes, investigadores, creadores y artistas que han sido afectados por los recortes en ciencia, investigación, universidades e institutos de investigación superior.

Tenemos que solidarizarnos con las maestras, maestros y todos los trabajadores de la educación que podrían ser obligados a regresar a las aulas poniéndolos en riesgo de contagio. Y solidarizarnos también con todas las y los estudiantes que han visto cómo su educación pasa por el uso de internet cuando en muchos lugares no hay conexión, no es eficiente, incluso no hay energía eléctrica,

Es nuestro deber solidarizarnos con las y los periodistas y comunicadores que se han visto estigmatizados, linchados en redes sociales, calumniados y agredidos con una serie de descalificaciones que suelen partir desde el presidente y desde agencias del Estado como Notimex. Además, muchas  y muchos de ellos, han sido expuestos al contagio y hay entre sus filas enfermos y muertes.

Tenemos que solidarizarnos con los internos del Cereso No. 5 en San Cristóbal de las Casas, en huelga de hambre porque están injustamente presos y en riesgo ante un brote de Covid 19 en el penal. Y solidarizarnos con os internos Solidarios de la Voz del Amate que fueron encerrados en la enfermería al dar positivo.

Debemos solidarizarnos con todos y todas los desempleados y con quienes irán quedando desempleados en esta crisis.

Tenemos que solidarizarnos con el pueblo de los Estados Unidos, la gente de abajo, víctima de la discriminación, el racismo, el supremacismo blanco y la brutalidad de la policía. Ellos con su lucha muestran otro Estados Unidos.

Debemos solidarizarnos con el pueblo chileno, que está en las calles luchando contra el sistema que los ha explotado y reprimido con y también sin dictadura y bajo “democracia”.

Sobre todo es nuestro deber solidarizarnos con quienes han sido víctimas de la pandemia porque han sufrido la pérdida de un ser querido o han sobrevivido y tienen que seguir sus vidas con los daños a su salud que el Covid-19 dejó. Las víctimas son miles, y aunque fuera solo una, es una vida humana y ninguna pirueta verbal la puede minimizar ni mucho menos borrar.

Tendremos que organizarnos y luchar juntos para destruir la injusticia y desigualdad que con esta pandemia se hizo más evidente.

Ante todo hay que llamarnos, entre todos y todas, a cuidar nuestras vidas en este momento de grave peligro. Por ello compartimos las medidas que recomiendan expertos de la UNAM:

La Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia del Coronavirus de la UNAM recomendó:
• Mantener el confinamiento voluntario por lo menos 2 semanas más, procurando salir de casa solo para asuntos indispensables.
• En caso de que sea necesario salir de casa, utilizar cubrebocas que tape nariz y boca, sin manipularse.
• Tener presente en todo momento que el riesgo de contraer COVID-19 está presente de manera permanente.
• Tener una distancia sana con el resto de las personas en el espacio público de por lo menos 2 metros cuando sea posible.
• En sitos de proximidad, el uso de caretas de acrílico para evitar riesgo es recomendable.
• Recordar que las personas asintomáticas también pueden llegar a transmitir el virus por ello se deben extremar precauciones.
• Reforzar las acciones para evitar brotes de casos hacia el interior de los domicilios.
• Establecer y seguir las mediadas especificas en los sitios donde se estén llevando actividades esenciales.
• Recordar que la protección del personal de salud debe ser prioritaria, por ello deben contar con equipo de protección personal en cantidad y calidad suficiente.
• Las personas enfermas de COVID no deben esperar a estar muy graves para ir a los hospitales.
• Implementar medidas de detección oportuna de los casos y sus contactos.
• Evaluar los riesgos específicos de cada comunidad.
• Mantener el seguimiento de la evolución de la epidemia tanto a nivel nacional como a nivel local.
Junto con las organizaciones del Congreso Nacional Indígena y con todas las organizaciones que asuman dignamente las banderas de la defensa de la vida, la salud, los derechos humanos y la lucha antisistémica, tenemos que estar ahí cuando llegue el momento de recuperar las calles y recuperar el mundo que el capital nos ha arrebatado y está destruyendo.

Para volver a tomar las calles, nos queremos vivas, nos queremos vivos. Cuidémonos y aguardemos el momento del regreso organizado.

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