¿Por qué es tan popular la “explicación” del EZLN mediante teorías de la conspiración?

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Babel

¿Por qué es tan popular la “explicación” del EZLN mediante teorías de la conspiración?

Javier Hernández Alpízar

Quizás el fenómeno de las teorías de la conspiración y su gran popularidad es más complejo, pero intentemos esbozar una comprensión del fenómeno tan popular de la “explicación” de la aparición del EZLN como una teoría de la conspiración.

Primero, pensamos que la mente humana no soporta el absurdo, cuando algo le parece absurdo le busca una explicación “lógica”, pero las explicaciones “lógicas” o de “sentido común” en ocasiones obedecen a hábitos mentales dominados por el cliché, las falacias de la causa falsa, las teorías de la conspiración, las pseudiociencias. Los medios de comunicación masivos todos los días alimentan a sus consumidores con toneladas de esos pensamientos chatarra y crean una inercia favorable, ya no digamos a un pensamiento “débil” sino, como dirían los zapatistas, “un pensamiento haragán”, perezoso, que necesita consumir respuestas fáciles, rápidas, y de preferencia que apapachen el narcisismo del consumidor promedio o lucren con su morbo ávido de thrillers. Y a la hora de consumir noticias como mercancías, las consumimos como caramelos o chicles (y clichés): pero “si me vuelven importante, mejor.”

Si los pueblos, comunidades y organizaciones indígenas del Congreso Nacional Indígena y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional anuncian que han propuesto a sus bases una consulta para formar un Concejo (con c, como autoridad) Nacional Indígena que sea representado por una mujer indígena como candidata a la presidencia de este país en las elecciones de 2018, para un consumidor de noticias resulta absurdo. No pone la noticia en perspectiva desde 1994, cuando el EZLN se alzó en armas, ni desde los muchos años de preparación en clandestinidad, ni desde los más de 500 años de resistencia indígena anticolonial. Tratar de entender la propuesta indígena en perspectiva histórica y en un análisis de la situación del país, por lo menos de los párrafos del comunicado completo de los indígenas, es demasiado esfuerzo. Normalmente leen no el comunicado sino una breve y ya muy editada y falseada nota de un medio comercial o de un columnista de derecha o de un resentido y antizapatista columnista lópezobradorista. Eso ayuda menos aún.

Entonces la teoría de la conspiración facilita y simplifica las cosas: desaparece el CNI (y con él, los pueblos indios no zapatistas pero luchadores contra el despojo territorial) y quedan los zapatistas, desaparecen las comunidades indígenas y quedan las siglas (ya de antes demonizadas) del EZLN, desaparece el EZLN y queda “Marcos” (no importa que ya no exista Marcos, para la ideología liberal no existe Galeano sino “Marcos”) y como es absurdo que un sujeto como “Marcos” proponga una candidatura de una mujer indígena, pues a poner una explicación fácil, consumible, amarillista y que apapache el ego de AMLO y de sus seguidores, o de los lectores de derecha que ven amenazado su “mundo libre”. Quién es el demonio que podemos poner detrás de toda artimaña malévola, puede ser Megamente, el Ecoloco, el Chupacabras, pero no… queda bien uno que es político: Salinas. Todo es tan terrenal y tan “político”.

El consumidor puede ser una analfabeta funcional o un doctor en el Marx desconocido (que solo un filósofo lópezobradorista y nadie más conoce) o un teórico poscolonial o decolonial, sin embargo, a la hora de consumir pensamiento chatarra da igual, se olvida toda la teoría y se usan los anteojos liberales, neoliberales, desde donde la nota fue escrita y publicada. El racismo, el colonialismo, el clasismo, la misoginia y hasta la misantropía no se muestran pero operan, los indios son buenos, ellos no le harían daño a AMLO, ni a nuestro “mundo libre”, hay una mano que mece la cuna. “Es Marcos, un emisario del lado oscuro de la fuerza, y detrás está Salinas, el eterno némesis de AMLO”, el bueno por definición y dogma de fe.

Suena ridículo porque lo es: Algunos columnistas, calumnistas, como Ackerman o Astillero  le ponen algunos “datos”, algunas preguntas socarronas aparentemente inteligentes, y lista la comida chatarra: mera propaganda disfrazada de “análisis”.

Los productores por excelencia de teorías de la conspiración suelen ser de derecha, sobre todo porque solamente tienen que secularizar sus narrativas teológicas y sustituir a la divina providencia o los demonios por caricaturas de personajes “reales”.

Desde que apareció el EZLN, esto lo explicaba muy bien Carlos Montemayor, la derecha en el poder necesitaba una explicación que negara la legitimidad de un movimiento con bases populares indígenas: los indígenas deben haber sido manipulados por “profesionales” (la primera editorial de La Jornada inventó ese guión en 1994, si esas cosas les salen del alma…). La derecha entonces puso un enemigo malo, la iglesia de Samuel Ruiz, y luego plumíferos mercenarios como los de Nexos, Letras libres y pasquines afines, incluido Proceso, lo difundían por plumas mercenarias como Rico y Lagrange, Krauze, Camín, Tello Díaz (orgulloso heredero de los días de Porfirio). Así no hay que preocuparse, no hay un problema legítimo sino una conspiración de “malosos”.

El alzamiento zapatista derrumbó la imagen nacional y mundial de Salinas, asimismo derrumbó de su pedestal de héroe de Fox, pero todo eso se omite y edita, se pone en su lugar una mentira: “Marcos es un títere de Salinas, los indígenas son sus chaneques o sus minions”. Queda tranquila la izquierda institucional, ella tan limpia y pulcra como Las Poquianchis, nosotros somos honestos, los corruptos son los gobernadores que llevamos al poder, pero se volvieron así después, empezaron a “andar en malos pasos”. Nosotros no reprimimos, nomás llevamos a los represores al poder. Y la derecha más tranquila aún: puede operar la contrainsurgencia económica, política, social, militar y paramilitar, y sobre todo mediática, ante el silencio cómplice, complaciente y complacido, de la izquierda institucional, y con su activa contrainsurgencia de chismes y calumnias, porque: “ellos se aislaron solitos”, por “ultras”.

Es precisamente esa invisibilidad deliberadamente producida, producir como invisible al otro, dice Boaventura de Souza Santos en su “sociología de las ausencias”, la que ha llevado a los indígenas a considerar la posibilidad de irrumpir en la “fiesta de la democracia” con sus pancartas de “Nunca más un México sin nosotros” y una candidata indígena. Nadie ha reparado en lo histórico que sería: este país nunca ha sido gobernado por un indígena (Juárez era de origen zapoteco, pero estaba ya aculturado, hoy sería como un panista o priista, o un perredista o lópeopezobradorista moderno e incluyente…con los empresarios) y mucho menos una mujer indígena ha sido presidenta. La sola creación del Concejo es un paso adelante en el autogobierno indio.

Analizar la realidad es complejo y exige esfuerzo, pero ¿para qué? si tenemos una teoría de la conspiración que explica todo y nada y así podemos dejar de ver a esos incómodos indios e indias. Racismo, colonialismo y progresía unidos… y narcisismo complacido.

¿Cuántos de los expertos al vapor han leído las denuncias de los pueblos indios sobre la brutal guerra de despojo y exterminio que padecen? ¿Tendrá algo que ver esa situación con su decisión de irrumpir en el circo electoral para denunciar que los están exterminando y nadie dice nada? ¿La situación de los feminicidios y la violencia contra las mujeres tendrá algo que ver con el hecho que propongan como candidata a una mujer indígena?

No creo que quieran “gobernarnos”, “entrarle al circo”, poner sus “sueños en las urnas” o “legitimar al sistema”, ni hacerle el “trabajo sucio a la derecha”. Quieren poner sus palabras en nuestros oídos, la política en su sentido profundo está en la palabra. Las teorías de la conspiración nos cambian sus palabras por periodismo chatarra.

El comunicado completo en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/10/14/que-retiemble-en-sus-centros-la-tierra/

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