LA LUCHA POR UN TECHO
Serie Adherentes Zapatistas en Lucha
Por Margarita Salazar
Mexicali, México,10 de mayo.- Humea la sopa de letras en un cuarto de dos por tres metros, en un predio ocupado “a la brava” en esta ciudad, capital del norteño estado de Baja California. Seis pequeños esperan ansiosos que sus platos de plástico sean servidos. El delicioso aroma de la pasta hace más grande el apetito de las niñas y niños, alrededor de una mesita cuadrada con un anuncio borroso de cerveza en el centro; sus cuatro hermanos mayores comen en donde pueden. “¿Qué rico está este bistec, verdad?”, dice su madre al ver las expresiones de alegría mientras sus hijos se llevan la sopa caliente a la boca. “¡Sí, está bien sabroso!”, responden unos, mientras otros dan grandes mordidas a la carne imaginaria. Todos celebran la ocurrencia con risas y carcajadas.
Hasta en los momentos más adversos, la mujer bromista que siempre ha sido doña Gloria ha mantenido un sentido de buen humor que para algunos pareciera inconcebible. Madre de diez hijos, más de media centena de nietos y otros tantos biznietos,Gloria López Pérez, sigue echando desmadre a sus 70 años, para conservar el ánimo en la lucha.
El sentido maternal de doña Gloria, la convirtió en “la abuelita” de varios integrantes de organizaciones sociales, colectivos e individuos que participaron en el campamento instalado en El Mayor, Cucapá –a 57 kilómetros al sur de Mexicali-en apoyo a los pescadores indígenas, que concluirá a finales de mayo.
Los campamentistas de la enramada -a un costado del centro de operaciones de los comandantes zapatistas responsables de recorrer la región noroeste del país-conocida como la fortaleza, escucharon las bromas de la abuelita y no desperdiciaron alguna oportunidad para aprender sus “conjuros”, pedirle bendiciones o esperar que su boca de profeta comunista les diera las gracias,acompañadas de un “que Dios te lo pague con sexo”, después de una buena acción.
Como “verdadero pueblo”, doña Gloria se expresa de manera libre y directa al narrar sus batallas frente al gobierno, pleitos que le costaron represión y cárcel, y que la han convertido en una luchadora ejemplar en beneficio de quienes nada tienen, en favor de la gente de abajo. Su temple de acero le ha permitido sacar provecho de las situaciones más desfavorables, como cuando fue encarcelada por la lucha social pero luego liberada por organizar a las presas que exigían sus derechos.
Defenderse entre todos
Cuenta doña Gloria que nació en el barrio bravo de Tepito, el 27 de agosto de 1937. “Mi barrio siempre ha sido señalado por el gobierno como un foco rojo, conflictivo. Siempre ha sido así”, dice al referirse al lugar donde vivió una niñez difícil.
Su padre era alcohólico y para ganarse la vida, trabajaba como ayatero [vendedor, cargador]. Los niños acudían aun tiradero de La Merced donde pepenaban verduras en buen estado, que posteriormente vendían.
De niña,Gloria iba descalza a la escuela y no tenía zapatos para recibir su certificado de primaria pero la directora le regaló un par de zapatos nuevos.
Desde chiquita,Gloria aprendió a defenderse de los abusos. Su madrastra, quien era originaria de Oaxaca, le enseñó a impedir que alguien le pegara o maltratara. Frecuentemente, los policías llegaban a quitarles su mercancía. “Todos nos defendíamos pues si lastimaban a uno era como si le pegaran a todos”, recuerda doña Gloria quien comenta que la respuesta de los agresores era descalificar la solidaridad de las mujeres, gritándoles “montoneras” .
Ya como madre de diez hijos, se convirtió en “mamá gallina”. “Los enseñé a defenderse, a trabajar y a valerse por sí mismos”, comenta luego de mencionar que la mayoría de sus descendientes apoyan La Otra Campaña zapatista.
Un día, una amiga le dijo que en Mexicali había mucho trabajo. La vida era muy difícil en el Distrito Federal así que no lo pensó mucho, se dirigió a la estación de ferrocarril y se vino al norte en el “burrito”. Corría el año de 1982.
Trabajó en lo que pudo. Comenzó como ayudante en un puesto de hot dogs donde también preparaban burritos de harina. Sin tener donde pasar la noche, Gloria y sus hijos fueron a parar a uno de los lotes que después se convirtió en la colonia Robledo. Recién llegada, se enteró que “estaban regalando terrenos”. Habló con el dirigente de los colonos y la organización le dio un lote de 20 por 8 metros, localizado en la Delegación González Ortega.
Así comenzó su lucha por la vivienda y los servicios. Algunas veces tuvo que lavar ropa ajena;aparte de cuidar a los retoños, empezó a organizarse con las vecinas.
La lucha por la vivienda
Al entonces gobernador por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Xicoténcatl Leyva, no le gustaban los asentamientos irregulares por lo que mando a la policía estatal a reprimir a los ocupantes. El saldo fue de 6 dirigentes encarcelados.
Durante ocho meses, los colonos trabajaron para liberar a los presos al tiempo que luchaban por obtener los servicios de electricidad, agua y drenaje. Los colonos eran apoyados por Javier Salivie Atengo, un sociólogo de la Universidad de Mexicali.
Gloria se dio cuenta de que “tenía facilidad para agitar a la gente”. Pronto los colonos organizaron una marcha grande, encabezada por ella. Por aquél tiempo ella no tenía ni idea de cómo se estructuraba una organización, lo único que tenía claro era que sus demandas eran justas, además de que no le gustaba seguir órdenes de nadie.
Eran cientos de familias las que salieron a las calles a manifestarse ante la prensa y el gobierno. Fue tanta la presión popular que el gobierno tuvo que pagar la fianza para liberar a los presos. Sin embargo, de manera hábil, el gobierno comenzó a dividir a los dirigentes y algunos abandonaron la lucha. Sólo los más conscientes siguieron en el predio.
Desde entonces, en Mexicali había “muchísima gente sin casa y sin nada”, dice Gloria López. Entonces, los sin techo formaron la Unión de Colonias Populares (UCP) y comenzaron a repartir lotes con un cuarto.
Después, los organizadores se decepcionaron “porque cada quien jalaba agua para su molino” y decidieron trabajar por su cuenta. De 1980 a 1990, mucha gente llegaba del sur con la idea de cruzar al otro lado pero la mayoría se quedaba en Mexicali; de éstas, unas cien mil personas consiguieron vivienda en ese tiempo.
Los trabajadores organizados fundaron las colonias Robledo, Ciprés, El Polvorín,Solidaridad , Hidalgo y Encino. En la colonia Robledo las vecinas comenzaron a organizarse eligiendo a jefas de manzana; Gloria fue nombrada representante de todas.
Narra que el gobierno priísta dio dos golpes fuertes a los colonos organizados. En 1987 la policía llevó a cabo el desalojo de 4 manzanas. La propuesta del gobierno era reubicar a las familias a otro predio que después se convirtió en la colonia Hidalgo, alegando que el predio de La Robledo ya tenía dueño.
La represión fue muy fuerte y a causa de ello un niño perdió la vista durante un mes como consecuencia del gas lacrimógeno.
Los colonos perdieron el predio de El Cipresito y entonces se dieron cuenta de que su lucha sería más efectiva si se unían a una organización con mayor fuerza, fue así como se sumaron en 1988 a la Asociación de Comités del Pueblo (ACP), organización en la que hasta ahora destaca la participación de la profesora Graciela Romo Rodríguez.
Para lograr la liberación de los presos, los colonos nombraron comisiones, entre ellas, una que era integrada por dirigentes que serían los interlocutores ante el gobierno. Gloria fue parte de ésta.
A pesar del antagonismo con el gobierno, el carácter de Gloria siempre le ayudó a conseguirlas demandas de los colonos. Ahí aprendió que lo más importante en las luchas frente al Estado es elaborar un pliego petitorio bien preciso y aunque a veces no había condiciones, las colonas siempre se las ingeniaban para redactarlo. En una ocasión tuvieron que escribir la lista de necesidades en un pedazo de cartón.
Para salir bien librada de los enfrentamientos con el gobierno, Gloria López tenía bien claro que lo que hacían era porque existían muchas necesidades nunca atendidas por el gobierno y por la urgencia de “que se hiciera justicia”.
La dirigente se considera “una mujer ignorante que a duras penas terminó la primaria”. Sin embargo, en los hechos, demuestra lo contrario.
- ”Qué fregón es usted, quiere todo pa’ allá”, llegó a decir al primer mandatario. “Yo no se hablar con adornos. Si usted me habla así como lo está haciendo, yo no le voy a entender. Nosotros somos el verdadero pueblo; somos gente sencilla y nuestro vocabulario es ése”.
Su manera franca de dirigirse a las autoridades provocaba enojo entre quienes presenciaban las reuniones. “Esa señora te ofende y tú no te encabronas”, decían sus allegados al gobernador.
De la migración al hacinamiento
En aquéllos años, la migración del interior de la República no parecía tener fin, sino al contrario, aún antes de la firma del Tratado de Libre Comercio, la oleada de recién llegados iba en aumento, convirtiendo a las personas en busca de empleo en perfectos candidatos para formar ciudades perdidas, asentamientos irregulares, predios ocupados o terrenos de paracaidistas.
Gloria explica que para ayudar a los inmigrantes que llegaban a la ciudad totalmente desamparados, los colonos organizaban grupos que iban a recogerlos a la estación del ferrocarril.
En los arrabales ya establecidos se corría la voz de que pronto se realizaría una invasión, la cual generalmente se hacía de noche. “La gente llegaba solita” para participar en la toma de los predios.
De la noche ala mañana, los lotes abandonados se transformaban en asentamientos humanos. Los nuevos colonos construían un cerco de madera de dos metros y levantaban chozas improvisadas “cuartitos”, – les llama doña Gloria- a base de madera, cobijas y láminas de zinc. Los techos de este material convierten a los cuartos en verdaderos congeladores durante el invierno y hornos calientes durante el verano. Sin embargo, son muy utilizados por resultar baratos o porque fácilmente se encuentran en los tiraderos. No es raro encontrar personas muertas en sus cuartos por las extremas temperaturas.
En las nuevas colonias asentadas se creaban lazos de solidaridad, sostenidos por las necesidades comunes. Las vecinas de las colonias ya establecidas se organizaban para llevara los nuevos vecindarios agua y otros alimentos.
”¿Por qué nos matas?”
En cada toma de tierras, los vecinos tenían que enfrentar a los granaderos. Debido a que en la mayoría de los asentamientos había muchos menores, estos se convertían en la población más vulnerable.
Las condiciones de vida en los predios son sumamente insalubres por la escasez de agua y las altas temperaturas que en la ciudad llegan a derretir hasta la suela de los zapatos.
Varios niños se enfermaban durante las tomas de predio. En una ocasión, uno de ellos murió pues el cerco policíaco les impedía entrar o salir del terreno ocupado. “Ni al médico lo dejaron ir. Nosotros fuimos a velar al niño al palacio de gobierno”,recuerda Gloria quien agrega que en mantas, carteles y a viva voz, los colonos recriminaban al gobierno: “¿Por que nos matas?”. La respuesta era enviar más policías.
”Y vino la represión…”
Las cosas no cambiaron con la llegada del Partido Acción Nacional (PAN) al poder del estado. Ernesto Rufo Appel, quien fue el primer gobernador del PAN, en Baja California,incrementó la política de mano dura contra los “invasores” y a diferencia de sus antecesores priístas, éste “no quería negociar nada”.
A principios de 1990, unas 700 familias se apoderaron del predio Solidaridad pero el gobierno les dio un ultimátum de 30 días para que abandonaran el terreno bajo el argumento que ya había sido otorgado a los empleados de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH).
Rufo Appel ofreció a los colonos 2 mil contratos que les permitirían regularizar sus terrenos en un predio distinto pero tiempo después el gobierno se retractó y solo reconocía mil contratos.
Mientras las familias se dirigían a los nuevos lotes, el gobernador envió a alrededor de 20 empleados de Inmobiliaria, la dependencia del gobierno encargada de los bienes estatales. También mandó a cientos de judiciales, policías antimotines y del municipio.
La presencia de los granaderos provocó mucha tensión en el lugar. Uno de los uniformados golpeó a una mujer y las cosas se pusieron “cabronas”, platica Gloria. Seis mujeres que protestaron por la presencia de los policías, fueron detenidas.
Los ánimos se calentaron aún más en Mexicali. Al ver la actitud de los policías, los inconformes rodearon a los empleados del gobierno y les advirtieron que no podían abandonar el lugar. Esto provocó que los uniformados apuntaran sus armas hacia la gente.
Al ver esto,una vecina conocida como “Mi Pueblo “levantó un recipiente con gasolina, mientras Juana González sacaba un cerillo. Mostrándoselos al jefe de la policía, ambas advirtieron que si disparaban,ellas prenderían fuego al lugar.
La abuelita, quien se encontraba con las familias que aun no salían de La Robledo, fue alertada de los acontecimientos y procedió a solicitar la solidaridad de sus compañeros de la universidad y de todas las organizaciones sociales del área; también avisó de la situación a la prensa local y de San Diego. La noticia del conflicto corrió como un reguero de pólvora y en pocas horas llegaron abogados de derechos humanos y las televisoras del otro lado, arribaron en un helicóptero.
“Esto se llama secuestro”, advirtieron alarmados los abogados. Gloria explicó que como los policías llegaron armados, a la gente no le quedó otro remedio que defenderse con piedras y palos. Además, justificó la retención de los funcionarios del gobierno como una forma de presión para que la policía liberara a las mujeres detenidas.
El Procurador de Justicia del estado intervino para buscar una salida negociada al conflicto pero lo primero que hizo fue exigir la libertad de los empleados de gobierno. Gloria insistió en que éstos quedarían libres sólo cuando fueran liberadas sus compañeras.
Gloria sentía una gran responsabilidad sobre su espalda, admite que sintió miedo pero supo ocultarlo. “En casos así, de uno depende tantísima gente. Yo siempre pienso en los niños”, reflexiona. “Si estos `jijos de la chingada nos reprimen, va a ser una matanza”, pensaba en ese momento.
Rodeados por cientos de policías fuertemente armados, los colonos colocaron una mesita y dos sillas en el centro del predio. Frente a frente, Gloria dijo: “Mire procurador: nosotros confiábamos en la palabra del gobernador. Nosotros tuvimos un acuerdo en donde está su firma; él no cumplió ese acuerdo. La gente actuó de acuerdo alas injusticias, aquí hay comunidad”.
El representante de la justicia no mostraba voluntad de solucionar el conflicto por lo que Gloria dijo que los colonos solo aceptarían como intermediario a un funcionario de apellido Morgan, quien no tenía ningún cargo relacionado con la impartición de justicia pero que mostraba interés en encontrar solución a los problemas de vivienda. Mientras tanto, los policías continuaban apuntando sus armas a la mesa de negociación.
- ”Bola de estúpidos, nosotros no tenemos armas”, dijo Gloria al procurador, quien tuvo que retirarse sin llegar a algún acuerdo. Cuando Morgan llegó, los colonos ya habían elaborado una lista de demandas.
La oferta de Morgan fue que él se quedaría en el lugar hasta que se arreglara el problema a cambio de que permitieran la salida de los empleados del gobierno. Los colonos aceptaron el convenio pero también exigieron la libertad de sus compañeros.
Luego de que ambas partes hicieron trato, unos 20 trabajadores del estado salieron uno por uno. “ahí salían con su librito”, recuerda la líder de los colonos, quien menciona que éstos encontraron las llantas de sus vehículos sin aire.
”Ahora ¿Qué sigue?”, se preguntaba doña Gloria preocupada. “La compañera” como le llaman ahora los militantes del Partido de los Comunistas, del que también es parte, parece revivir los hechos mientras platica.
“Ya vio cuánta criatura hay aquí. Hay muchas personas que necesitan dar un techito a sus hijos. Ustedes, para darles vivienda les piden fuente de ingresos. Ustedes mismos orillan a la gente a esto. Nosotros nada más los organizamos, porque yo pertenezco al pueblo y todos sufrimos lo mismo”, dijo al funcionario.
Morgan logró retirar a los policías y ofreció una negociación directa con el gobernador. Eran como las 7 u 8 de la mañana de un domingo. El gobernador nunca los recibió y los colonos procedieron a instalar un plantón en el palacio de gobierno.
Al día siguiente,los titulares de los periódicos decían que había una orden de aprehensión en contra de Gloria; los abogados recomendaron que las cabezas del movimiento no abandonaran el lugar y mientras se definía la situación, la gente de las colonias les llevaban agua y comida.
La determinación de no dejarse intimidar, hizo que los medios oficialistas se refirieran a Gloria, sus hijas y compañeras como “las perras bravas”,calificativo que no desmoralizaba a las colonas sino al contrario, les daba más coraje para seguir en la lucha.
Gloria se negaba a aceptar el recurso de amparo porque pensaba que hacerlo equivaldría a aceptar una culpa pero finalmente lo aceptó por recomendación de los abogados.
A organizar hasta en la cárcel
Horas más tarde, Gloria y dos de sus hijas fueron arrestadas mientras salían del plantón. Las tres fueron encarceladas algunos días. Ahí se dieron cuenta del maltrato que sufrían otras reclusas, quienes al enterarse que ellas eran presas políticas, las llamaban para pedirles ayuda.
Las presas vivían encarceladas bajo condiciones insalubres pues por ejemplo, en los sanitarios nunca había agua y la comida era pésima. Cada mañana, las autoridades del penal pasaban revista a todas, exigiéndoles que mencionaran su nombre y el delito por el que estaban encarceladas. Un día, las presas advirtieron al director del penal que no pasarían lista hasta que sus exigencias fueran cumplidas. Todo mundo se dio cuenta que el descontento en la cárcel había sido organizado por doña Gloria, por lo que el gobierno optó por sacarla lo más pronto posible de la prisión.
Cuando Gloriase entrevistó con el gobernador, ella le dijo: “usted y yo dimos nuestra palabra”
- ”Yo soy el representante de toda Baja California”, le respondió en tono arrogante.
- ”¿Y usted cree que puede tratar a la gente así? Usted no es nuestro papá. Nosotros le pagamos el sueldo;usted está mordiendo la mano que le da de comer”.
- ”Sobretodo tú, Gloria-,comentó burlón.
- ”Pues todos los que compramos tortillas y otras cosas; en cada producto van nuestros impuestitos, ahora multiplíquelo por miles ¿Cuánto dinero es?
-
El mandatario pidió hablar a solas con ella. -Nos hablamos al chile pelón-, confía doña Gloria.
-”¿Por que jijos de la chingada haces esto? ¿Por que declaras que soy incompetente? , le reclamó el gobernador.
“Pues usted no cumplió su palabra”, le dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja. Un año después, los colonos lograron la regularización de tierras y la introducción de agua, luz y otros servicios públicos.
“¿Usted sabe lo que es amanecer entre comprar un kilo de frijoles y tortillas y pagar el predial? No, ustedes no saben nada de eso, por eso no entienden a la gente”,decía invariablemente doña Gloria a las autoridades.
“¿Para qué tienen tantos hijos?”, le respondían los gobernadores en turno “¿Por qué no usan anticonceptivos? “
- “¿Y con qué dinero? Para la gente pobre, que no tiene nada, el sexo se convierte en una necesidad para soportar su dura vida. Por eso hay tanto hijo”, opinaba doña Gloria.
Vivienda a fuerza de organización
Lo más difícil para los mexicalenses pobres, la mayoría de los cuales trabajan en maquiladoras y fábricas de empresas multinacionales, es que no cuentan con una vivienda digna que los proteja. Muchos de ellos viven hacinados con familiares, en condiciones más que precarias.
Gloria López explica que para que el gobierno proporcione recursos de los programas de vivienda, las dependencias exigen a los solicitantes contratos, enganches y abonos de acuerdo a sus ingresos, el número de hijos que tienen y los pagos que hacen por los servicios, requisitos muy difíciles de cubrir. Esto obliga a los sin casa a organizar movilizaciones sociales.
Gracias a la organización y la presión social, los hijos de los obreros logran contar con su propio espacio. Las victorias de sus luchas, dice doña Gloria, se deben a su integración a la ACP, organización de masas del que fuera el Partido de la Revolución Socialista (PRS), del extinto Alejandro Gascón Mercado. Este partido más tarde se convirtió en el Partido de los Comunistas, encabezado hasta hace poco por Sergio Almaguer Cosío, quien falleció de un paro cardíaco mientras acompañaba la primera etapa de La Otra Campaña zapatista por Nayarit.
Trabajo de Hormigas
A pesar de que la abuelita piensa que “el futuro esta de la rechingada”, considera que lo bueno de luchar por un cambio social es que no estamos solos “lo que pasa es que cada quien lucha por su lado”.
Al referirse a los cambios implementados por el gobierno que afectan a la gente pobre, doña Gloria menciona que antes tomaba el tren desde Mexicali para visitar a sus hijas que viven en el DF. Lamenta que el ferrocarril dejara de existir al ser privatizado. “Nosotros viajábamos en el burrito tres días y tres noches porque era barato. A los extranjeros no les importa que tengamos algo que nos sirva”, asegura.
López confía en que los pobres finalmente se organicen para la lucha a pesar de que la mayoría de la gente no participa debido a que tiene que trabajar y “si falta un día a la fábrica, le descuentan dos días y sus vales”.
“La gente se la pasa como burro en las máquinas para llevar un pedazo de pan a los hijos; el padre y la madre se ven obligados a trabajar y se pierde la unión familiar pero aún así hace falta organizarse” , dice.
“Cada día es mas difícil una rebelión nacional pues lo hijos se vuelven pandilleros y mucha gente piensa que no se puede… a veces yo misma me pregunto: “¿Cómo pude?… Como verdadero pueblo, creo en Dios”, concluye doña Gloria quien comenta que es la única persona que cree en Dios y al mismo tiempo es parte de un partido comunista, al fin y al cabo, piensa que “Jesucristo fue el más grande comunista”.
A pesar de las incertidumbres, la abuelita cree que “es necesario hacer un trabajo de hormigas porque hay un `lavadero de coco’ muy grande en épocas electorales cuando los candidatos prometen el cielo y las estrellas. Nosotros no le creemos a ese güey, cuando antes nadie ha cumplido”.
“Tenemos quehacer trabajo de hormigas para ayudar a la gente a ver la realidad, aunque nos costara convencer que no voten por los que nos parten la madre…si ellos nos friegan por medio de las elecciones…”, reitera.
Doña Gloria atesora mucha experiencia. La vida la ha colocado en un papel de dirigente, siempre a la cabeza de su familia -que considera un verdadero clan-, hasta su colonia, municipio y estado. Irónicamente, los trabajadores de gobierno que fueron utilizados como rehenes de las autoridades durante el desalojo de La Robledo, acudieron en su ayuda cuando meses más tarde iban a ser despedidos por un presunto recorte de presupuesto.
Gloria dio la cara por ellos y tras una fuerte lucha, estos solo fueron reubicados en diferentes dependencias. “¿Cómo se me ocurrió defender a los burócratas?”, Se pregunta incrédula, pero luego comenta que siempre es bueno tener aliados “en todas partes” pues así uno puede luchar mejor.
A pesar de las tentaciones del gobierno, que le ha llegado a ofrecer dinero, además de ofertas de casas para sus hijos, Gloria López se ha mantenido firme en sus convicciones. “Uno tiene que luchar”,dice y recomienda compartir con el pueblo habilidades y conocimientos. “No te lleves a la tumba lo que sabes. Enséñalo”, aconseja.
MS/RR
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