Plan de Cerro Prieto: Jaramillistas

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Plan de Cerro Prieto
Municipio de Tlaquiltenango, Estado de Morelos

A las fuerzas progresistas de México

Los que suscribimos, constituidos en Junta Nacional Revolucionaria, con asiento en Cerro Prieto, Municipio de Tlaquiltenango, Estado de Morelos, en uso de nuestros derechos de clase, hacemos del conocimiento de la ciudadanía el siguiente plan, basándose en las consideraciones que a continuación se expresan:

Primero. Que el pueblo de México, en su larga trayectoria revolucionaria, desde 1810 hasta nuestros días siempre se ha manifestado en contra de la tiranía.

Segundo. Que la Constitución de 1917 recoge el sentimiento que animó a los revolucionarios del Plan de Ayala, entre otros, que vieron en ella la conquista de sus más caros ideales.

Tercero. Que la referida Constitución, en los últimos años, ha sido pisoteada por 108 hombres en el poder público, con lo cual han cometido el delito de alta traición a la patria, ya que para sostenerse en el gobierno y enriquecerse, han tenido que recurrir a la violencia, negando al pueblo el derecho de elegir libremente a sus gobernantes.

Cuarto. Que las autoridades, federales y locales, fruto del monopolio político corrompido Partido Revolucionario Institucional (PRI), en confabulación con los perversos dirigentes de las Centrales Obreras y Campesinas, se aprestan nuevamente a burlar el ideario democrático, imponiéndonos otro presidente de la república para el sexenio próximo.

Quinto. Que el monopolio es anticonstitucional y antipatriótico. No obstante están monopolizadas las industrias de la leche, del pan, de la harina, del azúcar, la electricidad, la metalurgia, todo, y por si algo quedara, cosa inaudita, la brutal explotación no ha dejado ni los muladares pues el Sindicato de Pepenadores es controlado por un monopolio y de ese modo, los pobres mexicanos no tienen derecho siquiera a la basura.

Sexto. Que los referidos monopolios, además de ser anticonstitucionales, están constituidos por individuos extranjeros que sólo se preocupan por acumular riquezas para llevárselas a sus respectivos países mediante la exportación e importación, y el gobierno, para acabar de hacer el juego, ha decretado la devaluación de nuestra moneda. De esta manera, a México lo han convertido en proveedor de materias primas, y consumidor de productos industrializados, dando origen a la carestía de la vida que se recrudece cada día más.

Séptimo. Que el gobierno no es absoluto. No obstante, se ha exhibido como totalitario y déspota, imponiendo autoridades, gobernadores, diputados, senadores, ayuntamientos, etcétera, aumentando contribuciones para enriquecerse, y, además, sosteniendo un verdadero enjambre de burócratas (parásitos del dinero del pueblo), amparados en la Ley de Inmovilidad y el Estatuto Jurídico que permite la explotación de las riquezas naturales, tipo unidad San Rafael, mientras a los no le es permitido, en sus propiedades, derribar una maleza.

Octavo. Que tales procedimientos se ejecutan con tal encono, que ya se perciben con claridad, que el gobierno impuesto, actual y el futuro, si nosotros no defendemos nuestros derechos, trata al pueblo como verdadero enemigo, de manera que está muy lejos de salvaguardar los derechos populares, precisamente, porque no es gobierno del pueblo.

Noveno. Que la revolución de ese modo burlada, ha creado un nuevo tipo de ricos, que al mismo tiempo son generales, gobernadores, diputados, senadores, influyentes, casatenientes, monopolistas, que en connivencia con compañías extranjeras, amparadas en la política de «buena vecindad», explotan al trabajador del campo y de la ciudad, en grado supelativo.

Décimo. Que lo anterior es del dominio público no es más que un pequeño reflejo del régimen burgués y capitalista a que se le tiene sometido al pueblo de México por lo que debe desaparecer.

Undécimo. Que existen en el país jefes revolucionarios que en estos momentos de prueba están tratando de realizar una nueva revolución, cuyo programa, si lo tienen, los suscritos ignoramos, por lo que nos vemos en el caso de proclamar el presente.

Duodécimo. Que la repartición de la tierra por el sistema individual, ha sido propicio para la explotación del hombre por el hombre y ha provocado la desorganización y ha hecho fracasar en parte, al agrario nacional, que no ha logrado sus fines, por lo que debe promoverse de inmediato su reorganización en forma colectiva, suprimiendo las zonas de protección, cuyos propietarios son comandantes militares, gobernadores, senadores, expresidentes de la república, agricultores nylon, para que sean entregadas a los pueblos cuyos ejidos son extremadamente insuficientes.

Décimo tercero. Que la agricultura es factor decisivo en la vida del pueblo, por lo que debe ser estimulada con maquinaria, fertilizantes, etcétera, que deberán ser fabricados en el país, para cuyo efecto, este Plan sostiene, que deberá establecerse de inmediato la industria pesada, donde se construirá toda la maquinaria que nuestro pueblo necesita, locomotoras, camiones de carga, de pasajeros, aviones, máquinas de coser y de escribir, tractores, y todo lo que actualmente viene del mercado extranjero, y que naturalmente, produce a nuestra patria una sangría económica de millones y millones de pesos, que mucha falta nos hacen aquí. Para realizar este fin, se procederá a la expropiación de la industria eléctrica.

Décimo cuarto. Que la Constitución política no ha sido observada por la razón de que por ejemplo: mientras el artículo 28 prohíbe los monopolios, el 40 garantiza la libertad de comercio, de modo que un comerciante, particular u oficial, puede muy bien ampararse en este último como lo hacen todos los acaparadores e intermediarios; los mismo pasa con la elaboración de bebidas embriagantes, cuya libertad de industria no se puede violar, y así se llega a la conclusión de que los primeros 29 artículos de la Constitución no son sino letra muerta, pues en la práctica han dado como resultado el libertinaje de la prensa, de clero, de la burguesía capitalista y hasta un verdadero tráfico con la justicia, todo en perjuicio del país y muy particularmente del campesinado, que a pesar de todo lo que se diga, sigue viviendo en la más espantosa miseria, por lo que debe de inmediato promoverse su revisión, de modo que se haga de ella una ley práctica y no una sangrienta burla, por ejemplo: decretar la prohibición de elaboración de bebidas alcohólicas. El resultado será acabar con la ebriedad, librando a la patria de todas sus funestas consecuencias.

Décimo quinto. Que lo que se dio en llamar el triunfo de la revolución social, según se ha visto de los considerandos precedentes por lo que debe encauzarse esta nueva lucha por conquistar el poder público y establecer un gobierno de genuinos trabajadores del campo y del taller. Un Congreso Nacional de Trabajadores que nazca de abajo para arriba. Que sea el administrador de los bienes del pueblo, y que podrá renovarse periódicamente, confiscando los bienes adquiridos a la sombra de la revolución y del poder, y cederlos a los pobres o a instituciones de beneficencia, los palacetes por ejemplo, mientras se establecen nuevos centros de población en lugares saludables.

Décimo sexto. Que el comercio exterior ha sido y sigue siendo leonino para México, por lo que debe revaluarse nuestra moneda, suspenderse la venta de los productos de consumo necesario y de materias primas, y si después de que se cubran las necesidades interiores, hay excedentes, éstas se venderán o cambiarán con la nación que mejor remunere, es decir, que el intercambio se efectúe en un plano de reciprocidad.

Décimo séptimo. Que el aumento de los salarios de los obreros, en la práctica ha resultado ilusorio, y hasta ha servido de pretexto para el aumento de precios de los artículos de primera necesidad, trayendo aparejada la carestía de la vida, con la cual al obrero nunca le alcanza lo que gana y lo obligan a pedir cada vez mayor aumento de salario, perjudicando sin querer, al trabajador ejidal, y hasta haciendo traición al lema campesino de «Tierra y Libertad»; en consecuencia, debe resolverse de inmediato este punto, de manera que el obrero vea el mejoramiento del país no estriba precisamente, en el aumento de su salario, sino en la desaparición de los empresarios, grandes y pequeños, que en su afán de enriquecimiento fácil, hacen que los artículos de primera necesidad pasen de mano en mano antes de llegar al consumidor, explotando bonitamente al trabajador tanto del campo como del taller, y así se explica por qué el producto del campesino se traduce en su propia miseria. Esto quiere decir que la revolución mexicana fue agraria exclusivamente, y que es necesario que esta nueva revolución extienda su acción de tal manera que si así como las haciendas fueron entregadas a los campesinos, también las fábricas deben ser entregadas a los obreros, pase lo que pase.

Por lo expuesto, es de resolverse y se resuelve:

Primero. Se desconocen los actuales poderes legislativo, ejecutivo y judicial, federales y locales, salvo excepciones que estén identificados con este plan

Segundo. La Junta Nacional Revolucionaria que suscribe, declara ante la nación y el mundo entero, que hace suyo el Plan de Ayala con las adiciones que se mencionan en los puntos resolutivos siguientes, por no haber sido cumplidos en su totalidad, y teniendo en consideración que al pueblo sólo se le hace caso cuando tiene las armas en la mano, luchará con ellas hasta obtener el triunfo del presente plan.

Tercero. Como parte adicional del Plan de Ayala, hacemos la aclaración que las tierras, montes y aguas que hayan sido entregados o se entreguen en el futuro a los pueblos, se regirán por el sistema colectivo, de acuerdo con el reglamento que para tal efecto se expedirá.

Cuarto. En virtud de que al pueblo de México se le explota con los artículos de primera necesidad: azúcar, pan, leche, luz, manta, fertilizantes, maquinaria, etcétera, dichas industrias serán nacionalizadas y administradas por los mismos trabajadores, sin perder de vista el establecimiento de una industria pesada para construir tractores, camiones, y toda la maquinaria que impone el desarrollo y progreso de un pueblo civilizado.

Quinto. Triunfante la revolución, una junta de jefes revolucionarios, constituidos en Congreso Constituyente, proyectará la nueva Constitución de la república de acuerdo con el presente Plan.

¡Mexicanos! ¡Venid a engrosar las filas del Movimiento Revolucionario del Pueblo! ¡No escuchéis con indiferencia el angustioso llamado de la patria! ¡La patria adolorida, espera que cada uno de sus hijos cumpla con su deber! ¡Asistid puntuales a la cita histórica del destino!

México para los mexicanos
Cerro Prieto, Tlaquiltenango, Morelos
28 de noviembre de 1957

Rubén Jaramillo M.

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