Marcha luminosa en Jalapa: No hay derrota

Javier Hernández Alpízar
Aabrón / Zapateando

En medio de la neblina y el chipi chipi, a pesar del frío y de ser un día de asueto, el 1 de diciembre, casi un centenar de personas marchó por el Centro de Jalapa con velas encendidas en apoyo al pueblo de Oaxaca, en demanda de la salida de
la Policía Federal Preventiva (PFP), el cese a la violencia de estado, el cumplimiento de las demandas de
la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y por la salida de Ulises Ruiz de la gubernatura de ese estado.
Convocada con el nombre de “Marcha luminosa, una vela por Oaxaca, ni un muerto más”, a iniciativa de diversos firmantes de la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona, el colectivo Tlacuaches Mojaos, el Frente Popular Revolucionario, las Juventudes Comunistas Mexicanas del Partido Comunista, estudiantes de Economía y Humanidades, así como ciudadanos y personas a título individual, la marcha recorrió las calles de Revolución, Sayago, Poeta Jesús Díaz y Lucio, y terminó en el parque Juárez, donde durante el día estuvieron leyendo textos, dando información y escuchando música por la bocina de “Radio Tlacuache, Voz en Rebeldía”.
“Fuera Ulises Ruiz de Oaxaca, Retiro inmediato de las fuerzas de ocupación en territorio oaxaqueño, Libertad inmediata e incondicional a todos l@s detenid@s, Cancelación de todas las órdenes de aprehensión”, fueron consignas del llamado a marchar con la Otra Campaña en apoyo a Oaxaca. En un contexto particularmente, grave ante la ofensiva de la PFP que el Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción  Comunitaria (CIEPAC) ha comparado conla Operación Cóndor, con la cual las dictaduras fascistas del Cono Sur eliminaron a cientos y quizá miles de disidentes en Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, la marcha jalapeña mostró que no hay indiferencia, ni derrota sino resistencia.
Los elementos que CIEPAC muestra en respaldo de su comparación de la Operación Oaxaca con la Operación Cóndor son: “El empleo de grupos paramilitares y escuadrones de la muerte encargados de asesinar a ciudadanos inconformes con el régimen, la impunidad con la que se protege a estos grupos, la manipulación de los medios televisivos, escritos y radiales para  desacreditar y restarle apoyo al movimiento, así como agresiones contra  medios de comunicación independientes; las aprehensiones ilegales y torturas de lideres del movimiento; los “levantones” o secuestros de personas “sospechosas”, las cuales  pasan a formar parte de la larga lista de desaparecidos (incluyendo  menores de edad) para después ser llevados en helicópteros a centros clandestinos de detención y torturas, conformación de aparatos de inteligencia con el fin de intimidar e  identificar a los opositores; infiltración de personas en el movimiento popular para recabar información y provocar enfrentamientos contra las fuerzas policíacas y  de esta manera legitimar el uso de la violencia, el empleo de aviones, en este caso, helicópteros espías para armar operativos precisos, el uso de francotiradores contra simpatizantes, como en el caso de  la muerte provocada a José Jiménez Colmenares.”
Por esas características CIEPAC concluye que: “Presenciamos atónitos el resurgimiento de un nuevo periodo de guerra sucia en donde el poder policiaco y judicial está siendo utilizando contra este movimiento social y que sin duda alguna será implementado en todas las luchas sociales. Somos testigos del uso de la violencia  ilegal, ilegítima y descarado por parte del (des)gobierno estatal y  federal, con la complicidad de los grandes corporativos de información, que han guardado silencio ante las graves violaciones a los derechos humanos.
Y la comparación es con los regímenes más represivos que ha visto el continente: “En Oaxaca, las desapariciones y torturas características de las  dictaduras militares sudamericanas han cobrado vigencia. En Oaxaca se  reproducen las prácticas paramilitares que causaron tanto dolor y muerte en Centroamérica. Oaxaca no puede ni debe ser Tlatelolco, Chile, Argentina Guatemala o Acteal. Nunca más una nueva guerra sucia en  México.”
El análisis de CIEPAC sobre Oaxaca se complementa con la información que la prensa ha publicado en los días recientes, después de que Radio Universidad de la UABJO fue entregada de manera pacífica por la APPO, Proceso señala que 141 presos de Oaxaca están incomunicados en un penal de Nayarit; en el sur de Veracruz reprimieron con detenciones arbitrarias tratando de intimidar a la gente que habló a través de la frecuencia de Radio Lobo, y los asesinatos de periodistas continúan, de manera que la toma de posesión del nuevo régimen en medio de una ciudad militarizada es apenas la punta de un icberg de violencia terrorista de estado, como recuerda la información sobre tortura contra menores de edad detenidos en Texcoco y Atenco el 3 y 4 de mayo en otro operativo de guerra sucia de la PFP y las recientes denuncias de hechos represivos en diversos estados como Guerrero y Yucatán.
No obstante, en Oaxaca resisten, siguen haciendo marchas y pidiendo justicia, en Atenco luchan por la libertad de los presos políticos, en Ayotzinapa, en el aniversario del asesinato de Lucio Cabañas hubo un encuentro por la libertad de todos los presos políticos del país, la Otra Campaña termina su recorrido por el norte y entra en una fase de discusión sobre sus formas de organización y de lucha. Parafraseando una pancarta de una marcha por Atenco: “Esto no ha terminado, apenas empieza”.

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