Ética, patriarcado, sobrepoblación y crisis ambiental

00978607736055lJavier Hernández Alpízar.-

La biofilia implica por necesidad trascender el imperio de la pura razón racionalista que sólo ve lo fáctico y posible, e implica también hacer que el ser predomine sobre el tener – aunque ello corresponda al terreno de lo aun “desconocido”. Quizá el futuro nunca se haya visto tan cerrado, pero hemos de concentrarnos en nuestras propias fuerzas éticas para abrirlo. Lizbeth Sagols.

En estos días, la importancia de las universidades, especialmente las públicas, como centros de reflexión debe ser uno de los temas a revisar y reflexionar críticamente. Es común una disociación entre las disciplinas reflexivas, académicas y universitarias, y los grandes problemas que tendríamos que estar discutiendo los mexicanos y los habitantes del planeta. Particularmente en el ámbito de la filosofía parecieran imperar ejercicios escolásticos de exégesis de las filosofías hegemónicas, sin relación explícita con los problemas que tendrían que preocupar a las y los ciudadanos. Hay incluso una tendencia a un discurso oclusivo que considera acabada a la filosofía, al pensamiento y la crítica, con la obra de Heidegger como epitafio. Es quizá el equivalente de la ideología del fin de la historia que la historia en movimiento ha venido a refutar.

En ese contexto, es refrescante encontrar un libro como el de la filósofa Lizbeth Sagols La ética ante la crisis ecológica, coeditado por la UNAM, especialmente el Programa Universitario de Bioética, y Fontamara, lo cual puede hacerlo un libro accesible y mejor distribuido que una edición puramente universitaria. El libro es discutible en toda la extensión de la palabra, tanto en el sentido de que aborda un tema necesario de discutir y aun debatir no solamente en el ámbito académico sino en los foros donde sea posible hacerlo, como en el sentido de proponer tesis o hipótesis que pueden resultar provocadoras de discusiones y aun debates.

Hay una estrategia argumentativa central que el libro va tejiendo con las discusiones de cada uno de los temas implicados. Comienza por una descripción general de la crisis ambiental en que estamos inmersos, la cual a veces parece un viaje al abismo en el que hemos rebasado el punto de no retorno. Luego aporta una hipótesis: El antropocentrismo, por el que la humanidad se ha portado como un superdepredador sobre el resto de los seres vivos y sobre el planeta, se ha vuelto una masiva forma de agresión maligna porque llevó a la relación con esos otros entes la relación asimétrica y opresiva que el patriarcado estableció al interior de la especie humana, no solamente con la imposición de la fuerza y el dominio de los hombres sobre las mujeres sino sobre todos los “débiles”, los oprimidos.

Además de la relación imperialista sobre los seres humanos que el patriarcalismo somete (y aun sobre los demás seres vivos y naturales), la opresión al interior de la especie humana se vuelve sobreexplotación y destrucción sobre el planeta por la sobrepoblación. La opresión sobre las mujeres les impide, en la mayor parte de los países del mundo, decidir el número de hijos que desean tener. Contra su voluntad, se impone el mandato patriarcal de crecer y multiplicarse, como si fuéramos la única especie que importa en el planeta.

Esta hipótesis no pretende ser la explicación unívoca de la crisis ambiental, por ende no excluye otras causas de los problemas como el capitalismo, la industrialización, la tecnología y la desigualdad social, por el contrario, reconoce que son problemas entrelazados, pero el libro pretende poner en el centro de la discusión y el debate un tema que ha sido evitado por el temor de los autores a ser vistos como malthusianos autoritarios o totalitarios que proponen medidas natalistas forzadas o incluso que pretenden la muerte de algunos seres humanos como formas de control natal. Contra esa especie de cuello de botella conceptual, Lizbeth Sagols expresa que una transformación de las sociedades, en el sentido de la participación libre y consciente de las mujeres en la reproducción humana, llevaría a disminuir la sobrepoblación y con ello atenuaría la presión sobre los demás seres vivos y la naturaleza, a los cuales hemos reducido a “recursos” a nuestra disposición. Eso no implicaría (la ética no es compatible con ello) proponer la muerte de seres humanos ni medidas forzadas de control natal, sino una consciente y participativa disminución de la natalidad en un mundo donde las mujeres decidan libremente y no bajo la opresión masculina.

La filósofa no propone que aceptemos una igualdad sin matices entre todos los seres vivos, porque para la especie humana es imposible que vea las cosas de un modo no antropocéntrico. En lugar de ello propone un antropocentrismo no androcéntrico y no imperialista o depredador. “¿Cómo pensar la crisis ecológica desde una ecoética que al rechazar el antropo-androcentrismo abusivo, reconoce la relatividad humana y con ella reconoce tanto la igualdad básica de valor como igualdad-diferencia entre el ser humano y la naturaleza y entre mujeres y hombres?”[1]

Para su propuesta, es básica la distinción de Erich Fromm entre agresión benigna y agresión maligna: la primera se limita a matar para comer, como hacen otras especies animales (y las plantas insectívoras), pero no permite destruir por otros motivos, como el “deporte”, además debe proceder respetando los límites, como hicieron muchos pueblos en el mundo de acuerdo con las teorías de autores críticos del patriarcado que leen en la prehistoria más remota una civilización humana biofílica: amante de la naturaleza y de su fecundidad dadora de vida (simbolizada en la mujer como ser fecundo) y datan la agresión maligna: opresora, sobreexplotadora, cruel y brutal, prácticamente como simultánea al inicio del patriarcado.

Además de Erich Fromm (Anatomía de la destructividad humana, Tener o ser y otros títulos), por su propuesta de la biofilia y su distinción entre una orientación a tener y una orientación a ser, son básicos para el argumento de la filósofa otras autoras y autores como los representantes de la teoría crítica del patriarcado, varias ecofeministas (especialmente Karen Warren, Ecofeminist Phylosophy) y Aldo Leopold (Una ética de la Tierra).

Lizbeth Sagols ha dicho que el libro deberá tener una próxima versión ampliada con elementos que pueden complementar los aportados en esta edición. Para quienes hemos tomado en consideración las propuestas anticapitalistas, la crítica a la técnica moderna y al imperialismo de la razón instrumental, es sin duda inquietante, y un aportación valiosa, tanto el tema del patriarcado en sí como la posible vinculación con las otras causas de la crisis ambiental planetaria actual, una crisis que podría significar el fin de la civilización humana como la conocemos y lleva además de por medio la extinción de muchas especies vegetales y animales, así como un gran padecimiento del planeta.

Las lecturas que critican a la teoría de una prehistoria no patriarcal como una mera “interpretación” de hechos poco contundentes olvidan que creer que el patriarcado ha existido desde siempre es también una suposición o una interpretación de ese pasado remoto que los hechos no pueden probar, pero más allá de ello, la existencia de comunidades indígenas (las zapatistas en Chiapas. México, por ejemplo) o de otras comunidades humanas que intentan actualmente crear nuevas relaciones no patriarcales podrían llegar a ser una “prueba” en pequeña escala de la posibilidad de una humanidad no patriarcal y podrían llegar a “probar” quizá que la relación con lo otro y los otros no humanos puede ser no opresiva.

La autora no se cierra ante los elementos de lo sagrado, la espiritualidad y de lo religioso (no en el sentido tradicional, sino en el de un religarnos al todo de la vida y de los demás entes con que compartimos el mundo) que involucra una propuesta como la biofilia: amor a la vida y a la humanidad, y una fe racional en la posibilidad de evitar juntos un destino, más qué trágico, catastrófico.

Tanto por su argumentación decidida y provocadora como por las referencias bibliográficas, algunas ya mencionadas, a autores, autoras y corrientes de pensamiento ecofeminista y ecoético contemporáneo, es este un libro que merece la pena ser leído, discutido y que debería abrir un horizonte de discusión, de comprensión y de acción respecto al tema que enuncia claramente su título: La ética ante la crisis ecológica. En otras palabras, la reflexión sobre la acción, la libertad y la responsabilidad humanas delante del problema más grave de nuestro tiempo.

Lizbeth Sagols, La ética ante la crisis ecológica, Fontamara, UNAM, México, 2014, 148 págs.

[1] Lizbeth Sagols, La ética ante la crisis ecológica, pág. 97.

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