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dic
09

Porque hoy se trata de construir lo más difícil… Enrique Reynoso Esparza

“ya no pensemos más: esta es la casa

ya todo lo que falta será azul, 

lo que ya necesita es florecer.

Y eso es trabajo de la primavera.”

Pablo Neruda

    Nuevamente festejamos, nuevamente estamos juntos, como ayer, como siempre. Juntos como hace años, cuando llegamos aquí, los que llegamos, a iniciar esta historia que es necesario contar y repetir llenos de orgullo, porque es una historia construida con nuestras propias manos, porque es una historia que todos deben conocer, que nadie debe olvidar, menos nosotros. Menos nosotros, porque olvidarla sería negarnos a nosotros mismos, sería negar nuestro pasado, pero también nuestro futuro porque hoy, pese a todo, nuestra colonia está llena de futuro, un futuro enraizado en esa historia, un futuro que alcanzamos aunque parecía lejano.

    Nos fuimos integrando poco a poco, como gotas de lluvia que confluyen en un río, caminamos, desde entonces, de la mano siempre tibia y solidaria de la lucha, enfrentamos y vencimos a nuestros propios miedos para poder enfrentarnos a la burocracia, a la negligencia oficial, al Estado, fuimos desarrollando, entonces, nuestras armas, la movilización se hizo fundamental para alcanzar los objetivos, a la par empezamos a construir nuestra propia cultura, la seguimos construyendo, una comunitaria, una cultura de vida y no de muerte y la fortalecimos con las guardias, las jornadas, con la radio y el proyecto de cultura. Sin duda hemos cambiado en muchas cosas, excepto en una, porque hoy seguimos abriendo nuestras puertas y nuestro corazón al compañero, a la compañera de corazón honesto.

    Y hoy estamos aquí felices, orgullosos, presumiéndole al mundo nuestras casas, estas que alguna vez también fueron un sueño instalado más allá del horizonte. Estamos aquí con nuestra gran familia, esta con la que hemos compartido esfuerzos, ilusiones, trabajos, convicciones, porque estos son algunos de los materiales con los que están construidas nuestras viviendas, viviendas que hoy se pintan del color de la alegría, que es lo mismo que decir muchos colores y esos muchos colores nos siguen recordando que somos diferentes, que quizá nuestro origen es distinto, pero que esa diversidad se ha unificado haciéndonos más fuertes y mejores.

    Hoy estamos aquí orgullosos, felices, presumiendo a esta otra gran familia que hemos conformado a lo largo de los años, esa familia en la que incluimos a nuestros compañeros todos, a esos con los que, aún a la distancia, compartimos la esperanza, la convicción, la lucha y que han sido factor importante para lograr lo que ahora tenemos, esos hombres y mujeres de distinta procedencia, de distintas concepciones políticas pero con un objetivo común, construir un mundo diferente, un mundo en el que erradiquemos al desprecio, a la ignorancia, en el que prevalezca la justicia y en el que la muerte por enfermedad curable sea sólo una historia que los viejos contemos a los nietos. 

     Celebramos también nuestro mayor logro que es que pudimos vencer adversidades, porqué, cómo olvidar lo que encontramos al llegar a este predio: baldío, desolación, hostilidad, rumores de desalojo, desconfianzas, la mentira y la traición de quienes se llamaban a sí mismos dirigentes y velaban solamente para su provecho. En esta historia colectiva cada uno de nosotros guarda y guardará para siempre sus propios recuerdos, cada quien su propia historia y en todas habrá, seguramente, tristezas y alegrías, aunque hoy quizá, más alegría que tristeza.

    Y no se trata de arruinar la fiesta, se trata solamente de no olvidar, de dejar tatuada en la memoria de todos que esto que hoy tenemos es también gracias a la participación, al esfuerzo de muchas, de muchos que hoy están aquí, pero también al esfuerzo de muchos que ya no están, de compañeros y compañeras que por distintas razones se fueron a otras tierras, a otros mundos, pero que indudablemente dejaron su legado o parte de su vida aquí, por eso hoy queremos, hoy debemos recordar a nuestros muertos, a nuestras muertas, compañeras y compañeros que vivirán con nosotros para siempre.

    Es tiempo de ser agradecidos, de reconocer el trabajo de todos y cada uno de los compañeros y compañeras que, en algún momento, formaron parte de las comisiones, compañeros y compañeras que con errores o aciertos han ayudado a construir esta comunidad organizada, a todos y cada uno de ellos y ellas, gracias, por su tiempo, por su esfuerzo, por el entusiasmo con el que asumieron las responsabilidades en su momento, pero también y principalmente a quienes hoy han retomado la estafeta, a quienes siguen aportando su tiempo, su esfuerzo, su entusiasmo, a quienes hoy conforman las comisiones, gracias.

    Hoy es tiempo de agradecer también a quienes solidariamente han trabajado construyendo y fortaleciendo nuestros proyectos, que sabemos de antemano, que son suyos también, les agradecemos porque son parte de la familia que uno tiene la suerte de elegir y hoy, por eso, los consideramos, más que compañeras o compañeros, hermanos, hermanas. Gracias a Ligia, a Itzachel, nuestras psicólogas, y decimos nuestras no con un sentido de pertenencia sino de cariño porque si ahora entendemos mejor nuestras realidades, en gran parte es gracias a ellas, gracias a Pati, pilar fundamental del espacio educativo, gracias a Itzamná por ayudarnos a concretar un sueño, gracias también a Aureliano que venido de Perú ha olvidado su poncho para volverse un poco Pancho, a Delfino por su dedicación, a las compañeras y compañeros del Organización Zapatista Educación Para la Liberación de Nuestros Pueblos que ahora nos apoya en construir nuestro proyecto educativo, a Regeneración Radio, A Jóvenes en Resistencia Alternativa, a las compañeras y compañeros del Consejo General de Huelga de la UNAM que tanto hicieron y aportaron, a Sonia por su compromiso. Gracias a tantos y tantas compañeras (faltarían hojas y tiempo para todos los nombres) que aportaron unas horas, un día o muchos, semanas o meses. Gracias a los que han aportado años porque nos han compartido sus saberes de la mejor manera, que es con el trabajo, con el ejemplo, ojalá también nosotros hayamos podido contribuir con algo a su crecimiento. Pero, esencialmente, gracias a esos hombres y mujeres, jóvenes y niños que hoy se van apropiando de los espacios, que se preparan para dar continuidad a esos esfuerzos.

    En este día de fiesta, como en toda fiesta poco a poco van arribando los recuerdos que son como fotografías, como imágenes que retratan una parte de un pasado que no ha muerto y una a una van renovando la esperanza y la convicción en el mañana, permítanme compartirlas con ustedes.

    Imagen uno. A media tarde, las calles de la colonia atestiguan una calma inusual, extrañan el bullicio cotidiano, el constante deambular de grandes y chicos, los grupos reunidos en plazas y andadores, los niños jugando, se sienten solas las calles, quizá tristes, algo sucede, se han reforzado las guardias en las puertas, de pronto, como salidos de la nada, como convocados por una invisible voz van apareciendo hombres y mujeres que se unen con otras muchas en la avenida principal, parecieran un río que se acrecienta a medida que avanza hacia la salida del predio, ¡vámonos a la marcha! Se oye el grito como un pregón que mucho tiene de fiesta pero también de compromiso. Todas y todos llevan una sonrisa en los labios, la sonrisa confiada de quien se siente seguro de lo que hace, de quien se sabe acompañado. Son ya cinco años de que fueron entregadas las viviendas definitivas y, sin embargo, la alegría y la convicción se mantienen inalteradas, será que nuestros corazones reconocen que hemos recibido mucho de muchos que nunca hemos conocido y que, hoy como ayer, es tiempo de sumarnos a otras luchas, de compartir lo que hemos aprendido, lo mucho que tenemos para dar, que es tiempo de hermanarnos. Quizá porque las marchas, nuestras movilizaciones son un nuevo lenguaje subversivo que le va diciendo al mundo que aquí estamos, como continuidad de un movimiento que crece y se enlaza en sus raíces, será por eso que las compañeras y los compañeros cuando salen a las calles van haciendo suyas otras luchas y además de ser orgullosamente villistas, también llevamos sangre de Zapata, pero somos también de los Sin Tierra y nos reconocemos con los hermanos desplazados en la amazonia y somos piqueteros o pingüinos y somos estudiantes, campesinos, obreros y somos Atenco y Oaxaca y nos reconocemos mayas, seris, tarahumaras, nos sabemos cucapás, somos de Tamaulipas, vamos mano con mano, hombro con hombro, luchamos por rescatar a nuestros muertos en Pasta de Conchos, sentimos como nuestro el triunfo en la Parota. Hoy sabemos, tenemos la certeza de que éramos miles pero hoy somos millones.

    Imagen dos.  Amanece y lentamente, va poblándose de ruidos la colonia, comienza el desfile por la calle principal, la única pavimentada, niños uniformados aun con la modorra matutina apurados por sus madres para llegar a tiempo a la escuela, hombres y mujeres que corren hacia el trabajo, automóviles que salen en las primeras horas de la mañana. Todo el mundo saluda, se saluda al día con el primer café de la mañana, al vecino o la vecina, a quienes están en la guardia. Un río de gente sale de la Unidad y pareciera que quedará vacía, pero no, las primeras horas de la mañana son tan sólo el inicio de una actividad que no terminará durante todo el día. Se ha convocado a una jornada y poco a poco comienzan a juntarse,  los responsables de la actividad son mayoritariamente mujeres, se les ve alegres a pesar de que se anuncia pesada la tarea, están acostumbradas, así construyeron sus casas, así han construido la colonia, así se ha construido la comunidad.  En alguna asamblea, hace años, se propuso que a las jornadas no salieran las mujeres porque no rendían, decían algunos compañeros, lo mismo que los hombres, la respuesta de las compañeras fue indignada, muchas de ellas eran madres solteras y habían acarreado material para sus módulos, muchas más, en esta elemental distribución de tareas a que obliga el sistema, habían asumido, desde el inicio, hacer las actividades necesarias en el predio mientras los maridos se iban a trabajar y habían participado en la introducción del agua y el drenaje, en el acarreo de tubos, de tabiques, no fue necesario argumentar más, la posición fue abrumadora, las mujeres refrendaron su derecho a trabajar. En los hechos, así son las mujeres de la organización, así han educado a sus hijos y a sus hombres, así nos han ido educando a todos.

    Finalmente vaya un reconocimiento a quienes han creído en la organización, a quienes han aprendido que juntos somos todo, porque esos hombres y mujeres nos han enseñado, nos van enseñando día tras día que somos bien chingones, que lo hemos sido siempre, pero que lo fuimos aún más cuando decidimos unir nuestros esfuerzos, nuestras historias, nuestro destino. Sabemos que es aún mucho lo que nos falta por corregir, por mejorar, por construir, pero también sabemos que tenemos la fuerza y la decisión para lograrlo.

    Mucho nos falta por andar, mucho nos falta por hacer, como al principio, la diferencia es que hoy sabemos que podemos lograr aquello que nos propongamos, como no saberlo si basta mirar a nuestro rededor, como no estar seguro si estamos juntos, si vamos juntando nuestra lucha con otras muchas que se desarrollan en el país, si nos vamos juntando con estudiantes y colonos, comerciantes, transportistas, sindicatos, organizaciones, colectivos, como no ser optimistas si tenemos compañeras y compañeros como ustedes, como no creer que podemos transformar el mundo si ya en Acapatzingo empezamos a transformarlo desde ahora. 

Felicidades compañeros y compañeras.

Diciembre de 2009

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