Lo que nadie quiere recordar en el cumpleaños de Rosario Castellanos

Tumba de Rosario Castellanos

Malú Huacuja del Toro

Fuente: http://malu-huacuja-del-toro.blogspot.mx/2014/05/lo-que-nadie-quiere-recordar-en-el.htm

La narradora y poeta mexicana que, a diferencia de Poniatowska, sí habría merecido el Premio Cervantes, es Rosario Castellanos, quien no sólo dedicó gran parte de su trabajo a la defensa de los derechos de las mujeres —como se acepta ya en la actualidad—, sino a narrar en un portentoso e imparable lamento el racismo hacia los indios en Chiapas en particular y en nuestro país en general.  Lo irónico es que, justo en el día de su cumpleaños, en la librería que lleva su nombre en la ciudad de México, y durante otros días más hasta mañana, se realiza la llamada Feria del Libro Independiente, con la presencia de intelectuales que no sólo han ignorado la obra de Rosario Castellanos y lo que con ésta quiso decir, sino que se han burlado de los indios zapatistas de Chiapas y sus comunidades autónomas cuando ya no les sirvieron como querían. Tal es el caso del caricaturista El Fisgón, quien ha fomentado el encumbramiento de su antítesis: Elena Poniatowska, la falsa tehuana recibe premios en España con una obra menor y que da la espalda a los indios —rebeldes o no— mintiendo descaradamente, y de Lydia Cacho, quien también rinde culto a Poniatowska e incluso ha difundido chistes estúpidos sobre los mayas.

Rosario Castellanos, la autora de ese clamor  que es Oficio de Tinieblas (1962, muy anterior a la era en que Vargas Llosa se acordó del maltrato a los indios y mucho mejor escrito, aunque no ganó el Nobel) nació además el mismo día en que se anunció el surgimiento de un nuevo vocero zapatista: Galeano, en memoria del maestro que fue emboscado y asesinado defendiendo una escuela. No es la primera vez que las escuelas autónomas zapatistas son apedreadas y destruidas; más bien parece ser ése el modus operandi de las organizaciones paramilitares. Esto viene a cuento porque, en la Feria que además lleva el esquizofrénico título de Lo marginal al centro,  a pesar de ser el aniversario de la autora y el cincuentenario de su muerte, y de que en Chiapas acaban de atacar a muerte una vez más a unos indios que construyen su propia escuela, ninguno de los participantes ha recordado ni recordará este año y en este mes la célebre novela Balún Canán, misma que trata sobre la construcción de una escuela indígena y de cómo los blancos se las ingenian para burlar la ley del gobierno cardenista, a fin de lograr que los niños indios de todas formas no aprendan a leer, pues son a sus ojos changos subhumanos indignos de educación.  No pueden recordarlo algunos (como la funcionaria de cultura invitada) no lo saben otros (como los orondos presentadores del domingo 25) porque, si lo hicieran, no acudirían al acto, o no sin mencionarlo.

Así que, como ni Mario Bellatín ni sabina Bemran ni Lydia Cacho ni Francisco Hinojosa ni (menos aún) El Fisgón Rafael Barajas o (por supuesto) Sandra Lorenzano lo mencionarán en la librería, a pesar de que van a tener el libro ahí enfrente y de que en este mes, una vez más, son atacados los indios cuando construyen su propia escuela en nuestro país, y de que ése era el mensaje de la escritora que lleva el nombre de la librería que los alberga (y muchos de ellos se llaman a sí mismos escritores), aquí les dejo el fragmento más representativo:

“Para la construcción elegimos un lugar, en lo alto de una colina. Bendito porque asiste al nacimiento del sol. Bendito porque lo rigen constelaciones favorables. Bendito porque en su entraña removida hallamos la raíz de una ceiba.

“Cavamos, herimos a nuestra madre, la tierra. Y para aplacar su boca que gemía, derramamos la sangre de un animal sacrificado: el gallo de fuertes espolones que goteaba por la herida del cuello.

“Habíamos dicho: será la obra de todos. He aquí nuestra obra, levantada con el don de cada uno. Aquí las mujeres vinieron a mostrar la forma de su amor, que es soterrado como los cimientos. Aquí los hombres trajeron la medida de su fuerza que es como el pilar que sostiene y como el dintel de piedra y como el muro ante el que retrocede la embestida del viento. Aquí los ancianos se descargaron de su ciencia, invisible como el espacio consagrado por la bóveda, verdadero como la bóveda misma.

“Ésta es nuestra casa. Aquí la memoria que perdimos vendrá a ser como la doncella rescatada a la turbulencia de los ríos. Y se sentará entre nosotros para adoctrinarnos. Y la escucharemos con reverencia. Y nuestros rostros resplandecerán como cuando da en ellos el alba.”

De esta manera Felipe escribió, para los que vendrían, la construcción de la escuela.

Balún Canán, Segunda Parte, Cap. VII.

 

zapatistas-ninios-en-escuela

 

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