Sí debería escribirle al Más de 131

oventik

Sergio Rodríguez Lascano

Hace algunos años, el finado Subcomandante Insurgente Marcos acuñó una frase de antología: “Perdonen las molestias, pero esto es una revolución”.

Esa frase cae como anillo al dedo al artículo que salió publicado con el evidente aval en la página electrónica Más de 131, escrito por Miguel Hirsh, titulado “No debería escribirle a Oventik”.

No puede pasar desapercibido que el artículo revela un profundo desprecio por las comunidades zapatistas. Sobre todo porque se les da un trato de agiotistas o banqueros, o amantes del dinero:

“Porque sólo en Oventic me sentí despreciado y maltratado, sólo en Oventic las cosas funcionaban exclusivamente alrededor del dinero…

“Porque sentí que no quieren que nos juntemos sino que nomás desde allá les echemos porras y pesos”.

Yo me pregunto: ¿Qué fue lo que sucedió que permite que el autor insulte con tal desparpajo a miles de bases de apoyo zapatistas?

Muy posiblemente, el tal Miguel Hirsch se refiere a que, a diferencia de las sedes donde hubo compartición, es decir, Xochicuautla, Amilcingo y Monclova, en el caso de Oventik las y los de la Sexta nacional e internacional pagamos nuestra alimentación.

Pero, como es costumbre para los que escriben textos que buscan reflejar una realidad que sólo existe en sus cabezas, este autor no investigó cuántas personas de la Sexta llegaron a Xochicuautla, Amilcingo y Monclova en tanto que eran eventos cerrados, en comparación con aquell@s que llegaron al evento abierto que fue la Fiesta de la Resistencia y la Rebeldía, en el 21 aniversario del EZLN en Oventik, incluyendo los miles y miles bases de apoyo zapatistas.

Esta última condición no hizo que quedaran sin atenderse todas las necesidades de las y los familiares de Ayotzinapa invitad@s, así como las de los y las integrantes del Congreso Nacional Indígena.

No preguntó siquiera, ya no digamos investigó, con cuánto dinero se apoyó a las tres sedes donde hubo compartición para que pudieran sufragar los gastos que les implicaba ser sede. Cuántos kilos de arroz y frijol, aceite y cobijas se consiguieron, cuántas actividades previas para conseguir fondos se realizaron para apoyar a esas sedes y, cómo no se entregó ni un centavo a las comunidades zapatistas, debido a que los compañeros señalaron que todo se canalizara hacia las tres sedes del CNI. Típica actitud de alguien que sólo piensa en el dinero ¿No, Miguel Hirsh?

Ell@s tuvieron que sufragar los gastos de comida de los compañeros del CNI y de los familiares, así como la movilización de miles de bases de apoyo. ¿Sabrá Miguel Hirsch, quien seguramente toma el metro y ya está en una marcha, lo que significa que miles de bases de apoyo zapatista se muevan por ejemplo desde el Caracol 1 de La Realidad hasta Oventik, con sus propios recursos y con el único objetivo de abrazar a los familiares de Ayotzinapa, al CNI y a la Sexta Nacional e Internacional? ¿Sabrá qué significa para la economía de una familia, una comunidad, esa voluntad de ser solidario? Y todo esto sin ninguna ayuda de la Sexta. “¿Dinero y pesos?”. Carajo, cuánta soberbia, cuánta mezquindad.

En el artículo se habla de la escuelita, según se sabe el referido autor fue alumno de la primera generación de la escuelita. ¿Recuerda cuánto pagó? ¿Recuerda si pagó algo por el transporte? ¿Recuerda si pagó algo por el alimento que le dieron en la casa de su familia? ¿Recuerda que está hablando de su familia? “¿Dinero y pesos?”. Cuánta soberbia y cuánta mezquindad.

Sobre los familiares de Ayotzinapa: ¿Sabe el autor quién sufragó los gastos de su traslado, sus alimentos, su avituallamiento para que no tuvieran frío y no se mojaran, desde que salieron de Ayotzinapa hasta que volvieron san@s y salv@s hasta allá mismo? A lo mejor piensa que todo salió de su bolsillo, con todos los pesos que le ha entregado al EZLN, pero no, salió de las finanzas del EZLN.

Hirsh dice: “Y que palabras como bienvenidos, bienvenidas y bienvenidoas habrían sido bien recibidas”. Resulta que el cronista olvida que con esas palabras inició su discurso el Subcomandante Insurgente Moisés: “Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Reciban todas, todos y todoas que están y no están presentes, el saludo de los hombres, mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas zapatistas. Sea bienvenido el paso, la voz, el oído, la mirada, el corazón colectivo de abajo y a la izquierda”.

En otra parte de su texto el autor dice: “sólo en Oventic hicieron a lxs invitadxs de honor quedarse paradxs sosteniendo los rostros del dolor que hoy dan rostro al dolor del mundo durante horas de discursos”. Esta frase no tiene desperdicio.

Yo no sé si el autor habló con los familiares, muchos de la Sexta y el CNI lo hicieron, de hecho todos los que querían. No se puso un mecate para que nadie se acercara, ni se les puso un cerco de personas para que nadie se acercara. Si el autor hubiera hablado con ellos se hubiera enterado de varias cosas que son fundamentales:

  1. Hay una frase que odian los familiares: “ya me cansé”. No soportan que alguien les pregunte si ya se cansaron.
  2. No fueron horas lo que duraron los discursos, muy probablemente a él le parecieron horas pero nunca es bueno confundir la realidad con lo que uno imagina.
  3. Perdió de vista un hecho trascendental, el EZLN, que es un ejército (muy otro, es verdad, pero un ejército) quería abrazar a todos los familiares y nombrar con su nombre (lo digo así porque nadie lo hace) a los desaparecidos y a los asesinados. Y si hubiera tenido la curiosidad de entender lo que pasó hubiera ido él a abrazar a los familiares como muchos lo hicimos y a llorar con ellos y de paso les hubiera preguntado si estaban molestos por haber estado “horas” como invitados de honor en el estrado, compartiéndolo con el EZLN y el CNI.
  4. Y, luego, en el CIDECI se hubiera acercado a preguntar qué les había parecido el trato que recibieron. Les hubiera hecho la pregunta clave, que todo buen periodista de medio libre debería tener a flor de boca: ¿valió la pena tanto sacrificio para llegar hasta territorio zapatista? Pero hacer eso es muy fatigoso para alguien que sabe la respuesta de antemano, porque él piensa que no valió la pena, que fue tratado como extraño, pero para sentirse así hay dos posibilidades: que lo traten como extraño o ser un extraño porque pone por enfrente sus peculiaridades propias sin aceptar las diferencias.
  5. Los compas del EZLN, a pesar de lo que dice Hirsch, son los únicos que hablan de los 46, no sólo 43. Los únicos que han nombrado a los 46 y 46 fueron los abrazos. Son los únicos que demandan verdad y justicia, que es lo que sintetiza la demanda de los familiares. El poder del dinero lo sabe y por eso les quiere dar a cuenta gotas restos de alguno de los 43, para que vayan contando en sentido inverso como lo hace el #Yamecansé (que ya no habla de 43 sino de 42). Pero, ¿ya hubo justicia y verdad para todos?
    Cuando se dice “vivos se los llevaron, vivos los queremos” ¿eso se traduce en que si se entregan restos ya no hay nada más que hacer? Hasta donde yo entiendo, “vivos se los llevaron, vivos los queremos” quiere decir tal y como se los llevaron los queremos. ¿Se resuelve el asunto si entrega el gobierno una muela y un pedazo cuasi microscópico de carne? ¿Eso finiquita el problema? ¿Eso resuelve el problema de justicia y verdad?

Con la muerte del finado Galeano, los zapatistas demostraron qué hay que hacer con la muerte (a mí me parece que el autor del artículo publicado en Más de 131, no tiene la menor idea de lo que es la muerte): demandar verdad y justicia. Y lo consideraron tan importante que alguien tuvo que morirse para que el finado maestro Galeano viviera y, se los aseguro, para las comunidades zapatistas y para muchos de nosotros, tanto de México como del mundo, no cualquier “alguien” fue el que tuvo que morirse. En resumen, la demanda de verdad y justicia es la que tiene en crisis al poder del dinero y a sus monitos cilindreros de los gobiernos y de la clase política. Porque esto es lo que pone a los dueños del dinero frente al espejo, a un espejo gigante que nos muestra su rostro pútrido.

  1. Doña Berta Nava, madre del compañero asesinado Julio César Ramírez Nava, fue la que insistentemente señaló que le hubiera gustado que los compas del EZLN hubieran estado presentes en las comparticiones. También fue la primera que dijo que era un honor ocupar su lugar, saber que en esos momentos los familiares eran el EZLN y saber que el EZLN siempre estará atrás de ell@s.

De doña Berta no se recibió sino buenos sentimientos, siempre entrañable y franca. En cambio, el autor no sólo olvida sino que es perezoso porque no investiga: “Pero en las mismas voces de Ayotzinapa escuchamos que ojalá no se hubieran quitado de la lista de las comparticiones, sino que nomás se hubieran hecho tantito más chiquitxs para que cupieran juntxs porque también queríamos compartir con ustedes”.

Olvida o ignora o no pela que las y los compañeros habían declarado que sí iban a estar, pero que lo iban a hacer con el rostro descubierto, para que nadie los viera. Es decir, al quitarse el pasamontañas y asistir al Festival, son los que, paradójicamente, mejor saben lo que ahí sucedió. Por muchas razones: primero porque siempre están con su lápiz y su cuaderno, porque siempre están atentos y no en los pasillos, porque siempre miran hacia la gente y no hacia los oradores, porque son maestros de la escucha y no les cuesta trabajo tener la boca cerrada. Ahí estuvieron l@s delegad@s zapatistas. No l@s vimos porque eligieron no ser vist@s.

Cuando los compas deciden participar con el rostro descubierto para pasar desapercibidos, significa hacerse a un lado y dejar toda la tribuna a las y los familiares de los desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa, lo hacen a sabiendas que muchos se podían sentir molestos y desilusionados. Pero ellos no trabajan con encuestas para saber cómo los posibles participantes aprecian o no un gesto suyo.

Lo deciden a partir de lo que les dicta su posición política que siempre tiene como punto de partida la ética. Y la ética les decía que debían hacerse a un lado y eso es lo que hicieron.

Lo que doña Berta decía la engrandecía porque evidenciaba su modestia, ella también actuaba con base en la ética.

Lo que el autor hace es querer contraponer lo que no es posible contraponer. Es decir, lo guía… la grilla estudiantil.

El abrazo entre la ética zapatista y la dignidad de Ayotzinapa no podrá ser manchado por el dedo flamígero del autor.

No es la primera vez que personas muestran su indignación por actos éticos del zapatismo. Ya en el pasado muchos se enojaron porque para la primera reunión nacional del CNI salió la comandanta Ramona y no el Subcomandante Insurgente Marcos y se atrevieron a decir: “Cómo mandan a una persona enferma, casi moribunda, que no habla castellano”. O cuando la comandanta Esther habló en nombre de la delegación zapatista en el Congreso de la Unión, frustrando a varios diputados y senadores que ya tenían su cámara fotográfica lista para sacarse la foto con el Subcomandante Marcos, a quien, paradójicamente, acusaron de protagónico por no asistir. O cuando guardaron silencio varios años, o cuando hablaron en medio de la coyuntura electoral de 2006 o cuando “el fin del mundo” o…

  1. En otra parte de su texto aparecido en el Más de 131, el autor dice: “que no sabía que me iba a convertir en una clave de registro, más que una persona”.

En la entrada de Oventik pasaron primero los familiares de Ayotzinapa, en un recibimiento que los hizo llorar. Luego el CNI y luego la Sexta. La Sexta, tardó mucho porque eran un buen.

Se decidió que entraran primero los que ya se había registrado y tenían gafetes, luego los que tenían número de clave y no tenían gafetes (a pesar de que durante todas las comparticiones la comisión de registro funcionó para que se registraran y a pesar de que el día 31 desde la 0700 hasta las 1700 funcionó la comisión de registro en el CIDECI. Sí, se buscaba un poco de orden.

Yo estaba en la puerta del Caracol tratando de ayudar. Vi cuando entró un niño y su amiguito se quedó llorando porque él todavía no entraba y su amiguito de juegos era separado de él. Uno de los comandantes se acercó y me dijo al oído: “registra a la familia del niño que está llorando para que pase inmediatamente. Eso hice y entró dos minutos después de su amiguito. Esa familia probablemente pensó que yo era un compañero con buen corazón, pero yo no lo decidí, así actúan los que nunca quieren llevarse la gloria, los que siempre actúan desde la sombra.

Sí, eso hicieron los seres extraños que según el autor no devuelven el saludo ni expresan nada en los ojos, más que indiferencia.

Y, como ésa, puedo contar miles de anécdotas, sin exageración miles de anécdotas. Pero, más aún, yo hablé con mucha gente que conozco, que tardó mucho tiempo en la puerta y todos estaban felices de estar adentro, no les pesaba pagar 15 pesos por cuatro chalupas o una torta, no les pesaba pagar 5 pesos por un rico ponche bien calientito y sobre todo veían el esmero en el trabajo. ¿Para que sirvió ese dinero? Para que los miembros de los pueblos indígenas comieran, lo mismo que los familiares.

Aunque resulte banal, (aquí se confirma que la amnesia de las banalidades habla más del que olvida que de lo olvidado) no está por demás recordar que el EZLN no es un banco, ni una ONG, ni una financiadora y tampoco es un colectivo que se disfraza de zapatista para organizar conciertos y seminarios en su nombre y quedarse con el dinero y luego es puesto como equipo de seguridad en una sede, o que viaja por el mundo haciéndose pasar por zapatista para engañar a la gente de buena voluntad.

Finalmente, después de su publicación los compañeros del más de 131 publicaron una aclaración que dice: “En  la sección “compartimiento” se expresan las posturas personales de las y los respectivos autores, no se debe de entender necesariamente como el sentir o la postura de masde131.com. Para réplicas o colaboraciones dentro de esta sección escribir a: redaccion@masde131.com. Esa aclaración hace más enigmática su posición. El “no se debe entender necesariamente” deja a la imaginación si este es el caso o no. Pero, como todo mundo sabe, la coartada que dice “ésa es una posición individual” esconde algo profundo, a saber, la decisión de publicarlo.

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