Temaca, Atenco, La Realidad #GaleanoVive

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Babel

Temaca, Atenco, La Realidad

Javier Hernández Alpízar

En algún momento entre el gobierno de José López Portillo, representante del populismo priista que lloraba al anunciar la nacionalización de la banca porque los banqueros, financieros y especuladores “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”, afirmaba que defendería el peso “como un perro” y, con las expectativas de grandes reservas petroleras, nos invitaba a prepararnos para “administrar la abundancia” y los sexenios de Miguel de la Madrid y su heredero Carlos Salinas de Gortari, la élite del país dio el viraje hacia su verdadera vocación, la heredada de las élites, tanto conservadoras como liberales, del siglo XIX: modernizar el país, es decir: colonizarlo.

El mismo proyecto de desarrollo alentó bajo esas dos banderas en guerra, como lo demuestran las acciones de los gobiernos de Juárez y Díaz: se trataba de construir un país que ingresara en el mercado capitalista mundial. España lo había impedido en la medida en que pudo, mal, defender su monopolio colonial con regulaciones que se obedecían pero no se acataban, y con los piratas europeos, campeones del “libre mercado”, negociando con una población novohispana que, ya desde entonces, gustaba de comprar mercadería “pirata”. Pero el mercado, la continuación de la guerra por otros medios, tenía la fuerza para hacer entrar las excolonias españolas y portuguesas en América a su hegemonía y control.

La revolución mexicana y su institucionalización corporativa y corporativista, parecida en parte al New Deal estadounidense y en parte a los fascismos europeos más las aportaciones del folklor local, fue un paréntesis apenas en esa carrera de los capitales por colonizar y fagocitar este territorio, “suave patria” cuya “superficie es el maíz”, como dijo el poeta; y hoy, tierra violada, violentada, abierta a todos los extraccionismos, preparada para el fracking, cuya superficie, como dice Lukas Avendaño, un performancero-pensador y activista tehuano, es como el totopo: llena de agujeros.

El sueño nacionalista que corrió entre el maximato (querían, incluso, una iglesia mexicana, independiente del Vaticano) y Cárdenas, el tata añorado de la izquierda estatista, se acabó con la caricatura de sí mismo en Echeverría (informante de la CIA y líder tercermundista) y López Portillo. Con Miguel de la Madrid y sus sucesores priistas y panistas, y aun con la complicidad de la izquierda neoliberal por dentro y nacionalista en las fotos de campaña, regresaron al poder los científicos, esos tecnócratas que habían hecho su aparición bajo la dictadura de Díaz y a quienes revolución mexicana barrió momentáneamente: no pudieron operar bajo la dictadura perfecta del priiato pero ahora tienen todo, poder, violencia, impunidad, totalitarismo mediático, bajo la dictadura perversa del mercado (® Consenso de Washington) y el capitalismo criminal. No tenemos un Estado fallido, sino un Estado gendarme.

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Lo que está pasando en estos días en Temacapulín, Palmarejo y Acasico, en Atenco y el Valle de Texcoco y en La Realidad, territorio rebelde zapatista en Chiapas, es consecuencia del avance de ese ideal neocolonial, neoliberal y profundamente neoconservador, no solamente bajo las siglas del PRI, sino, sumadas las huestes de liberales y conservadores, bajo las siglas y colores de todos los partidos del espectro electoral.

Construyeron una imagen hegemónica de la patria donde los colores de la bandera mexicana son apenas un disimulado manto sobre el color de su verdadera patria: el verde del dólar, el negro del petróleo, el rojo de la sangre y la violencia, el amarillo del oro, el verde de la bioprospección y la biopiratería. Ese ideal de patria con altares en cada pozo y plataforma petrolera, en cada cono-cicatriz de la extracción de oro, plata y cobre a cielo abierto, en cada cinta asfaltada de la especulación constructiva y automotriz, en cada presa y represa grande o pequeña, en cada torre con aspas de eólicos, en cada campo verde de sembradíos de drogas o de cultivos legales, tóxicos y transgénicos, en cada set de televisión donde la farándula política- mediática se celebra a sí misma y comparte el cínico autorretrato, selfie, dicen quienes no se resisten a la colonización léxica, es el ideal (la utopía del capitalismo salvaje) que hoy ordena desplazar, desmembrar, destruir a las comunidades rurales de Temaca, Palmarejo y Acasico, a los campesinos descendientes de pueblos originarios de Atenco y demás comunidades del Valle de Texcoco, y ataca mediante la contrainsurgencia, la guerra paramilitar, el cerco mediático y los programas de “combate a la pobreza y el hambre” de la expresidenta del PRD en las comunidades indígenas de Chiapas.

Leyes, armas, medios, planes y proyectos, jugosos contratos para empresas nacionales y extranjeras (Cemex, ICA, Telmex, Carso, Televisa, comparten la rapiña con Hallyburton, WalMart, Cocacola, Iberdrola y otras banderas de corso) son el arsenal con el que pretenden aplastar a las gentes sencillas, herederas del mundo rural católico en Jalisco, los campesinos descendientes del rey Netzahualcóyotl y el zapatismo histórico en el Estado de México y a los mayas rebeldes y autónomos de Chiapas.

Esas y otras poblaciones rurales y urbanas del país son el obstáculo a remover por el trascabo cuyas ruedas, como han señalado los zapatistas, son explotación, despojo, represión, desprecio. Y también ellas son, con su resistencia basada en su fe católica popular, de abajo, en su zapatismo propio (no institucionalizado ni texidermizado por el poder), en su red de organizaciones solidarias nacional y mundial, en sus mujeres y sus jóvenes, niñas, niños, ancianos, la resistencia al avance colonial.

Cuando en el siglo XIX los ejércitos europeos y estadounidenses invadían el país y le imponían condiciones a sus débiles gobiernos, la resistencia la dieron los mismos: los indígenas, las mujeres, los campesinos, los pobres de las ciudades, los mexicanos de abajo. Hoy es igual: la élite colonizada y prostituida se entrega, vende, pacta, mientras la gente más sencilla, la que vive en su tierra, la ama y la defiende, como dicen los Del Valle, dice “no” e interpone todo lo que tiene, su cuerpo, su vida, su ser. Por eso asesinaron apenas hace poco al votán Galeano, como en 2006 a Alexis Benhumea y Javier Cortés, pero por ello mismo viven y resisten sus hermanos, sus compañeros, sus compañeras.

En Temaca, en Atenco, en La Realidad, hoy hay resistencia.

Atenco-5Mayo2006

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