El filósofo y el nazi

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El filósofo y el nazi

Javier Hernández Alpízar

“Los nazis hicieron a los europeos lo que los europeos habían hecho al resto del mundo.” Ricardo Guerra.

“Nos encontramos así cada vez más encerrados en un espacio claustrofóbico, en el que sólo podemos oscilar entre el suave discurrir del Nuevo Orden Mundial liberal- democrático del capitalismo y los acontecimientos fundamentalistas (el surgimiento de protofascismos locales, etc.), que vienen a perturbar, por poco tiempo, las tranquilas aguas del océano capitalista; no sorprende, considerando las circunstancias, que Heidegger se equivocara y creyera que el seudoacontecimiento de la revolución nazi era el acontecimiento.” Slavoj Zizek, En defensa de la intolerancia.

Las siguientes explicaciones y argumentaciones me parecen importantes más allá del caso Heidegger, pero primero citaremos un poco por extenso. Como el epígrafe de Guerra, las citas que incluiremos son del capítulo “Seducción y decepción del nacionalismo”, en el ensayo “El accidentado camino a la serenidad” escrito por Luis Tamayo como segunda parte del libro al alimón con Ángel Xolocotzi: Los demonios de Heidegger. Eros y manía en el maestro de la Selva Negra (título con bastante sentido comercial, pero el libro es serio), publicado por Trotta en 2012. La primera parte, escrita por Ángel Xolocotzi “«Debo vivir en eros» Heidegger y su experiencia del amor” trata de lo que el título claramente enuncia. Respetando una postura que nos queda como resabio del liberalismo, nos parece que la vida privada de un hombre público es cosa suya, a menos que por alguna retorcida razón él mismo la complique con lo público. No parece ser el caso.

En la segunda parte, Luis Tamayo aborda, agarrando al toro por los cuernos, el nazismo de Heidegger. Es un éxito logrado por los críticos del filósofo alemán, sean de mayor o menor entidad, pues lograron que los heideggerianos rompieran el silencio y que respondieran con un libro serio y una estrategia inteligente.

Tamayo no niega lo que no se puede negar: Heidegger fue un nazi. Lo que hace es matizar. Lo fue por motivos equívocos: cometió un error. No compartía en racismo de los nazis. Se separó del nazismo, se fue desnazificando en lo privado, pagó muy caro el precio de su error y, pese a él, es un filósofo cuya obra es valiosa y vigente.

Vale la pena citar un poco ampliamente, para no meter demasiada interpretación de este columnista (seleccionar las citas es interpretar, pero es inevitable) y, en lugar de discutir el argumento, sacar algunas conclusiones más allá del caso Heidegger.

“Heidegger, en esos años [los 30], pretendía que el ser era alcanzable y fue al encuentro con los nacionalsocialistas, lo que le creó la ilusión de haberlo alcanzado”. (Tamayo, pág. 150)

“La formación conservadora de Heidegger lo acercó a los nacionalistas, preocupados por la pobreza y la sumisión al Tratado de Versalles asumido por la república de Weimar y para quienes el comunismo representaba la gran amenaza. En 1932 consideró el nacionalsocialismo como el lugar de implantación de su filosofía y, como muchos alemanes, lo abrazo como en tanto «esperanza para Alemania»”. (Ibid. pág. 151)

“En 1933, Heidegger estaba fascinado por la revolución nacionalsocialista y encantaba a otros. Organizó un «Campamento de la ciencia» (Wissenchaftslager) en Todtnauberg y no dejó de unir su filosofía con la ideología nacionalsociaista. (…)

“Eso lo hizo acercarse a muchos de los ideólogos del nazismo, e incluso asumir algunas de sus tesis, de las cuales se irá desprendiendo poco a poco en los años siguientes.” (Ibid., pág. 153)

Al final de la guerra, después de 1945, Heidegger alegó no ser responsable ante la comisión que investigó su nazismo tras la derrota de Hitler, pero uno de sus testigos sugeridos fue Karl Jaspers (quien deseó ingresar al partido nazi y era tan simpatizante nazi como Heidegger, pero no pudo afiliarse por tener una esposa judía) y su testigo lo hundió:

“Heidegger mintió a la comisión de depuración, pues era innegable que había trabado un vínculo muy cercano con unos nazis que si bien en 1933 no eran aún asesinos ya molestaban suficientemente a los judíos. El peritaje de Jaspers obligó a Heidegger a recordar esa verdad.” (Ibid., pág. 162)

“Es indudable que Heidegger apoyó al nacionalsocialismo en un periodo de su vida, y dado que, como sabemos, la obra es inseparable del autor, una parte de la misma es nacionalsocialista. Pero un autor cambia, y su obra con él. Por ello considero erróneo afirmar –como hacen Farías Falle y Lilla– que toda la filosofía de Heidegger es nacionalsocialista. Hay también en ella la más brillante filosofía y del más puro pensar.” (Ibid., pág. 181)

…” ¿qué es lo que revela el «episodio nacionalsocialista» de Heidegger?”…

“Ese episodio revela la locura de una filosofía que cree que puede dirigir a los dirigentes, una locura narcisística que sufrieron Platón, Hegel y muchos otros. Revela, asimismo una filosofía que olvida que su tarea no radica en dirigir sino en reflexionar sobre el mundo y el hombre.” (…) (Ibídem.)

“En la obra de Heidegger encontramos que el objeto al cual él se constriñó, el ser, no tuvo siempre las misma cualidades, pasó de ser un objeto considerado alcanzable (en Sein und Zeit) a uno alcanzado (en su periodo nacionalsocialista), y solo hacia el final fue considerado como un objeto inasequible y solamente situable en el horizonte.”

… “en la obra de este pensador, a pesar del periodo en el cual se acercó al nazismo, encontramos planteadas, de manera renovada, cuestiones centrales del pensar humano: el ser, la verdad, la libertad, el tiempo, la técnica, el pensar y la historia.” (Ibid., pág. 186)

Muchas interrogantes se pueden hacer a partir de lo que Tamayo explica, argumenta y concluye. Pero hay que reconocer que la estrategia de defensa de Heidegger es inteligente. Sí fue nazi, pero no antisemita. Llegó a fascinarse con Hitler, cuando Jaspers le pregunta cómo un iletrado va a gobernar a Alemania, el autor de Ser y tiempo le contesta que tiene “hermosas manos”… Es decir: Se necesitaba que un cerebro fuera el filósofo y que Hitler fuera el hombre de acción, pero Heidegger no pensaba en cremar a seres humanos. Un poco con la malicia (que no molicie) que caracteriza a esta columna resumimos: Sí, Heidegger fue un nazi, pero un nazi light, cuando vio que la cosa con los hitléricos (como los llamara Lennon) iba hard core, se alejó, se entregó al espíritu y buscó la serenidad.

Puede estarse de acuerdo o no con este planteamiento, y vaya que no estar de acuerdo tendría que llevar a discusiones muy importantes. Pero me interesa algo más allá de Heidegger: ¿por qué él, como antes Platón y Hegel, se equivocó al querer llevar su filosofía a la política de carne y hueso? Nacisismo, dice Tamayo. Cuando vio a Napoleón, Hegel pensó que el espíritu entraba a Alemania montado a caballo, nos decía un viejo profe. Heidegger pensó que con el nacionalsocialismo alcanzaba al ser. En realidad tocaban no al espíritu ni al ser sino a su ersatz.

El motivo es lo que mata: el glamur, porque el móvil para alcanzar el absoluto y engañarse con su ersatz fue: él será el caudillo y yo el filósofo. No se sabe si es peor el error o el motivo del error. “Quería ser el heraldo de una epifanía histórico política y a la vez filosófica”. (Ibid., pág. 151)

La humildad que, según Tamayo, caracterizó a Heidegger al final de su vida, buscando la Serenidad, retomando al maestro Eckhart y hasta diciendo en alguna entrevista que ya “sólo un dios puede salvarnos”, sería la resaca de un primer intento de querer poseer el absoluto.

Esa tentación es más fácil en un pensamiento de derecha, conservador o incluso reaccionario, pero el poder puede ser el ersatz de un pensador de izquierda. Esa es una buena razón para no ir a la vanguardia, que puede terminar convertida en el comienzo de un nuevo principio opresor, e incluso asesino, y miren que el pueblo sencillo tiene al respecto ideas más severas: “tanto peca el que mata la vaca como el que le detiene la pata”. En cambio, ¿quién quiere ir a la retaguardia de los movimientos sociales o populares, como sugiere Boaventura de Sousa Santos?

Leerse en el trágico error de Heidegger debiera aconsejar a los pensadores, intelectuales, escritores y hombres de ideas: prudencia, tacto, humildad, serenidad y paciencia, como decía el gran Kalimán. Y tratándose de un pensador de izquierda, pensar que su vocación no es dirigir. Y recordar que cuando la intelligentsia dirige, como señalara Bakunin, nos espera la tiranía más odiosa, la que se cree justificada por la ciencia. No hay peor tirano que el iluminado.

Contra todo ello, una sana distancia del poder –y mientras más poderoso y avasallante, más distancia—, es lo más sano, porque luego las resistencias espirituales se antojan de poca entidad.

La relación de Octavio Paz con Televisa es un caso más doméstico, pero no menos terrible: Ganó el narcisismo del poeta, pero ganó más la empresa del totalitarismo mediático. Y miren que el fascismo a la mexicana, como el alemán, no se ha dedicado a jugar a la comidita.

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