Los combates en las Comunidades al Sur de San Cristóbal… 4 de enero de 1994 y La Señora sociedad civil: A 6,570 días del levantamiento armado del EZLN VIII y IX

A 6,570 días del levantamiento armado del EZLN / VIII

 

Gaspar Morquecho

 

Los combates en las Comunidades al Sur de San Cristóbal… 4 de enero de 1994.

 

Al quinto día de guerra ya traía en el pescuezo aquello que les platiqué y, de mis chonitos, mejor ni les cuento. Ni el Sub Marcos la había pasado tan mal, ni estado en medio de tanto pinche riesgo: Tres ocasiones frente a una treintena de armas zapatistas apuntándome. Dos en Sancris y una en Huixtán. Otra tirado en el asfalto con las manos en la cabeza y un hijo de… el Ejército Federal (EF) amenazando con su fusil. Después un Bell tirando metralla a unos 15 metros de donde estaba y luego encontrarme frente a una decena de guerrilleros acribillados o ejecutados en una cuneta, para después, escuchar detrás de la línea  del EF lo que es el fuego a discreción o tener frente a mi a dos niñas que mató un soldado… ver y sentir lo que es el temor de la gente… mi miedo… la militarización… la guerra… la puta guerra…  Nada que ver con las estúpidas líneas de entrada en este párrafo… estaban cayendo insurgentes, policías, militares y civiles… los rebeldes habían secuestrado al asesino y represor general Absalón Castellanos, los militares tomaban el control de las cabeceras municipales,  ejecutaban a rebeldes y/o los desaparecían.  En Oxchuc una turba de indios priístas  detuvo a 4 milicianos, los había golpeado brutalmente y los mantenía fuertemente atados en el quiosco. Con  aviones Pilatus y helicópteros Bell, la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) ametrallaba y rocketeaba poblaciones y a tropas insurgentes

 

Desde las 16 horas del 4 de enero, comenzaron a escucharse ráfagas de ametralladora accionadas desde helicópteros Bell sobre la zona montañosa de las comunidades al sur de San Cristóbal de Las Casas. Son pequeñas comunidades indígenas tsotsiles distantes a unos 4 kilómetros de la ciudad. A las 17 horas, 5 aviones Pilatus rocketeaban la zona.  Los bombardeos se dieron en el entorno de las comunidades de Corralito, San Antonio Los Baños y Pinabetal, vecinas de  El Carrizal, Carrizalito, Peña María, San Antonio El Porvenir y San Isidro Ocotal. A las 9 horas del día 5 se reanudaron los bombardeos en la zona. Con seguridad se trataba de las maniobras de defensa perimetral en torno a la 31 Zona Militar. Así lo contó un miliciano:

 

“Después de la retirada (de San Cristóbal) tomamos nuestras posiciones en  la montaña. Estuvimos en alerta. Una columna de federales bajaba por (las estribaciones) la montaña (del El Extranjero). Al pasar por El Pazotal nos avisaron que venía el enemigo y nosotros tomamos posiciones. Eran como 200. Iban como  pa’ Corralito. Nosotros nos movimos. Los queríamos rodear pero nos descubrieron. Lo único que pudimos hacer fue dividir (en dos) la columna. Una parte se cobijó en una ladera y otra en una hondonada. No los podíamos ver. Seguramente (los federales) dieron nuestra posición pues llegaron los aviones y helicópteros a tirar bombas y metralla. Ayer por la tarde habían echado bala en las faldas de la montaña que da a San Cristóbal. Nosotros chocamos con la parte que se metió a la montaña. Allí recuperamos un (fusil) G3 y con ese bajamos a un helicóptero. Tuvimos tres bajas. A un compañero le pegaron en la cabeza y murió. A una compañera le dieron un rozón en la barbilla y otro en la pantorrilla pero una bala le fracturó y traía expuesta la clavícula. A otro compañero  las esquirlas de la bomba le cruzaron el hombro, le destrozaron parte de la cara y le volaron dos dedos. Los dos sobrevivieron. Estuvo muy cabrón…”  

 

Ese había sido el bautizo de fuego para los combatientes zapatistas de las comunidades indígenas más pobres en el municipio de la ciudad de Las Casas. Para explicar la situación de sobrevivencia en esos parajes Jorge Santiago, palabras más, palabras menos, decía: “Las comunidades del sur de San Cristóbal viven en una situación extrema. Son como si una ranita estuviera en su charquito. Si se toma el agua se muere… y, si no se la toma, también se muere”. Cuando le pregunté a Pablo Iribarren cuáles eran las condiciones de vida en las comunidades de la selva me contestó: “Como en las comunidades del sur”.

 

Esas comunidades se formaron con indios migrantes de Los Altos por ahí de 1930. Eran de Huixtán, Teopisca, Zinacantán y Chamula. Compraron la tierra. Poca tierra. Tierra pobre y sin fuentes de agua. Sus ingresos dependían de las cosechas de maíz y frijol que obtenían en predios rentados en tierra caliente, del trabajo asalariado de los hombres (peones de albañil) y de las mujeres que trabajaban de “sirvientas” o lavaban ropa en la ciudad. También recolectaban y vendían palma de esas que se usan de adorno en las fiestas, raíz de cote para hacer fuego, varas para los cohetes que se manufacturaban en el barrio de San Antonio. A veces vendían en el mercado de San Cristóbal un pequeño cerdo o un gatito. Talaban el bosque para vender algo de madera, hacer carbón o para “quemar cal”. Es decir, a veces eran campesinos, a veces asalariados, a veces recolectores… a veces quién sabe… siempre sobrevivientes. A principios de la década de 1980, la población estaba dividida y hundida en la pobreza. Había serios problemas de alcoholismo. Los niños desnutridos casi en su totalidad y los adultos con problemas nerviosos.

 

En su conjunto, esas comunidades formaban parte de la Diaconía de Pinabetal. Pablo Iribarren narra que en esas comunidades tenían “vicio de abogado”, quizás, por estar tan cerca de San Cristóbal. Para resolver sus diferendos bajaban a la ciudad en busca de “licenciado”.  También “tomaban la justicia en su mano”: tendían una emboscada y mataban a su “enemigo”. En cuanto a la reflexión de su realidad a partir de la Palabra de Dios, escribe Pablo,  “Sienten que los llevamos a la confrontación”. (P. Iribarren, Gira por la Diaconía de Pinabetal, 1985). El prolongado y consistente trabajo pastoral no era  suficiente para crear una comunidad solidaria, fraterna, horizontal. El diácono no era precisamente una “alma del señor”, pesaban varias acusaciones de abuso en el uso y manejo de los recursos destinados a los “colectivos” promovidos por DESMI, oportunismo para “hacerse de tierras” y de promover una “cooperación para que la policía desalojara a un grupo de invasores”.     

 

En 1980, en El Corralito había dos aulas de tabla y lámina que los pobladores habían construido. El techo de lámina servía de colector de agua de lluvia que se almacenaba en un tanque de unos 18 mil litros de capacidad construido por el INI. Esa obra, junto con 4 kilómetros de camino de “mano de obra”  – construido en la década de 1970 -, eran los únicos beneficios que recibieron de los “gobiernos de la Revolución” en 30 años. La falta de agua era severa, de tal forma que, compartían con los animales el agua amarillenta de pequeñas “lagunas” formadas en la época de lluvia. A partir de 1985, gestionamos con las comunidades una serie de obras: Electrificación, ampliación de la terracería, construcción de tanques de almacenamiento, “ollas de agua” con una capacidad de 1 millón de litros y canchas deportivas. (Yo trabajaba, entonces, en el Departamento de Infraestructura de Asuntos Indígenas) (<¡¡Pinche gobiernista!!>… <La turca güey>). Sin embargo, las condiciones de vida seguían complicadas.

 

En una ocasión dormí en casa de Chepe. Compartieron la tortilla, la sal y una taza apenas pintada de café. La esposa de Chepe no paraba de disculparse por la pobreza de la cena. La yaya (abuela) dormía en la cocina sobre unas tablas, que estaban a unos 15 centímetros del piso. En una teja de barro acomodaban  algunas brazas y luego la colocaban debajo de las tablas para que la anciana no pasara frío. Había llegado la hora de dormir y con ella la advertencia de Chepe: “A ver como te va con el frío y las pulgas”, decía, mientras acomodaba unas tablas sobre el piso de tierra… ¡Puta madre de pulgas! ¡Me pusieron una madriza toda la noche! Lo peor fue el dolor de pulmones con el que amanecí. ¡Sorpresa! El humo del fogón y su docena de partículas cancerígenas, se quedan en casa. Frío, pulgas y humo en los pulmones. Sí que es dura la vida de hombres, mujeres y niños sobreviviendo en la pobreza en esas comunidades. Así fue ayer, hoy, mañana, pasado, y a veces es… toda la vida. Faltaba más. Cientos de ellos se van a incorporar a las filas del EZLN en la segunda mitad de la década de 1985. Van a participar en la toma de San Cristóbal y a recibir su bautizo de fuego el 5 de enero de 1994.     

 

Ese día, en la terracería y rumbo a la zona de combate, las periodistas Rosa Rojas, Blanche Petrich y su servilleta, nos encontramos con un  Datsun que bajaba dando tumbos. Era de un grupo de periodistas. No gritaban que regresáramos pues, a decir de ellos, habían sido atacados con rockets. Efectivamente muy cerca de San Antonio los Baños se veían los impactos de los proyectiles. No pudimos seguir pues efectivos del Ejército federal tomaban posiciones apuntando sus armas hacia la ladera. Desde la cima, los insurgentes, disparaban contra las aeronaves de la FAM. El accionar del G3 recuperado había obligado a los aviones y helicópteros a disparar, con menos efectividad, de mayor altura. El bombardeo en las comunidades El Corralito y San Antonio los Baños provocó el inmediato abandono de sus pobladores que se refugiaron en la Casa Don Bosco.

 

El 2 de febrero el Sub escribía: “Al mismo tiempo leo en un periódico que lo acusan a usted y a otras nobles gentes de ser “voceros del EZLN” o “zapatistas”. Problemas. Si quiere usted saber de dónde provienen esas denuncias y amenazas, busque en los directorios de las asociaciones ganaderas y encontrará mucha tela de dónde cortar.”

 

¡Qué va! Ojalá y sólo hubiesen sido los ganaderos. Camino al refugio en San Cristóbal, un indígena del lugar tan pobre como los demás, me reconoció. Me señalaba con el dedo. Con coraje y a gritos me dijo: “Tú eres responsable de lo que está pasando. Tú eres de los zapatistas”.  Desconcertada, Blanche Petrich, solo atinó decir: “Él lo que hace es defenderlos a ustedes”. Era evidente que la periodista no sabía nada de las contradicciones en las que vivían los pobladores de esas comunidades. Si bien miles de indígenas en Chiapas habían optado por la lucha armada, miles no y, otro tanto, eran declarados antizapatistas.   

 

Entre el 4 y 5 de enero, en San Cristóbal de Las Casas, surgió el Quinto Ejército: el de la Sociedad Civil. Cientos de personas acudieron al llamado de la Coordinadora de organismos no gubernamentales por la paz (Conpaz). El día 6, en una riesgosa misión solidaria, se desplazaron hacia las comunidades del sur. Estaban desoladas. Varias chozas habían sido destruidas por el EF. El 12 de enero miles de ciudadanos se movilizaron en la Ciudad de México en contra de los bombardeos a las comunidades indígenas y por la paz. El 12 de enero el gobierno federal decretó el “cese unilateral del fuego”. La sacudida rebelde de los indios zapatistas estaba removiendo estructuras, conciencias… la Señora sociedad civil se había fajado las nahuas…

 

¿Que el Sub qué? ¿Cuál Sub? ¿Marcos? …

 

 

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A 6,570 días del levantamiento armado del EZLN (IX)

Gaspar Morquecho

 

La Señora sociedad civil

Después de las movilizaciones del 6 y 12 de enero, y del “cese al fuego”, el quinto ejército, la Señora sociedad civil, alternará su protagonismo con el EZLN, el Ejército federal, las Iglesias y los periodistas. Después de cese al fuego se empezaron a preparar los diálogos “entre las partes”. Salinas se bajó los… perdón, le bajó a su beligerancia. Cayó la soberbia, es decir, Patro y Elmar. Pa’rriba cayó el sustituto López Moreno. Camacho Solís – el frustrado presidenciable -, fue nombrado “Comisionado para la paz”. (Entonces, yerno de Manuel Velasco Suárez, el ex gobernador de Chiapas). Samuel Ruiz es mediador. El EZLN invitó a la asociación  Chiltak como asesores (farolito…) y, el EZLN vetó a TELEVISA (jejeje).

Imagínese el cuadro: Manuel Camacho Solís con cara de malo, con el ceño fruncido, es decir, con cara de espanta pendejos, toma el teléfono y llama a Salinas:

– ¡Carlos, Marcos vetó a TELEVISA!
– ¡Me lleva la chingada! Qué se cree ese ¿+*¡•%&/=*+!— > * ¡Quédate en la línea!
– ¡Señor Córdova Montoya, fíjese que ese ¿+*¡%&/=*+!> )* de Marcos vetó a TELEVISA!
– Tranquis Carlitos. Habla con Emilito. Dile que hablaste conmigo. Que no haga berrinches.
– ¡Emilio estás vetado por  Marcos en Chiapas!…Sssshh. ¡Ni pedo pendejo ya te chingaste!
– Manuel, todo está arreglado. Comunica al  ¿+*¡•%&/=*+! > * del Sub mi acuerdo.
– Sub, no tenemos ningún inconveniente con el veto a TELEVISA.

El 16 de febrero el EZLN liberó a Absalón Castellanos Domínguez: Fue sentenciado a muerte, después liberado, y: “condenado a vivir hasta el último de sus días con la pena y la vergüenza de haber recibido el perdón y la bondad de aquellos a quienes tanto tiempo humilló, secuestró, despojó, robó y asesinó”.

Los alzados se habían replegado a sus territorios y el Sub Marcos bajo el cobijo de las montañas de Los Altos de Chiapas. Ahora él era el objetivo del ejército de los periodistas. A finales de enero el jefe zapatista concedió una larga entrevista a Blanche Petrich y a Elio Enríquez de La Jornada, y a Epigmenio Ibarra. Pudo haber sido entre las montañas de San Andrés y El Bosque. El escenario: la montaña nublada, húmeda, verde… un buen de insurgentes y milicianos con equipo de campaña. Ahora si, todos con pasamontañas… El Sub con su atuendo negro, un pasamontañas más cerrado, paliacate a la vista, la canana repleta de tiros de escopeta cruzada al pecho, sentado en un banquito hechizo para la ocasión y bajo un roble joven. Con la cabeza gacha, mirada al piso, manos entrecruzadas, reflexivo y cuidado por su escolta. La conversación duró unas 3 horas. Los periodistas también charlaron con el Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI). Los reporteros se la pasaron de pie, “acurrucados o sentados sobre el suelo”. Al regresar a Sancris, por sí las moscas,  los informadores montaron el operativo Rápido y Estrepitoso y con las cintas se pelaron en chinga al DeFectuoso. La entrevista fue publicada el 2 de febrero. Epigmenio hizo un video titulado: Viaje al Centro de la Selva. Como se imaginarán, al grueso de los periodistas se les cayó la mollera. La obsesión era: ¡ENTREVISTAR A MARCOS! No importaba el tiempo.

Una vez que la conseguían, encontraban la forma de subrayar que “era la primera” en equis circunstancias, la llenaban de misterio y sensacionalismo. Por ejemplo, la señora Carmen Lira, en agosto de 1995,  entrevistó a Marcos  en “Algún lugar de la Selva Lacandona”: “(…) en la primera entrevista personal que concede a un medio desde el 9 de febrero, cuando —luego de que la Procuraduría General de la República reveló su presunta identidad— se convirtió en el hombre más perseguido de la nación.”

Como está cabrón verle la cara al Sub, en esa “entrevista” Marcos abordó, sin más, varios temas: la posibilidad del arribo de la izquierda fascista al poder político de México (se adelantaba a la coyuntura del 2000); la consulta nacional; la participación de la sociedad civil; el descarte de las armas por las “partes”; la consulta nacional; la inviabilidad del diálogo con el gobierno: “la alternativa que estamos buscando no va a venir del gobierno o de los partidos políticos o del EZLN.” ; de la política neoliberal de De la Madrid a Zedillo; el surgimiento de El Barzón; del mundo nuevo; de como dejaron pasar la “oportunidad histórica del 88”; de la desaparición del EZLN; de un “escudito”, regalo de doña Amalia; del ejército mexicano; del capital financiero; de la intromisión yanqui; de la resistencia indígena; de la posibilidad de la salida militar. No faltó la autocrítica del Sub. Sin media pregunta de la periodista Marcos aceptó: “Creo que evaluamos de una manera muy intolerante a la AEDPCH (Asamblea Estatal Democrática del Pueblo Chiapaneco) o a esa fracción que negociaba con Dante. Valga esta mención como una disculpa a los compañeros.”

A final de la charla la señora Lira preguntó:

–    ¿Cuál es tu sección preferida en La Jornada?
–  El correo ilustrado.

–    ¿De qué te arrepientes Marcos?

–    De haberte dado la entrevista, dice entre risas.

(Me cae que ahora si. Vetado de por vida. Ni una línea en la sección preferida del Sub)

(¡Vieran! Cuando los periodistas lograron entrar a la selva, era  bien chistoso leer las entradas de sus notas. Emulando al Sub la ubicaban: Desde algún lugar de las montañas del sureste mexicano. Otros, yéndose más lejos escribían: Desde lo más profundo de la selva Lacandona. Otros se iban “al corazón” de la selva o al mero “centro, y otros hasta el “cu… El asunto era vender la idea que nadie había llegado “tan lejos” como cada uno de ellos. No importaba si la redacción la realizaban desde su cuarto de hotel en San Cristóbal. No se diga las notas de color, pior si habían pisado un poco de lodo. Mis pato aventuras – como dicen mis hijos -, quedaban reducidas a nada. Periodistas, al fin, urbanos. La mayoría de la capirucha… Se miraban de reojo… Todos esperando una exclusiva… Insinuando que tenían “algo”.)

¿Chin, en qué iba? ¡Ah, si! En la entrevista a Blanche y a Elio, el Sub Marcos hizo pública, nada más ni nada menos, que la táctica del EZLN para el periodo: Lo que sigue es un largo periodo de lucha política. Era algo así como retomar la “vía política” que propuso Rodrigo en el congreso de las FLN, pero… después de sacudir al país y con las armas en la mano. Vamos: otra forma de hacer política. Una señal, también, para darle piso al diálogo en ciernes. Después siguió una insistente convocatoria a la “Sociedad Civil”… La sociedad civil por acá, la sociedad civil por allá… duro y dale con la sociedad civil: (…) “Como nunca, ahora que se viene el diálogo, el Ejército Zapatista necesita de la sociedad civil. Dependemos del resto del país”. (…) Nosotros pensamos que esa situación le debemos una respuesta no al gobierno ni a Camacho, sino a la sociedad civil. O sea, nosotros queremos sentarnos a hablar con la sociedad civil. (…) En el último comunicado los compañeros interpelan a la sociedad civil y le preguntan por qué no dicen nada, como si no se dieran cuenta de lo que está pasando. (…) Si hay alguna reforma política que encamine realmente la democracia, tendrá que ser resultado de la presión de la sociedad civil; (…) (La Jornada, 2 de febrero 1994).


De tanto la Señora sociedad civil se emperifolló.


Decenas de agrupaciones sociales, indígenas, populares, campesinas, organismos no gubernamentales, cientos de personas. Ricos, pobres. Izquierdas, centros, derechas y etc., se dieron cita en San Cristóbal de Las Casas. Of course, que no faltaron las personalidades de la clase política. Nos presumían a la señorona de Rosario Robles (ja, ja). ¡Ah! ¡Que se constituye el sexto ejército! El de la mujerada. ¡Faltaba más! (Del cual hablaremos más adelante). De la llamada sociedad civil, las ONGs van a jugar un importante papel. La Coordinación de organismos no gubernamentales por la paz (Conpaz) fue el referente local y con las de la capirucha y otros estados  – en larguíiiiiiiiiisimas reuniones -, crearon el Espacio Civil por la Paz (ESPAZ). Las meras meras y los meros meros habían llegado. Los meros vendieron la idea de la “neutralidad” cuando era evidente que en esos organismos las personas venían en solidaridad con el EZLN. ¡Ah, no! Tenían que ser neutrales de pensamiento, palabra y obra. Tan asumida tenían la neutralidad que el día que fueron recibidos por Marcos en la catedral – para suavizar el ambiente -, les preguntó: ¿Por qué esa cara de neutrales?  La Casa de las Imágenes se convirtió en su cuartel general. Se preparaban en secreto para participar en los “cinturones de seguridad”. Guardaban con celo el lugar donde se realizarían los diálogos. Con entrega y disciplina estuvieron a la espera del inicio de las charlas por la paz en Chiapas.


Mujeres (en su mayoría) y hombres asumieron la tarea de cuidar a la delegación zapatista. El 16 de febrero el EZLN anunció en inicio. El 20 llegó la delegación Zapatista a Sancris y las pláticas dieron inicio al día siguiente. Estas concluyeron el 2 de marzo de 1994. Durante 12 días, hombres, mujeres de todas las edades participaron en los “cinturones de paz” en torno a la Catedral de San Cristóbal. El cerco humanitario medía casi medio kilómetro y, en turnos, cientos de personas cubrían las 24 horas del día. Ahí estaba lo mejor de la sociedad civil mexicana. Solidaria, entregada. Otro cinturón era integrado por personal del Comité de la Cruz Roja Internacional y el tercero por la Policía Militar del Ejército mexicano… Había un cuarto cinturón. Informal. Callado. Campesino. Indígena. Siempre alertas. Eran cientos de bases de apoyo zapatistas listos para cualquier contingencia.     

 
Samuel Ruiz y su iglesia creaban condiciones favorables para unos diálogos exitosos. Eran los anfitriones y la Catedral se convirtió en un espacio para la paz. Los movimientos y actos simbólicos de la iglesia de Samuel estaban en la historia de la región. Eran profundos. Rápidamente lo simbólico se hacía concreto. La Virgen de la Caridad que – durante la rebelión de los pueblos tzeltales, tzotziles y choles contra el sistema colonial (1712) -, cubrió con su manto a las tropas españolas, fue despojada de su banda de generala y  bastón de mando y llevada en procesión a la Catedral de la Paz. Samuel realizó una emotiva celebración. Los colores de su atuendo correspondían a los de la bandera nacional. En su mensaje al pueblo de Dios ahí reunido. Un mensaje que sabía que iba a llegar a los pueblos del mundo – emocionado, triste, conteniendo las lágrimas -, recordó cuando al llegar a una comunidad “todos los niños habían muerto”. Sus palabras eran conmovedoras y se veían reflejadas en nuestros rostros, en el nudo en la garganta, en el dolor por los otros que estremecía  nuestros cuerpos, en nuestras lágrimas. Tocaba los corazones. Camacho Solís no fue la excepción. En su rostro se contenía la emoción. No hay duda. Tocar el corazón del otro es posible en una situación extraordinaria como la que había creado el levantamiento indígena. ¿Cuánto puede durar?


Los diálogos en Catedral me llevaron nuevamente a las comunidades al sur de San Cristóbal. Me dieron un equipo de cirugía y acompañé a una médica que atendió a la y el insurgentes heridos. Había pasado más de un mes de los combates en esa zona. Al llegar a la comunidad esperamos a los pacientes. Llegaron solos,  por su propio pie y vestidos de civil. Su rostro y caminar reflejaban el shock del combate. La cirujana estaba sorprendida de la limpieza de las heridas. Un buen trabajo de las y los sanitarios zapatistas. Después de revisarlos decidió intervenir al joven para retirar los huesos metacarpianos. En un pequeño cuarto de madera se improvisó un pequeño quirófano. El estrés evitó que el joven reaccionara a la anestesia. Mientras que la doctora hacía su trabajo yo ayudaba iluminando la mano de joven con un “afocador” (lámpara de mano). Terminamos y los jóvenes regresaron tal y como había llegado. Nosotros regresamos a la ciudad.  La doctora recomendó que al joven insurgente se le hiciera una cirugía reconstructiva en mandíbula y cara. Así se hizo.


Otro grupo de la Conpaz llevó alimentos. Bajaron hasta donde se encontraban las/os insurgentas/es. Ahí se encontraron con las mujeres que habían conocido hacía  tiempo y que formaron una organización de salud indígena. Aquellas mujeres que en las reuniones hablaban quedo, cabeza gacha y con casi la mitad del rostro cubierta por su inseparable reboso, ahora, vestían orgullosas el uniforme de insurgentas. Su rostro era otro. Miraban de frente. Portaban una arma al hombro y a la altura del antebrazo sobresalía la insignia de sanitarias. La revolución de la persona estaban ahí. Esa revolución de las mujeres fue manufactura de las zapatistas del EZLN.
“Afuera” de estos contextos, el capitalismo marchaba inexorable y los capitalistas locales disfrutaban de los “beneficios colaterales” de la guerra: hoteles, restaurantes y antros repletos. En una sección del hotel Diego de Mazariegos se instaló la “sala de prensa”. Es propiedad de una de las familias ricas de Sancris.  Tenía razón Gabriel. No tenía de qué preocuparse. Si había guerra sus hoteles se llenaban de periodistas y si no, de turistas. El consumo de miles de soldados también era fuente de ingresos. Por las noches nos convocaban los antros. Religiosamente llegábamos los borrachos de por sí, los periodistas a comentar la nota del día, activistas izquierdosos, las reventadas y un buen de orejas. ¡Bebíamos como cosacos, como vikingos! (No seas mamón)


La rebelión provocó, también, una producción extraordinaria de hormonas femeninas, masculinas y de la diversidad sexual sin límite que, a su vez desató, un Torbellino de Pasiones. En el ejército de mujeres destacó la señora Patricia Ruiz Anchondo al llevarle una serenata al Sub. Eufórica no pudo contenerse; la señora Nuria Fernández se distinguió por lucir sus minifaldas. No faltó mujer le gritara al Sub: ¡¡Marcos quiero tener un hijo contigo!!  La señora Ofelia Medina, recién, confesó su amor por el Sub. Los peores siempre han sido los machines. Vulnerados en su masculinidad ponían al Sub como lazo de cochino. Lo menos que le dijeron fue “macho alpha/omega”… Mejor ahí le paro…

¿Qué cuántas partes voy a escribir? Preguntan. No puedo responder. El problema es de ignorancia técnica. ¿Saben cómo se escribe 6, 570 con números romanos?…

 

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