Babel
Javier Hernández Alpízar
Dicen que en la guerra, la de la verdad es la primera baja. Con lo cual se quiere decir que deja de interesar la verdad en aras de la propaganda de cada bando. Pero las víctimas de la guerra moderna o contemporánea son muchas. Como siempre, los pueblos son los que ponen los muertos, las bajas; son la carne de cañón, pero, en orden de importancia numérica, ahora mueren más civiles que militares, guerrilleros, milicianos, paramilitares, policías y demás. En el colmo de la infamia, la guerra es el ejercicio cobarde de profesionales de la muerte muy bien armados asesinando, masivamente muchas veces, a civiles, por supuesto, desarmados.
Las características de “guerra sucia” que ha ido adquiriendo la guerra “de Calderón”, que ya muchos se niegan a leer en Proceso (para evitar la depresión), son el decantamiento de la infamia que es la guerra hoy.
Pero las mujeres (desde bebés hasta ancianas) son particularmente víctimas múltiples de la guerra: les arrebatan a sus padres, hijos, hermanos, esposos, novios, amantes y compañeros para mandarlos a morir al frente. Y se quedan a cargo de todo, cuidando la casa, la aldea, el mundo realmente existente, y a padecer los bombardeos, la invasión por tropas de ocupación que las tomarán a la menor oportunidad como botín de guerra, para violarlas, torturarlas, asesinarlas.
Los feminicidios que ocurren por todo México y más en otros países como Guatemala (agravados por el racismo contra las indígenas) y hasta en países de “primer mundo” como el Estado Español, son parte de la actual guerra del poder contra todos los pueblos. Al respecto es altamente recomendable el ensayo “Militarización y violencia feminicida: el patriarcado al extremo” de Norma Iris Cacho Niño, disponible en diversos sitios web: Alainet, Adital, Kaos en la Red, Nodo 50, Daily Radical, Zapateando 2, etcétera.
Desde una reunión en Costa Rica de Radio Feminista Internacional, enviada por CIMAC, Soledad Jarquín Edgar reportó, el 5 de noviembre de 2008, que : “El tema de violencia sexual, esclavitud sexual, prostitución, aborto, esterilización forzada, genocidio de mujeres, desplazamientos y al mismo tiempo ejemplos e iniciativas que buscan “resarcir”, “reparar” los daños que deja en otras mujeres la violencia en conflictos armados, son el punto de análisis que Radio Feminista Internacional (FIRE, por sus siglas en inglés) ha propuesto al reunir en esta ciudad a informadoras, comunicadoras y activistas contra la violencia armada de América Latina y Oriente Medio.”
La sola lista de formas de agresión contra las mujeres por todo tipo de cuerpos armados, regulares e irregulares, estatales o privados (mercenarios) es apabullante. Por ello, la guerra como gran mal, orilla a las mujeres a defenderse no solamente como ciudadanas sino como mujeres. El reporte de Soledad Jarquin inicia: “Guardadas todas proporciones, desde todos los puntos, del norte al sur y del este al oeste, con gobiernos democráticos de derecha o de izquierda, con guerras civiles o conflictos armados no declaradas, las mujeres son víctimas de la presencia de grupos armados, con el común de la impunidad que favorece a la “lógica del patriarcado”, generalmente oculto por los medios, los grandes medios de comunicación.” (http://www.cimacnoticias.com/site/08110506-Ante-la-guerra-muj.35526.0.html)
Al respecto el análisis que hace el antropólogo materialista Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas (la edición en español, por Alianza Editorial) indica que en pueblos tribales cuya principal actividad económica es la guerra, la organización entera de la educación es para fomentar en cada niño las aptitudes para la agresión y la violencia que lo hagan un buen guerrero, y el estímulo y aliciente, el trofeo, son las mujeres. Tanto las de su comunidad, como las que viola cuando agreden a otra.
Los párrafos iniciales del ensayo de Norma Iris Cacho Niño actualizan ese análisis: “La militarización es la forma extrema en que un Estado legitima y ejerce el poder. Es una forma de control de las personas, una estrategia de seguridad nacional y de contrainsurgencia; una táctica para el control de territorios, incluido el de las mujeres que es nuestro cuerpo. Es mucho más que el aparato militar en las calles; es la violencia hecha natural en el sistema capitalista. Es uno de los medios para asegurar su dominio y reproducir un orden sistémico que violenta y subordina a la población en general y a las mujeres en particular. Es una manifestación más del patriarcado.”
Cada una de las palabras y líneas del texto citado a continuación explican por qué la guerra tiene que ser desterrada por el bien de todos, pero especialmente debe estar en la agenda de emancipación de las mujeres: “Las consecuencias de la militarización para las mujeres son múltiples y complejas. El abuso sexual, la violencia física y psicológica, el desplazamiento forzoso, son tan sólo algunas de ellas. En este 25 de noviembre, Día Internacional contra la violencia hacia las Mujeres –contexto en que publicó su trabajo–, seguimos registrando niveles de violencia política y feminicida brutales, claramente relacionados con el ejercicio del poder masculino que tiene en la militarización uno de sus grandes escaparates. Otro 25 de noviembre, uno más y los que sean necesarios, dónde las mujeres seguimos visibilizando, denunciando y exigiendo, porque la violencia estructural contra nosotras no baja la guardia ni da tregua.” (http://zapateando2.wordpress.com/militarizacion-y-violencia-feminicida-el-patriarcado-al-extremo/)
Son apenas los datos iniciales que permiten construir una postura femenina (y también los hombres debiéramos adoptarla) contra el militarismo, el guerrerismo y por una activa construcción de la paz, con justicia y dignidad, y no sin ellas.