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abr
12

La cárcel USA

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Javier Hernández Alpízar
Un síntoma de la colonización mental, común entre los ciudadanos de países como el nuestro, es la idea de que en las Metrópolis no ocurren violaciones a derechos humanos (al menos no graves) porque viven “bajo una democracia”. El discurso oficial de republicanos y demócratas de que “vivimos en libertad y por eso nos odian” es reproducido acríticamente por doctorados colonizados que peroran en las academias de nuestras universidades del Sur.
Quizá no es suficiente, pero como antídoto vale la pena actualizar información cada vez que es posible. Una ocasión reciente es el capítulo dedicado a los Estados Unidos en el Informe Mundial 2012 de Human Rights Watch. Cf: http://www.hrw.org/es/world-report-2012/informe-mundial-2012-estados-unidos
El hecho es que “Estados Unidos encarcela a más personas que cualquier otro país del mundo”. Lo cual de suyo muestra la ineficiencia de un sistema penal basado en la superstición del castigo, pero se agrava cuando se precisa quiénes van a la cárcel y en qué condiciones, y con qué desproporcionadas penas, en el –al menos en este asunto– país menos libre del mundo. “Estados Unidos encarcela a más personas que cualquier otro país del mundo, imponiendo a veces sentencias muy largas viciadas por desigualdades raciales. Un número creciente de no ciudadanos (363 mil en 2010) se encuentra en centros de detención de inmigrantes, a pesar de que muchos no son peligrosos ni representan un riesgo de fuga para los procedimientos de inmigración.”
Se trata no de un resultado de la “eficiencia” de la justicia, sino de racismo. Además, también se violan los derechos humanos de tercera generación: “El censo de Estados Unidos informó en 2011 que 46 millones de personas viven en la pobreza, el mayor número en los 52 años para los que se han publicado estimaciones de pobreza. La pobreza generalizada, sus intersecciones con muchas desigualdades raciales y de género, y su impacto desproporcionado sobre los niños y los ancianos plantean graves problemas de derechos humanos.” Así pues ni tan libre ni tan rico, sino un país injusto y con graves problemas de derechos humanos para personas como los niños y los ancianos.
Estados Unidos es uno de los países que no han abolido la pena de muerte y sigue siendo ahí tan inhumana e injusta como siempre lo ha sido: “En 2011, el estado de Illinois se unió a otros 15 estados en abolir la pena de muerte. Treinta y cuatro estados siguen permitiendo su imposición. Al momento de escribir este capítulo, 39 personas habían sido ejecutadas en 2011, continuando una tendencia a la baja desde 2009, cuando 52 personas fueron ejecutadas.”
Los castigos extremos siguen siendo la norma: “A pesar de que la Corte Suprema de Estados Unidos proclamó en 2010 que los jóvenes delincuentes menores de 18 años condenados por delitos que excluyen el homicidio no podían ser condenados a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional, unos 2 mil 600 jóvenes delincuentes continúan cumpliendo una esta sentencia por delitos relacionados con el homicidio.”
El sistema carcelario tampoco pasa los estándares de derechos humanos, en el país con más población encarcelada en el planeta: “Estados Unidos sigue contando con la mayor población encarcelada del mundo, con 2.3 millones de presos, y la tasa más alta de encarcelamiento per cápita, con 752 presos por cada 100,000 habitantes.
“En diciembre de 2010, Human Rights Watch informó sobre la detención preventiva innecesaria de miles de personas acusadas de delitos menores en Nueva York, debido a su incapacidad para pagar incluso fianzas muy pequeñas. Casi el 90 por ciento de las personas detenidas en 2008 por delitos menores y cuya fianza fue fijada en US $ 1,000 o menos fueron encarceladas antes del juicio porque no pudieron pagarla.
“En mayo, la Corte Suprema de Estados Unidos decidió que el estado de California debía reducir la sobrepoblación carcelaria. Las prisiones de California han fallado durante décadas a la hora de proporcionar una adecuada atención médica y psicológica, y un panel de primera instancia determinó que la insuficiencia de personal carcelario y el hacinamiento han conllevado una atención muy deficiente. El panel instó al Estado a reducir significativamente su población carcelaria para mejorar la atención; la Corte Suprema de Estados Unidos estuvo de acuerdo.”
Además el castigo tiene color, la justicia en Estados Unidos es racista: “Las minorías raciales y étnicas siguen estando desproporcionadamente representadas en el sistema de justicia penal. Los blancos y los afroamericanos participan en delitos relacionados con drogas a tasas más o menos equivalentes, y los afroamericanos representan cerca del 13 por ciento de la población estadounidense, sin embargo, el 33 por ciento de todos los arrestados por drogas en 2009 fueron afroamericanos. No es sorprendente entonces que mayores tasas de arrestos se traduzcan en tasas de encarcelamiento más altas. Por ejemplo, el 45 por ciento de los reclusos en las cárceles estatales por delitos relacionados con drogas en 2009 eran afroamericanos; sólo el 27 por ciento eran blancos.
“La población negra constituye el 77 por ciento de todos los jóvenes condenados a cadena perpetua sin libertad condicional. Y por primera vez en la historia del país, en 2011, las personas de origen latinoamericano constituyeron la mayoría de los presos federales en Estados Unidos, como consecuencia de un mayor esfuerzo del gobierno federal en enjuiciar a inmigrantes no autorizados.
“Históricamente, los afroamericanos han soportado la carga de condenas federales mucho más duras por delitos de posesión de cocaína crack en comparación con delitos por posesión de cocaína en polvo.”
Las cosas no van bien para quienes en los Estados Unidos no son blancos, varones, adultos y con una posición económica acomodada. Lo normal está restringido a ello y padecen por no pertenecer a esa elite quienes no son blancos, son menores, mujeres o pobres, y peor quienes no tienen la ciudadanía. Graves son las violaciones a derechos humanos denunciadas por HRW respecto a los “no ciudadanos”, la clase trabajadora, las políticas de salud (Cf: el documental de Michael Moore Sicko), los derechos de las mujeres y las niñas, la orientación sexual y la identidad de género (“La legislación estadounidense no ofrece ninguna protección contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género”) y derechos de los discapacitados (“De acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, las personas con discapacidad tienen casi el doble de probabilidades que las personas sin discapacidad de ser víctimas de violencia.”)
Se usa y permite la tortura, y con impunidad cobijada desde el más alto nivel (Obama) bajo el pretexto de la “guerra contra el terrorismo” heredado de los Bush: “A pesar de la abrumadora evidencia de que altos funcionarios del gobierno de George W. Bush aprobaron métodos ilegales de interrogatorio que involucraban torturas y otros malos tratos después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Obama no ha investigado penalmente a funcionarios de alto nivel ni ha establecido una comisión de averiguación.”
Estados Unidos aplica sus venganzas de manera extraterritorial, por ejemplo ejecuciones extrajudiciales de personas que considera enemigas de su gobierno fuera de sus fronteras: “En mayo de 2011, un equipo de la unidad SEAL de la Armada de Estados Unidos mató al líder de Al Qaeda Osama bin Laden en Abbotabad, Pakistán. En septiembre, Anwar al Awlaki, un clérigo con ciudadanía estadounidense, a quien Obama describió como el “líder de las operaciones exteriores” para Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), fue asesinado por el ataque de un avión no tripulado de Estados Unidos en Yemen. Otro ciudadano de Estados Unidos, Samir Khan, quien fuera editor de Inspire, la revista en línea de AQAP, fue asesinado en el mismo ataque. En octubre, el ataque de un avión no tripulado mató al hijo de 16 años de Awlaki, junto con otras personas; Estados Unidos declaró que el hijo no era el objetivo. Pese a los llamamientos para una mayor transparencia, Estados Unidos sigue siendo impreciso acerca de las justificaciones legales de estos asesinatos y sobre quién puede ser un blanco, cuándo y bajo qué condiciones.”
Como diría Carl Sagan, los verdaderos patriotas hacen preguntas. De manera que algunas de estas injusticias estructurales en los Estados Unidos han sido cuestionadas por ciudadanos americanos como Michael Moore en su libro Estúpidos hombres blancos, lo mismo que en sus documentales y programas de TV. Sin embargo, no dudamos que cuando se hable en algún foro académico de las violaciones a los derechos humanos en México y otros países de América Latina o del Sur, no faltará el docto que los contraste con los Estados Unidos como país modelo.
Tener una visión más clara no es para disminuir las graves denuncias que debemos hacer en nuestros países (es cierto: los verdaderos patriotas hacen preguntas), sino porque las violaciones a los derechos humanos se agravan cuando se importan los modelos punitivos como el de los Estados Unidos. En México no solamente es un proceso criollo de homologación del sistema penal mexicano al de allá, sino una intervención constante de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos y sus criterios militaristas como el objetivo de la militarización y las graves violaciones a los derechos humanos de los mexicanos por fuerzas armadas regulares e irregulares de México al servicio de Washington y de empresas transnacionales. Es decir, estamos importando la superstición del castigo y aumentando nuestra injusticia estructural para seguir el modelo injusto del norte.
Otros países también son reportados por HRW. Cf: http://www.hrw.org/es/home

 

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