Los límites de los medios industriales liberales

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Los límites de los medios industriales liberales

Javier Hernández Alpízar

Todavía, en gran medida, los medios que informan, forman, deforman, conforman y a veces inconforman a los ciudadanos militantes de base de organizaciones de izquierda son los medios industriales que los reporteros de “las grandes ligas” llaman, algo despectivamente, “medios sociales”, los lectores incautos consideran de izquierda, y aquí caracterizaremos como medios de comunicación o de información industriales liberales. Dese luego, es un mundo donde hay claroscuros y matices, pero aquí bosquejaremos un perfil general.

La tendencia política e ideológica de medios como La Jornada y Proceso, los dos más socorridos, pero el lector puede completar la lista, es concebida como liberal democrática. Tienen un nicho de mercado. Su postura editorial les da una cuota de influencia periodística y política, porque son leídos y esperados no solamente pos los ciudadanos inconformes sino por los políticos y gobernantes, o al menos por los lectores asalariados que les hacen diarios resúmenes de prensa, pero son especialmente sostenidos por la asiduidad de los ciudadanos que desean información elaborada desde una postura crítica. Al mismo tiempo, el proyecto empresarial está claro en la idea de ser un negocio, como lo son siempre las publicaciones del periodismo comercial, de iniciativa privada. El fruto económico de esas empresas lo cosechan sus dueños, directivos y los autores que en ellos destacan cuya firma es ya una marca, especialmente cuando comienzan a tener una buena relación con gobiernos federales, estatales o municipales, sobre todo, en el caso de los de “izquierda”, del PRD y el PRI, con empresarios, como Carlos Slim o algún otro Ahumada que conozcan. Contra quienes no son sus amigos pueden publicar acervas críticas para mantener su prestigio de medios iconoclastas. Es el glamur de ser de izquierda progre. Además, el mito de la objetividad periodística les permite publicar gacetillas pagadas de la derecha en aras de la pluralidad y de dar cabida a las diferentes voces.

La existencia de diarios y medios como esos es la prueba fáctica de las ventajas y los límites de una ideología liberal democrática en el periodismo comercial. Es resultado de una tendencia con una amplia raíz en el país, la ideología liberal, pero por ser el lucro su principal objetivo, y subordinar sus afanes pluralistas o democráticos al éxito comercial y económico, cuando un gobierno es hábil en negociar con la empresa, el lado liberal democrático languidece y el mimetismo con el discurso y los intereses del gobierno en turno se adueñan de la línea editorial. A veces pueden verse portadas casi idénticas de dos o más de esos medios, al menos en la nota de ocho columnas.

Un ejemplo que nos permite leer estos límites de los medios industriales: En los sexenios recientes y respecto al gobierno de Veracruz, La Jornada ha dejado de ser crítica. Su ex corresponsal Andrés Timoteo está exiliado en Francia, y el periódico publica, además de la notas de una corresponsal oficialista, las gacetillas del gobierno de Javier Duarte. La influencia en la línea editorial de ese diario ya no se limita a los grupos del lópezobradorismo (Juan Sabines tuvo con ellos un trato muy especial) y las tribus perredistas, sus gobiernos y sus operadores en el trasiego de dinero y votos. Ya ciertas influencias priistas se notan tanto en su impreso nacional como en sus franquicias en algunos estados o regiones. El zapatismo no es el único afectado por estas políticas, otros ciudadanos, lectores, movimientos sociales (recordemos la Huelga de la UNAM de 1999- 2000) han sido víctimas de esos intríngulis económico- político- editoriales.

Una de las respuestas que algunos ciudadanos y organizaciones han dado a estos límites de la libertad de expresión en estos medios convencionales es usar la internet. Antes eran lo más usual las listas de correos electrónicos, actualmente desde los blogs y páginas pueden compartirse múltiples contenidos en Twitter y Facebook. Pero los gobiernos estatales y el federal también buscan limitar esos canales de información y expresión: a veces ciertos links son rechazados por “perniciosos” en Facebook, pese a ser de páginas de centros de derechos humanos, o mejor: precisamente por ello. Otras veces, los hashtags como #EZLN o #Chiapas son clave para que algunos usuarios no puedan postear y publicar mensajes en Twitter.

Cuando un reportero o reportera entrega notas o reportes con contenidos críticos, sus jefes pueden simplemente no publicarlos, ya que los periodistas son empleados sin autonomía en una empresa, no tienen injerencia en la línea editorial de su medio, pero hay formas más sutiles como cambiar el sentido de la nota con la cabeza, como se llama en el medio a los titulares. En los diarios eso es muy importante porque muchos lectores ven generalmente los títulos y son muchos menos quienes leen los textos completos. Así un titular distorsionado puede quedarse como lectura de una nota mejor informada y elaborada que casi nadie lee.

El control de la prensa no se da solamente por medio de los vínculos entre los empresarios y directivos de los medios y los gobernantes, trato político y comercial que se opera a través de convenios de compra de publicidad y por medio de puestos en espacios de la administración para algunos directivos o dueños. También opera la cooptación de las y los reporteros mediante la corrupción. Los salarios y prestaciones de las y los trabajadores del la prensa, por regla general, son muy bajos. Se da por sobreentendido que no viven de su salario, a menos que trabajen para varios medios o complementen sus ingresos con otros empleos o empresas.

Esta situación hace posible a gobernantes, políticos, partidos y empresarios corromper a los trabajadores de la prensa mediante sobornos ocasionales o regulares, una especie de nómina extraoficial, lo que en el lenguaje del medio se le llama “chayote” o “embute”. Asimismo se usan otro tipo de prebendas como placas de taxi para rentarlas o plazas de trabajo como “aviadores”: cobro sin trabajo o apenas cumpliendo rutinariamente con asistencias.

Por otro lado, al igual que en el caso de los políticos, que argumentan tener salarios muy altos para evitar la corrupción, los salarios elevados del star system mediático no aseguran que además negocien todo tipo de prebendas, canonjías y si pueden una sinecura. Así hay una élite corrupta que vive de lujo y una infantería, corrupta también, que vive en la miseria, apenas con lo necesario para que el tundeteclas no se desmaye de inanición sobre el teclado de la computadora.

Significativamente uno de los gremios más cooptados dentro del periodismo suele ser el de los caricaturistas. Las caricaturas y las fotos son más censuradas que los textos porque las ve más público. Además, cuando son hechas por periodistas críticos pueden lastimar duramente el ego de un gobernante. Las fotos y los fotógrafos son otro rubro sensible. Las imágenes son vitales para la comunicación, por ello, por ejemplo, la costumbre de algunos gobernantes de publicar fotos con su pie de imagen como gacetillas.

En todo caso, estar fuera de las nóminas de la corrupción implica el riesgo, para los periodistas que se resisten al cochupo, de que la otra opción de control posible sobre un trabajador de los medios es la represión. Antes se usaba (y aun se usa en algunos casos) el código penal como instrumento represivo, con demandas penales o civiles por calumnias, difamación o hasta incitación a la violencia y otras invenciones, hoy simplemente se les despide, amenaza, acosa, desaparece o asesina. Además de ser un sistema empresarial con pocos resquicios de independencia, para las y los periodistas que quieren hacer un trabajo honesto y crítico, que sí las y los hay, México es el país más peligroso del mundo, o al menos del continente, para ejercer la profesión periodística.

En un país donde no hay investigaciones sobre los crímenes hacia la prensa y donde las autoridades que deberían investigar son, al menos a los ojos del gremio de la comunicación y de los sectores de la sociedad involucrados en la defensa de derechos humanos, las principales sospechosas, se incrementa el riesgo de perseverar en una línea periodística crítica.

Así el periodismo en México tiene una cara bifronte, como en general la sociedad mexicana: por arriba, un jet set de empresarios y star system de los medios que se enriquecen y casi emparentan con la clase poderosa y adinerada y, por abajo, un ejército de reporteros y reporteras por lo general mal pagados que viven entre la espada (que puede ser literal: el riesgo de muerte) y la pared (un muro de corrupción en el que pueden hallar un mediocre sostén).

Quienes van a contracorriente de esta situación son pocas, pocos (y quizá considerando los riesgos no son pocas, pocos, en realidad), pero son. Junto con los medios libres, las voces de esas y esos periodistas mantienen un poco de cordura de la sociedad en medio de la insania de la negación de la realidad, la frivolidad y la autopromoción de los egos: una galería, decía un escritor alemán, donde todos clavan retratos y hacen tanto ruido que nadie escucha a los demás.

De todas maneras hay que leer, escuchar, ver los medios industriales: leerlos sintomáticamente sabiendo que lo que publican expresa algo como la correlación de fuerzas entre los poderosos intereses que los alimentan y manejan. Y defender el derecho a la información y el derecho a saber de los lectores, así como a las y los periodistas que mantienen una ética profesional asumiendo el riesgo por ello.

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