Una voz del coro México- Job, a Dios o a su lugar vacío

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Babel

Una voz del coro México- Job, a Dios o a su lugar vacío

Javier Hernández Alpízar

El libro México 2012, Diario de una madre mutilada llegó a mis ojos precedido del comentario de un lector: “el pequeño libro de Ester es primordialmente otra vez el reclamo de Job a Dios, pero ahora desde la voz femenina de una madre súbitamente despojada de su hija amadísima.” El lector que así lo reseña brevemente dice también que le devolvió la fe en la literatura, en una literatura bien escrita, que echa mano de los mejores recursos, para hacer algo que nada tiene que ver con la usual frivolidad de nuestros días, y por ello aporta muchísimo a la ciudad de Xalapa – desde donde pueden y deben hacerse diría yo, las primeras lecturas.

El diario que recién entregó a la lectura pública Ester Hernández Palacios es la forma elaborada poética y literariamente para expresar un profundo dolor: El 8 de junio de 2010 su hija Irene fue asesinada por oponer resistencia, al no obedecer la orden de detener la camioneta, a los sicarios que finalmente, dejándola herida de muerte, secuestraron, torturaron y asesinaron a su esposo Fuoad.

El título es acertado porque la comunicación escrita de un dolor íntimo e intransferible es además un retrato de México. Para entender el dolor de un país, en este sexenio que agoniza, tendríamos que multiplicar el dolor de Ester por más de 83 mil. Y solamente lo estaríamos multiplicando por el número de personas asesinadas en el contexto de la guerra de este sexenio en México. Por un número mayor se tendría que multiplicar atendiendo a no solamente las personas ultimadas directamente en el contexto de la guerra, sino por los más de 100 mil homicidios dolosos reconocidos oficialmente (INEGI) y por una cifra más grande aún si sumamos los desaparecidos, los secuestrados, los torturados, los amenazados, los extorsionados, los desplazados internos forzados, los exiliados. Apenas amanecimos hoy con la noticia del asesinato, en Guerrero, de Juventina Villa y Reynaldo Santana. La cifra del horror crece todavía más si a los mexicanos y mexicanas víctimas sumamos los centroamericanos vejados o asesinados en México. Y por cada herida abierta hay, además, más de un deudo, de manera que el tamaño del dolor es inconmensurable y el reclamo de un México- Job a Dios debería tener las dimensiones de un coro monumental.

No es casual la comparación que ese lector atento del diario de Ester hace con un libro bíblico: Cuando el dolor es tan grande, quienes tienen el acervo del lenguaje necesario le dan la forma de la poesía y la literatura en clave de oración- blasfemia (o rozando la blasfemia, pero recordemos lo que dice Antonio Machado: solamente los pueblos creyentes blasfeman mucho). Esto porque el grito desgarrador que dice “¿por qué a mi hija o por qué a mi hijo?” solamente puede estar dirigido a Dios, para quienes creen, o al lugar vacío de la ausencia de Dios, para quienes no creen. Como canta John Lennon: “Dios es el concepto mediante el cual dimensionamos nuestro dolor”.

Es una ironía de la vida que gobiernos emanados de un partido político que dice basarse en la fe cristiana han desatado una guerra, mutilado a una nación entera y provocado un coro de llantos, gritos, oraciones y blasfemias que tendría que llegar a los oídos de un Dios, y habría que inventar uno si no lo hay.

“¿Alguien se merece que le asesinen a su hija por querer salvar a su esposo? ¿Alguien se merece que maten a su yerno después de torturarlo? Ni yo ni nadie. Si existe Dios, ¿en dónde estaba anoche entre las 10:30 y las 3:30 de la madrugada? ¿En el mismo lugar en el que se escondía mientras estallaban las bombas de Hiroshima y Nagasaki? ¿En el mismo lugar donde dormía mientras los nazis construían sus cámaras de gas?”

Y enseguida lo dice con otro leguaje también tomado de los mitos religiosos universales: “¿Qué fuerza demoníaca, perversa, permite que sucedan esas cosas?”

Es un diario que no se queda en la conciencia personal, muy válida, del dolor propio, sino un documento público que tiene las dimensiones de una conciencia colectiva, histórica: “Me despierto con miedo. Soñé que todos, ¿la ciudad?, ¿el país?, ¿el mundo? Todos nos convertíamos en demonios”.

Un objetivo claro, más cierto que cualquier esperanza vana en una justicia inexistente en el estado de Veracruz y en el país, se cumple: El hecho, con su dolor, su expresión humana más pura (literaria y poética) y la conciencia desgarrada e interrogante trasciende, estará ahora en cada lector que lea México 2010, Diario de una madre mutilada, de Ester Hernández Palacios, publicado por el sello editor Ficticia.

Y si el lector es una persona de nacionalidad mexicana comprenderá que también en él hay algo mutilado como en la autora, y también interrogará a ese Dios o a su lugar vacío…

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