La falta de responsabilidad intelectual y las falsas autoridades (una vez más sobre Zizek y sus amigos mexicanos)

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La falta de responsabilidad intelectual y las falsas autoridades (una vez más sobre Zizek y sus amigos mexicanos)

Javier Hernández Alpízar

Alguna vez vi a José Emilio Pacheco negarse a contestar una pregunta de una reportera y explicarlo así: La reportera, quizá confundiendo el título de la novela corta Las Batallas en el desierto con un libro sobre Medio Oriente, le preguntó a JEP su opinión sobre la guerra árabe- israelí. JEP le contestó que para hablar de un tema así, tendrían que ponerse de acuerdo con bastante tiempo para que él pudiera estudiar, leer y documentarse sobre el asunto. Agregó que teníamos una mala costumbre de que cualquier escritor opine en la prensa sobre lo divino y lo humano sin que nadie se pregunte si tiene el conocimiento que lo autorice a hablar de tal tema.

Para el autor es un asunto de honestidad intelectual y para el lector debe ser un criterio de rigor y sobre la autoridad de los escritores: Octavio Paz y Vuelta vivieron resentidos porque en la UNAM los investigadores hicieron pedazos El laberinto de la soledad: una joyita de la inducción que diserta sobre generalizaciones apresuradas y vaguedades. La filósofa María del Carmen Rovira le aclaró a uno de sus alumnos: Paz es un poeta, pero en historia no es una autoridad.

Por el contrario, en el siglo XIX, Marx estudió ruso para poder leer la literatura disponible sobre la comuna rusa y solamente después de haber meditado mucho en el tema se animó a escribir por carta a los populistas rusos su punto de vista, según el cual, la comuna rural rusa podía pasar directamente a una forma de comunismo sin tener que ser destruida para volver proletarios a los campesinos y seguir un camino determinista en el que Marx jamás pensó (sus análisis sobre El Capital se refieren a Europa occidental y no son un a priori universalizable).

David Huerta desdeña la autoridad del crítico literario Harold Bloom porque se ha atrevido a opinar sobre escritores de lengua castellana sin conocer la lengua. En esos niveles de rigor académico, leer las obras en su texto original es imprescindible. Arthur Schopenhauer aprendió castellano para leer a Cervantes y a los clásicos del Siglo de Oro español.

Es por esos ejemplos de buenas prácticas sobre la honestidad intelectual, la responsabilidad y la autoridad que me atrevo a decir que Slavoj Zizek actúa de manera irresponsable cuando escribe o da entrevistas criticando al movimiento zapatista actual. Lo hace de la misma manera que opina sobre cualquier tema político mundial: como si Europa fuera el mirador panóptico desde el cual se conoce el mundo sin necesidad de estudiarlo y leerlo detenida y profesionalmente. Algo análogo a los periodistas y escritores de la Ciudad de México (entre ellos los amigos de Zizek) que creen estar mejor informados que los que viven en la “provincia”, incluso sobre los temas locales de donde viven esos “provincianos” He conocido así muchas críticas al zapatismo actual basadas en lo que “alguien me contó” y sospechosamente repiten la misma caricatura que escribe Zizek: el zapatismo es mero folklor (a veces lo aderezan con anécdotas sobre los extranjeros que vienen de “turistas”, y ya si el llamar folklor a un movimiento indígena es racista, júzguelo el lector).

La caricatura que Zizek escribe sobre el zapatismo es como sigue:

“El movimiento zapatista me gusta, pero han acabado perdidos. Empezó con una ambigüedad ¿Es un movimiento político o sólo un movimiento crítico? Después encontró un modus vivendi transformándose en una cierta clase de autoridad moral. Ahora que ya no es una amenaza para nadie, todo el mundo lo adora. Todos los políticos dicen: “Es tan bonito tener a estas honestas personas diciéndonos qué hacer, pero nosotros vivimos en el mundo real, así que alguien tiene que hacer el trabajo sucio”.

“No sorprende que mis amigos radicales mexicanos me hablaran sobre un jefe anónimo, el subcomandante Marcos. Decían que muchos izquierdistas mexicanos le llamaban ahora el subcomediante Marcos porque es la clase de predicador al que todo el mundo escucha porque lo aman. Incluso el establishment lo ama, porque no es una amenaza para nadie.”[1]

No hace falta mucha sagacidad para ver que Zizek repite acríticamente lo que los intelectuales, periodistas, escritores y académicos lópezobradoristas hicieron después de 2005, una simplificación caricaturizada del zapatismo, centrada en la figura de Marcos, solamente porque a ellos ya no les redituó glamour y rating apoyar al zapatismo y ahora lo que les da buenos dividendos mediáticos, políticos y hasta económicos es apoyar a López Obrador. Desde entonces retomaron las caricaturas sobre el zapatismo que había acuñado la derecha (hasta donde tengo memoria la frase “subcomediante Marcos” la acuño Diego Fernández de Cevallos, panista, salinista y abogado de narcotraficantes, ¿conoce Zizek la genealogía de sus chistes reciclados?)

Zizek dice que la autonomía no puede ser universalizada, dice que no sirve a esa escala la democracia directa. Tiene derecho a pensar y decir lo que guste, pero cuando se pone a hablar de un tema específico, debería aprender de la responsabilidad de un José Emilio Pacheco, un Karl Marx o un Arthur Schopenhauer: solamente se puede opinar sobre un tema que se ha estudiado seriamente y si se quiere el rigor mayor, estudiar la lengua en que se escriben sus documentos importantes.

Precisamente en este momento los zapatistas dan un paso adelante en su lucha, por medio de su participación dentro del Congreso Nacional Indígena y su propuesta de un gobierno indígena, el Concejo Indígena de Gobierno y su vocera. No solamente usan la democracia directa sino la democracia representativa: hay concejales, como en la zona zapatista hay representantes o delegados a las Juntas de Buen Gobierno. La autonomía zapatista no se considera autosuficiente, siempre ha hecho propuestas para una lucha nacional e internacional anticapitalista. Si un sujeto político ha mantenido desde su aparición pública en 1994 una perspectiva de lucha nacional y mundial, con un permanente análisis crítico de la realidad y, al menos desde 2005, se ha declarado explícitamente anticapitalista, es el zapatismo actual.

Si hay un sujeto político en el mundo que no sea solamente consciente de la posibilidad de que el capitalismo lleve a la humanidad a su destrucción sino también consciente de que se puede construir un mundo postcapitalista (¿no dice Zizek que lo imposible sucede y que hay que pedir lo imposible?) es el zapatismo actual.

Además el zapatismo no solamente lucha sino que reflexiona y escribe sus reflexiones teóricas. Y por si fuera poco, las discute con activistas, escritores e intelectuales de México y el mundo.

El zapatismo es un movimiento social antisistémico complejo. No se le puede despachar en una caricatura de dos o tres párrafos, como hace Zizek repitiendo los lugares comunes de los fanáticos de López Obrador.

Me temo que la falta de autocontención de Zizek para opinar de lo divino y lo humano lo ha llevado a ser tripulado por sus amigos “radicales” mexicanos (en la revista Memoria, donde publican textos de Zizek en español, una sección se llama “radicales libres”, irónicamente sus amigos de Zizek tienen que soportar la humillación de que su candidato llame para asesorarlo al ex secretario de gobernación de Zedillo y al impulsor de la campaña de Fox en lugar de a esos “radicales”.)

Esos amigos de Zizek están usando el discurso del autor de El acoso de las fantasías y En defensa de la intolerancia como meros panfletos de propaganda contrainsurgente antizapatista, precisamente en momentos en que el EZLN, el CNI y muchos otros mexicanos impulsan una iniciativa imaginativa para hacer que lo imposible suceda y que los discursos radicales de los escritores anticapitalistas no se queden en mera literatura romántica.

El zapatismo actual sigue esperando interlocutores críticos que se tomen la molestia de tratar de comprender su praxis y su pensamiento antes de pretender dialogar o criticarlos. En lugar de eso vemos a autores que al pretender hacer una caricatura del zapatismo actual hacen más bien la caricatura de sí mismos.

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