Walter Benjamin y Bolívar Echeverría deberían estar viendo esto #SamirSomosTodasYTodos #EZLN

Babel

Walter Benjamin y Bolívar Echeverría deberían estar viendo esto

Arte y también defensa de la vida y la Madre Tierra

Javier Hernández Alpízar

Walter Benjamin estaba consciente de que la tecnología no se podía entender sin comprenderla en la totalidad social de la modernidad capitalista. Como parte de un sistema social alienante, la tecnología tiene una función opresora, pero, al igual que los socialistas utópicos, Benjamin pensaba que la tecnología moderna (en las artes, especialmente la reproducción masiva, como en el cine y la fotografía) podía tener una función lúdica que desbordara la tradicional función de la tecnología como opresora de los trabajadores y de la naturaleza explotada como insumo.

A decir de Bolívar Echeverría, Benjamin pensaba que ese potencial lúdico y emancipador de las tecnologías modernas se podría actualizar, si operaba en el contexto de una emancipación de la sociedad, lo que en la tradición socialista y marxista sería la revolución comunista, la superación del capitalismo.

Como sabemos, a estas alturas de la historia, algo que ni Karl Marx ni Walter Benjamin pudieron vivir y, por tanto, no pudieron tomar en cuenta en sus análisis: en el siglo XX, el socialismo fue derrotado, primero por la conversión del socialismo revolucionario en la opresión del socialismo realmente existente, luego su colapso y, posteriormente, por el regreso del capitalismo depredador de la “acumulación originaria” o “acumulación por desposesión”, superficialmente llamado “neoliberalismo” o “globalización”.

Las tecnologías no actualizaron su potencial lúdico, sino que siguieron atadas al mecanismo de valoración del capital, de la ganancia y el lucro. El cine se vio colonizado por el imperio de Hollywood, cine casi exclusivamente como entretenimiento. El consumo de cine se dividió entre un circuito de élite de cine de arte, de autor o de director y un circuito masivo de cine digitalizado, que nos lleva a un consumo cada vez más individualizado. Cintas como Cinema Paradiso hicieron el homenaje nostálgico a las viejas salas donde el pueblo se reunía alrededor de la magia del cine y hacía ahí parte de su vida colectiva, comunitaria o social. Esto quedaba desplazado por el cine en televisión, en formatos digitales y en internet, que van individualizando el consumo.

En este sentido, los festivales de cine y de arte, los CompArte, como el reciente (diciembre de 1919) de cine en la Ballena de la Selva o el de danza Báilate otro mundo, en Tulan Kaw, uno de los nuevos caracoles zapatistas, son festivales a contrapelo del fenómeno arriba mencionado: Son funciones de cine colectivas, comunitarias, masivas, convivenciales y lo mismo las funciones de danza. No solamente las comunidades indígenas mayas zapatistas aprecian el cine profesional o la danza de colectivos, compañías, productores e intérpretes que llevan su trabajo a ellos, sino que presentan y comparten sus propias obras, sus cintas, danzas y coreografías comunitarias zapatistas.

La función lúdica de la técnica de cine recupera así algo del potencial emancipador y lúdico presentido por Walter Benjamin y subrayado en la lectura de Bolívar Echeverría, pero no en el corazón del mundo capitalista, donde la tecnología es subsumida por la lógica del lucro, sino ahí donde hay un proceso genuino de emancipación: en los caracoles zapatistas, centros de rebeldía, semillas de postcapitalismo.

La obra de Walter Benjamin no es ajena a los zapatistas, el autor de las Tesis sobre la historia ha sido citado textualmente (el Ángel de la Historia) en anteriores comunicados zapatistas y en otras ocasiones está referido en la intertextualidad de las reflexiones de algunos comunicados zapatistas.

Además, entre las reflexiones anticapitalistas de los zapatistas contemporáneos, está la idea de que las propuestas de mundos posibles postcapitalistas tienen que tener una fuerte base en el arte, en las ciencias y en los saberes de los pueblos indígenas, y en esa interacción, el papel de la literatura es ser como un vaso comunicante entre arte, ciencia y saberes indígenas.

Es comprensible la alegría de artistas y cineastas al ir a compartir con las comunidades zapatistas su trabajo escénico y visual, audiovisual: se trata de tocar un poco de esa utopía que desde hace mucho los seres humanos han soñado. Un proceso emancipador donde también tiene lugar la sala masiva de cine, o de teatro, danza y artes escénicas, y una comunidad que va y goza, ríe, aplaude, comparte, da sus respetos y también participa.

Ojalá Walter Benjamin y Bolívar Echeverría pudieran ver y atestiguar todo esto.

Defender la cultura, y a los productores de la cultura, también sobreexplotados, mal pagados, reprimidos, es parte necesaria del proceso emancipador que hoy tiene sus ejes más importantes en la defensa de la vida, la defensa de la tierra y el territorio y la de las mujeres y niñas frente a fenómenos mundiales de devastación capitalista como el calentamiento global, la sexta extinción masiva de especies animales y vegetales, los magaproyectos de muerte como el tren llamado “Maya”, el corredor en el Istmo y el Integral Morelos (nuevos nombres para el Plan Puebla-Panamá), los feminicidios y la guerra represiva contra trabajadores migrantes, defensores del territorio y de los derechos humanos, comunicadores y, especialmente, la violencia infanticida, juvenicida y feminicida.

Hoy pretenden criminalizar a las niñas y los niños y adolescentes, pese a que las estadísticas muestran que son víctimas de la violencia (casi ocho niños y niñas al día son víctimas de violencia grave en México) y no victimarios. Así lo han expresado organizaciones como la Red por los Derechos de la Infancia en México. Y las autoridades pretenden tratar a los menores infractores como adultos, violando sus derechos humanos y fomentando la permanencia de su contacto con el mundo del crimen,

Todo esto como parte de un intento regresivo, no solamente conservador, sino retrógrado, de populismo punitivo de la “Cuatro-te”.

Ante esta cuarta vuelta de tuerca de las ruedas del capitalismo: despojo, explotación, desprecio y represión, el EZLN y el CNI están convocando a las primeras Jornadas en Defensa de la Tierra y el Territorio Samir Somos Todas Y Todos, los días 20 (jornada global, nacional e internacional, cada quien en su espacio de lucha), 21 (marcha en la ciudad de México, de Reforma e Insurgentes a la FGR en la glorieta de Insurgentes y luego al Zócalo) y 22 de febrero de 2020 (Asamblea en Amiltzingo, Morelos).

PD: Con la reforma penal en marcha, la “Cuatro-te” sí hará realidad el “primero los pobres”, pero… a la cárcel.

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