VERDAD, ACCIÓN, DEMOCRACIA REAL

Javier Hernández Alpízar

Los tres principios de la organización Extinction Rebellion son: verdad, acción y democracia real. Consideran que sin esos principios no se puede enfrentar el problema urgente y extremo que hoy enfrenta la especie humana: su supervivencia en el planeta, amenazada por el desastre ambiental originado por el capitalismo y eufemísticamente llamado “cambio climático” y la sexta extinción masiva de especies: un millón de especies animales y vegetales se extinguirán en los próximos 30 años, según estimaciones de la ONU.

Son tres principios diametralmente opuestos a los de la situación política actual en México, con un gobierno neoliberal y neopopulista que impulsa el desarrollismo capitalista-extractivista, petrolero y minero, así como los proyectos de inversión capitalista en el sureste mexicano, originados por el capital estadunidense, porque convienen a sus intereses geoestratégicos (los de Washington) y presentados ya con diferentes nombres como plan Puebla-Panamá, Proyecto Mesoamericano, Zonas Económicas Especiales, pero rebautizados con nombres “nacionalistas” como “Tren Maya” o proyecto “Sembrando Vida”.

El régimen obradorista no puede respetar el principio de permanecer fiel a la verdad (principio gandhiano, antes de ser el primero de los de Extinction Rebellion). El de AMLO es un gobierno que usa su popularidad para promover los intereses oligárquicos de empresarios como Alfonso Romo (principal beneficiario de la privatización en marcha, de facto, de la Selva Lacandona), Carlos Slim (uno de los que serán privilegiados en los negocios vinculados al “Tren Maya”, Emilio Azcárraga y Salinas Pliego (ya beneficiado con tarjetas de apoyo económico popular que se canjean en Banco Azteca o con compras en Elektra). Sin embargo, ese gobierno no se presenta como lo que es: un operador de los proyectos que el PRIAN no pudo ya empujar por su impopularidad: se presenta como un gobierno que privilegia “a los pobres”. Aunque para los pobres tiene apenas migajas mientras que para los capitales trasnacionales y “nacionales” tiene las más jugosas tajadas: el sureste en canal, sin ir más lejos.

Contrariamente a su lema moral y moralista de “no mentir, no robar, no traicionar”, el régimen obradorista miente al presentarse como lo que no es, impulsa un proyecto de despojo, de “acumulación por desposesión”, que en una sola palabra puede llamarse “robo” y traiciona a cada paso su palabra al militarizar el país, contrariamente a lo prometido en su campaña electoral y al continuar con proyectos que dijo que cancelaría, como el Proyecto Integral Morelos. La verdad no es un principio obradorista: su principio operativo es repetir una mentira mil veces para hacerla pasar como verdad.

El principio de acción, en el sentido de movilización de la sociedad, del pueblo, es también el opuesto a lo que representa el proyecto obradorista de desmovilización popular. Así como el gobierno de SHAMEbaum dice a los solicitantes de vivienda y a los militantes del Movimiento Urbano Popular que ya no necesitan organizaciones, porque ya no gobiernan los malos y que, hoy que gobiernan los buenos, serán atendidos de manera individual, así el proyecto de gobierno obradorista se propone desmantelar, desarticular y destruir toda organización independiente, autónoma, libre y no subordinada al nuevo partido de Estado, Morena, y a su líder. Además, utiliza los recursos del Estado, repartidos en efectivo como becas y apoyos a ancianos, jóvenes, campesinos, con programas como Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo Futuro, para desmovilizar a los mexicanos y ponerlos en una actitud pasiva de esperar que las cosas las haga el gobierno o, en el peor de los casos, si se mueven, que lo hagan en contra de toda oposición o resistencia a los planes y proyectos obradoristas de neocapitalismo extractivista. Un gobierno desmovilizador: el sueño de todo capitalismo, cumplido a cambio no de un estado benefactor sino de un gobierno asistencialista y corporativo.

El tercer principio de Extincition Rebellion, el de democracia participativa y asamblearia, es el más visiblemente lastimado en el actual periodo neopopulista mexicano. La manipulación y falsificación de la participación, la fabricación del consenso en el sentido chomskiano, la usurpación de la voz de las comunidades la burla de sus principios culturales con puestas en escena fársicas como la “entrega del bastón de mando” (ante organizaciones indígenas charras, al estilo priista) y el “pedir permiso” a la madre Tierra para iniciar los proyectos de despojo, pero sobre todo las consultas manipuladas y hechas al vapor para legitimar decisiones ya anunciadas (“les guste o no les guste”) e incluso echadas a andar, son todos ellos procesos de desnaturalización de la democracia, su conversión en lo opuesto: un cesarismo plebiscitario que usa la popularidad del líder carismático para disfrazar de democracia su autocracia (y detrás de ella: la dictadura del capital).

Principios de ética política elementales, como los tres mencionados de Extinction Rebellion: verdad, acción y democracia de verdad, son completamente subversivos y rebeldes frente a un gobierno conservador (del status quo capitalista) y gatopardista que no cambia las políticas de fondo sino la narrativa y los nombres de las cosas (“militarización “ renombrada como “Juntos por la Paz”). Un gobierno paternalista y patriarcal que además promueve discursos de odio y linchamiento mediático a toda voz crítica, por lo que sus seguidores en redes digitales llaman “chayotero”, “prianista”, “fifí”, “bot” y conservador” a todo aquel que disienta o se atreva a dudar o a criticar las políticas del gobierno en turno.

Irónicamente, mientras Obrador acusa de conservadores a sus críticos, está rodeado de derechistas como Alfonso Romo, simpatizante y activo defensor de Marcial Maciel, el opus Dei, los Legionarios de Cristo, Pinochet y Álvaro Uribe; Carlos Slim, quien también ha sido defensor de Maciel, ha sido beneficiario de Salinas de Gortari (un periódico “Regeneración” de Morena, por allá de 2006, decía que probablemente Slim era un prestanombres de Salinas de Gortari) y de otros beneficiarios del salinismo y eternos beneficiarios del capitalismo mexicano como Salinas Pliego y Emilio Azcárraga o los Chedraui.

Un análisis detenido de información, hechos verificables, hace inverosímil la narrativa que pretende hacer pasar por “izquierda” y progresismo al gobierno procapitalista y desmovilizador de Obrador. Pero la hegemonía de la ideología capitalista, el desarrollismo depredador del ambiente y el neopopulismo en voga prefieren acusar con ridículas y falsas teorías de la conspiración a todos los críticos del obradorismo. Tras la trivialidad de Obrador al decir “Si no soy Salinas”, se esconde que es continuador de los proyectos salinistas y prianistas.

En medio de esta verbena de desinformados e ignorantes, voces pequeñas y decididas como las de los actuales zapatistas del EZLN suenan como una voz sobria en medio de un voncinglerío de ebrios (y ebrias).

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