Balada de una niña citadina

“Balada para una niña citadina

 

a Nadia Dominique,

la mujer…

que soy

 

Se están volviendo margaritas los huesos de la niña

Que se consume como una lámpara olvidada

 

Una piel transparente la seduce

Para bordar en sus cabellos los pétalos de muerte

 

Y mis manos quietas no la tocan

Y mis ojos tristes no la miran

Y mi alma inerte no la siente

 

Se están volviendo secos los ojos de la madre

Que se consume como una lámpara olvidada

 

Una piel transparente se le escapa

Para bordar en sus cabellos el llanto de la muerte

 

No te vayas de mí niña de azúcar

A deshacerte entre la piel del llanto

No te vayas de mí pájara libre

Hacia el páramo frío de la ausencia

 

Entre tus venas danza mi silencio

Y hay un sonido mío en tus palabras

 

No te vayas de mí niña de azúcar

A plantar margaritas en tus huesos

 

No me dejes sin tus ojos

Ciega

No me dejes sin tu voz

Silente

No me dejes sin tu luz

A oscuras

No me dejes sin tu piel

Desnuda

No me dejes sin ti

Niña de azúcar”.

La poeta chiapaneca, Mirtha Luz Pérez Robledo, madre de Nadia, le escribió este poema, que ahora es canción.

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