Verdades sabias y límites del empirismo-liberalismo

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Verdades sabias y límites del empirismo-liberalismo

Javier Hernández Alpízar

Entrevistado por John Freeman, Bertrand Russell dio “un mensaje para el futuro” que, a casi cincuenta años de ser pronunciado, sigue siendo atinente. Se supone que son los garbanzos de a libra de su vida, estudios y reflexiones, la sabiduría que el filósofo, activista antinuclear y fundador- convocante de los Tribunales Russell (actualmente Tribunal Permanente de los Pueblos) logró conquistar en su vida intelectual y espiritual.

El filósofo británico dice que si pudiera dejar un mensaje para una hipotética humanidad que lo escuche después de cientos de años, le diría dos cosas, una del orden intelectual y otra del orden moral. Ambas son interesantes y discutibles, en toda la extensión de la palabra, es decir, merecedoras de ser discutidas.

La enseñanza del orden intelectual es: “Cuando estés estudiando cualquier tema o considerando cualquier filosofía, pregúntate a ti mismo: ¿cuáles son los hechos y cuál es la verdad que los hechos revelan? Nunca te dejes desviar, ya sea por lo que deseas creer o por lo que crees que te traería beneficio si fuera creído. Observa única e indudablemente cuáles son los hechos.”

Respecto al mensaje del orden moral, lo que pondera Russel es: “Debo decir: el amor es sabio, el odio es tonto. En este mundo que se vuelve cada vez más y más estrechamente interconectado tenemos que aprender a tolerarnos los unos a los otros. Tenemos que aprender a aceptar el hecho de que alguien dirá cosas que no nos gustarán. Sólo podemos vivir juntos de esta manera, si vamos a vivir juntos y no a morir juntos. Debemos aprender un tipo de caridad y un tipo de tolerancia que sea absolutamente vital para la continuación de la vida humana en este planeta.”[1]

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer la sabiduría y capacidad intelectual del gentleman inglés. Erich Fromm, en su libro Sobe la desobediencia, lo considera un profeta: porque su pensamiento y acción moral- política son movidos por un intenso amor a la vida, ya que en tiempos de gran necrofilia (acabadas de pasar dos guerras mundiales y en plena guerra fría y “disuasión nuclear”, Russell, junto con otros pensadores como Einstein, propugnaba por la paz y el desarme nuclear). No negaremos que la vida y la obra de Russel son movidas por esos ideales, que son justamente los que deja como legado en su mensaje: amor a la verdad (para él “los hechos”) y amor a la vida que lleve al amor, la caridad, la tolerancia y la paz. La existencia del Tribunal Permanente de los Pueblos es parte de esa herencia, ya que él convocó los dos primeros tribunales ad hoc, en los cuales pensadores como Sartre, Cortázar, entre otros, juzgaron, en el primero, los crímenes de guerra de los Estados Unidos en Vietnam y en el segundo, los crímenes de guerra de las dictaduras del Cono Sur.

Además, es posible que ambos consejos, el intelectual y el moral, estén profundamente ligados: La ética intelectual de amar a la verdad y atenerse a los hechos, ese amor intelectual por la verdad que es tan viejo como la mejor filosofía, porque se ama la vida. La tolerancia, porque sabemos que no somos dueños monopólicos de la verdad absoluta y porque, para los europeos ilustrados, la larga tradición de guerras fratricidas parecía ser el resultado de la intolerancia (especialmente ideológico-político-religiosa). En la Utopía de Moro (otro gentleman inglés) lo único prohibido es criticar las religiones de los demás, y el único alguna vez sancionado por esa ley fue un cristiano que al llegar a la isla en lugar de hablar bien de su religión, algo lícito, se dedicó a denostar a las otras religiones.

En otras palabras: el empirismo que viene de lejos en la tradición británica y aún anglosajona, desde Roger y Francis Bacon, pasando por Locke, Hume, Berkeley, Stuart Mill hasta el propio Russell y luego el positivismo lógico y la filosofía analítica, está profundamente vinculado, comparte una raíz y una tierra nutricia común, con el liberalismo: tolerancia, republicanismo, libertades individuales, derechos humanos individuales, los de primera generación.

Pero por aquí es por donde debemos comenzar a discutir los alcances y los límites de esta postura. El empirismo y luego el positivismo han sido duramente criticados por su reduccionismo. La máxima positivista de solamente aceptar aquello que se puede fundamentar empíricamente es imposible de fundamentar empíricamente. Es un a priori, un racionalismo e idealismo que desconoce cómo funcionan las ciencias realmente existentes, incluso las naturales, ya no digamos las ciencias sociales: ¿dónde ponemos al psicoanálisis y al marxismo, por ejemplo? Por algo esa tradición: de Russell a Karl Popper, siempre ha rechazado al marxismo como una pseudociencia. Quizá hubiera sido más interesante que Russell, en lugar de escribir su ¿Por qué no soy cristiano?, hubiera dejado escrito puntualmente su ¿Por qué no soy marxista?

En una línea de pensamiento filosófico diferente a la empirista y positivista, la escuela crítica de Frankfurt, fundada por Max Horkheimer, Herbert Marcuse y Erich Fromm y luego continuada por Horkheimer y Theodor Adorno, ha hecho la crítica de este pensamiento ilustrado (no sólo el empirista, sino incluso el racionalista), partiendo de bases distintas como el propio marxismo y la fenomenología (“una ciencia de hechos produce hombres de hechos”, dijo críticamente Edmund Husserl en La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, libro en el cual reconoce los enormes avances en las ciencias empíricas, pero apunta que han dejado al ser humano vacío en sus expectativas de saber, herederas de las filosofías clásicas).

Como expresan Horkheimer y Adorno en libros como Crítica de la razón instrumental, del primero, y Dialéctica de la ilustración, Fragmentos filosóficos, de ambos (y también Marcuse en su obra Razón y revolución), el conocimiento objetivo, científico, ilustrado, no ha nacido solamente del amor a la verdad, sino de la voluntad de dominio, como lo ha expresado claramente Francis Bacon: se trata de dominar a la naturaleza obedeciéndola, el viejo programa de la magia y las hoy llamadas pseudociencias: controlar los poderes de la naturaleza, fue adoptado por la ciencia moderna y por el pensamiento ilustrado. La objetividad misma pudo nacer solamente por la distancia que el amo puso respecto a la naturaleza gracias a la mediación del trabajo esclavo. Así, los ideales de libertad, fraternidad y paz (igualdad no, jamás ha sido un ideal de los liberales) aparecen como objetivos, casi diría señuelos, pero la epistemología empirista (atomista, individualista, liberal) termina por: primero convertir a todo ente natural en una cosa, un objeto, un sujeto a dominar, y luego, por vía de esa positivización (una ciencia de hechos, produce humanos de hechos) termina por cosificar y objetualizar, en suma, dominar, a los seres humanos mismos.

La voluntad amorosa (los positivistas siempre han tenido su “república amorosa” y hasta sus cartillas morales con ideales como “amor, orden y progreso”) del empirismo- liberalismo es socavada desde dentro por el Mr. Hyde que el doctor Jekyll ilustrado lleva dentro de su misma cabeza y corazón: no podemos hacernos la ilusión de que el conocimiento es puro, los hechos hablan y son neutrales, y que, si logramos poner el conocimiento como instrumento de poder en manos de hombres y mujeres buenos producirán la Arcadia tecnocientífica que Bacon soñó, su Nueva Atlántida. El programa conocimiento- dominio que Horkheimer y Adorno ubican ya desde el mito (racionalización de las leyendas populares dispersas y puramente locales) en Homero (Husserl y Heiddegger ubican el problema como olvido del mundo e idealización y olvido del ser y técnica, también desde los griegos, al menos desde los presocráticos) lleva dentro de sí una voluntad de dominio, conquista y colonización.

Esa relación objetual- cosificadora no solamente somete a los entes naturales a toda la violencia y tortura a que los han sometido las ciencias- técnicas y tecnologías modernas, sino que esta forma se revierte sobre los seres humanos, alienados no solamente en las relaciones económicas de explotación, sino en el laboratorio epistémico, y el laboratorio a secas, donde para la ciencia moderna el ser humano mismo (ya no digamos los animales y las plantas) es una cobaya.

Tal vez Russell y Einstein no se cuestionaron si valió la pena el camino del conocimiento científico que puso en manos de los humanos menos desarrollados moralmente (los amos, los dueños del poder militar, político y económico) saberes como el de la energía nuclear y su uso bélico; pero lucharon contra las consecuencias porque vieron que el futuro de la humanidad, su supervivencia, estaba en juego en caso de una conflagración mundial (ya no se habla de ella, pero ese espectro no se ha alejado del horizonte, porque hoy las armas siguen ahí, dispersas entre varios países).

Sin embargo, lo que otros pensadores nos invitaron a reflexionar y problematizar es: ¿podemos separar el conocimiento y la técnica (tecnología incluida) del desarrollo histórico concreto de los poderes opresores capitalistas)?

Parece que la hipótesis de la Dialéctica de la ilustración es que la ilustración es como el personaje de Stevenson: está profunda y esquizofrénicamente escindida en su amor por la naturaleza y su deseo de dominarla (no solamente de conocerla) y por ello también de controlar, dominar, a los seres humanos: virajes de esa ilustración, con matices y diferencias de grado, son las democracias liberales (imperialistas, colonialistas y dominadoras, como la misma Utopía de Moro), los totalitarismos fascistas, el socialismo realmente existente y, posiblemente, un tipo de sociedad que logre entenderse con el doctor Jekyll y no con el Mr. Hyde de la Ilustración. Tal vez sea posible, pero no es una simple cuestión de hecho, ni siquiera de hechos y amor. Es algo mucho más complejo.

Por otra parte, al nivel de las discusiones públicas, normalmente estamos muy por debajo del nivel que pone Russell, y antes de intentar superarlo tendríamos necesariamente que alcanzar primero ese nivel.

[1] Fragmento de la entrevista publicado en https://www.youtube.com/watch?v=eQYkqUlsIq0

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