02
feb
13

No odies la TV…

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Babel

No odies la TV…

Javier Hernández Alpízar

En A roma con amor Woody Allen es el mismo de siempre. Divertido. Reconocible. Apreciable. Cine de entretenimiento, bien hecho. Con los ingredientes para ser éxito seguro. El género propio de Woody Allen es la sátira sobre la condición humana a propósito de personas de cierta condición económica y social. La clase media alta de Nueva York, ese microcosmos desde donde Woody Allen veía el mundo, ahora está en otros países también, en España, en Italia. Europa no es muy distinta de Manhattan, parece decirnos. (A roma con amor puede verse en internet en http://www.cuevana.tv/ )

La ironía de que un jubilado de la industria de la música erudita haga triunfar a un cantante con buena voz para el bell canto pero solamente cuando está bajo la regadera (sin duda Allen vio la película china El Baño) y la volubilidad de una actriz que tiene un romance con la pareja de una amiga para entretenerse en lo que le llaman para un nuevo papel; las peripecias de la pareja provinciana que llega a Roma buscando establecerse, pero solamente consigue una aventura (cada uno por su lado, desde luego) para constatar que el ideal romántico burgués (en castellano, de Roma viene romance, y el palíndroma Roma: amor) sigue siendo el adulterio, materia de novelas, películas, canciones y chismes de la farándula.

Una de las bromas que la película hace muy bien es satirizar cómo los medios, televisión y prensa, pero también el público cautivo de la mediosfera, hacen popular por un breve lapso a un hombre común, promedio, de la clase media italiana: quieren saber qué desayunó, si se rasuró o no; es famoso porque es famoso; las mujeres lo asedian, los flashes y cámaras lo persiguen y, de súbito, lo abandonan (dejándole un sentimiento de vacío por regresar al cuasi anonimato, ya que algunos lo recuerdan como el que fue famoso) para seguir a otro hombre común. De la nada se vuelve famoso, de la nada deja de serlo.

Con humor, se plantea un tema que resulta siempre necesario reflexionar: ¿qué pasa con la condición humana del pobre mortal que de pronto se vuelve un trending tópic? Sobre todo ahora que no solamente es el cine, la televisión o la industria del disco, sino Youtube, Twitter, Facebook u otra plataforma de búsqueda de seguidores lo que puede dar al común de los mortales la ilusión de ser una estrella de algo, aunque sea de poner un video blog donde opines de todo en clips hechos con una máscara y una voz cibernética.

Sin duda las reacciones ante esas posibilidades de comunicación o de incomunicación (las opiniones se dividen) son como las que hubo ante el libro, ante el cine, ante la televisión, un tanto maniqueas y polarizadas entre los apocalípticos y los integrados (diría Umberto Eco) o entre los mediofóbicos y los mediofílicos (diría Marco Lara Klahr). Pero en la corriente mexicana que conocemos como medios libres hay una consiga que dice: “No odies los medios, hazlos libres.”

Al respecto se han consagrado la radio, comunitaria, alternativa o simplemente radio libre, sobre todo por internet, además de los podcast, los blogs, los audios y videos para compartirse en páginas y redes sociales y el periodismo ciudadano, alternativo o de organizaciones no gubernamentales. Apenas se empieza a explorar la TV. Por ejemplo, lo hace Serapaz con Rompeviento TV, http://rompeviento.tv/Bienvenidos/ En Veracruz Teocelo Te Ve (http://teoceloteve.wordpress.com/) de la XEYT Radio Teocelo, http://www.radioteocelo.org/ Aunque el proyecto en otros países está muy avanzado, apenas en México se empieza a probar la TV alterna. De todas maneras, han habido siempre las proyecciones de películas, los ciclos, cineclubes, etcétera.

Sin embargo, la televisión no ha alcanzado a entrar en el imaginario de las luchas sociales mexicanas. Hace poco vi de nuevo una entrevista que hice a Enrique Dussel en 2007, en la cual el filósofo mexicano adoptivo dice que los Estados Unidos no tienen necesidad de mandar sus marines a invadirnos, porque para eso tienen la televisión.[1] Cuando le menciono el hito de las mujeres de Oaxaca, quienes tomaron televisoras privadas e hicieron televisión popular, espontánea y combativa, Dussel prefiere mirar a Venezuela, la televisión oficial de Chávez, y se imagina su equivalente mexicano impulsado por los gobiernos perredistas para que pasen debates entre intelectuales para educar e instruir al pueblo. La izquierda institucional no sabe qué hacer con la televisión. Si tuviera un control de los medios públicos, haría lo mismo que el PRI pero con los ex priistas que ahora la varita mágica de AMLO convirtió en luchadores sociales izquierdistas.

Muchas organizaciones siguen limitando su política de comunicación a una rueda de prensa y el intento de acceso a los medios industriales y comerciales. Algunas organizaciones ya empiezan a comprender y acercarse, con diversos grados de éxito, a los medios libres o autónomos, pero la televisión sigue siendo algo entre el tabú y el pecado.

Parte central de la agenda de #YoSoy132 (un reflejo de las buenas intenciones y lo naif de ese movimiento juvenil) fue pedir a los medios pluralidad, tolerancia, veracidad y debates entre candidatos… Por el contrario, el movimiento popular de la APPO tomó las televisoras y las mujeres del pueblo oaxaqueño no pensaron en llamar a Dussel para debatir con algún otro intelectual. Hicieron televisión ellas, porque la ven, saben que es un medio que llega a mucha gente y no tuvieron dudas en usar la televisión okupada para decir su palabra y para pasar videos de las luchas del pueblo de México, las de Oaxaca, pero también la de los pueblos zapatistas de Chiapas, por ejemplo. Lección: la gente del pueblo sencillo puede hacer televisión porque la ve, y siempre, pero sobre todo cuando está en rebeldía, tiene cosas que comunicar. Se ha admirado más el caso de la Radio Universidad tomada, pero poco se destaca la TV en manos del pueblo en la Oaxaca insurrecta.

Los recientes comunicados del EZLN han sumado a la palabra el compartir audios de canciones y sobre todo videos tomados de Youtube y Vimeo, además de frecuentes y obsesivas referencias a programas de televisión. La izquierda electoral aprovechó, para hacer escarnio, esos guiños de la comunicación zapatista a la televisión, no solamente a la televisión alternativa que se encarna en los videos en la web, sino a programas de la TV comercial como La teoría del Big Bang, Doctor House, los Simpson, The Walking Dead, el futbol televisado y series de HBO que circulan en el mercado de los videos piratas.

La izquierda electoral olvida el dinero que se gastó el PRD en medios (por ejemplo Juan Sabines en La Jornada) incluida la televisión, y entre ellas: Televisa, deuda del PRD que terminó acercando a Rosario Robles a pedirle dinero a Fox, a Salinas de Gortari, y llevó a los video escándalos que ventilaron públicamente la corrupción en el PRD y el gobierno lópezobradorista en el DF, luego al linchamiento de Robles como chivo expiatorio y método de control de daños, y a su cooptación como operadora de Peña Nieto para una versión priista (más vulgar y obvia desde luego) del “por el bien de todos primero los pobres” del GDF obradorista.

Olvidan los sedicentes apocalípticos que los medios le son tan caros a la izquierda electoral que su bancada perredista votó en favor de la Ley Televisa justo antes de las elecciones del 2006; que las autoridades del GDF han protegido a Televisa, sosteniendo su versión sobre el affaire Nicaragua: al decir que los documentos para registrar como suyos los vehículos pescados en delito fueron sacados con papeles falsos y no son de Televisa. Incluso desdeñan el hecho de que gran parte de la confrontación entre AMLO y un sector de la clase política empresarial (la mafia, le llama cariñosamente) está marcada por la disputa por la fibra óptica (vía el SME), y la posibilidad de Internet y televisión para Carlos Slim (que apoya a AMLO) frente al veto de la alianza Televisa / TV Azteca. Además, ¿es ocultable la excelente relación entre los gobiernos perredistas del DF y Televisa, al grado de hacer juntos exposiciones en el Zócalo y tener muy buena publicidad y prensa para sus próceres como Ebrard y Mancera?

Hay que plantearnos ir más allá de la mediofobia, dejando de lado la hipocresía de la izquierda electoral ante la televisión: lenguaje y críticas de apocalípticos para Marcos, pero integrados ellos, mediante sus gobiernos, a la publicidad y los intereses de figurar en la TV.

Hemos oscilado entre propuestas de “un día sin TV”, los huevazos a Adela Micha y el odio personal a Televisa (dejando de lado a TV Azteca que es peor, y a Carlos Slim, ese “austero empresario” según AMLO). La idea del vocero zapatista de usar los referentes de la TV comercial como auxiliares para comunicarse con la gente común –que, a diferencia del freak Guillermo Almeyra, sí ve la televisión—, es una propuesta interesante. Los zapatistas tienen sus medios, producen: audio, radio, video, internet, pero hay que hacerlo en formatos dirigidos al pueblo sencillo. En realidad hay que saber hacerlo en diferentes lenguajes, códigos y canales: desde lo culterano a la popular, pero en cuanto a lo popular: las mujeres de Oaxaca son el ejemplo a seguir. “No odies los medios hazlos libres” es más que una consigna. Recientemente nos enteramos, por ejemplo, de que el Frente Zapatista Sudcaliforniano tiene su radio homónima: http://radiozapatistasud.wordpress.com/

No haremos famosos a sujetos promedio (o por encima del promedio), como la broma de la película de Woody Allen, pero tampoco arrojemos a la televisión al infierno de todos tan… deseado.

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