No más sangre ni impunidad, justicia

El Zenzontle, febrero 2011

Editorial

En medio del acercamiento de voluntades tras el ejemplo de vida de caminantes como Don Samuel Ruiz, Fausto Trejo, Susana Chávez y Marisela Escobedo, se abren senderos de luz para un grito que ponga alto a la impunidad y a la violencia del crimen organizado del gobierno y redes del poder.

La voz de muchas voces que fue y seguirá siendo Don Samuel desde un cristianismo militante del lado de los pobres, es ejemplo de conversión a la acción desde debajo de los siempre humillados y las vejadas, que se debe no sólo a que fue un hombre católico y humanista, sino a la sensibilidad de quienes, como él y otr@s, conviven con las comunidades y crean espacios por la libertad y la justicia.

Otro ejemplo es la campaña No + Sangre, que es algo más que la convocatoria de cartonistas y amplios sectores de la sociedad cansada de la violencia ejercida por la vergonzante acción del gobierno, llamada en su momento «guerra al narcotráfico y al crimen organizado». Es la traducción en pocas palabras e imágenes del coraje popular por el diario fluir de la sangre de hombres y mujeres de México y de Centroamérica (migrantes) derramada por las ejecuciones extrajudiciales, por estar entre las balas de narcos y de terroristas del Estado, por ser parte de la ola de feminicidios, de racismos y redes de abusos contra migrantes o de niños y niñas con la trata de personas y con la constante cuota de muertos por la represión a quienes resisten al poder de los de arriba.

Si Calderón se pasa a la negación de sus dichos, llamando lucha contra la delincuencia a la guerra que declaró y propagó al inicio de su mal gobierno, no debe sorprendernos, pues en verdad el autor de la expresión Guerra contra las drogas es el gobierno de Estados Unidos y fue emitida al mundo por la DEA (Drug Enforcement Administration) Agencia del Departamento de Justicia de esa nación. Tal como lo acaba de mostrar el cinismo de Hillary Clinton, la guerra al narco se aplicó como insignia del actual gobierno sumiso al mandato en 2008 de la Iniciativa Mérida, calca del Plan Colombia, que supone el acuerdo del gobierno de Estados Unidos con el de México, pero también con Centroamérica, Haití y República Dominicana para asistir, entrenar y disponer fuerzas bajo la guía de Washington para una guerra en contra del crimen organizado, nombre que agrupa según su plan a redes del narcotráfico de la trata de personas (migrantes y gente sometida a la prostitución, la pederastia, la venta de órganos) y lo que ellos llaman terrorismo, que incluye la persecución de activistas sociales y políticos y la criminalización de la lucha social. Si los entrenadores, espías y asesores no son sólo gringos, sino profesionales de la represión israelí, colombiana, guatemalteca y argentina, sólo es ejemplo del carácter terrorista del imperio y sus redes mercenarias.

Es una guerra abierta dentro de planes de seguridad del imperio, ubicada en la estrategia de guerra de amplio espectro: no sólo ofrece Estados Unidos a los gobiernos asistencia en armamento y equipamiento policíaco militar, entrenamiento de soldados, marinos, policías; sino que interviene en las leyes sobre seguridad nacional, migración, los códigos de justicia, las restricciones a las garantías individuales (como sucede en su país) y en la reformulación de los aparatos de inteligencia. No quiere decir que todo lo tenga resuelto, por eso presiona en México, lo mismo al ejército que a los poderes judiciales, a los aparatos de procuración de justicia y los controles aduanales, de migración y sistemas de comunicación (Wikileaks muestra datos que antes denunció la prensa y ONG’s).

La sangre que se derrama en calles de la mayoría de los estados y más de la mitad de los municipios, la calculan como desperdicios ambos gobiernos y las redes de poder y del dinero sucio de México y Estados Unidos. Esa cuenta encubre que son jóvenes y mujeres, migrantes e indígenas muchos de los abatidos, encarcelados, y los miles de desplazados por las violencias desatadas por el poder opresor.

Si esos jóvenes sicarios, camellos, narco menudistas, cobradores, secuestradores de migrantes y mujeres, se sumaron a las redes del narco o de delincuencia, fueron las redes de la política dominante las que los encauzaron por acción o por omisión (si no es que los contrataron para sus fuerzas policíacas y militares, donde también son carne de cañón) para que sirvan al negocio capitalista del narcotráfico y de la trata de personas. Esos y esas muchachas son la tropa, los trabajadores, los esclavos y asalariados que por salir del desempleo, la carencia de escuelas, la destrucción de las familias, la deportación desde el sueño americano, son atrapados por los cercos de la enajenación que los vuelve una fracción de lumpen pero con alto nivel de consumo. Lo que eran sueños de opio, american dream, escape de lo jodido y lo agachado que ven en sus familias y comunidades, se cambia por el éxito de pertencer al cartel, de ser ahijado de los capos y más fetichismos por los que se la juegan.

Como en otras guerras, esas miles de mujeres o de migrantes, víctimas de esta guerra publicitada y renegada por Calderón, son el blanco favorito, que ve en ellas y ellos a quienes nada valen, a las personas vulnerables a quienes el patriarcado y las pobrezas echan diariamente a las calles, a los caminos y a las fronteras sin defensa, sin otro apoyo que de las redes de apoyo que ha construido sectores de la iglesia de los pobres (como hizo antes don Samuel apoyando a desplazados guatemaltecos) o grupos solidarios.

Hay muchas formas de gritar ¡Ya basta! y de luchar para conquistar y defender la soberanía, los territorios de los pueblos y la vida digna, metas de una semilla que sembraron nuestr@s muert@s.

www.elzenzontle.org

zenzontle2004@yahoo.com.mx

 

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