El Pirulí (un cuento verídico)
Tuvo lugar en el banco mientras trataba de canjear, lo que quizá fuera mi último cheque de honorarios de una universidad donde había estado impartiendo clases más de un año, “por contrato”. Al llegar mi turno a la ventanilla y después de haber endosado el cheque, la cajera me vio directamente a los ojos y me dijo “su y fe por favor”, sin pensarlo más le conteste –no estoy afiliada a ninguna fe. Vi en sus ojos un destello de sorpresa y temor, luego repitió, “déme su credencial de elector”, e inmediatamente la saque de mi cartera y se la di. Me dio el dinero y me fui del banco hacia el Parque Juárez. Busque una banca para sentarme, necesitaba pensar sobre mi sobrevivencia y las de mi mascotas que dependen de mi; además me gusta observar a la gente pasar…pero un gusanito daba vueltas en mi cerebro –trataba de recordar cuando había visto esa mirada de temor y sorpresa anteriormente, o ¿quizá, habría sido el tono de voz de la cajera?
Después de una media hora lo recordé. Había venido a México de vacaciones. Apenas tenía unos cuatro o cinco años y visitaba una tía en Bachigualato, Sinaloa. Había trepado una barda muy alta que rodeaba “la troca” como le dicen allá donde se almacena el maíz, una especie de cono que se alimenta con el grano por arriba, y abajo tiene otra puertita donde se saca el grano.
Una vez montada sobre la barda saqué un pirulí “mimi” sabor toffee (café con leche), de la bolsa de mis pantalones y comenzaba a saborearla junto con la vista del horizonte, cuando de pronto oí a mi tía gritar en tono alarmado, ¡Bájate de allí, te vas a caer”, pero no le hice el menor caso y continué lamiendo mi pirulí. La vista era hermosa desde allá arriba, ¡Podía ver tanto y tan lejos…! Mi contemplación fue interrumpida de nuevo por la voz de mi tío, –¡Chiquilla, bájate de allí! No quería bajar y lo único que se me ocurrió contestarles fue –¡No lo ven, no me puedo caer, estoy bien agarrada a mi pirulí!
La h
p.d. ¿No les gusta la canción del “Rey de Chocolate”? Namás, ese es otro tipo de pirulí, es de pura azúcar y pegajoso. Viene de muchos colores y también es un cono y ayuda a estudiar geometría.
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