Revolución: ¿Machos only?

Esos mis revolucionarios de Féisbu,

Babel

Javier Hernández Alpízar

La circulación de mensajes a través de las redes sociales, en específico Facebook y Twitter, ha mostrado que es cierta la reflexión del semiólogo y novelista Umberto Eco: “Internet es como la vida, donde te encuentras personas inteligentísimas y cretinas”. Y hemos de reconocer que de ambos tipos de personas se aprende. De las personas que propalan la simplificación y el achatamiento de los temas, el chauvinismo, el machismo, la misoginia, la brutalidad e incluso el clasismo, parapetados detrás de una fraseología incendiaria y sedicente revolucionaria, se aprende a tratar de evitar la simplificación. No son completamente inútiles, sirven de mal ejemplo.

Han circulado memes que aderezan fotografías de Villa y de los villistas con frases que reducen la revolución a un asunto de “huevos”, de hombría, de ir a “partir madres”. Usan eslóganes como “nosotros no teníamos internet, teníamos huevos”, en los cuales hacen un uso completamente naif e ignorante de la palabra “revolución” (de la cual no se ha discutido a fondo su adecuado uso o desuso). Exhiben lo que en el lenguaje de las catacumbas marxistas llamaban voluntarismo y aventurerismo, pero además lo hacen por medio de un vehículo completamente codificado para no lograr sino catarsis, sublimación de la rabia, salida represiva en realidad de los deseos de cambio social. Es un desahogo como esos que se tienen cuando no hay una experiencia más de bulto para desahogarse de lo que se lleva dentro, si me entienden…

Los mensajeros de los memes acerca de “huevos revolucionarios”, al igual de otros memes que dicen “se solicita sangre tipo Zapata”, reducen a los sujetos que impulsan cambios sociales profundos a un estereotipo que en su irrealidad, en su vaguedad y abstracción, en su pseudoconcreción, resulta sumamente domesticable y domesticado: iconos, estatuas de bronce de esas que los zapatistas actuales dicen que no sirven más que para que alivien sus vientres las palomas.

Veamos el caso de Francisco Villa y los villistas: los simplifican al chiché de los sujetos bragados y tira balas (un sicario del narco podría ser su héroe, muchachos despistados) e ignoran toda la realidad histórica, social, humana, de Villa y los y las villistas: ¿a poco creen que eran puros machitos y que las adelitas solamente atendían a las necesidades del metate y el petate?

La frase: “Nosotros no teníamos internet, teníamos huevos” hace aparecer a los villistas como unos meros valentones de corrido para borrachos, tipo “Gabino Barreda no entendía razones, andando en la borrachera”. Ignoran que Villa y los villistas usaban los medios de comunicación más avanzados de su época. Villa incluso firmó contratos con cineastas para dar sus batallas de día y a buena hora con el fin de que los filmaran con buena luz solar. Las películas de batallas villistas influyeron en jóvenes rebeldes que luchaban por la democracia en Austria, lo cual llevó a que uno de los mejores, quizá el mejor, biógrafos y estudiosos de Villa sea el vienés Friedrich Katz. Es como si Villa hubiera usado la internet, los videos en YouTube e incluso los memes, pero para hacer propaganda de un movimiento no sólo armado sino organizado, social, de base, que impulsaba un modelo de desarrollo en favor de los rancheros y habitantes rurales y urbanos del norte de México.

Si Villa hubiera sido un mero forajido echa balas no habría inquietado al poder de Díaz y luego a Huerta, Carranza y a sus asesinos, la burguesía, que lo ejecutaron extrajudicialmente cuando ya había desmovilizado su ejército, la “División del Norte”, y se había retirado a la vida privada solamente con una escolta. Jubilado y todo lo mataron, así como a Zapata lo asesinaron a traición, aún rebelde y en activo. Pero no porque fueran los líderes villistas y zapatistas hombres con una sangre especial o unos testículos para record Guinnes sino porque fueron hombres inteligentes, estrategias políticos y militares, pero sobre todo organizados, apoyados por comunidades y pueblos alzados, ya que sin las multitudes organizadas villistas y zapatistas, esos líderes no hubieran sido Van Damme, Rambo o Gokú para ir a matar enemigos ellos solos.

La fase armada es el fenómeno más espectacular, pero no el más profundo de la revolución mexicana: el fenómeno profundo es la voluntad de los pueblos, comunidades rurales, campesinas, indígenas y mestizas que hicieron la revolución y que con su fuerza construyeron los liderazgos de los Magón, los Zapata y Villa.

Pero la historia simplificada nos reduce la revolución a unas escenas de balazos, como un western patriótico: de hecho lo sintomático es que una merejada de twitteros y facebookeros confundieran con revolucionarios a unos grupos armados que no han pretendido jamás hacer la revolución, no quisieron ni la quieren hacer, sino casi lo contrario: las autodefensas michoacanas. Cuando vieron grupos armados tirando balas, matando enemigos y “tomando” poblados creyeron que ya estaba aquí la revolución. Editaron todo el contexto: que las autodefensas no cuestionan el previo orden capitalista, que querían hacer lo que esperaban que el Ejército hiciera (eliminar a los sicarios del crimen organizado) y que todo lo que buscaban era devolver a Michoacán a la paz anterior al crimen: el capitalismo simple y llano, con estado de derecho y regulación social desde el Estado para que no haya lucha de clases sino orden capitalista pacífico.

Ni los movimientos que sí se reclaman revolucionarios, radicales o reformistas, como gusten llamarlos y etiquetarlos si simplificar es la consigna, llaman hoy la atención: los twitteros creyeron ver a los revolucionarios en las autodefensas a pesar de que éstas todo el tiempo han sido respetusas del orden establecido, de que se sometieron a ese orden al grado de terminar formando filas armadas bajo el mando supremo del Estado mexicano y el gobierno. Mireles votó por el desarme, luego se arrepintió al ver que el poder no va a cumplir con la demanda de “seguridad” y se ha vuelto una víctima del orden que pretendió restaurar y defender. Es ahora un preso político, injustamente, pero su discurso no deja de ser el del regreso al orden no el del cambio revolucionario. Sin embargo, algunos memes lo identificaban con el hombre providencial con sangre tipo Zapata.

Sería necesario usar categorías de la psicología social, de la antropología, la sociología, la historia de las mentalidades, el análisis del folklor quizá para entender esta simplificación de la revolución al nivel de los corridos: “usaba pistola, con seis cargadores, le daba gusto a cualquiera”.

Tal vez podríamos ver en ese error entre trágico y cómico a gente de buena fe que se equivoca, pero hay algo más que un mesianismo machista: hay misoginia, y eso no es revolucionario sino profundamente retrógrada. El complemento de esos memes son los memes misóginos y machistas que rebajan la crítica a Angélica Rivera a presentarla como ramera. Y la crítica a Peña Nieto como imbécil. A la misoginia y el machismo contra Angélica Rivera (en lugar de criticar su falsificación del feminismo, como la de Rosario Robles) le suman el distractor de las verdaderas críticas que se le pueden hacer al segundo: no hay una discusión seria de la contrarrevolución o revolución conservadora que Peña Nieto está liderando (una especie de Villa de derechas, échense ese trompo a la uña) contra la oposición de… memes catárticos que insultan a su esposa y a él pero son incapaces de oponer un discurso crítico de sus medidas ni mucho menos una respuesta organizada y decidida, desde las bases, a su política colonialista.

Así como hicimos chistes de la estupidez de Zedillo, la calvicie de Salinas, la presunta beodez de Calderón o la cretinidad y el prozac de Fox, así vemos pasar el gobierno que está completando la revolución de derechas en México con insultos misóginos a su esposa y el mismo manido chiste sobre el coeficiente intelectual de Peña Nieto.

En la simplificación llevamos la penitencia: La derecha avanza y la izquierda nomás está a la respuesta coyuntural de los problemas que puede porque de otros ya no dice ni pío. Incluso la izquierda electoral se dispone a ir de nuevo a elecciones y muy probablemente con candidatos ya harto conocidos, porque sus bases son carne de cañón electorero pero no pueden ser candidatos. Arando el porvenir con viejos bueyes pues.

Si la derecha está gobernando mediante la violencia y el patriarcado colonialista, el consuelo que nos queda es que (a juzgar por su discurso memético) al menos no llega al poder una izquierda cuyos valores son los huevos, la sangre, el chauvinismo y la misoginia. A lo mejor por eso la gente no vota por ellos, parecen una mala copia de sus competidores.

Los y las villistas, zapatistas y magonistas actuales probablemente no corresponden al ideal: machos empistolados y bigotones, sino que se parecen más a nosotros, chaparritas, de rasgos indios y mestizos, nada espectacular y con discursos que no convocan porque no tienen el raiting de tres horas de balazos. Ni modo, mi buen, todo pasa por ese rollo aburrido de organizarse, comunicarse, leer, picar piedra, hacer trabajo hormiga, trabajo de base, todo eso que no echa tanto humo y no parece tan western ni tan guay. Y para colmo, muchas de ellas son mujeres o LGBTTTI y exigen que depongamos nuestro machismo… Ver para creer. Ni siquiera se parecen a los Almada o a los Tigres del Norte.

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