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Babel

Migrantes y defensores del territorio reprimidos

Javier Hernández Alpízar

La Suprema Corte de Justicia de la Nación emitió un oficio que prohíbe a personas y organizaciones que brindan asesoría legal y psicológica a los migrantes entrar en contacto con los centroamericanos que han sido reprimidos, detenidos y están siendo deportados en masa. Cualquier gobierno y Estado del mundo que realice una acción como esa: aislar a los migrantes detenidos y en proceso de deportación, impedir que los atiendan y asesores las personas y organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes, impedir que alguien sea testigo de lo que hacen con los detenidos, perpetra violaciones graves a los derechos humanos de las personas migrantes. Son hechos violatorios de las normatividades internacionales, convenios y protocolos firmados por el Estado mexicano.

Por otra parte, la Suprema Corte de Justicia de la Nación modificó las condiciones para ser funcionario público, es decir funcionario del gobierno mexicano, para permitir que personas no nacidas en México puedan ejercer dichos cargos burocráticos. Hay un doble rasero: para extranjeros privilegiados y cercanos al gobernante en turno hay puestos de gobierno, que incluyen seguridad económica y estancia cómoda en el país, pero para los extranjeros pobres, como los centroamericanos, que vienen huyendo de la violencia, que son refugiados de desastres naturales y del desastre social que genera el capitalismo depredador en sus países: para ellos, la Guardia Nacional, gases lacrimógenos, represión, persecución en la selva y en caminos y carreteras, redadas en hoteles de Tuxtla Gutiérrez, detención, deportación masiva, asilamiento e impedimento de recibir asesoría legal o psicológica, es decir, trato de delincuentes, violatorio de sus derechos humanos.

Muchos de esos migrantes son refugiados y deberían ser protegidos así. El gobierno que se ufanó por dar exilio a Evo Morales, en tránsito para ir a un país más seguro como es Argentina, es el gobierno que, en los hechos, construye el muro humano militarizado en la frontera sur. La Guardia Nacional opera como Border Patrol y los megaproyectos de muerte pretenden balcanizar al país y dejar el Istmo y la zona maya como nueva frontera entre dos Méxicos.

Aunque retóricamente se presentan como nacionalistas, los gobernantes de Morena se están convirtiendo de hecho en los operadores de la política xenófoba, represiva y racista de Donald Trump. Parece que en efecto, primero los pobres, pero para reprimirlos y deportarlos.

La otra aparición de la Guardia Nacional fue en Puebla, gaseando y reprimiendo a los defensores del territorio del Frente en Defensa de la Tierra y el Agua. Ahí Morena y Obrador ya tienen su primer preso de conciencia, Miguel López Vega, comunicador, defensor del territorio, concejal del Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena. Injustamente preso por oponerse a los megaproyectos de AMLO.

La promesa de Obrador de no reprimir ha sido traicionada, como antes traicionó su promesa de acabar con la militarización, su promesa de cancelar el Proyecto Integral Morelos y de hecho está traicionando su promesa de resolver el caso de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Ya cuentan en el haber de la Guardia Nacional al menos dos represiones: a los migrantes y al FPDTA de Puebla.

Y los funcionarios o personeros del gobierno que se supone que deberían defender los derechos humanos, como la titular de la CNDH, Rosario Piedra, y el vocero de AMLO, Alejandro Solalinde, se dedican a defender la imagen del presidente y hacer apología de la Guardia Nacional.

Al estilo echeverrista, el gobierno de Obrador ha cooptado a intelectuales, a activistas y ex militantes de la izquierda que hoy son neocapitalistas, defensores del gobierno de Morena y callan convenientemente ante la militarización, la represión, el despojo y la explotación. Fueron cooptados por el hueso, el ingreso o incluso la promesa e ilusión de ellos.

El gobierno de Obrador ya tiene sus víctimas: enfermos de cáncer sin medicamentos, migrantes y defensores del territorio reprimidos, en un país que está en estancamiento económico, con una austeridad que sólo afecta a los más pobres (no a Slim, Salinas Pliego o Alfonso Romo) y donde 2019 fue el año más violento en la historia reciente del país, el año más violento contra las mujeres y en el cual México siguió siendo uno de los países más peligrosos del mundo para comunicadores y periodistas.

Además, ahora las víctimas de la violencia enfrentan no sólo la indiferencia, el desprecio, el ninguneo y el desdén de Obrador, sino el fanatismo de sus seguidores que fueron como grupo de choque a insultarlas y calumniarlas a gritos en el Zócalo. ¿Podíamos imaginar un escenario peor?

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