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Regina Martínez

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Babel

Regina Martínez

Javier Hernández Alpízar

Encontré una fotografía reciente, es la protesta contra la mina Caballo Blanco que se hizo a la manera de Carnaval. La plaza Lerdo con jóvenes y pancartas de “La vida o la mina”. Regina Martínez está parada y mira a la cámara. Va de color azul oscuro o morado, en una mano tiene una carpeta y me parece que su grabadora reportera. La otra mano –la izquierda que en la foto se ve del lado derecho–en el bolsillo de sus sempiternos pantalones de mezclilla.

Salió en la foto por accidente, porque ella no era nunca la noticia, ella era la mensajera. No solía protagonizar. No escribía artículos de opinión ni columnas. Siempre usó los géneros reporteriles, los de investigación, los de información periodística: reportaje, nota, entrevista.

Sus textos eran largos, muy largos. Citaba textual, daba datos. Informaba.

Regina Martínez fue ante todo periodista, ante todo reportera. Quizá la gente que pudo estar un poco más cerca de ella, otros reporteros y reporteras, sabía algunas de sus cosas personales, pocas porque era reservada: No tenía nada que ocultar pero simplemente le importaba lo periodístico.

No creía que al lector le interesara si ella escuchaba a John Lee Hooker o a Joe Cocker, ni siquiera si ella fumaba o no, o si prefería este o aquel lugar para comer: Ella tenía mucho que informar de la política, de los políticos, de las organizaciones sociales y políticas, de los hechos sociales y políticos, de la denuncia.

Era una periodista de formación, de la escuela que cree en dar voz a todos los puntos de vista, pero el nudo de su trabajo, el meollo, era la denuncia. Los sexenios de Chirinos, Alemán, Herrera y ahora Duarte fueron sujetos de su crítica, no con opiniones sino con notas, relatos, voces en sus trabajos informativos.

Tenía todas las cualidades que le gustan a un buen director o jefe de información de un medio crítico, pero las que más desagradan al poder: Valentía, apasionamiento con lo periodístico, ambición por ser la de la exclusiva, la que hace la mejor cobertura y la denuncia como primer ingrediente. Y hay que ver que de cosas que denunciar, los gobiernos que ella reporteó críticamente le dieron material a pasto.

Hasta donde sé no usó las redes sociales. Lo suyo no era estar consultando la internet, sino yendo a entrevistar, a preguntar, a los hechos.

Sin duda los veracruzanos y quienes en Veracruz vivimos le debemos mucho. Ella tenía conciencia de que incluso trabajos académicos muy largos abrevaban en sus notas, sus crónicas, entrevistas y reportajes.

De manera que sería más que cobarde y vil, muy ingrato no decir nada ahora que el poder que ella siempre balconeó y evidenció le ha coronado con el único premio que tiene para las periodistas de su clase: el homicidio.

¿Quién investigará: el poder estatal, el federal? Como quiera hasta ahora ningún asesinato de reportera o reportero en México ha sido esclarecido realmente. Pero en las calles, la gente gritaba, sabía quienes son los beneficiarios directos de su ausencia. Ya sé por quién voy a votar en estas elecciones: Por Regina, porque ella nunca quiso salir en la foto, estar en el centro de la atención, tener el poder. Pero tuvo el poder, de los mejores, de los que arma a algunos peligrosísimos sujetos la verdad. Ese fue su crimen, no ser una estenógrafa del poder del montón. Su sacrificio es uno más de quienes vivieron y escribieron como si estuviéramos en un país donde se respeta la libertad de expresión. De nuevo vemos que no. Ella se merecía un mejor Veracruz, un mejor país. Se lo quedamos debiendo.

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