Veracruz: de fidelidades y otros cuentos… de terror

A Ernestina Ascencio Rosario, que la Tierra le de calor y mucha vida.
 
Josefa Paz
 
En el panorama de Veracruz, pintado de rojo hasta el hastío, se asoma un nuevo matiz púrpura, esta vez de sangre: el gobierno estatal ha dado carpetazo al asunto de la Hermana Mayor (73 años de edad) Ernestina Ascencio Rosario, indígena de la sierra de Zongolica, quien -de acuerdo a las declaraciones y procedimientos iniciales de las mismas autoridades que ahora lo niegan, así como investigaciones hechas por organismos defensores de derechos humanos- murió al ser violada por elementos del ejército que mantiene retenes en la región, con constantes abusos a los derechos humanos de pobladores de la misma.
 
[La Procuraduría General de Justicia del Estado de Veracruz modificó repentinamente su versión sobre la muerte de la indígena nahua Ernestina Ascencio Rosario. El fiscal Juan Alatriste, descartó también que haya sido atacada sexualmente y la agresión fuera la causa de los desgarres en el recto que los médicos legistas localizaron tanto en la primera como en la segunda autopsia. “Existen desgarros anales del esfínter, los cuales pueden deberse a diversos factores, razón por la que no existen mayores indicios criminalísticos que hagan al menos presumir la introducción de un miembro viril o instrumento por esa vía no idónea”. Sin embargo, “sí se cuenta con datos de laboratorio relativos a una parasitosis y la opinión médica sobre la existencia de heces intestinales pétreas o impactación fecal enmascarada en el sangrado melénico”.
 
La determinación de la procuraduría veracruzana fue cerrar el caso: “la institución del Ministerio Público no ejercita la acción penal en el presente asunto por los supuestos delitos de violación y homicidio”. ]1
 
Tratando de interpretar a nuestras “autoridades”, podemos pensar que sí, que estaba desgarrada y golpeada, que murió de manera violenta, pero nadie puede asegurar que ella misma, harta de la vida que llevaba, hubiese decidido ponerle fin. Tal vez salió a flote su verdadero ser y decidió probar qué se sentía ser penetrada por el recto hasta destrozar los intestinos. Tantas cosas increíbles pueden pasar por la mente de un ser humano, que resulta difícil tratar de explicarlas todas.
 
El gobernador, que tan “fiel” anuncia ser (y vaya que lo anuncia), ha desdicho su palabra –no sería novedad, no es la primera y seguramente no será la última vez que lo haga- de hacer justicia para Ernestina Ascencio. De pregonar el supuesto estado de derecho que su gobierno provee en Veracruz, da la vuelta y hace que las investigaciones coincidan con lo declarado por Felipe Calderón, no hay delito que perseguir.
 
Ahora, como en los cuentos rosas, casi se puede hablar de un final feliz de la historia: El jefe mayor con los jefecillos, todos al final estuvieron de acuerdo y tan tan.
 
Casi todos contentos, si no fuera porque, inoportunas como siempre, algunas verdades se asoman a la ventana, y nos recuerdan que:
 
En Veracruz, al igual que en el resto del País, la justicia existe sólo en la demagogia de los discursos oficiales. La palabrería empleada por los gobernantes en turno, es simplemente un disfraz de su verdadero ser, carente de toda ética y sensibilidad social.
 
En la sierra de Zongolica se vive en condiciones de miseria inhumana, con municipios que ocupan los primeros lugares de marginación a nivel nacional. Basta hacer un recorrido por la zona, para constatar las condiciones en que habitan. Los “programas sociales” del actual gobierno, son lo mismo que los anteriores: una farsa que llena los bolsillos de los encargados de llevarlos a cabo.
 
¿Es posible hacer justicia en todo el contexto de la palabra? – Sí, es posible. Para ello, es necesario que todos asumamos nuestra responsabilidad como ciudadanos, como parte de este México saqueado por generaciones, como descendencia de esas razas puras, auténticas, que despectivamente son llamados “indios”.
 
Los indígenas de Veracruz, los verdaderos hijos de la Tierra, como los del resto del país,  tienen en sus manos –y en sus corazones- el poder para decidir su propio destino. Para ello, es necesario que se alejen de los tradicionales “lidercillos” que como parásitos dedican sus vidas a vivir a expensas de ellos, y asuman consigo mismos el compromiso de crecer.
 
La clase política en general, llámense todos los partidos -sin excepción-, buscan llamar la atención simulando interés, sólo cuando obtienen un beneficio mediático, tan necesario para no dejar de “salir en la foto”; sin embargo, la realidad nos hace ver su verdadera naturaleza: todos bailan al son que les toque el poder central, el gran capital ante el cual se arrastran serviles, convirtiéndose en cómplices
 
Los veracruzanos tenemos el deber de decir YA BASTA. Ya basta de crímenes impunes, de abusos de todo tipo, ya basta de mentiras y burlas. Ya basta de ser de los primeros en pobreza, con toda la riqueza que la Madre Tierra nos ha dado.
 
Ya basta de ver pasar todo tipo de atropellos e injusticias sin abrir la boca. Ya basta de que sean otros los que decidan por nosotros. Ya basta de no ser.
 
Dicen que de varios tragos de compone la vida, y de un solo trago la muerte. A Ernestina Ascencio le ha tocado morir en varios tragos: el más doloroso sería el olvido. No olvidemos.
 
dleri@yahoo.com
 
1 La Jornada. 2 de mayo de 2007.

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