El regreso del patriarca otoñal #ElConservadorEsAMLO

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El regreso del patriarca otoñal #ElConservadorEsAMLO

Javier Hernández Alpízar

“Obtuve información de que Ricardo Peralta, subsecretario de gobierno, entre otros funcionarios de primer nivel, ha tenido encuentros con directivos de empresas periodísticas  para pedirles que disminuyan el número de notas sobre violencia hacia las mujeres, así como las críticas a la rifa del avión presidencial y a la construcción del Tren Maya en el sureste mexicano, bajo la promesa de que recibirán los contratos de publicidad oficial que fueron recortados en este gobierno por razones de austeridad.” Laura Castellanos en “La rabia de las jóvenes feministas cimbra al gobierno de AMLO”, The Washington Post, 6 de marzo de 2020.

 

Las mujeres no son una clase social, no son un sector, una etnia, una minoría o un grupo de presión. En el caso de México son poco más del 52% de la población. Y si bien la guerra de exterminio y neocolonización contra el pueblo mexicano ha tenido miles de muertos y desaparecidos hombres y mujeres, adultas y niñas, sí existe una específica violencia contra las mujeres, crímenes de odio, feminicidios. Sin embargo para Obrador parece ser que son una molestia.

La agenda nacionalista-populista y neoliberal de Obrador no ha incluido jamás una perspectiva de género: en sus discursos de campaña (bastante explícitos para decir que no importa la explotación, el problema único a atacar es la corrupción) jamás usó la palabra “feminicidio”. En su programa de gobierno, la palabra “feminicidio” no aparece. Y cuando las mujeres, con paros, movilizaciones, pintas, cristales rotos y una fuerte voz y presencia en las calles, las escuelas y los medios hicieron visible el fenómeno, Obrador reaccionó con paranoia, como si todo fuera un complot para opacar la rifa del avión en donde el ganador no se lleva un avión.

Incluso algunos de los más acérrimos críticos de AMLO esperaban que por lo menos la violencia, la represión, las desapariciones, los asesinatos y los feminicidios, disminuyeran con su llegada al poder. Entre las defensoras del territorio, sabían que no se detendría la guerra por el territorio, pero, al menos, eso creían, ya no asesinarían a los defensores. Incluso esas expectativas mínimas se han revelado ilusorias: 2019, el primer año de gobierno de Obrador, es el más violento en la historia reciente, superando los violentos records de Calderón y Peña. 2019 ha sido especialmente un año nafasto en la violencia contra las mujeres, feminicidios, desapariciones, asesinatos, ataques a defensores del territorio y comunicadores o periodistas: los casos de Samir Flores, de la familia Le Barón, de las mujeres víctimas como Ingrid y Fátima mostraron que en ese aspecto, central en la vida pública mexicana, no hay cambio, ni voluntad de cambio.

Obrador se ha negado a atraer el caso de Samir Flores a nivel federal y ha dejado todo en manos de su operador en Morelos, el ultraderechista Hugo Eric Flores, del Partido Encuentro Social, líder evangélico, defensor de los paramilitares que perpetraron la masacre de Acteal y uno de los que deberían ser investigados por el crimen contra Samir. Obrador se negó a recibir a las víctimas de la Caravana por la Paz, llamando al posible encuentro un “show”. Ahora ha contestado, tras la manifestación de cientos de miles de mujeres en la ciudad de México y otras ciudades del país, que no cambiará su estrategia: ¿acaso tiene una? Por lo que describe, con lo que él llama “las causas” de la violencia, se refiere a la pobreza. Y por “atender las causas” se refiere a los programas de dádivas corporativistas como becas y repartos de dineros a ancianos, jóvenes y otros sectores, utilizados para falsificar la participación en donde está a punto de imponer megaproyectos como el Tren Maya. Sembrando Vida repartió dinero para comprar conciencias; Conacyt ocultó información científica sobre posibles daños para “no influir” en la consulta; jóvenes “construyendo futuro” han operado en diversas regiones para estos procesos de imposición, por ejemplo en el Istmo y en la zona maya.

Obrador se enorgullece de su pureza moral. Siempre contesta “no somos iguales”, “no soy Salinas” y popularizó el lema “no mentir, no robar, no traicionar”. Sin embargo, hechos centrales de su gobierno han resultado abiertas traiciones a sus promesas de campaña: impulsar la militarización, cuando generó la expectativa de que acabaría con ella: complementada con el regalo del aeropuerto de Santa Lucía a las fuerzas armadas, por cierto no el único; la continuación del Proyecto Integral Morelos, que prometió cancelar. Mientras desdice su palabra en temas centrales como “primero los pobres” favoreciendo a los más ricos como Alfonso Romo (ecocida y cacique del agua e introductor de transgénicos en la región maya), Carlos Slim y Salinas Pliego (uno de los más beneficiados por operar el sistema de reparto corporativo de dineros para pobres), se niega a usar un avión costosísimo porque “prometió venderlo” y, ante la imposibilidad de venderlo, sigue pagando no solo el avión, sino su resguardo en Estados Unidos:; lo hizo objeto de una bizarra rifa en la que se sortea un avión pero nadie gana un avión y, al final, lo regalará, adivinen… a las fuerzas armadas,

Ante toda crítica, Obrador denuncia complots, golpismos fantasmas (cuando el ejército está recibiendo aún más apoyo que en el pasado y la militarización que impulsa supera records históricos) y acusa a sus críticos de “conservadores”. Precisamente Obrador, evangélico, moralista, aliado de personas y grupos de ultraderecha como Hugo Eric Flores y el Partido Encuentro Social, el yunquista Manuel Espino y el simpatizante de Pinochet, Álvaro Uribe, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, Alfonso Romo.

Los seguidores de Obrador han creado una imagen de que todo aquel que lo critica es “chayotero” o sirve a los intereses del PRIAN, pero ahora que los medios críticos han develado el ecocidio cometido por Alfonso Romo en territorio maya, que la torpeza de Obrador ante los reclamos masivos de las mujeres han afectado su popularidad en las encuestas (una de las obsesiones personales de Obrador), la respuesta del régimen es la misma que operó Peña Nieto: control de daños repartiendo dinero a la prensa para ocultar temas sensibles.

Dado que no tiene ninguna estrategia para disminuir la violencia contra las mujeres ni para disminuir la violencia a secas, dado que no quiere críticas a sus caprichos personales, como la rifa del avión en la que nadie ganara un avión, o el tren maya que no es maya pero beneficia a Romo, Slim y demás multimillonarios cercanos a Obrador, ahora opera al más puro estilo priista para que los medios escondan esas noticias a cambio de la publicidad oficial. Cuando Obrador se reunió con la vieja y desgastada CTM era realmente un símbolo: el regreso de lo peor del presidencialismo priista. La presencia de Romo, Gordillo y Bartlett entre los defendidos por Obrador solamente confirma los hechos. #ElConservadorEsAMLO

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