Ni fallido y narco, llanamente el Estado

Por : Lukanikos

Tuvimos que movernos entre ríos devastados con sus comunidades vivientes intoxicadas, despojo descarado del agua, torturas, vejaciones, hubo que caminar entre quienes ya no nos alcanza cuando compramos comida, junto a los estudiantes que nomás no encuentran chamba, hasta tener enfrente a miles de muertos, cadáveres que apilan afuera de nuestras casas, tener que ver a normalistas masacrados por La Policía y El Ejército -porque cuando masacraban indígenas en Chiapas no teníamos Face- para que los gritos de indignación colectiva al fin se escuchasen.

Pero ahora son las expresiones “Estado Fallido” o “Narco-Estado” que las empresas de comunicaciones supieron hacer sonar entre quienes alzan su voz con coraje e indignación; era de esperarse que periódicos, locutores, políticos de izquierda y hasta el clero la empleasen al por mayor, pues todos ellos son la parte visible de ese Sistema que están aquí para convencernos y que interioricemos la idea que de alguna manera podemos ser partícipes en la construcción del País, o más cómico, que en algún momento dicho proyecto consideró algún otro bienestar que el suyo.

Me confunde escuchar “Narco-Estado” ¿Acaso los Políticos eran empleados de los Cárteles cuando abrieron fuego en Tlatelolco? ¿Acaso sicarios del narco reprimieron con fuego y sangre la huelga Ferrocarrilera? ¿o han masacrado narcos a los Yaquis? ¿a los Jaramillistas? ¿es que había intereses de droga en Atenco? ¿en Acteal? No sabía que los Halcones en el 71 eran los del Pablo Escobar.
No estamos ante un Estado Fallido, se llama llanamente Estado

Pero creemos que algún momento fuimos tomados en cuenta para construirlo, porque mientras lo fueron edificando con los huesos de quienes se oponían a la totalización de instituciones nuevas, ajenas y nocivas en sus vidas; y con la sangre de las autonomías aplastadas, fueron escribiendo una Historia Nacional. Para lo cual primero hicieron una selección arbitraria de sucesos pasados, de conflictos por ejercer el poder de proyectos pasados, de grupos que ya no existían y los hilaron de manera lineal y secuencial porque necesitaban otorgarse legitimidad, y para ello inventaron una narrativa histórica nacional, la historia de una entidad ficticia a la que llamaron Estados Unidos Mexicanos, la cual decidieron nació en 1810.

Insisto, no es el Estado mexicano el que falla al asesinar personas, si creemos que el francés, italiano, castellano son idiomas que se han hablado siempre en las regiones que componen a sus países, olvidamosde que Francia masacró para imponer su idioma sobre muchos, y que aún practica políticas de exterminio lingüístico prohibiendo a los niños hablar occitano en las escuelas; mientras los Estados vecinos hicieron lo propio ¿cuántos aún hablan el veneto, el sardo, lombardo, borgoñés, bretón, bable, aragonés? ¿qué les hicieron a los Charrua en argentina? ¿qué les hacen a los Mapuche en chile? ¿qué hicieron con los que cazaban búfalo en las praderas del Norte?

La próxima vez que escuches decir que el Poder del Estado sólo puede existir mediante el crimen, antes de que pienses que son palabras de radicales, intenta pensar en quienes vivían en las millones de hectáreas de selva amazónica que ha sido talada, en la Revolución Cultural, donde Mao aniquiló a decenas de millones para crear con vaga uniformidad al ciudadano chino; en Pol –Pot y los Jémenes rojos; o en las purgas donde millones de formas diferentes de ver el mundo fueron aniquiladas precisamente por ser distintas a la del Estado soviético, la mayoría de las cuales nunca sabremos que existieron.

Las naciones son entidades históricamente novedosas que pretenden existir desde hace mucho tiempo, y para que semejante invención pueda ejercer influencia cotidiana y directa en nuestra vidas, en nuestra libertad y deseos, requieren necesariamente recurrir al crimen.

Al conjunto de instituciones y ejercicios de poder que se agrupan a sí mismos dentro de una historia que construyeron para legitimarse y que interiorizan en las personas empleando una diversidad de prácticas estructuradas de violencia con menor o mayor grado de intensidad, y que pretende incidir en los distintos procesos que desarrollándose dentro de un territorio que arbitrariamente ha dictaminado como suyo, es a lo que se le llama Estado.

Por lo tanto poco importa el color, nombre o religión que este posea, si es vanguardista, progresista, oscurantista o socialista, porque su existencia misma es muestra de violencia, ya que implica policía y militares vigilando su estabilidad, requiere de niños obligados a cantar lunes tras lunes a esta invención suya, necesita tenernos en dinámicas verticales, acostumbrándonos siempre a hacer caso al de arriba, sea mamá, sea el profe, la directora o el patrón, implica miedo a quedarnos sin recreo o a perder el trabajo, a tener una multa o ir a la cárcel.

Vivir con un Estado es ver hombres apuntando con metralletas mientras vamos a la tienda o al parque, es escuchar balaceras y enterarnos que nos secuestraron a alguien, ver nuestros ríos convertidos en drenajes, y temblar de temor y rabia porque a nuestros hijos o a nuestros compas los masacraron una noche de Septiembre, y fueron los mismos que nos roban con impuestos, que nos venden gasolina que sacan del suelo que nosotros pisamos, venden tierra que no es suya cuando nuestra tierra no se vende, se cultiva y se anda por ella.

No es que todo esto sea nuevo, sino que las condiciones generales del momento histórico se prestan para que la tensión aumente entre los distintos procesos sociales y el proyecto del Estado –País, por lo tanto se visibilizan y mediatizan conflictos; pero el que los colmillos de la bestia nos estén aplastando sólo implica que llevamos acostados en sus fauces décadas y generaciones sin haber intentado salir de ellas.

Ante lo anterior y dado que todo desde las montañas hasta los peces estamos siendo sometidos por el Progreso del Estado, es que nosotros nos oponemos a él, buscando su destrucción, es por ello que repetimos sin cansarnos que el Estado es un crimen, que las izquierdas y las derechas están construidas para robarnos o matarnos, es por ello que no queremos diálogos ni negociaciones con sus autoridades, que salimos a las calles listos para levantar barricadas incendiadas ante el avance el Estado y sus políticas, es porque nos buscan, nos persiguen y asesinan que muchos se colocan una capucha y salen a la calle sin respeto alguno hacia los edificios de quienes nos matan, ya sean sus oficinas de gobierno o los vidrios de sus bancos.

Para muchos la indignación se nos pasó hace años, esto que nos queda no es enojo tampoco es furia o coraje, ninguno de esos adjetivos describe lo que sentimos, esto sencillamente es Acción, y vamos a por ellos.

¡Muerte al Estado!

¡Viva la Vida!

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