Sismos, arquitectura y ciudad. Fragmentos, escombros quizá, tras en 19S 2017 #ReconstruccionSocial

Babel

Sismos, arquitectura y ciudad. Fragmentos, escombros quizá, tras en 19S 2017 #ReconstruccionSocial

Javier Hernández Alpízar

Sismos como evidencia de falta de sustentabilidad de la producción de hábitat privada

Uno de los constructos colapsados por los recientes sismos es nuestra ilusión de que nosotros controlamos al planeta Tierra como “naturaleza” e insumo nuestro.

Algo más de lo que quedó al desnudo después de los sismos de septiembre de este año es la insustentabilidad del modo dominante actual de producir arquitectura y ciudad, el privado, es decir, capitalista.

Por supuesto, esa carencia de sustentabilidad o de sostenibilidad no tiene solamente causas endógenas al capitalismo y a la arquitectura profesional a su servicio, sino que está inmersa en el complejo de crisis sistémicas y estructurales del mundo histórico contemporáneo.

Para tratar de entender algunos aspectos de estas crisis, o de esta crisis hecha de diversas crisis, así como de la insustentabilidad resultante del modo predominante de producir arquitectura y ciudad, pensando desde la Ciudad de México como botón de muestra hologramático del país y de América Latina, usaremos los conceptos de producción social del hábitat, ya parte de una tradición de un modo alternativo de producir arquitectura y ciudad, vigente hoy como posible, y actual, modo de reconstrucción social del hábitat, y el de arquitectura participativa, acuñado por el Dr. José Utgar Salceda para llamar a la respuesta profesional a la producción social asistida, respuesta profesionalizante entendida como multiciencia de la materialidad del hábitat.

Este texto se inscribe en la reflexión colectiva de la línea de investigación Arquitectura, Diseño, Complejidad y Participación, fundada y coordinada por los dos arquitectos citados: Dr. José Utgar Salceda y Mtro. Gustavo Romero.

Arquitectura como materialización del hábitat

Para no perdernos en la polisemia de la palabra “arquitectura” (que significa lo mismo una profesión que el proceso de producir la materialidad del hábitat y aun el producto materializado, construido) haremos uso de los conceptos de construcción social de lo espacial habitable, con el que el Mtro. Gustavo Romero introdujo un concepto de las ciencias sociales, el de construcción social, para entender un fenómeno amplio: la manera como los pueblos y sociedades producen socialmente sus aldeas, pueblos, barrios y ciudades. Asimismo haremos uso del concepto de producción social del hábitat, con en que las ONG vivienda denominaron al modo como históricamente han venido produciendo y construyendo su vivienda y barrios las poblaciones no atendidas normalmente por la arquitectura profesional.

La producción social es, según Marx, el modo como los seres humanos hemos producido nuestro mundo histórico. Freire diría que es como convertimos el soporte en mundo. Así no solamente se produce socialmente el espacio (Henri Lefebvre) sino que hay producción social del conocimiento, de la justicia, de la salud, del riesgo, del poder, la comunicación, de todo lo que constituye nuestro mundo de la vida.

Esos modos de producir que han existido desde tiempos inmemoriales están ahora amenazados o han sido subsumidos por el capitalismo, y en el hábitat, específicamente, por la producción masiva de la vivienda, los departamentos, las unidades habitacionales, las torres de vivienda, las formas amiboideas de vivienda sin equipamiento, la urbanización salvaje producida y construida por la arquitectura capitalista, por las grandes empresas inmobiliarias.

La ciudad de México ha pagado, y seguirá pagando, el costo de la densificación irracional y la especulación inmobiliaria, con su culto al automóvil pero sobre todo a las ganancias exorbitantes y rápidas. Si han habido vicios ocultos en construcciones, corrupción e incumplimiento de reglamentos y leyes, como diversos medios periodísticos han denunciado, son resultado de este afán de ganancias por encima de toda otra consideración. Y el afán de ganancias no es un pecado privado es el modo sistémico de funcionar del capitalismo.

Un tercer modo de producir arquitectura y ciudad, el estatal, ha sido cancelado por el desmantelamiento programático del estado de bienestar y el “desvío de poder” estatal que el neoliberalismo opera para favorecer a las grandes empresas capitalistas, negando y asediando a la producción social del hábitat con un cerco estratégico de urbanización salvaje.

Sismos como patrón de evento que requiere patrones de espacio específicos

Si usamos el lenguaje que el arquitecto Christopher Alexander usó, en obras como El modo intemporal de construir y Un lenguaje de patrones, para tratar de codificar el modo de habitar en patrones de evento que incluyen tanto las acciones humanas como los eventos naturales y el modo de producir hábitat como los patrones de espacio que deberían corresponder a los patrones de evento para ser patrones vivos, podemos decir entonces que en la Ciudad de México y buena parte del territorio nacional vivimos en una zona sísmica, por lo tanto, deberíamos tener en cuenta esos eventos impredecibles, pero que ocurren con relativa frecuencia, estos es los sismos y terremotos como patrones de evento a tomar en cuenta al momento de producir vivienda, arquitectura y ciudad.

Al patrón de evento sismo deberían corresponder patrones de espacio que van desde la resistencia estructural de las edificaciones hasta las rutas de evacuación adecuadas, los puntos de reunión seguros, todas las consideraciones que deberían hacer sustentables nuestros productos arquitectónicos frente a los sismos.

Sismos, resistencia estructural, rutas de evacuación y puntos de reunión

La experiencia reciente del 19S nos ha mostrado que no es así: tenemos, incluso en la Ciudad Universitaria, edificaciones con rutas de evacuación inadecuadas, puntos de reunión en estacionamientos, donde pueden estar obstruidos por los automóviles y salidas de emergencia cerradas con llave, parcialmente obstaculizadas o impracticables. ¿Qué podemos decir de torres y edificios en la Ciudad de México de los cuales es imposible salir en unos segundos?

La formación profesional de los arquitectos no incluye suficientemente los conocimientos de los sismos como patrones de evento y su impacto en la manera de producir hábitat.

Sismos de origen volcánico, epicentros en Oaxaca y Guerrero y en Morelos y Puebla, diferentes efectos

Existen al menos esos tres tipos de eventos: los originados en actividad volcánica, que hace mucho tiempo no hemos visto (pero la reactivación el Popocatépetl podría producir), y los de dos diferentes zonas que son los epicentros más comunes: Puebla y Morelos, y la otra es Guerrero y Oaxaca.

La diferencia entre la lejanía y la cercanía del epicentro tiene diversos efectos en el tipo de movimiento de la tierra, así como en el tiempo con el que puede ponernos sobre aviso la alerta sísmica. La alerta sonó el 19S de 2017 con apenas unos segundos de anticipación, el sismo fue simultáneo con la huida desesperada y descompuesta de personas que quizá habían salido bromeando apenas poco más de una hora antes durante el simulacro. Todos teníamos en mente las recientes afectaciones en Oaxaca y Chiapas por un sismo similar y sobre todo, el recuerdo del evento cuyo aniversario conmemorábamos justamente ese día, el del 19S de 1985.

Hasta la fecha persisten síntomas de síndrome de estrés postraumático como el miedo a los sismos (han habido miles de réplicas) y el miedo a los edificios, ante cualquier avería aunque sea menor. Viviendas y edificios que eran vistos normalmente como refugio y amparo, hoy son temidos como amenaza.

Sismos y producción social del riesgo

Así como todos participamos en la construcción social de lo espacial habitable, desde una vivienda hasta la ciudad entera, participamos también en la construcción social del riesgo: por todos los elementos sumados de falta de consideración de patrones de espacio que pudieran hacer sustentable una producción de hábitat con previsión de sismos: es decir nos falta producir ciudad con menor densificación de zonas vulnerables, mayores espacios públicos, plazas públicas, parques, equipamiento adecuado, diminución del parque vehicular y con ella del espacio destinado a estacionamientos, adecuadas formas de circulación y de comunicación, especialmente vitales en emergencias, formas de recargar los mantos acuíferos y devolverle una adecuada humedad y consistencia al suelo que sostiene nuestras construcciones.

Si al Estado y las grandes inmobiliarias no les interesan estos aspectos de sustentabilidad, a los ciudadanos nos tienen que importar, pues son de vida o muerte. Tenemos que exigirles a ambos, Estado y empresas inmobiliarias privadas, que se apeguen a normas estrictas para disminuir la el riesgo socialmente producido y tenemos que lograr que tenga un lugar importante en nuestro país la producción social del hábitat, así como la arquitectura participativa como respuesta profesional, y en estos momentos, la reconstrucción social del hábitat (como están reclamando las ONG hábitat): es decir, centrada en las necesidades y los patrones de nuestras formas diversas de habitar y las exigencias espaciales de patrones de evento como los sísmicos, producidas mediante la participación de todos los agentes necesarios de la producción social, especial pero no únicamente los habitantes.

En estos momentos, la demanda de reparación, reconstrucción y construcción de nuevas viviendas y equipamientos (escuelas, por ejemplo) rebasa lo que pueden y están interesados en atender las inmobiliarias privadas, rebasa la capacidad de ONG hábitat, rebasa la capacidad de los voluntarios que pudieran asesorar procesos autogestivos de producción social.

Entre otras muchas cosas, hacen falta profesionales formados, capacitados y con la aptitud y la actitud necesarias para hacer un trabajo participativo en producción social del hábitat.

No demoler masivamente, reaprovechar materiales y no destruirlos

Un llamado urgente que han hecho las ONG vivienda que están tratando de reaccionar ante la emergencia es a no demoler sin antes evaluar si la vivienda o edificación debe mantenerse en pie. Aprender de los chilenos, expertos en la resiliencia ante los terremotos y con una cultura de la reconstrucción social, ellos no destruyen los materiales caídos, los reutilizan para reparar y rehabilitar. Reciclan el adobe caído y todos participan, incluidos los niños, en mezclar el adobe, les sirve de terapia para no sentirse meramente vulnerables sino capaces de volver a producir y reconstruir socialmente su hábitat.

El fenómeno de los demoledores espontáneos (¡y de buena fe!) de viviendas, de la presión de autoridades y gobernantes para demoler pronto, de la estafa de generar la expectativa de que darán financiamientos y materiales nuevos a quienes hayan tenido que demoler toda su vivienda (lo cual al final es falso), todas estas acciones deben parar.

Debe evitarse además la estigmatización de materiales y sistemas constructivos tradicionales como el adobe: no hay materiales ni sistemas constructivos malos o buenos per se. Cada uno tiene sus ventajas y desventajas, y todos son mejores si se tratan con el adecuado conocimiento de los mismos. Los saberes de los  constructores a veces son deficientes ante nuevas tecnologías constructivas, así como los de los profesionales están rezagados ante los eventos sísmicos y ante la necesidad de una mejor resistencia estructural de sus productos.

Respeto a los derechos de los afectados por el sismo: no endeudarlos o empobrecerlos o usarlos políticamente

Un valor que es de consenso entre las ONG vivienda, las de derechos humanos y los grupos profesionales que comprenden el problema desde la producción social es que los afectados por el sismo son sujetos con derechos humanos y derechos políticos a quienes el Estado y las empresas privadas deben respetar: no aprovecharse de su vulnerabilidad para despojarlos, desplazarlos, gentrificar, ni para hacer uso clientelar de ayudas y apoyos (la mayoría donados por la sociedad, y no por el Estado o las empresas) ni mucho menos esclavizarlos con deudas de por vida.

Una vigilancia y acompañamiento de derechos humanos nacional e internacional es muy necesaria en estos procesos de reconstrucción.

Urbanización Salvaje, densificación irracional

Si la urbanización ha sido ideológicamente percibida como introducción de urbanidad y civismo, e incluso de civilización, el proceso excluyente de la ciudad mercancía ha desembocado en justo lo opuesto, la urbanización salvaje, la anticiudad, la gentrificación y desplazamiento forzado de población, el aburguesamiento de zonas destinadas a turismo de ciudad museo o centros comerciales, la exclusión y segregación, las viviendas encapsuladas en guetos para diferentes clases sociales y niveles de consumo: desde las ciudades dormitorio en las periferias de la zona metropolitana hasta las zonas búnker de los más adinerados. Todo ellos construidos como espacios cerrados y asfixiantes que dan la espalda a la ciudad y a la reproducción del tejido social.

El lucro y la especulación inmobiliaria han generado la ideología seudosustentable de la ciudad vertical, una ideología neoliberal que propugna la construcción en altura, torres y edificios de muchos pisos que promueven una densificación irracional y descontrolada que desborda todos los servicios urbanos: agua, drenaje, estacionamientos, recolección de basura, recargas de mantos freáticos, provoca más sequedad del suelo y con ello vulnerabilidad ante los sismos en zonas que antes eran más resistentes.

Lucro, especulación inmobiliaria y vicios ocultos en la construcción, corrupción e incumplimiento de reglamentaciones

A todo ello se suma el deterioro, en todos sentidos, del valor de uso (ser habitados) de la vivienda y la arquitectura y ciudad entendidas como mercancías (es decir, producidas con miras a su valor de cambio). El énfasis en las ganancias, y por tanto en abaratar costos, hace comunes los abusos, los vicios ocultos en construcciones, el incumplimiento de reglamentaciones, la corrupción, la sobreexplotación de los operarios y obreros de la construcción y la estafa contra los compradores de viviendas, departamentos, condominios.

Edificios que tenían menos de un año, pocos meses incluso, de ser habitados colapsaron el 19S, y en lugar de haber sido demolidos y desaparecidos a la brevedad deberían ser objeto de estudio para aprender por qué se cayeron o dañaron y cómo evitarlo en el futuro, así como para investigar probables responsabilidades jurídicas de empresas constructoras y funcionarios públicos que supuestamente los vigilaron y autorizaron. El conocimiento de por qué colapsaron podría ser fuente de reformas en el proceso de producción y en las normatividades.

Rezago en reglamentaciones

Probablemente una actitud ética de los constructores y productores, que obliga a un respeto de normatividades, haría menor la el riesgo socialmente construido, pero incluso es probable que ante las enseñanzas y aprendizajes resultantes de los sismos del pasado septiembre se observe un rezago en reglamentaciones y la necesidad de adecuarlos para hacerlos vigentes y aptos para exigir sustentabilidad a la producción de arquitectura y ciudad.

Megaproyectos como el aeropuerto en Texcoco e insustentabilidad

La carencia de sustentabilidad y el incremento de riesgo y vulnerabilidad en la Ciudad de México y en el resto de las zonas afectadas por los sismos y otros eventos como huracanes, tormentas, inundaciones, agrietamientos y socavones, es en gran medida resultado de megaproyectos ecocidas como el aeropuerto en Texcoco y las diversas formas de depredación ambiental en el territorio nacional: el extractivismo minero y petrolero, el fracking, los parques eólicos, monocultivos vegetales y megagranjas animales, turismo que privatiza plazas en Baja California Sur o en Quintana Roo, destrucción de hábitats naturales en todas partes.

La urbanización salvaje, simbolizada en torres como las que pretenden construir justo en la entrada de la Ciudad Universitaria, es en la ciudad lo que los megaproyectos en el territorio nacional: la construcción social de la insustentabilidad.

Los automóviles y la falta de sustentabilidad

Los automóviles son nuestros actuales depredadores: son usados por los tecnócratas como indicadores de la salud de la industria capitalista, así como los grandes depredadores son vistos como indicadores de la salud de un hábitat natural por los zoólogos. Los automóviles incrementan la emisión de gases de efecto invernadero no solamente al circular sino al producirlos (tienen en su composición todos o casi todos los metales de la tabla periódica) así como al producir sus vías de circulación, sus combustibles; y además de devorar el espacio para poder almacenarse, estacionarse y circular: compiten con ventaja desleal con los peatones, el espacio público y el espacio urbano en general. El espacio público es en la ciudad indicador no suficiente pero sí necesario de democracia. Raúl Zibechi ha mostrado cómo en Bolivia una de las respuestas a las insurrecciones indígenas fue obstruir con objetos como jardineras las plazas públicas donde se reúnen y manifiestan.

La construcción de más vías como los segundos pisos en la Ciudad de México incrementa la explotación laboral de los ciudadanos, como ha señalado el arquitecto y urbanista Jean Robert. Fueron construidos con dinero público, pero para circular por ellos cobran cuotas empresas privadas, y condenan al resto de ciudadanos- trabajadores a tardar horas en el piso de abajo para llegar a sus centros de trabajo o de regreso a sus viviendas: horas que no son de trabajo pagado, sino vida de neurosis y frustración desperdiciada. Un apartheid de facto.

Si algún apocalipsis puede imaginarse para la Ciudad de México, más que en los sismos estará originado en la altísima densidad de automóviles por habitante: la antiutopía es un mega estacionamiento de autos encendidos, algunos resignados y quizá apagados, que no pueden circular hacia ningún lugar porque no hay espacio para moverse.

Necesidad de modificar el entendimiento y el conocimiento profesional de las ciudades

Lo que el conjunto de problemas mencionados sucintamente nos obliga a considerar es la necesidad de modificar, reformar, el entendimiento y el conocimiento profesional de las ciudades, de la arquitectura y de su producción. Normalmente los arquitectos no son formados teóricamente, sino en un proceso endogámico que se centra en el diseño y sus aspectos formales, cada vez mas deficiente de saberes constructivos y estructurales, menos aún de un conocimiento de la ciudad, objeto complejo por antonomasia.

Derecho a la ciudad, participación, democracia, espacios públicos

Desde la postura teórica, académica, política, ideológica y productiva de la línea de investigación ADCP, la complejidad de esta problemática no puede ser comprendida ni abordada prácticamente, productivamente, sin la participación democrática de todos los actores y agentes interesados e involucrados. A nivel de vivienda y barrios, es mediante la producción social del hábitat asistida por arquitectos y otros profesionales participativos y, a nivel de la ciudad, es mediante el derecho a la ciudad, es decir, el derecho de todos a decidir el destino, el futuro de nuestras ciudades. La participación y la producción social del hábitat son elementos esenciales del derecho a la ciudad.

La negación de la participación, además de ser antidemocrática (incluso si esa participación se pretende meramente falsificar, por ejemplo mediante foros no vinculantes), nos priva de los saberes de la mayoría de los interesados, nos deja en la oscuridad de la inteligencia ciega (Edgar Morin), la razón indolente (Boaventura de Souza Santos), la razón instrumental (Max Horkheimer), la tecnocracia.

Frente a ella, solamente se puede proceder adecuadamente mediante la transdisciplina o al menos multidisciplina y mediante diálogos y consensos.

Adecuación de la formación de arquitectos para una arquitectura con pensamiento crítico

Lo anteriormente expuesto explicita la necesidad de que la formación de los profesionales de la materialización del hábitat construido no sea tecnocrática ni meramente diseñistica: sin un pensamiento crítico que requiere de estudios teóricos densos pero necesarios, simplemente no habrá una comprensión de la complejidad de los fenómenos urbano -arquitectónicos y el pensamiento simple seguirá llevando a una carencia de sustentabilidad estructural y sistémicamente reproducida y ampliada.

Producción social del hábitat y derechos humanos

La producción social del hábitat y la arquitectura participativa ven a la vivienda, la arquitectura, los poblamientos, barrios y ciudades no meramente como mercancías, sino como un fenómeno humano, social, antropológico, cultural: las relaciones sociales libres, sanas, un tejido social vivo y armónico se verán correspondidos por un hábitat material (producto y producente) igualmente vivo, sano. Pero si la producción sigue siendo subordinada a la ganancia o al control social y la colonización del mundo de la vida, la arquitectura fetichizada, insustentable, riesgosa y vulnerable a todos los eventos socioambientales será nuestra anticiudad, nuestra antiutopía.

El derecho a la ciudad (del cual la producción social del hábitat es parte esencial) es un derecho humano, es decir una conquista social.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Noticias. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s