Feminicidios: Los desequilibrios de una madre

http://www.losangelespress.org

En San Deigo, por el refugio político de Francisca Galván Segura. Foto: LA Press

Guadalupe Lizárraga

Norma Ledesma, directora de la organización Justicia para nuestras hijas, se quejó a los medios de Chihuahua:

“Hay muchas garantías para los delincuentes, pero para quienes nos defendemos, estamos vulnerables y desprotegidos”.

Lo dijo en referencia al asesinato del hermano de la activista Marisela Ortiz. Según la información periodística, el hermano de Marisela fue asaltado en su propio negocio y al resistirse le dispararon. Nada relacionado con los feminicidios ni la impunidad por éstos. Marisela Ortiz así lo hizo saber en las redes sociales.

Sin embargo, la señora Ledesma, no perdió pisada, y aunque se tardó unos días en reaccionar, aprovechó para “llevar agua a su molino”, como dice el refrán cuando alguien ve la oportunidad de beneficiarse a costa de otro.

Ledesma simuló denunciar las “garantías para los delincuentes” cuando ella misma es esa garantía. Voy por partes. Ledesma, siendo madre de víctima de feminicidio en 2001, amenazó a Karla Castañeda, madre de Cinthia Jacobeth desaparecida hace cuatro años, al exigir la verdad sobre el crimen de su hija en la “Caminata por la vida”, a finales de enero de este año. El acoso reiterado de Ledesma, acompañado de allanamiento policial, causó terror en la familia Castañeda Alvarado y tuvo que huir de Juárez. La madre, con sus cuatro hijos, pidió refugio político a Estados Unidos el 11 de febrero de 2013. Es la primera madre de Juárez que ha obtenido un refugio, en veinte años, por acoso de las autoridades de Chihuahua.

Refugio polítco de Karla Castañeda.

Refugio polítco de Karla Castañeda.

Norma Ledesma ya había hecho lo mismo con Manuel García, hermano de Bertha, madre del Comité con hija desaparecida. Manuel ayudaba a la asesinada Marisela Escobedo a buscar a su hija, mientras también buscaba a su sobrina Brenda Berenice Castillo García, desaparecida el 6 de enero de 2008.

García fue amenazado, la primera vez, en diciembre de 2010, por un subcomandante de la policía bajo órdenes de la fiscal Rosa María Sandoval, aún activa en la Fiscalía General del Estado. Las amenazas tenían como propósito obligar a García a cambiar su testimonio recién dado al Ministerio Público para incriminar a Marisela Escobedo como miembro del cártel de Sinaloa, una semana después de que la asesinaran. El subcomandante fungía de guardaespaldas de Norma Ledesma y presumía una relación sentimental.

Manuel García primero se escondió en México, después en Tamaulipas y terminó pidiendo refugio político a Estados Unidos, ante la negativa de Ledesma de ayudarlo. Estuvo un mes detenido en Migración, mientras las autoridades realizaban las investigaciones para la entrevista de “miedo creíble”, y posteriormente fue aceptado.

Una tercera persona, víctima de los acosos de Ledesma, es la abogada del Comité de Madres de Juárez, Francisca Galván Segura, quien ahora se encuentra recluida en el Centro de Detención de Otay, San Diego, en espera de protección a su vida. Ella huyó de Ciudad Juárez el 19 de febrero de 2013 y pidió el refugio tres días después por el puente fronterizo de San Diego.

Cuando las autoridades migratorias le preguntaron a Galván por qué no solicitó el refugio por Juárez, ella contestó que tenía miedo de que se lo negaran y pudiera “pasarle algo a ella o a los miembros de su familia que también habían amenazado”.

Galván, sentada detrás de una pared de plástico transparente, cuenta a través de un auricular cada palabra que Ledesma le echó en cara, incluso frente a un agente: “Tú no te vas a morir de un balazo. A ti te van a partir en cachitos. Y yo no acepto traiciones”.

En otra ocasión, Galván fue testigo directo cuando Ledesma dijo a un fiscal que “sembrara unos cuerpos de la fosa común, para calmar a las madres”. Galván, al escucharla en la reunión, guardó silencio absoluto, más por la drástica sorpresa que se llevó, que por miedo en ese momento.

Y la intimidación a Galván Segura continuó, ya hasta con la intervención de otros agentes y del mismo presidente municipal que con su dedo índice de la mano derecha todavía le dijo: “usted cuídese de los malos”, mientras ella denunciaba que los policías municipales estaban allanando la propiedad de Karla Castañeda.

Galván siguió recibiendo amenazas por teléfono y todo lo documentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a la que solicitó medidas cautelares. Pero para la Comisión no había prisa y cuando dio respuesta, Galván ya estaba en San Diego.

Otra testigo habló que detrás de los acosos a las madres del Comité de Juárez también estaba el fiscal de género, Ernesto Jáuregui. Incluso se alertaban entre ellas para protegerse unas a otras.  Una madre contó cómo había sido atropellada otra para acallarla porque se había dado cuenta quiénes estaban involucrados en el rapto de su hija. Otro testimonio cuenta de cómo le habían echado agua al tanque de gasolina del auto de un familiar de desaparecida, mientras le mostraron viva a la joven raptada, dentro en un bar, drogada y explotada sexualmente. Así va surgiendo cada historia macabra conteniendo la verdad.

Abusos e intimidaciones no han dejado de desvelarse en torno a la figura de Norma Ledesma y el mundo de los feminicidios, algunos testimonios de manera anónima y otros bajo la promesa de confidencialidad. Pero todos estos testimonios colmados de miedo.

Norma Ledesma también aprendió a “manejar” a la prensa. Lo mismo el reportero de La jornada que la corresponsal de Proceso son “sus amigos”, según sus propias palabras. Y modifican, suavizan, copian y pegan, escamotean la información que favorece a Norma, sin realizar una investigación de fondo sobre sus recursos y sus espectáculos de terror como el actuar con drama frente a huesos sembrados en el desierto, cuando ella misma lo sugirió al fiscal, y lo corroboraron las madres a las que compensa económicamente.

Ahora, Ledesma encuentra otra oportunidad para mentir, para fingir un dolor que, desde nuestra investigación y juntando las piezas podemos aseverar que ni remotamente siente por los demás, pero que con sus actuadas lágrimas justifica los recursos obtenidos de agencias internacionales y del mismo gobierno del Estado de Chihuahua.

norma-ledezma_

Norma Ledesma, Justicia para nuestras hijas. Foto: red

Las mentiras de Norma Ledesma sobre Marisela Ortiz

Ledesma dijo que habían obligado a la activista Marisela Ortiz a pedir asilo político en Estados Unidos. Ortiz no vive en este país bajo el estatus migratorio de asilo. Ortiz tiene un documento legal para salir y entrar a México, como lo ha venido haciendo. Esto no es información privada. Ortiz se ha mostrado en público en diferentes actos relacionados con las jóvenes desaparecidas y cuestiones de género en la ciudad de México, o en Juárez, aunque su residencia sea del lado estadounidense. Una persona con asilo simplemente no podría cruzar a México, porque se entiende que está siendo protegida de criminales en ese país.

Ledesma habla a la prensa sobre la vulnerabilidad y la falta de protección de los ciudadanos, en los que se incluye. Ella no es una ciudadana común y corriente más. Ella ni siquiera es una madre de víctima de feminicidio más. Ledesma es privilegiada con guardaespaldas de tiempo completo pagados por el erario. Trabaja en su organización, sí, pero tiene oficina en el gobierno del Estado bajo nómina, según el testimonio de una funcionaria de la misma fiscalía.

El Centro de Justicia de Mujeres montado por el gobierno del Estado lleva el nombre de su hija. No tiene los nombres de las más de cinco mil desaparecidas y asesinadas en 20 años. No. Sólo lleva el nombre de su hija.

La táctica de Ledesma es criticar “la poca efectividad del Estado, a través de sus fuerzas policíacas, al no ser capaz de garantizar la seguridad a sus gobernados”. Éste es el doble juego de las organizaciones enfocadas en los feminicidios y desaparcidas: un discurso para las agencias financiadoras y otro con el gobierno. En ambas partes cobran. Tan sólo de Global Fund for Women, Ledesma recibió unos 100 mil dólares al año, por simular sus investigaciones.

Ledesma dijo que Marisela Ortiz “vive fuera del país, hasta el momento no la han podido contactar, más a nombre de la ONG Justicia por Nuestras Hijas”. Y utiliza a la prensa para mandarle sus condolencias. ¿Qué no son amigas?

Es extraño. Todos vemos a Marisela Ortiz activa en las redes sociales, en su perfil de Facebook, incluso tiene un grupo de seguidores para su organización. Marisela Ortiz no se está escondiendo, sigue en el activismo con dolor, pero con fuerza. Ledesma miente nuevamente sobre ella.

Bien entrenada en el discurso, Ledesma remata a la prensa: “Seguimos diciendo que los que levantamos la voz, tenemos pocas garantías de que se nos escuche, sin embargo continuamos”. Ledesma no sólo ha sido escuchada por las autoridades, sino también le dan recursos para moverse en un auto oficial con chofer y guardaespaldas desde Chihuahua a Juárez, con la justificación de realizar talleres para las madres con hijas desaparecidas o revisar expedientes desde un hotel de lujo o un buen restaurante pagado con el erario.

A las madres de víctimas las obliga a ir a la revisión de expedientes, les toma fotografías y les da dinero periódicamente para poder sentarlas en un taller, desde 50 pesos hasta 1000 o 1500 dependiendo de la resistencia que ponga la madre o el argumento de necesidad que le dé.

Habrá quién considere que sacar a luz los desequilibrios de una madre de víctima de feminicidio no es moralmente correcto. Para ellos hay que responder con la misma moral que se exige. Si la madre ha sufrido tan dramática tragedia ¿qué hace en una oficina de gobierno? Está claro que una víctima con poder y recursos no es la estrategia más racional para enfrentar los crímenes de género. Está claro que estos crímenes son perpetrados con la complicidad del Estado.

Es imposible que una persona con la experiencia de la tragedia del feminicidio, como las madres de Juárez y la misma Norma Ledesma, goce de plena salud mental para liderar proyectos y conducir investigaciones de corte criminal, más aún sin tener la competencia profesional para ello. La prueba está en la proyección de sus agresiones que han causado los refugios políticos y la siembra macabra de huesos en el desierto. Pero tener el talante para lucrar con los feminicidios, incluso con el de su propia hija raya no sólo en un desequilibrio emocional, sino moral.

Termino con sus propias palabras: “Pero debemos seguir levantando la voz por todas estas personas que ya no se están callando”.

@gpelizarraga

Esta entrada fue publicada en Represión política en México. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s