06
May
08

Si yo te bajara el sol, privatizadota que de dabas

Babel

Javier Hernández Alpízar

En momentos como éste, en que el fervor popular está animoso contra las privatizaciones y los privatizadores, es importante abrir los ojos, voltear para todos lados y señalar a donde haya un privatizador, y más aún, un extranjerizador del bien público que es el territorio nacional…
En ese sentido, el reportaje en el semanario Proceso del 20 de abril, anunciado en portada como: “Baja California, La invasión yanqui”, pone el dedo en la llaga. Ya en interiores lo titulan “Welcome to Baja…”, a tono con el lenguaje de los colonizadores, y lo firma Rodrigo Vera, sí el mismo reportero citado por el gobierno de Veracruz para preguntarle de dónde había salido una foto, publicada en ese medio, del cadáver de Ernestina Ascencio (no Ascensión, sic, como algunos medios la rebautizaron), caso que no prosperó, pero muestra lo incómodos que son a veces para el poder los trabajos periodísticos de la revista.
En los dos textos escritos por Vera, que en el apellido lleva la veracidad, uno ya mencionado y otro más breve titulado “La nueva frontera”, informa a los lectores que, al parecer, el límite con el vecino e imperialista país del norte no es ya el río Bravo, ni siquiera el muro de la ignominia que quieren construir para evitar que los mexicanos crucen en busca de trabajo, o mejor dicho para dificultar y hacer más peligroso y a veces mortal el cruce, porque evitarlo, no querrían.
Esa tierra que de niños aprendimos en un mapa que es mexicana, el pequeño brazo que parece adelantar a nado el frente del país, separado por el Mar de Cortés, en honor del conquistador y colonizador de hace más de 500 años, hoy se ha vuelto una especie de prolongación de California, estado yanqui perdido por México tras una de las desastrosas guerras del siglo XIX en las que invariablemente el ejército del norte derrotaba al ejército mexicano (dejando la resistencia en manos del pueblo pobre) y el gobierno pactaba una paz muy, pero muy, desventajosa que nos fue achicando territorialmente.
Ahora los estadunidenses que se han agenciado como propiedad privada de playas, terrenos, mar y demás no están ganando una guerra, están comprando.
También cuando niños, en ese libro donde nos mostraban el mapa de nuestro reducido (después del siglo XIX) país, nos explicaban que el territorio mexicano, con su aire, su subsuelo, sus costas, una parte del mar (tesoros y sirenas incluidos) eran “propiedad de la nación”. Existía algo que se llamaba “soberanía”, y que los modernos gobernantes ya no alcanzaron a conocer, ni les explicaron cuando estudiaron sus posgrados en las metrópolis.
Un libro que, como la Biblia todo mundo cita, pero casi nadie lee, llamado Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, decía que los extranjeros no podían tener en propiedad privada terrenos a 50 kilómetros de la costa y a 100 de la frontera. El artículo era el 27, pero lo reformó el presidente impuesto en el fraude electoral de 1988 (innombrable pero el lector sabe bien su nombre, sólo le diremos que se apellida Salinas) y ha abierto la puerta a la privatización de playas, mar, costas en Baja California Sur. Y en otros lados.
El reportero que ha comunicado esta grave noticia cita a una académica, María Luisa Cabral Browling, de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, quien le dice: “Son estadunidenses más del 90% de las empresas inmobiliarias que se están quedando con las costas de la península. Hay una que otra canadiense, mexicana o española.”
Los toponímicos indígenas y españoles que nombraban esos lugares son sustituidos por la lengua de los compradores: Paradise of the sea, Loreto bay, Bay of dreams, dicho en castilla: Paraíso del mar, Bahía de Loreto, Bahía de sueños.
Ahí los nuevos propietarios de eso que era mexicano construyen residencias con todas las comodidades, como lo harían en Miami o en California, y la promoción para que otros estadunidenses compren su pedazo de paraíso del mar en la bahía soñada lo describe así en la lengua de Bush:
“Imagine a place where every day the air is cleaner, the water is purer, the people are healthier, life is more abundant and we are enriched by the culture”.
Lo cual, en la lengua de los descendientes de Cortés y la Malinali, diría más o menos: “Imagina un lugar donde todos los días el aire es más limpio, el agua más pura, la gente más sana, la vida es más abundante y somos enriquecidos por la cultura”. No, no están promoviendo a Jalapa, la Atenas veracruzana, donde cada día hay menos agua limpia, aire limpio y todo lo demás. Y a los ambientalistas los demandan.
Un ecologista de Baja California Sur, sigámosla llamando como mexicana y no Baja a secas, como la llaman sus nuevos compradores y dueños, explica que esos resorts y demás conjuntos residenciales de lujo no son sustentables, porque no alcanzaría el agua potable. Los estadunidenses que hacen negocio con el lugar prometen que agua sí habrá, porque van a poner plantas desalinizadoras. No, nada contra Carlos Salinas, al fin él modificó la Constitución para que esto pasara. Se trata de plantas que toman agua del mar y la potabilizan, dejando como residuo una sustancia altamente tóxica llamada “salmuera” (no alude al reformador constitucional), por lo que, prevé el ecologista Fernando Arcas, entrevistado por Vera: “Provocarán una catástrofe ecológica en manglares, esteros, ojos de agua, islas e islotes. Para los únicos que serán sustentables, pero económicamente, será para los empresarios”. 90% de ellos, yanquis, como anuncia el título.
Uno de los empresarios mexicanos que han entrado en la compra de playas y su privatización es Alemán Magnani, hijo del exgobernador de Veracruz. Pero no ha podido construir un desarrollo inmobiliario en Playa Balandra, porque “es una área natural protegida. Hay un litigio de por medio.”
Así que aquí tenemos un caso de privatización de lo que era patrimonio público y nacional, además, extranjerización, con toda la exclusión de los mexicanos que eso implica, como en Cancún, tierra de Los demonios de Edén.
¿Y quiénes son los políticos que han permitido y se han beneficiado de la especulación con estos territorios, a veces incluso vendiendo ellos, en medio de esta privatización en favor de yanquis, canadienses y españoles, más algunos mexicanos, pero no cualesquiera sino los Alemán Magnani?
Algunos dirán que deben ser del PAN, el partido más proyanqui, o del PRI, esos dinosaurios, o del PRIAN, los malos de la película de nuestros días. Pero los dos más recientes gobernadores de Baja California Sur, bajo cuyos auspicios se ha privatizado y extranjerizado Baja California Sur, son, el actual: Narciso Agúndez Montaño, y su antecesor, Leonel Cota Montaño, ambos del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
A ambos menciona el reportaje, y especialmente dice del primero: “El caso más ilustrativo es el del anterior gobernador, Leonel Cota Montaño, dirigente nacional del PRD (era, hoy es… ¿quién sabe? ¿el interino o uno de los dos “ganadores”?), quien, entre otras cosas, ‘vendió’ la pequeña península de El Mogote, situada frente a la ciudad de La Paz, a sólo 17 pesos el metro cuadrado.” Como el nombre no le gustó a los nuevos dueños, la bautizaron como Paradise of the sea.
Uno, ingenuo, se pregunta, cómo es que dos gobernadores perredistas llegaron a vender Baja California a empresarios yanquis. ¿No se supone que los perredistas son furibundos nacionalistas e izquierdistas, antiprivatización y aman la patria?
Pues no estos perredistas que privatizan y extranjerizan Baja California Sur. Y no son ningunos perredistas marginales, uno de ellos fue presidente nacional de su partido, como no son marginales los gobernadores perredistas que privatizan y extranjerizan el país en Chiapas, Juan Sabines; en Guerrero, Zeferino Torreblanca; en la Ciudad de México Marcelo Ebrard, y otros.
Pero para no quitar el dedo de Baja California Sur, precisamente sobre este exgobernador privatizador y norteamericanizador de esa entidad y expresidente del PRD, cuando tenían un solo presidente, Leonel Cota, escribió Enrique Pineda en su ensayo de síntesis (no exhaustivo, pero representativo) “Leonel en el espejo, Fragmentos partidarios de la A a la Z”, basado sobre todo en información de La Jornada y de algunos medios libres:
“Cota Montaño, Leonel. Expriista, siendo diputado por ese partido, aprobó el incremento al IVA de 10 a 15%. Ligado en su momento a Humberto Roque Villanueva, aplaudió el famoso festejo y señales de ese diputado en la aprobación. Su hermana, Rosa Delia Cota Montaño siendo diputada fue presidenta de la Gran Comisión del Congreso del Estado y ahora es candidata a la presidencia municipal de la Paz. Su hermano Juventino Cota Montaño es coordinador de asesores del actual gobernador. Su prima Rosalía Montaño (investigada por nepotismo) era secretaria de Educación del Estado hasta su renuncia por la investigación. Su sobrino José Cota Ruiz es el titular de Seguridad Pública en los Cabos. Se dice que el ahora gobernador Narciso Agúndez Montaño es su primo, pero éste lo niega. El actual gobernador perredista es ferviente promotor de la instalación de casinos. Leonel Cota como gobernador de Baja California Sur puso a la venta la isla “El Mogote” privatizando un área natural a precios irrisorios (12.5 pesos el metro cuadrado) a favor del empresario Luis Raymundo Cano Hernández provocando un “ecocidio” privatizador. En su gestión como alcalde de la Paz, estuvo involucrado en un escándalo por fraude en la privatización del Transporte Urbano de la Paz, sin licitación de por medio, a una empresa donde presuntamente su hermana Carmen Cota Montaño se desempeñaba como alta gerente. Quien impulsa y promueve la candidatura a la dirección del partido de Cota Montaño es Andrés Manuel López Obrador.”
Y todavía podrían decir que AMLO no sabía nada de eso, como parece “no saber” nada de Juan Sabines y la contrainsurgencia paramilitar en Chiapas, por ejemplo, pero es demasiado temerario acusar de ignorante a un líder que mueve a millones de mexicanos. No ignora, López Obrador sabe su cuento. Oponerse a una privatización que le mantenga la popularidad y el trampolín electoral, independientemente de que él y sus gobernadores, su gente, privaticen a diestra y siniestra.


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