Antes de (des)calificar o no, desfetichizar

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Babel

Antes de (des)calificar o no, desfetichizar

Javier Hernández Alpízar

Curiosamente para muchos la palabra “fetichismo” tiene una connotación sexual que es la primera en venirles a la mente, pero primero la palabra tiene un origen religioso y luego fue llevada al pensamiento crítico. Los seres humanos tienen la capacidad de formarse con sus habilidades artesanales imágenes, figuras, hechas por ellos mismos, hechizas, fetiches. Luego pueden atribuirles poderes y capacidades mágicas, encantadas, sobrehumanas, divinas. Como idolatría, esta práctica fue criticada desde el Antiguo Testamento, como llama el cristianismo a los libros sagrados judíos. Las críticas de la era posteológica hicieron la explicación atea de que los dioses son creación humana, a su imagen y semejanza, algo parecido a los que decía el griego Jenófanes: si los caballos pudiesen hacerse dioses los harían con forma de caballos. Y luego a esos dioses hechos por ellos, los fetichizan, les atribuyen existencia autónoma y superior. Marx, quien como muchos pensadores críticos no ignoraba la lectura de la Biblia (teólogos y filósofos como José Porfirio Miranda y Enrique Dussel han mostrado la infuencia del lenguaje y pensamiento bíblico en Marx), usó el concepto de fetichización para criticar al aura que rodea a la mercancía.

La idea secularizada de fetichismo es la explicación crítica de cómo el ser humano, social e históricamente, es productor del mundo humano e histórico, pero es sometido por su producto, por su obra, y al perder la conciencia de que el fetiche es su producto (la mercancía, el capital) es dominado por ella, por su sistema, y le atribuye poderes mágicos o casi, de los cuales el consumidor depende. El dinero, por ejemplo, siendo no más que la mercancía en su mayor abstracción, que permite la compraventa de todas las mercancías, incluso el trabajo humano, se convierte en un poder autónomo en nombre del cual se puede morir o matar, El dinero es el verdadero dios de la religión- ideología moderna.

Pero puede fetichizarse no solamente a un objeto sino a un ser humano (las estrellas de la farándula como objetos eróticos enajenados por ejemplo) y a todo tipo de líderes, religiosos, intelectuales, políticos. A Gandhi le molestaba que algunos quisieran hacerlo pasar por un dios y fundar una nueva religión. Cuando un líder es así fetichizado ha operado el mismo proceso que con la mercancía (el modelo de ser en la ontología capitalista, la ideología liberal): A un líder político lo que le da poder son sus bases, pero sus bases lo fetichizan y luego invierten el proceso: la legitimidad baja desde el líder a las bases. Si sus bases lo apoyan son legítimas, si no lo hacen son espurias, ilegítimas, traidoras. Además, como este pensamiento ya es más fanatismo que discurso racional, los otros, los herejes, los infieles, deben someterse y subordinarse a nuestro líder (fetiche) legítimo, pues si persisten en su infidelidad, son el enemigo, el demonio, el innombrable. Qué de extraño tiene este proceder fanático, inquisitorial y colonizador en un país nacido de conquista, de colonización y con el Santo Oficio por modelo jurídico para perseguir herejes: el imperio español nos etiquetó como infieles para poder darle una coartada ideológica a su política imperial y colonizadora.

Para poder tener una discusión racional en la política mexicana, tendríamos que desfetichizar a los líderes y tratar de discutir sobre los hechos, los fenómenos de este mundo. La apelación a teorías de conspiración es un resabio de una ideología fanática religiosa que no se atreve a decir su nombre, aunque sea ya una religión cívica y sean sus héroes, ídolos seculares.

Algunos desde la izquierda de abajo fetichizaron al único mestizo que era visible del EZLN o a los indígenas idealizados: pero los primeros en exigir que los desfetichicemos son ellos. Quieren hacer política de este mundo, que los demás mexicanos, indígenas o no, mujeres y hombres, viejos o jóvenes discutamos con ellos como se debe discutir con otros seres humanos: a partir de fenómenos, hechos, ideas, argumentos racionales, todos ellos verificables intersubjetiva y públicamente. En 2005- 2006 proponían un debate sobre qué es ser de izquierda, pero la izquierda institucional (legítima por autoadscripción, entonces se llamaba PRD y hoy se llama Morena) se negó a debatir.

La reducción colonialista y racista de la discusión a una caricatura mercenaria en La Jornada, caricatura del El Fisgón, Helguera o Hernández que descalifica a los indígenas al ponerlos como víctimas manipuladas por un mestizo, es la obra de conversos a la ideología de un líder fetiche. Con ese nivel no puede haber discusión racional.

Con otros sectores puede discutirse acerca de si hay una autonomía entre la ética y la política o si la ética es política y la política, ética o simplemente no hay diferencia entre derecha e izquierda y el juego es solamente a quién tiene más fuerza.  Se puede discutir si la fuerza es por sí misma un argumento o es solamente un hecho, contingente y modificable, dato a tomarse en cuenta junto a otros, incluso de mayor peso quizá.

El CNI y el EZLN (que es parte del CNI) han rechazado apoyar a electoralmente al PRD y a AMLO (hoy con Morena) porque no solamente vieron traicionados en 2001 los Acuerdos de San Andrés, el más discutido, consensuado y legitimado proyecto de ley que ha tenido este país. Los argumentos con que el congreso racista y colonial rechazó los acuerdos repitieron los de Ginés de Sepúlveda contra Fray Bartolomé de las Casas: los indígenas no pueden autogobernarse y deben estar bajo la tutela de otros por su propio bien. AMLO no solamente era perredista entonces sino que era parte de la elite perredista que pudo haber dicho algo al respecto… y lo dijo después pero no con palabras sino con hechos: de los principales operadores de la traición a los Acuerdos de San Andrés al menos dos fueron posteriormente muy importantes para AMLO: Jesús Ortega, coordinador de campaña de AMLO en 2006  y luego Manuel Bartlett, a quien apoyó para llegar al Senado.

No solamente esas consideraciones tomaron en cuenta los zapatistas y sus aliados para no apoyar AMLO después de 2005, Entre 2001 y 2005, después de desechar los acuerdos de San Andrés, el PRD, desde sus posiciones de gobierno (dos gubernaturas en Chiapas, diputados y senadores federales) fue parte del gobierno contrainsurgente que tuvo y tiene a los zapatistas rodeados de una ofensiva contrainsurgente amplia, de lo militar y político a lo mediático. Los planes y programas políticos, económicos destinados a dividir y cooptar indígenas antes afines o al menos no opuestos y voltearlos contra las comunidades zapatistas pasaron por ellos. (Lástima que desapareció Capise, centro de investigación que iba documentando todo esto). Uno de los operadores de la contrainsurgencia antizapatista fue el dos veces candidato al gobierno de Veracruz de AMLO: Dante Delgado Rannauro.

Cuando los seguidores de AMLO exigen como un deber ser que el EZLN y todos apoyen a su líder fetiche, olvidan, ignoran, invisibilizan y desprecian las razones de ellos para no apoyar a AMLO. Los zapartistas apoyaron al PRD, incluido López Obrador, pero eso fue en los noventa, antes de la traición a los Acuerdos de San Andrés.

AMLO recientemente hizo declaraciones contra los zapatistas diciendo mentiras: que apoyaron indirectamente el fraude que llevó al poder a Calderón. Falso: los zapatistas no llamaron a votar por él, pero tampoco llamaron a no votar ni a votar por alguien en particular. En los estados por donde había pasado la Otra Campaña AMLO ganó. De hecho ganó la elección en 2006 y quienes le hicieron fraude fueron Elba Esther Gordillo y sus operadores del SNTE (el sindicato charro) infiltrados en las casillas como representantes de AMLO. Marcos estaba hablando en vivo en un programa de radio de la organización UNÍOS, por 6.20, recibió una llamada anónima desde el entonces IFE denunciando un fraude contra AMLO. Marcos leyó la denuncia al aire: están haciendo fraude contra AMLO. En contraste, AMLO jamás ha hablado de las denuncias de las comunidades zapatistas por el acoso contrainsurgente, cuando ha ido a Chiapas ha dicho que no vio nada, Será porque gobernaba Juan Sabines, a quien él llevó al triunfo y quien desde el poder se dedicó a atacar al EZLN.

En 2012, los zapatistas decidieron no decir nada durante las elecciones. Nuevamente ganó AMLO. Interpuso un recurso legal, en el país donde los recursos legales suelen simplemente ser papeleo, hizo una marcha ritual y se retiró a esperar el registro de Morena mientras dos gobiernos que llegaron al poder con su apoyo en la ciudad de México: Ebrard y Mancera, reprimieron a quienes protestaban contra la imposición, cometiendo asesinatos, deteniendo y haciendo presos políticos. ¿Por qué no le llamaron los lópezobradoristas fraude sino mera “imposición”? ¿Por qué Peña no fue otro espurio como Calderón? Abajo pusieron los muertos y arriba las candidaturas de priistas como Monreal y Layda Sansores en Morena.

Esas no son teorías de la conspiración: pueden rastrear la información en diversas fuentes, incluso periódicos y revistas como La Jornada y Proceso.

Pero hay algo que la cúpula racista de esa izquierda, incluidos AMLO, Chucho Ortega, Bartlett, Ackerman y moneros de La jornada, comparte con la derecha, Salinas, Cevallos: su antizapatismo. Eso no se suele discutir racionalmente y con base en hechos comprobables porque se atraviesan la fetichización del líder, las teorías de la conspiración, y el colonialismo que hace ver a los indios como meros comparsas de los mestizos y criollos.

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