Enseñanzas extracurriculares zapatistas y un meme de bonus track

Si es la ofensa que me hacéis,

Babel

Enseñanzas extracurriculares zapatistas y un meme de bonus track

Javier Hernández Alpízar

Alguna vez escribí que los zapatistas han hecho escuela desde que aparecieron en 1994, pero lo más seguro es que siempre que intente dar idea en un artículo de las enseñanzas que puede dejarnos el paso zapatista en su vida pública me quedaré corto. Además los aspectos pedagógicos en la relación entre ellos y la antes llamada “sociedad civil” han sido muy asimétricos. Muchas y muchos de quienes estuvieron en su momento a su lado, hoy forman filas incluso en posiciones que son directa o indirectamente de contrainsurgencia, no sólo contrainsurgencia antizapatista sino contra todo conato de autonomía y rebeldía. Por ello los zapatistas que en principio han sido muy abiertos para tratar a quienes se acercan a ellos han ido realizando rompimientos, siempre asumiendo las consecuencias de ello.

Para las izquierdas políticamente correctas esos rompimientos son obra puramente del sectarismo, no faltan quienes piensan que se deben a mera ignorancia, cortedad de miras, casi nomás les falta agregar que les falta su asesoría (la de ellos, la izquierda ilustrada). Es fácil malentender al zapatismo, porque además no están todo el tiempo explicando qué son, quiénes son, qué piensan. No tienen cuentas en las redes sociales ni agentes de prensa. Pero en los momentos en que han salido a la palestra con iniciativas civiles, políticas, han usado la palabra intensa y extensamente. No es una mera ironía de la vida que en México muchos desconozcan su perfil tal como se dibuja en esa palabra, es resultado de cómo se entera la mayoría de la gente de las cosas hoy: de oídas, a fragmentos, en el enorme teléfono descompuesto que son los grandes medios contemporáneos. Cuando gente del grupo de Sicilia (creo que fue Sicilia mismo quien lo dijo) dice que más que hacer otros altavoces hace falta hacer mucho silencio para que la gente comience a escuchar, a tratar de comprender cosas esenciales, me parece que no le falta razón.

Aún no acabamos de sacar las consecuencias del recorrido de la Otra Campaña por el país, con sus fallas, sus limitaciones, sus gazapos comunicativos por cuestiones de interculturalidad, los errores de unos y otros, pero me parece que no todo son retrocesos, incluso creo que hoy en las reuniones (que han dejado la obsesión por quererse a toda costa masivas) hay más una compartición de reflexiones en voz alta que los monólogos donde cada quien se escucha a sí mismo o está pensando en lo que brillantemente dirá. Sin embargo, la iniciativa de la Escuelita Zapatista tiene implícito, me parece, un diagnóstico: excepto a las comunidades y organizaciones y pueblos indios, al resto de los adherentes a la Sexta y simpatizantes variopintos del zapatismo actual nos hace falta mucho: aprender a escuchar, aprender a tratar de comprender al otro y desde luego organizarnos, construir un nosotros. Por eso, creo, los zapatistas y pueblos indios en la Escuelita van de maestros y el resto a aprender, al fin que nunca es demasiado tarde.

Ahora recuerdo algunas enseñanzas que han dejado al ir caminando. Por ejemplo, cuando en alguna de las sedes de Tabasco se discutió fuertemente entre adherentes si debía o no hacerse un alto en un lugar de sur de Veracruz de cuyo nombre no quiero acordarme, inmediatamente los adherentes que ya tenían programada su agenda (cada uno tenía su campañita), y que apenas ayer o antier habían estado en el PRD, comenzaron a negar el espacio alegando que se trataba de un lugar donde estaba en juego una intención electoral. El hoy finado Marcos les dijo algo más o menos así: Sabemos que hasta ahora en la izquierda nacional para muchos no había más alternativa para sumarse a una izquierda que irse al PRD, pero nosotros no venimos a juzgar a nadie, solamente, yo tengo el mandato de las comunidades de no llevar a la otra campaña a una actividad electoral, pero ustedes (los adherentes que localmente saben quién es quién) decidan y, si ustedes dicen que sí, pasamos donde ustedes digan a decir a la gente qué es la otra campaña.

En alguna de las duras discusiones internas que se dieron por todo el país tras el paso de la otra campaña, un adherente recordó y citó esas palabras. Si los zapatistas no lo juzgaban a él, a ver quién era el más pintado para hacerlo. Había que ser críticos y, mucho, autocríticos, pero no nos iban a juzgar. Ni los zapatistas lo harían. Como todos recuerdan, los zapatistas fueron críticos, duros, criticones, y fueron juzgados por un amplio sector del público, fueron linchados por los caricaturistas y por articulistas de derechas e izquierdas. Pero eso, al menos para mí fue una gran lección: Los zapatistas, como el gato-perro, nos enseñaron a no tener miedo a ser diferentes y a pensar y opinar diferente, a no coincidir, a disentir, y a defender ese derecho. Aunque a cambio los calumniaran, insultaran y ridiculizaran los comisarios del pensamiento. Pocos maestros te pueden enseñar eso con su ejemplo.

Cuando la otra campaña estaba de paso por Oaxaca, hubo un incidente muy lamentable en una sede de la CNTE. Entre otras cosas que pasaron, Marcos quedó encerrado en un espacio donde había entrado para comer y cuando, después de salir prácticamente a la fuerza, se retiró junto con su burbuja de adherentes, los despidieron algunos maestros sindicalizados con una amistosa “pamba”. No fue una golpiza, pero sí una pamba pasadita como para mostrar el “cariño”. Los profes de la CNTE estaban enojados por las críticas zapatistas a AMLO y tenían la idea de que “no era el momento” de hacerlas. Cuando el delegado Zero les habló les dijo que los zapatistas leían en los periódicos toda la basura y escoria que lanzaban sobre los maestros y su movimiento, pero, les dijo, nosotros no los juzgamos por lo que dice sobre ustedes la prensa, esperamos a escuchar su palabra. Los maestros no hicieron lo mismo. Esa pamba y el disgusto que generó sellaban esa diferencia de opiniones. El año pasado o antepasado, cuando el gobierno perredista del DF desalojaba a los maestros del Zócalo y había una campaña mediática de linchamiento contra ellos, yo me acordé y pensé, a lo mejor algunos de ellos se acuerdan y dicen: Al menos los zapatistas nos dijeron claro lo que pensaban, que esa no era una verdadera izquierda. Si muchos de quienes dieron la espalda al zapatismo fueran menos ególatras, deberían estar manifestando públicamente sus disculpas al zapatismo aunque, entre 2005 y hasta hoy le hayan dado la espalda. Los zapatistas les decían la verdad: La izquierda perredista y adláteres ya había traicionado a la izquierda social y la seguirían traicionando y reprimiendo (“AMLO nos va a partir la madre a todos”, ¿recuerdan que nadie entendió a quiénes se refería?) hoy esos grupos de izquierda social también están divididos entre chuchos, semichuchos, parachuchos, morenas y lópezobradoristas de clósed y, bueno, no sé si haya más divisiones. No estoy diciendo que AMLO los dividió, se han dividido a consecuencias de sus propias derrotas, como a otros los divide la toma del poder.

Otro recuerdo que, me parece, viene al caso, en una reunión de la otra campaña en la UAM Xochimilco, subió a hablar un joven que comenzó a criticar al zapatismo por dividir a la izquierda y no sumarse a apoyar a AMLO. El público se ponía nervioso y molesto, hacían ya algunos ruidos e insinuaban que se le debía acortar el turno. El moderador (o moderadora, no recuerdo) volteó a ver al delegado Zero y éste le hizo con la cabeza una seña de que dejara al joven terminar. Había sido la regla, no habían fijado límite de tiempo y no se lo iban a improvisar a un crítico, aunque su discurso fuera un poco la repetición de las cosas que estaba escribiendo Guillermo Almeyra por esos días. Cuando habló el delegado Zero dijo que en la otra campaña necesitábamos gente crítica y que si el joven que hizo esas críticas no era adherente, ojalá se juntara y se sumara a la otra campaña.

Las críticas del zapatismo a AMLO eran duras, lo mismo que a toda la clase política, a todos los partidos, pero las cartas a gente de base que había mandado su misiva al Correo lustrado preguntando o diciendo: “Hey, Marcos, no la jodas”, o algo parecido, eran respuestas sencillas, entendibles: Les decían algo como: ojalá nosotros estemos equivocados y ustedes cambien para bien el país con su voto, pero de todas maneras nosotros necesitamos construir otra izquierda desde abajo y trabajamos en ello. Han habido desencuentros fuertes, y probablemente algunos desafortunados y lamentables, pero me parece interesante recordar que los zapatistas no han sido meramente dogmáticos y cerrados a la crítica de frente y fraterna. Incluso les ha hecho falta, porque entre sus simpatizantes nos ha faltado la estatura política para hablar con ellos así, crítica y fraternalmente.

Ahora pienso en todo eso, y sumo detalles más recientes, como el hecho de que a la reunión en homenaje a Luis Villoro que fue suspendida por el asesinato de Galeano en manos de paramilitares de la CIOAC, el PAN y el PVEM, estaban invitados algunos distinguidos abajo firmantes, promotores y hasta asesores en algún aspecto técnico de AMLO como el hijo del homenajeado Luis Villoro, Juan, y, de Veracruz, Luisa Paré y Eckart Boege. Supongo que no están en esta nueva versión post- suspensión más por motivos de agenda de los ponentes que por otra cosa. No comprendo los motivos que ellos tienen para invitarlos, pero comprendo que los zapatistas no se niegan a escuchar incluso a quienes han estado públicamente en favor de AMLO como las tres personas mencionadas. Tampoco han excluido a Magdalena Gómez, quien por igual ha apoyado públicamente a AMLO.

Estos detalles dibujan a un zapatismo menos monolítico y todavía más difícil de entender de lo que ya de por sí es para muchos, casi una esfinge, un enigma.

Muchas son las enseñanzas, pero entresaco por lo pronto: no tener miedo a pensar, opinar y decir algo distinto; no asustarse si un compañero de pronto dice, piensa, opina, algo distinto, escucharlo. La gente que está yendo a la Escuelita da cuenta de la seriedad con que se toman los zapatistas una pregunta, se pueden tardar en contestarte porque no contestan lo primero que les pasa por la cabeza, sino que acuerdan qué piensa y lo dicen.

Normalmente si alguien lo contradice a uno, incluso implícitamente, como puede pasar en los posteos de internet, puede uno molestarse, comenzar a pensar que el otro nos está desconsiderando intelectual y moralmente, que se pone contreras, que algo se trae. En la izquierda eso ha llevado mucho a que nos peleemos, nos alejamos, rompamos. No descarto que alguna vez me vea envuelto en una polémica con alguien, especialmente con alguien que represente posiciones políticas e ideológicas realmente contrarias a las mías. Pero haré todo lo posible por evitar juzgar a otro compañero y meterme con él en una logomaquia, ese torneo de vanidades en que se trata de pinchar la vejiga natatoria del adversario, como lo define Ambrose Bierce. Me parece poco productivo meterme en una riña tipo a ver quién la tiene más grande, la cauda de argumentos se entiende. Por eso recuerdo ahora estas enseñanzas del zapatismo, quizá si las juntamos con las enseñanzas de otros movimientos de base, de peso, de paso duradero en la rebeldía en México, nos ayuden a distinguir mejor con quién pelearnos abiertamente, sin concesión alguna, y a quiénes escuchar, sin temor a encontrar que no tenemos por qué llegar a las mismas conclusiones en todo

Los insultos, no siempre, porque todos tenemos algo de barrio en la sangre, pero en el mejor, más inteligente y prudente de los casos, los puedo cambiar por una enseñanza- meme, por cierto de un cantante que frecuentemente Marcos aludía en sus charadas radiofónicas. Eulalio González: “Si es la ofensa que me hacéis, por lo mismo que pensáis, contigo ya llevo seis que me dicen: «pos qué tráis».

Me parece que los zapatistas son maestros con sentido del humor, y jamás, nomás porque sí, un meme los hará irritar.

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