LA PREOCUPACIÓN

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La marcha iba llegando a Bellas Artes cuando un contingente de policías la “encapsuló”. De inmediato los granaderos levantaron los escudos y cerraron las filas. Los maestros se detuvieron y empezaron a corear consignas.

Aprovechando que la marcha se detenía, una reportera se acercó a un maestro asoleado que tomaba un poco de agua de una botella.

— ¿Le puedo hacer una pregunta? —le dijo.

—Claro que sí —respondió el maestro quitándose el sombrero y secándose el sudor de la frente con un paliacate rojo.

— ¿Acaso no le preocupa que los niños se queden sin clases?

Ellos no tienen la culpa de nada.

El maestro tomó otro traguito de agua de la botella y le respondió.

—Sí, señorita. Me preocupa mucho que se queden sin clases.

—Pero es que con tantas marchas y paros los niños se quedan sin clases.

—Claro que me preocupa que se queden sin clases. Pero también me preocupa que se queden sin escuelas, sin educación, sin cupo en las universidades, sin empleo y sin futuro.

Me preocupa ver a mis alumnos, jóvenes y fuertes, vendiendo discos piratas en las calles sin que nadie les pregunte si ya comieron.

Me preocupa verlos en el desempleo como millones de mexicanos.

Me preocupa mucho cuando atraviesan el desierto de Arizona a 50 grados con una triste botellita de agua para buscar el trabajo que aquí se les niega.

Me preocupa que mis alumnas se embaracen a los 16 años porque no tienen más perspectivas en la vida que emplearse de cajeras en el Wal-Mart por el salario mínimo.

Me preocupa mucho ver a mis alumnos asaltando los micros o poniendo una narcotiendita o en las garras de los vicios porque el gobierno invierte más en operativos contra los maestros que en educación.

Me preocupa ver a mis alumnas vendiendo sopes y productos de belleza mientras el presidente vive en una casa de 7 millones de dólares y viaja en un avión de 7200 millones de pesos.

Me preocupa que cuando mis alumnos se enferman tienen que formarse para sacar ficha en la madrugada, que no hay medicinas, que les dan cita tres meses después, que seis meses después pueden ver a un especialista y que les cambian cinco veces la fecha de la operación, hasta que se mueren porque sólo tienen para una consulta con el doctor Simi.

Me preocupa que cuando quieren formar pareja vivan de arrimados con sus padres, y que sólo puedan aspirar a tener un pantalón pirata, un vestido pirata, una vida pirata.

Me preocupa y mucho, que López Dóriga, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva les digan a quien deben odiar y a quien deben querer y que, en lugar de leer “Cien años de Soledad” crean a pie juntillas lo que dice la Rosa de Guadalupe o lo que Callamos las mujeres.

Me preocupa que en tiempos de elecciones vendan su voto por una miserable despensa o por unos pesos que les quitan el hambre un día pero que los condenan a ser pobres toda la vida.

Me preocupa que cuando lleguen a funcionarios o diputados, en lugar de defender a su pueblo, vendan su conciencia y voten a favor de entregar las riquezas nacionales a los extranjeros o que voten la Reforma Educativa o la reforma laboral que acabó con la jornada de 8 horas, el aguinaldo, el reparto de utilidades y convirtió en esclavos de los patrones a los trabajadores.

Me preocupa que me quieran evaluar con un examen de opción múltiple vigilado por el ejército y no sepan que trabajo en una escuela sin agua en los baños, sin pupitres, con alumnos que van sin desayunar o con las mochilas atiborradas de productos chatarra.

Me preocupa que nunca uno de mis alumnos haya llegado a secretario de educación porque ese puesto está reservado para los amigos del presidente y para tecnócratas que en su vida han pisado la escuela Nicolás Bravo del Valle de Toluca donde las calles son de tierra y cuando llueve son de lodo.

Me preocupa que con las modificaciones a la ley que aprobaron priistas, panrredistas, verdes, ecologistas cuando tengan 70 años solo puedan aspirar a una pensión de 1500 pesos mensuales.

Me preocupa que lloren cuando la selección de futbol pierde 7-0 pero que les valga madre cuando el gobierno asesina a los estudiantes, a los maestros, a los luchadores sociales.

Me preocupa cuando los veo dormidos en los camiones o en el metro porque tardan dos horas en llegar al trabajo o a su casa.

Me preocupa que día a día coman peor porque día a día la comida sube de precio y el kilo de tortillas cueste 12 pesos y los políticos, que gana cien mil pesos mensuales, digan que el país crece y que tenemos la mejor infraestructura y que los inversionistas extranjeros están contentísimos.

Y tanto me preocupa que no tengan clases mis alumnos que lucho porque tengan otra clase de vida, otra clase de servicio médico, otra clase de justicia, otra clase de política, otra clase de salario, otra clase de país… Y otra clase de futuro…

Como verá, señorita. Me preocupan mucho, muchísimo, mis alumnos. Por eso lucho.

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