Lenkersdorf en clave tojolabal

Lo llamamos FILOSOFAR, porque Grecia no ha

Babel

Lenkersdorf en clave tojolabal

Javier Hernández Alpízar

En las Crónicas marcianas de Ray Bradbury hay una que se llama “El marciano”. Un grupo de terrícolas llegan a las ruinas de una civilización marciana, uno de esos exploradores- invasores se enamora de esa civilización porque le parece que en ella el arte no estuvo separado de la vida diaria de los marcianos. Uno de los terrícolas se pierde. Todos se ponen alerta. De vez en vez son hostilizados por los disparos de alguien oculto. Cuando logran cercarlo y descubren quién es, se dan cuenta de que es el terrícola enamorado de la civilización marciana. Era para él tan hermosa, tan superior a la terrícola, que decidió ser un marciano y resistir. Todas las crónicas están llenas de ese tipo de melancólico lamento, de esa incurable otredad que padece lo uno, como diría por boca de Juan de Mairena Antonio Machado.

Carlos Lenkersdorf daba una conferencia inmediatamente después de que acababa una mesa redonda en la cual habían debatido varios académicos marxistas, entre ellos solamente recuerdo el nombre de Atilio Borón. Habían discutido sobre la gran conveniencia para las organizaciones revolucionarias de que gobernaran las izquierdas reformistas, porque, según ellos, bajo esos gobiernos reformistas las organizaciones revolucionarias podrían crecer más, ya se sabe que la revolución está siempre en el largo plazo. Lenkersdorf, antes de abordar su tema: la antropología lingüística y especialmente cómo le ha servido para poder ser alumno de los indios mayas chiapanecos tojolabales, quienes lo han educado en su lengua, cultura, cosmovisión y filosofía, en su sabiduría pues, comentó: Estuve escuchando la discusión de la mesa anterior y sí, entendí: “queremos la revolución, pero no la queremos ahora”. Con solamente un comentario barrió con esos discursos académicos que elaboran un análisis nacional, internacional, mundial, diacrónico, sincrónico, y luego de hacer temblar la montaña, como en el parto de los montes, dan a luz a un ratoncito: “vamos a votar por el centro izquierda, porque el verdadero cambio social no tiene hoy una correlación de fuerzas favorable”.

Yo solamente había visto el video una conferencia de Lenkersdorf (¡en VHS!), y la recuerdo un poco más que la conferencia de ese día. Acaso pude después escuchar en Xalapa a la experta en mayas clásicos rusa Galina Ershova platicando cómo los estudiosos rusos lograron descifrar la escritura maya clásica y ya leen y estudian a los mayas, especialmente su cosmología. De los mayas clásicos no sabemos, pero podemos comenzar a aprender lo que están leyendo quienes saben hacerlo; sin embargo, de los mayas contemporáneos, ¿qué sabemos?

Por suerte, Lenkersdorf tuvo la humildad intelectual y científica de hacerse alumno, discípulo de los tojolabales y aprender su lengua, estudiar su cultura, para poder asomarse a su sabiduría y algo de ello nos ha dejado en varios libros, de los cuales recientemente pude leer Filosofar en clave tojolabal. El autor no le exige a sus lectores aprender tojolabal, sino que va traduciendo, explicando, introduciendo al lector en una comprensión y un entendimiento general de la sabiduría tojolabal.

Hace un libro de sencilla lectura, contando cómo conoció primero a los indígenas tzeltales y los escuchó en una asamblea de la que solamente pudo retener el tik- tik con el que terminaban muchas de sus expresiones. Supo que el tik era el “nosotros” y después lo volvió a encontrar al estudiar y aprender el tojolabal. De ahí, la reflexión de años para comprender la lengua- cultura tojolabal (que en esto se parece a las otras lenguas- culturas mayas) lo llevó a comprender que la palabra clave para entenderlos es el “nosotros”.

Así va explorando algunos de los aspectos de la cosmovisión y la sabiduría tojolabal, de la cual defiende que sí existe una filosofía, una sabiduría que ayuda a forjar más que un cerebro un corazón (como en los nahuas clásicos había encontrado Miguel León Portilla: “tener un rostro y un corazón”), un pensar- sentir- actuar cordial. De esa manera de pensar con un corazón colectivo, nosótrico, no monista sino pluralista, además no puramente antropocéntrico sino donde (desde la estructura lingüística) no hay un sujeto frente a otros objetos sino relaciones entre sujetos, intersubjetivas, donde hay sujetos, además de los humanos, como la lengua misma, los seres animados (animales, plantas, la milpa) e incluso los que para nosotros son inanimados, y una muy otra compresión del tiempo, donde el tiempo no es nuestro sino nosotros de él e incluso nosotros podemos ser un tiempo (una época, una apertura temporal), otra forma de relacionarse con el mundo todo, otra forma de entender la relación política nosótrica (de donde viene el mandar obedeciendo, es decir que las autoridades son trabajadores comisionados o delegados para hacer algo bajo el mandato de la comunidad), otra forma de entender la humanidad (con una apertura no etnocéntrica sino a un nosotros en conformación que abarca a la humanidad, que no puede dar lugar a un sectarismo racista o a un “choque de civilizaciones” porque no hay monismo sino pluralidad: un mundo donde quepan muchos mundos).

Desde luego, Lenkersdorf no es un académico mojigato y “apolítico”, sabe que hablar de los indígenas tojolabales y mayas hoy es hablar de organizaciones suyas como el EZLN y de otras donde se forma un nosotros más amplio como el CNI. Y muestra cómo el paso organizativo de ese nosotros viene de lo profundo de sus filosofías, al menos por lo que podemos alcanzar a comprender de los tojolabales. Sabe que además un no indígena puede hacerse alumno, discípulo de los indios mayas, y así como lo hizo el Marciano de las crónicas de Bradbury, así como lo hizo el difunto Marcos y lo hace actualmente Galeano, así lo hizo Lenkersdorf, quien se apropió también de una sabiduría, un rostro y un corazón, traduciendo con los tojolabales, aprendiendo con ellos, entrando en el proceso de ser un nosotros humano y cósmico.

Cuando los zapatistas llegaron a la ENAH en 2001, decía un amigo marxista, a los antropólogos se les rebeló el objeto de estudio: porque no son un objeto, son un sujeto colectivo, un nosotros, y no están para ser estudiados mediante métodos etnológicos: están para ser maestros de su cultura y sabiduría. Sin embargo, para tratar de entenderlos hay que aprender algo muy importante: aprender a escuchar, a poner atención. Contrario a todos los colonizadores que pretenden llegar a las comunidades indias, campesinas, rurales y aun urbanas a “enseñar”, “educar” o “dar línea”, Lenkersdorf llegó a escuchar, a pedir ser educado, a aprender. Pocos han tenido esa capacidad, de no pensar que “nuestros pueblos son ignorantes y hay que enseñarles muchas cosas” sino de decir: “estos pueblos indios son mis maestros”. Por ello Lenkersdorf puede en libros como Filosofar en clave tojolabal decirnos cosas tan subversivas, en el corto y el largo plazo, y no en el nihilismo del futuro que nunca llega, como: “Grecia no ha sido la una de toda clase de filosofía, ni tampoco el manantial de la cultura universal. El filosofar a la griega, que de maneras diferentes a conformado el filosofar occidental, tiene que reconocer que hay muchas maneras de ser “amigos de la sabiduría”, que se traduce al tojolabal como “tener corazón ya” (´ayxa sk´ujol).”

Mucho hemos buscado en la filosofía occidental a los disidentes que se paran en el umbral de lo otro y lo señalan sin atreverse a salir de su piel y caminar hacia el lugar a donde señalan, temerosos de perder la herencia que saben ya caduca pero es todo lo que tienen. Sin embargo con los mayas y los pueblos indios, contemporáneos y clásicos, podemos tener maestros que nos enseñen, como diría Lenkersdorf: “una filosofía corazonada, tal vez mejor dicho cordial, y no tan intelectualizada, sin que se rechace el pensar.” La cual curiosamente coincide con muchas de las propuestas de las teorías cognitivistas del último siglo: conocemos no sólo con la mente sino con nuestra mente- cuerpo, afectivamente, con los “objetos” en cuya red nos movemos y producimos y, dirían los tojolabales, además conocemos, sabemos, actuamos, como un nosotros. Aunque, según occidente (lo que Boaventura de Sousa Santos ha llamado epistemicido: producirnos como no existentes), no somos, no existimos, no sabemos, no filosofamos, sin embargo, sí hacemos todo eso y también resistimos y nos rebelamos. O al menos, con ellos, los indígenas, estamos invitados a hacerlo, a formar parte de su humano y corazonado nosotros.

Carlos Lenkersdorf, Filosofar en clave tojolabal, Porrúa, México, 2005, 273 págs. Disponible en pdf en: http://www.olimon.org/uan/lenkensdorf.pdf

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